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¿Por qué caen los divorcios en España y crece la custodia compartida?
Los divorcios bajan en España, mientras la custodia compartida supera a la materna y transforma el reparto familiar después de las rupturas.

España registró 80.785 divorcios durante 2025, un 2,7 % menos que los 82.991 contabilizados el año anterior. El descenso enfría el fuerte repunte de 2024, aunque no devuelve la cifra al nivel de 2023, cuando se tramitaron 76.685. La curva baja un peldaño después de haber subido dos. Nada parecido a una reconciliación nacional repentina; sencillamente, hubo menos resoluciones de divorcio inscritas durante el ejercicio.
El otro dato importante aparece dentro de las familias que sí se separaron. La custodia compartida alcanzó el 50,8 % de los divorcios de parejas de distinto sexo en los que había hijos menores sobre los que decidir. Superó por tercer año consecutivo a la custodia atribuida únicamente a la madre, que descendió al 45,3 %. Un cambio lento, sostenido y bastante más profundo que la oscilación anual del número de rupturas.
En total se produjeron 83.683 nulidades, separaciones y divorcios, un 3,4 % menos que en 2024. La tasa nacional se situó en 1,7 procedimientos por cada 1.000 habitantes. La estadística ofrece una fotografía precisa del fenómeno, aunque no señala sus causas: cuenta sentencias, decretos y escrituras notariales, no mide la felicidad conyugal ni los silencios durante la cena.
Una bajada que corrige el repunte del año anterior
Los divorcios representaron el 96,5 % de todas las disoluciones matrimoniales registradas en 2025. Hubo también 2.872 separaciones, un 20,3 % menos, y 27 nulidades, una figura prácticamente residual dentro del conjunto.
La comparación reciente dibuja una trayectoria irregular. En 2023 se contabilizaron 76.685 divorcios, un 5,7 % menos que el año anterior. En 2024 llegaron a 82.991, con una subida del 8,2 %. Y en 2025 bajaron hasta 80.785. Dicho de otro modo: el último descenso modera el rebote previo, pero el volumen continúa por encima del registrado dos años antes.
No existe en estos datos una explicación única sobre por qué una pareja rompe o decide continuar. La estadística toma como referencia la fecha de la sentencia, el decreto o la escritura pública que formaliza la disolución. Entre la crisis de una relación y su inscripción definitiva pueden pasar meses. El calendario administrativo tiene su propio pulso, menos romántico y bastante más lento.
De los divorcios formalizados durante 2025, el 80,5 % fueron no contenciosos, es decir, se tramitaron sin una disputa judicial plena entre los cónyuges. El 19,5 % restante fueron contenciosos. La mayoría de las parejas que terminaron su matrimonio, al menos sobre el papel, consiguieron hacerlo mediante algún grado de acuerdo mutuo.
El divorcio pactado gana terreno fuera de los tribunales
El 59,3 % de los divorcios se resolvió mediante sentencia, frente al 61,1 % de 2024. Otro 24,8 % terminó por decreto del letrado de la Administración de Justicia y el 15,9 % se formalizó ante notario, dos puntos más que el año anterior.
El avance de la vía notarial es uno de los movimientos más visibles de la estadística. En 2024 representaba el 13,8 % de los divorcios; un año después, casi uno de cada seis acabó mediante escritura pública. Menos toga, más despacho. La ruptura no se vuelve agradable por cambiar de escenario, claro, pero puede abandonar parte del ritual judicial cuando existe acuerdo y se cumplen los requisitos legales.
Por tipo de resolución, 49.292 procedimientos de nulidad, separación o divorcio terminaron mediante sentencia, 20.720 por decreto y 13.671 por escritura pública. Las cifras muestran un sistema cada vez más repartido entre jueces, letrados judiciales y notarías, aunque los órganos judiciales siguen concentrando la mayor parte del trabajo.
También aumentaron los divorcios entre personas del mismo sexo. En 2025 fueron 2.221, el 2,7 % del total: 995 correspondieron a matrimonios formados por hombres y 1.226 a matrimonios formados por mujeres. A ellos se sumaron 80 separaciones.
La custodia compartida ya supera el umbral del 50 %
El 49,7 % de los divorcios entre cónyuges de distinto sexo tenía hijos menores cuya custodia debía determinarse. Dentro de esos procedimientos, la custodia compartida fue acordada en el 50,8 % de los casos, frente al 49,7 % de 2024 y el 48,4 % de 2023.
La custodia atribuida exclusivamente a la madre bajó al 45,3 %. En 2016 suponía el 66,1 %, de modo que ha perdido más de 20 puntos porcentuales en menos de una década. La concedida únicamente al padre se mantuvo en el 3,4 %, mientras que en el 0,5 % se otorgó a familiares u otras instituciones.
