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¿Qué ha cambiado en la familia de Caritina Goyanes dos años después?

Dos años después de perder a Caritina Goyanes, su familia sigue unida, sus hijos crecen arropados y SixSens mantiene vivo su legado familiar.

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Caritina Goyanes dos años después

Dos años después de la muerte de Caritina Goyanes, su familia ha encontrado una forma de seguir adelante sin convertir su ausencia en olvido. Antonio Matos, su viudo, continúa al frente de SixSens, el negocio que ella convirtió en uno de sus grandes proyectos personales; sus hijos, Pedro y MiniCari, crecen especialmente arropados por su padre, su abuela Cari Lapique y su tía Carla Goyanes. La fotografía familiar ha cambiado, inevitablemente. El vínculo, no tanto: incluso parece haberse apretado alrededor del hueco que quedó.

Este 26 de agosto de 2026 se cumplen exactamente dos años de aquella muerte inesperada en Marbella, cuando Caritina tenía 46 años. Ocurrió apenas 19 días después del fallecimiento de su padre, Carlos Goyanes, el 7 de agosto de 2024. Dos golpes concentrados en menos de tres semanas y dentro de la misma familia; una de esas coincidencias brutales ante las que cualquier explicación resulta pequeña.

Dos años sin Caritina Goyanes y una familia alrededor de sus hijos

Pedro tiene ya 16 años y MiniCari, 13. Son, de manera bastante natural, el centro alrededor del cual se ha reorganizado buena parte de la familia. Cari Lapique ha encontrado en sus nietos un apoyo esencial después de perder casi seguidos a su marido y a su hija, mientras Carla Goyanes ha mantenido la promesa de permanecer cerca de sus sobrinos, de su madre y de Antonio Matos.

Aquí el término “legado” —tan generosamente utilizado cuando muere alguien conocido— tiene una dimensión bastante menos solemne y más cotidiana. No son placas ni discursos. Es llevar a los niños al cine, celebrar cumpleaños, acompañarlos en sus estudios, sentarse juntos a una mesa o estar cuando toca estar. Cari Lapique ha contado incluso que MiniCari se ha convertido en su “nueva mejor amiga”; con Pedro también mantiene una relación especialmente estrecha, visible en sus encuentros familiares.

Carla, mientras tanto, ha explicado que su intención es cuidar a los hijos de su hermana “como si fueran míos”, dentro de los límites que ellos mismos quieran. Pedro ha destacado por su disciplina académica; MiniCari conserva ese carácter más espontáneo que su madre describía con orgullo. La vida sigue teniendo deberes, exámenes, planes y tardes en familia aunque una silla permanezca vacía. Quizá el duelo real se parezca mucho más a eso que a las frases grandilocuentes.

Antonio Matos y la vida que tuvo que reorganizar

Para Antonio Matos, perder a su mujer significó asumir al mismo tiempo el cuidado cotidiano de sus hijos y una responsabilidad profesional que hasta entonces tenía en Caritina a su figura central.

Pocos meses después de su muerte explicó que no había contemplado abandonar el catering. SixSens era el proyecto de su mujer, sí, pero también una empresa que sostenía a un equipo y formaba parte de la economía familiar. Su forma de describirlo entonces fue bastante gráfica: una orquesta con buenos músicos que se había quedado sin directora. Él debía ayudar a que siguiera sonando.

Dos años después, aquella decisión ya no es provisional. Matos asegura que SixSens sigue creciendo y que los cambios introducidos han sido deliberadamente discretos: ordenar procesos, mejorar la organización interna y conservar la atención al detalle que identificaba el trabajo de Caritina. No pretende fabricar una versión nueva de la empresa a fuerza de borrar la anterior. Precisamente al revés.

SixSens, el negocio donde sigue presente Caritina

Caritina Goyanes llevaba más de dos décadas vinculada al catering y terminó convirtiendo SixSens en un negocio íntimamente asociado a su nombre. Tras su fallecimiento, Antonio tomó las riendas con una premisa sencilla: que los clientes continuaran encontrándose con el mismo servicio y que el equipo pudiera mantener su forma de trabajar.

Matos asegura que la empresa ha evolucionado durante estos dos años, aunque “de puertas para afuera” han tratado de evitar rupturas. Ha habido mejoras internas y ajustes de gestión, pero sin alterar la esencia de SixSens. Según explica, el mayor logro no está únicamente en captar clientes o aumentar actividad, sino en mantener cohesionado al equipo después de perder a quien ocupaba su centro.

