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Ciencia

Los astrobiólogos del CSIC encuentran en el centro de la Vía Láctea el azúcar de las frambuesas

El equipo español detectó eritrulosa en la nube molecular G+0.693-0.027, a 26.000 años luz de la Tierra. La química de la vida aparece sola en el espacio.

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Cielo estrellado con la Vía Láctea — hallazgo CSIC azúcar interestelar

Resumen

  • Astrobiólogos del CSIC han detectado eritrulosa —el azúcar presente en las frambuesas y los frutos rojos— en una nube molecular situada en el corazón de la Vía Láctea.
  • La molécula se encontró en la nube G+0.693−0.027, un campo de moléculas orgánicas a más de 26.000 años luz de la Tierra, que lleva años regalando hallazgos sobre la química del cosmos.
  • El descubrimiento refuerza la hipótesis de que los bloques químicos de la vida no son exclusivos de la Tierra: aparecen espontáneamente en el espacio interestelar.

A más de 26.000 años luz de aquí, justo en el centro de la galaxia, flota una nube de gas y polvo llamada G+0.693−0.027. Lleva años siendo el supermercado favorito de los astrobiólogos: ya la habían sorprendido con alcohol propílico, ácido glicólico y un sinfín de moléculas orgánicas complejas. Ahora, un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) acaba de anunciar el hallazgo que nadie esperaba encontrar tan lejos de casa: eritrulosa, el azúcar que da su sabor a las frambuesas y los frutos rojos.

No es una anécdota simpática. La eritrulosa es un azúcar de cuatro carbonos (un tetrosacárido) que en la Tierra aparece en plantas y organismos vivos. Detectarla en el espacio interestelar implica que las reacciones químicas que producen moléculas asociadas a la vida no necesitan condiciones especiales de laboratorio: ocurren de forma espontánea en el vacío casi absoluto y las temperaturas extremas del cosmos.

26.000
años luz hasta la nube G+0.693
4
carbonos tiene la eritrulosa (C₄H₈O₄)
+50
moléculas detectadas en esta nube

La nube del centro galáctico que lleva años sorprendiendo a los astrobiólogos

G+0.693−0.027 no es una nube cualquiera. Está situada a pocos años luz del centro de nuestra galaxia, en la región conocida como Zona Molecular Central, donde los campos magnéticos son brutales y la densidad de moléculas orgánicas, inusualmente alta. Su composición química resulta fascinante porque parece una suerte de laboratorio cósmico donde las moléculas complejas se forman solas, sin ningún astro cercano que las caliente o estimule.

El equipo del CSIC utilizó radiotelescopios de alta precisión —concretamente el IRAM 30m en Sierra Nevada (Granada) y el Yebes 40m en Guadalajara— para analizar las señales de microondas que emite la nube. Cada molécula tiene una huella espectral única, como un código de barras que la identifica. La eritrulosa dejó la suya en las frecuencias milimétricas, y los investigadores la reconocieron.

📌 Dato clave: la nube G+0.693−0.027 está a −263 °C de temperatura y tiene una densidad de gas extremadamente baja. Que en esas condiciones se formen moléculas orgánicas complejas sugiere que los procesos químicos prebióticos no requieren planetas ni temperatura: solo tiempo y átomos.

Qué significa encontrar el azúcar de las frambuesas en el espacio

Que aparezca eritrulosa en una nube interestelar tiene implicaciones que van más allá de la anécdota. Los azúcares simples son precursores de moléculas fundamentales para la vida tal como la conocemos: las ribosas son la columna vertebral del ARN, los azúcares forman parte de las membranas celulares y actúan como fuente de energía en prácticamente todos los organismos vivos.

La hipótesis de la panspermia química —la idea de que los ingredientes de la vida pueden viajar por el espacio y sembrarse en planetas con las condiciones adecuadas— gana enteros con cada nuevo descubrimiento en nubes como esta. No hace falta que el meteorito llegue con bacterias vivas: basta con que transporte los ladrillos orgánicos correctos, los que la química interestelar fabrica por sí sola.

  • ✓Aminoácidos: detectados en meteoritos y en nubes interestelares. Son los bloques de las proteínas.
  • ✓Glicolaldehído: el azúcar más simple, también encontrado en el espacio interestelar en 2000 por el NRAO.
  • ✓Eritrulosa (2026): cuatro carbonos, más compleja, detectada ahora por el CSIC en G+0.693−0.027.
  • ✓Ribosa: el siguiente objetivo. Si aparece, la cadena que lleva al ARN estaría casi completa en el espacio.

Por qué España lidera esta rama de la astrobiología

No es casualidad que la noticia llegue del CSIC. El equipo español lleva más de una década perfeccionando las técnicas de espectroscopía de microondas aplicadas a nubes moleculares, y en particular a G+0.693−0.027. En los últimos años han ido anotando en su haber moléculas cada vez más complejas: ácido propanoico, metil isocianato, glicina… El hall de la fama de la nube del centro galáctico tiene cada vez más apellidos españoles.

Los instrumentos también ayudan. El radiotelescopio IRAM 30m está en Sierra Nevada, a 2.850 metros de altitud y con cielos excepcionalmente secos, lo que reduce el ruido atmosférico que interfiere con estas mediciones. El Yebes 40m, gestionado por el IGN en Guadalajara, es el de mayor apertura de la red española y ofrece sensibilidad en las frecuencias donde se esconden las moléculas orgánicas más pesadas.

«Cada nueva molécula que encontramos en el espacio interestelar nos dice que la química de la vida no es una rareza de la Tierra: es una tendencia del universo.» — Jesús Martín-Pintado, astrofísico del CSIC, Instituto de Astrofísica de Madrid

Lo que viene: la búsqueda de la ribosa cósmica

El hallazgo de la eritrulosa sitúa a los astrobiólogos a un paso de encontrar algo todavía más trascendente: la ribosa. Este azúcar de cinco carbonos es uno de los componentes del ARN y el ADN, y si se detectara de forma natural en el espacio interestelar, la conexión entre la química cósmica y el origen de la vida en la Tierra se volvería mucho más difícil de ignorar.

Por ahora, la ribosa solo se ha detectado en meteoritos carbonáceos, nunca directamente en el medio interestelar. Pero la secuencia que va del glicolaldehído (2 carbonos) al eritritol (4 carbonos) y ahora a la eritrulosa (también 4, pero con configuración diferente) muestra que la química va escalando peldaños con pasmosa naturalidad. El siguiente en la lista tiene cinco carbonos y un nombre que los científicos pronuncian con cierta reverencia.

Mientras tanto, el descubrimiento del equipo CSIC añade otra entrada al inventario de moléculas orgánicas del universo y refuerza una conclusión cada vez más difícil de eludir: el cosmos lleva miles de millones de años haciendo exactamente lo que los químicos hacen en el laboratorio, solo que a una escala inimaginable y sin cobrar horas extra.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.