No se trata de un sorpasso repentino. La custodia compartida pasó del 28,4 % en 2016 al 41,4 % en 2020, alcanzó el 45,5 % en 2022 y superó por primera vez a la materna en 2023. Desde entonces ha ampliado la distancia. La organización familiar posterior al divorcio se parece cada vez menos al esquema casi automático de hace veinte años.
Hijos, alimentos y responsabilidades económicas
El 47,1 % de los matrimonios disueltos mediante divorcio no tenía hijos menores ni mayores dependientes económicamente. El 41,6 % tenía únicamente hijos menores, el 3,9 % solo hijos mayores dependientes y el 7,4 % convivía con ambas situaciones. En el 23 % de los casos había un solo hijo dependiente.
Se estableció una pensión alimenticia en el 53,7 % de los divorcios entre cónyuges de distinto sexo. El padre asumió en exclusiva el pago en el 52,1 % de esos casos, la madre en el 3,8 % y ambos progenitores en el 44,1 %. Esta última proporción encaja con el crecimiento de las custodias compartidas, aunque ambas decisiones no son idénticas ni funcionan de manera automática.
La pensión compensatoria, destinada a corregir el desequilibrio económico que puede causar la ruptura a uno de los cónyuges, se fijó en el 6,4 % de los divorcios. En el 91,4 % de esas pensiones, el pago correspondió al esposo.
También resulta significativo quién presentó la demanda. En el 72,5 % de los divorcios fue promovida conjuntamente por ambos miembros de la pareja. La esposa la presentó en solitario en el 17,7 % y el esposo en el 9,8 %. El acuerdo, aunque llegue cuando el matrimonio ya se ha agotado, domina claramente la estadística.
Matrimonios largos y divorcios cerca de los 50 años
La duración media de los matrimonios disueltos por divorcio fue de 16,2 años, prácticamente igual que en 2024. Casi un tercio de las rupturas, el 31,2 %, se produjo después de dos décadas o más de convivencia. La imagen del divorcio como fracaso inmediato de matrimonios recientes explica solo una parte pequeña de la realidad.
El segundo tramo más frecuente fue el de matrimonios con una duración de entre cinco y nueve años, que concentró el 21,5 % de los divorcios. Un 16,7 % ocurrió entre los 10 y los 14 años; el 15,3 %, entre los 15 y los 19; el 11,9 %, entre los dos y los cuatro años. Apenas el 3,4 % se produjo antes de cumplir dos años de matrimonio.
La mayor concentración de divorcios entre parejas de distinto sexo apareció en la franja de 40 a 49 años, tanto entre los hombres como entre las mujeres. La edad media fue de 49,1 años para ellos y de 46,6 para ellas. La ruptura matrimonial española tiene, estadísticamente, más canas que impulsos juveniles.
En cuanto a la nacionalidad, ambos cónyuges eran españoles en el 80,4 % de los divorcios de parejas de distinto sexo. En el 12,1 % uno de los dos tenía nacionalidad extranjera y en el 7,5 % ambos eran extranjeros.
Ceuta registra la tasa más alta y Castilla y León, la menor
La tasa nacional de separaciones y divorcios fue de 1,7 por cada 1.000 habitantes. Ceuta encabezó el mapa, con 2,5 procedimientos por cada 1.000 habitantes, mientras que Castilla y León presentó la tasa más baja, con 1,4.
La Rioja y Canarias alcanzaron una tasa de 1,9; la Comunidad Valenciana, Asturias, Murcia, Baleares y Andalucía se situaron en 1,8. Madrid, Cantabria, Cataluña y Galicia coincidieron con la media nacional o quedaron muy cerca de ella.
Conviene leer este mapa con cierta prudencia. La estadística asigna cada procedimiento a la comunidad donde se encuentra el juzgado o la notaría que dictó la resolución, no necesariamente al lugar de residencia o nacimiento de los cónyuges. Localiza expedientes; no levanta un censo sentimental barrio por barrio.
Menos rupturas, otra forma de organizar la familia
El descenso de los divorcios en 2025 es real, pero moderado y posterior a un año de fuerte crecimiento. No permite concluir que los matrimonios españoles sean más estables, del mismo modo que una subida anual tampoco demuestra una epidemia de desamor. El dato más sólido es más sencillo: se formalizaron 2.206 divorcios menos que en 2024.
La transformación de fondo aparece en otro lugar. La custodia compartida, minoritaria hace menos de una década, supera ya el 50 % y se distancia de la custodia materna exclusiva. Las parejas continúan rompiéndose, aunque el modo de repartir tiempos, cuidados y obligaciones después del divorcio está cambiando.
España se divorció algo menos en 2025. Pero cuando lo hizo, recurrió mayoritariamente al acuerdo, utilizó más la vía notarial y repartió con mayor frecuencia la custodia de los hijos. La cifra baja; la familia, mientras tanto, sigue mudando de forma.

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