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Naturaleza

La ballena de 21 metros de A Coruña: así fue su retirada

Del hallazgo frente a O Portiño al izado en Oza: así se desarrolló una retirada compleja con apoyo científico.

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ballena de 21 metros retirada en A Coruña

La ballena muerta de 21 metros de longitud y unas 30 toneladas que apareció a la deriva frente a O Portiño fue remolcada hasta la dársena de Oza y retirada allí mediante un operativo con dos grúas. El animal fue despiezado para poder trasladarlo y la Coordinadora para o Estudo de Mamíferos Mariños (CEMMA) tomó muestras durante el proceso. La maniobra respondió a dos necesidades inmediatas: apartar el cuerpo de una zona de navegación y permitir que especialistas obtuvieran información científica.

El aviso llegó el sábado 13 de diciembre, cuando el cetáceo fue localizado sin vida en la costa coruñesa. Salvamento Marítimo movilizó el helicóptero Helimer 401 y la embarcación Salvamar Betelgeuse para localizarlo y remolcarlo hasta Oza. El izado comenzó el martes por la mañana en el muelle. La operación resultó compleja por el tamaño y el peso del animal, y el corte del cuerpo fue necesario para facilitar su manipulación y transporte.

Del hallazgo frente a O Portiño al puerto de Oza

El cuerpo apareció flotando frente a O Portiño, en un tramo de costa expuesto al movimiento del mar. Un animal de ese tamaño a la deriva no es solo una imagen llamativa: puede convertirse en un obstáculo para embarcaciones y quedar a merced de corrientes que lo acerquen a escolleras o a otros sectores del litoral. En este caso, la respuesta inicial consistió en localizarlo y llevarlo a una zona portuaria donde pudiera gestionarse con medios adecuados.

La intervención de Salvamento Marítimo permitió remolcarlo hasta la dársena de Oza. El traslado no significaba que el problema estuviera resuelto: el cuerpo seguía siendo demasiado grande para retirarlo de una sola pieza con facilidad. Una vez asegurado en el puerto, el trabajo pasó de la operación en el agua a una maniobra de izado en el muelle, con equipos capaces de soportar una carga extraordinaria y con personal pendiente de cada movimiento.

El lugar del hallazgo y el de la retirada cumplieron, por tanto, funciones distintas. O Portiño fue el punto donde se detectó el cetáceo; Oza ofreció un espacio portuario para sacarlo del agua y continuar la intervención. Esa diferencia ayuda a entender por qué las imágenes del animal podían mostrarlo en una zona costera y, días después, junto a las grúas en el muelle. El remolque conectó ambas fases del operativo y redujo el tiempo durante el que el cadáver permaneció a la deriva.

Por qué hubo que despiezar un animal de ese tamaño

La longitud, por sí sola, no explica toda la dificultad. Las cerca de 30 toneladas atribuidas al ejemplar hacían inviable tratarlo como una carga ordinaria, y su cuerpo debía izarse y trasladarse en condiciones controladas. El martes, desde las ocho de la mañana, se emplearon dos grúas para sacarlo del agua en el muelle de Oza. El despiece permitió reducir el volumen de las piezas y hacer posible su movimiento fuera del puerto.

La maniobra no avanzó sin contratiempos. La información difundida sobre el operativo describió dificultades durante los intentos de izado, con elementos de sujeción que cedieron ante el peso. También se indicó que la cola, ya separada, no cabía en el cajón del camión y tuvo que volver a bajarse para cortarla de nuevo. Son detalles que muestran la diferencia entre levantar una carga pesada y manejar un cuerpo de gran tamaño, cuya forma y dimensiones no se adaptan a los contenedores habituales.

La necesidad de ajustar el tamaño de los restos explica que la retirada se prolongara y requiriera varias maniobras. No fue una extracción directa, en la que el animal pasara entero del agua a un vehículo, sino un trabajo por fases: izado, corte y acondicionamiento de las piezas para su traslado. El despiece fue una solución logística, no una indicación sobre la causa de la muerte ni una señal de que el animal fuera examinado íntegramente en el muelle.

Una operación de seguridad marítima y gestión del cadáver

La presencia de un gran cetáceo sin vida en el agua plantea un problema práctico, además de una cuestión científica. Mientras permanece a la deriva, puede desplazarse con el viento y las corrientes, aproximarse a zonas de tránsito o quedar en una posición que complique la navegación. Salvamento Marítimo explicó que el remolque hasta Oza se llevó a cabo para garantizar la seguridad en la zona. La retirada controlada evitó que el cuerpo continuara moviéndose sin rumbo cerca de la costa.

Dejarlo simplemente en el mar no habría asegurado que desapareciera ni que permaneciera lejos de áreas habitadas. Un cadáver flotante puede cambiar de ubicación y reaparecer en otro tramo del litoral; si queda cerca de una vía navegable, también puede interferir con el paso de embarcaciones. En este episodio, las autoridades optaron por trasladarlo a un punto donde pudiera izarse y retirarse, en lugar de confiar su destino a las corrientes. La localización inicial no garantizaba un lugar estable para dejarlo.