Hay ahí una curiosa prolongación de la vida privada dentro del trabajo. Antonio suele decir que Caritina creó dos familias: la suya y la del catering. Y su responsabilidad consiste ahora en cuidar ambas. Incluso piensa a más largo plazo: quiere conservar el proyecto para que algún día Pedro y MiniCari puedan decidir libremente si desean continuarlo.

No es una sucesión empresarial al uso, por tanto. Tampoco una reliquia puesta bajo cristal. SixSens continúa trabajando, organizando celebraciones y tomando decisiones, justo lo contrario de convertir el recuerdo de su fundadora en algo inmóvil.

“Me gustaría pensar que está orgullosa”

En este segundo aniversario, Antonio Matos ha resumido de una manera particularmente sencilla cómo contempla lo ocurrido desde 2024: le gustaría pensar que Caritina está orgullosa de él, del negocio que creó y del equipo que continúa trabajando.

También mantiene una expresión que ya había utilizado durante los primeros meses del duelo: siente que ella sigue “echándole una mano”. No como una pose pública —al menos así lo expresa él—, sino como referencia a la hora de tomar decisiones y preguntarse cómo habría actuado Caritina ante determinados problemas. Seguir sin sustituirla, en cierto modo.

La fe ocupa aquí un espacio importante. Caritina vivió intensamente su espiritualidad durante sus últimos años y Antonio también ha explicado que sus creencias le han servido para afrontar la pérdida. La frase “amor, échame una mano”, dirigida a su mujer al mirar al cielo, acabó condensando esa mezcla de ausencia, fe y necesidad de continuar con la vida práctica.

Cari Lapique y Carla Goyanes, la otra parte del legado

Para Cari Lapique, agosto quedó inevitablemente marcado desde 2024. Perdió primero a Carlos Goyanes y después a su hija mayor. Dos años más tarde, ha reconocido que determinados lugares de Marbella continúan ligados de forma demasiado directa a aquellos días y que sus nietos se han convertido en una parte fundamental de su vida.

Carla Goyanes ha seguido una trayectoria parecida, aunque desde otro lugar: hija, hermana, madre y ahora también una presencia constante alrededor de sus sobrinos. En sus recuerdos de Caritina aparece con frecuencia la misma descripción: generosa, optimista, apasionada, muy familiar y dotada de una particular facilidad para reunir personas.

Ahí encaja otra de las ideas que más se repite entre quienes fueron cercanos a Caritina: su capacidad para crear vínculos. Amigos que continúan pendientes de Cari Lapique, familiares que se agrupan alrededor de Pedro y MiniCari, antiguos compañeros que permanecen en SixSens. De ahí que su recuerdo no dependa exclusivamente de aniversarios ni homenajes.

La vida de Caritina antes de aquel agosto de 2024

Caritina era la hija mayor de Carlos Goyanes y Cari Lapique. Se casó con Antonio Matos en julio de 2008, en Ibiza, después de varios años de relación, y el matrimonio tuvo dos hijos: Pedro, nacido en 2010, y Cari, conocida familiarmente como MiniCari, nacida en 2013.

Aunque pertenecía a una de esas familias cuyos apellidos llevan décadas apareciendo en la crónica social española, construyó una trayectoria profesional propia ligada sobre todo a la gastronomía y la organización de eventos. SixSens acabó siendo su proyecto más reconocible. También participó en televisión y publicó un libro relacionado con la cocina.

Su muerte llegó cuando la familia todavía estaba tratando de asumir la pérdida de Carlos Goyanes. Caritina se encontraba pasando el verano en Marbella cuando se sintió indispuesta y posteriormente sufrió un paro cardíaco. Tenía 46 años. La cercanía temporal entre ambas muertes convirtió aquel agosto en una fractura evidente dentro de la familia Goyanes Lapique.

Una ausencia que ya forma parte de la vida cotidiana

Dos años son mucho tiempo en un calendario y bastante poco cuando falta alguien que ocupaba tantos espacios a la vez. En la familia de Caritina Goyanes no parece haberse producido una vuelta a la antigua normalidad —difícilmente podría existir—, sino la construcción paciente de otra distinta.

Pedro y MiniCari crecen; Cari Lapique continúa ejerciendo de abuela con una intensidad especial; Carla permanece cerca de sus sobrinos y de su madre; Antonio Matos dirige el negocio que perteneció a su mujer mientras intenta conservar su forma de hacer las cosas. La familia ha cambiado, porque tenía que cambiar, pero no se ha dispersado.

Y quizá ahí esté el legado más reconocible de Caritina Goyanes dos años después. No únicamente en el catering que sigue funcionando ni en un apellido conocido desde hace décadas, sino en algo bastante menos espectacular y, a la vez, más difícil de conservar: personas que, después del golpe, siguen sentándose juntas alrededor de la misma mesa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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