La escala del operativo también explica la elección de un muelle. El puerto ofrecía un entorno de trabajo distinto al de una playa abierta y permitió emplear grúas para elevar las piezas. La información disponible confirma el uso de dos grúas, el despiece y la toma de muestras, pero no detalla el destino final de cada resto ni el procedimiento posterior de gestión. Por eso no cabe dar por hecho un método concreto de eliminación: lo confirmado es que el cuerpo se retiró del agua y se preparó para su traslado.

Qué papel tuvo la CEMMA y qué pueden revelar las muestras

La CEMMA participó en el proceso para recoger muestras del animal. Ese trabajo convierte una retirada que, a primera vista, parece puramente mecánica en una oportunidad para documentar el caso. Los tejidos pueden aportar información sobre el estado del ejemplar y ayudar a orientar una investigación, aunque el tipo de análisis realizado y sus resultados no se han especificado en la información disponible. La toma de muestras no equivale por sí sola a conocer la causa de la muerte.

Para determinar qué ocurrió, los especialistas necesitan examinar lo que el cuerpo permite observar y analizar, y después interpretar los resultados. La causa puede no quedar clara, especialmente cuando un animal lleva tiempo muerto o cuando no se conserva suficiente evidencia. En este caso, los datos difundidos confirman que el cetáceo apareció sin vida el sábado y que la CEMMA tomó muestras durante la retirada, pero no ofrecen una conclusión sobre el motivo de la muerte.

También es importante distinguir entre el propósito de recoger muestras y el resultado de una investigación. La intervención científica puede servir para estudiar el ejemplar y añadir información a los registros de varamientos, pero no permite anunciar una hipótesis como si estuviera demostrada. En la información conocida sobre este operativo no se atribuye el fallecimiento a un choque, a un enmallamiento, a una enfermedad ni a otra causa. Hasta que haya resultados comunicados, la explicación permanece abierta.

La especie y los límites de lo que se sabe

El artículo original identifica al animal como un rorcual común, una especie de gran tamaño y silueta alargada. La longitud de 21 metros y el peso aproximado de 30 toneladas ayudan a entender por qué el operativo exigió dos grúas y el despiece, aunque esas dimensiones no bastan para reconstruir su historia antes de aparecer frente a O Portiño. El tamaño describe la dificultad de la retirada, no la causa del fallecimiento.

En casos como este, una fotografía o una observación desde la costa tampoco permite determinar cuándo murió exactamente el animal ni qué le ocurrió antes de llegar a la deriva. El cadáver pudo desplazarse desde otro punto, pero la información del operativo no precisa su trayectoria. Lo que sí consta es el lugar donde fue hallado, la fecha del aviso y el traslado posterior a Oza. Mantener esa separación entre hechos e hipótesis evita convertir una posibilidad en una conclusión.

La falta de una explicación inmediata puede resultar menos satisfactoria que una causa única, pero es un límite habitual cuando aún no se conocen los resultados de los análisis. La participación de especialistas y la recogida de muestras son pasos para investigar, no una garantía de que toda pregunta vaya a tener respuesta. La evidencia disponible permite describir la operación con más certeza que el origen de la muerte, y esa diferencia debe conservarse al contar el caso.

Por qué el desenlace del operativo importa más allá de la imagen

La imagen de una ballena colgada de grúas concentra la atención porque hace visible una tarea poco frecuente. Sin embargo, el interés del episodio no se limita a la dimensión del animal: el caso muestra cómo se encadenan la detección en el mar, el remolque, el izado y la toma de muestras. Cada fase atendió a una necesidad distinta y requirió coordinación entre los equipos marítimos y quienes participaron en el trabajo científico. La retirada fue a la vez una actuación de seguridad y una ocasión de estudio.

La respuesta también deja claro por qué estos sucesos no se resuelven con una maniobra sencilla. El cuerpo no podía trasladarse entero con facilidad; hubo dificultades para izar y adaptar las piezas al transporte. Esa complejidad no es un detalle secundario, sino la razón por la que se necesitó un operativo específico en el puerto. El tamaño que convierte al cetáceo en un hallazgo excepcional es también lo que condiciona cada paso de su retirada.

En A Coruña, el recorrido del animal terminó fuera del agua, pero la investigación no se cierra con el último movimiento de la grúa. Las muestras recogidas por la CEMMA pueden contribuir a examinar el caso, aunque todavía no se haya hecho pública una causa de muerte. Por ahora, la secuencia comprobada es clara: apareció frente a O Portiño el sábado 13 de diciembre, fue remolcado a Oza y se izó el martes con dos grúas antes de ser despiezado. Ese es el alcance de lo que se sabe; cualquier explicación más concreta depende de los resultados que se comuniquen después.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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