Síguenos

Ocio

Ayuso, ahora influencer, promociona un restaurante de pasado franquista

Ayuso recomendó El Mirador de Pelayos y desató la polémica por su pasado franquista, los canales oficiales y una oleada de reseñas negativas.

Publicado

el

Ayuso apartara a Feijoo en el PP

Isabel Díaz Ayuso ha quedado envuelta en una nueva polémica después de que las redes sociales oficiales de la Comunidad de Madrid difundieran un vídeo en el que la presidenta regional recomendaba El Mirador de Pelayos, un restaurante de Pelayos de la Presa afectado por los incendios de la Sierra Oeste. Ayuso lo presentó como ejemplo de los negocios de la zona que necesitan recuperar clientes y animó a los madrileños a volver a consumir en los municipios golpeados por el fuego.

El problema llegó por dos caminos casi simultáneos. Primero, las críticas por utilizar una cuenta institucional para dar visibilidad concreta a un establecimiento privado. Después apareció el pasado del restaurante: El Mirador de Pelayos estuvo durante años decorado con fotografías, bustos y otros símbolos relacionados con el franquismo, algo documentado al menos desde 2014 y mostrado incluso por Telemadrid en 2018. Los actuales propietarios rechazan que esa decoración represente sus ideas y aseguran que la heredaron del dueño anterior. Entretanto, Rosa, propietaria junto a su marido Jesús, afirma que el negocio ha recibido 30 reseñas de una estrella en apenas dos días a raíz de la controversia.

Un vídeo institucional que acabó convertido en polémica

La grabación fue difundida el martes 18 de agosto desde los perfiles oficiales de la Comunidad de Madrid. Ayuso aparecía en El Mirador de Pelayos y explicaba que Rosa y Jesús, especializados en arroces y carnes, seguían trabajando después de haber sufrido las consecuencias del incendio. Su mensaje general era bastante sencillo: regresar a los pueblos afectados, consumir y ayudar a que la actividad económica de la Sierra Oeste vuelva a respirar.

El restaurante, sin embargo, tenía nombre, fachada y protagonistas. Y ahí comenzó el ruido. Parte de las críticas en redes y desde la oposición se centraron precisamente en esa elección: una presidenta autonómica recomendando un negocio concreto desde canales de la Administración. Se habló de promoción, de publicidad y de una mezcla poco clara entre comunicación institucional y recomendación comercial. Calificarlo jurídicamente de publicidad encubierta sería ir más allá de lo acreditado; que la escena tenía apariencia de recomendación gastronómica, en cambio, resulta difícil de discutir.

Hay un matiz relevante. Ayuso no pidió apoyo únicamente para El Mirador. En el propio vídeo amplió el mensaje al resto de establecimientos de la Sierra Oeste y solicitó que los ciudadanos siguieran visitando la zona. La Comunidad llevaba, además, semanas vinculando la reconstrucción a la recuperación de empresas, comercios y autónomos afectados por el fuego. El Gobierno regional había presentado ayudas económicas para estos negocios y el 19 de agosto anunció otra línea de hasta 5.000 euros por empresa destinada a recuperar equipos y servicios tecnológicos dañados.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Jose Vico (@vicoamurrio)

El pasado franquista de El Mirador de Pelayos

La segunda parte de la historia es bastante anterior a Ayuso. En 2014 surgió una controversia porque el Ayuntamiento de Pelayos de la Presa, entonces gobernado por el PP, había escogido el restaurante para celebrar actos de la Semana Internacional de la Mujer Trabajadora. Izquierda Unida denunció entonces que en el comedor se exhibían retratos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, además de una bandera preconstitucional. El establecimiento pertenecía en aquella época al hermano del entonces alcalde, Herminio Cercas.

La paradoja era difícil de disimular incluso con mantel largo: homenajear a las mujeres en un comedor presidido por iconografía de una dictadura cuya concepción política y social de la mujer pertenecía, precisamente, a otro tiempo.

Cuatro años después, en agosto de 2018, Telemadrid volvió al restaurante. Las imágenes mostraban hasta siete fotografías de Franco, bustos del dictador, banderas preconstitucionales y símbolos religiosos. El programa presentó el establecimiento como uno de los últimos locales madrileños asociados abiertamente a ese tipo de decoración. Rosa ya figuraba entonces como propietaria.

Lo que sostiene actualmente la propietaria

Ese detalle permite entender también la defensa de Rosa. La dueña ha explicado que ella y Jesús compraron el negocio con aquella decoración dentro y que los objetos procedían del anterior propietario. Afirma que no comparte esas ideas políticas y que su actividad no tiene relación alguna con ellas: su negocio, viene a decir, consiste en cocinar arroces, no en reivindicar dictaduras.

Su posición tampoco apareció por primera vez esta semana. En el reportaje de Telemadrid de 2018 ya se mostraba dispuesta a retirar los símbolos si así lo exigía la legislación y señalaba que no tenía problema en hacerlo. La información publicada posteriormente apunta a que parte de aquella decoración fue retirada. Al mismo tiempo, han vuelto a circular fotografías con objetos relacionados con el franquismo, algunas antiguas y otras atribuidas a perfiles del propio establecimiento.

No todas permiten determinar con claridad qué decoración permanece actualmente en el restaurante, por lo que conviene no convertir imágenes de diferentes años en una fotografía exacta del local en agosto de 2026. El pasado está documentado; atribuir automáticamente cada objeto visto hace años a la situación presente exige más cautela.

De la recomendación de Ayuso a 30 reseñas negativas

Para los propietarios, la controversia ha tenido una consecuencia mucho más concreta que la discusión política. Rosa asegura que entre el martes y el miércoles recibió unas 30 valoraciones de una estrella sobre cinco en Google, varias de ellas acompañadas de mensajes explícitamente políticos relacionados con Ayuso y con el pasado del establecimiento.

Es el conocido fenómeno del review bombing: personas que puntúan masivamente un negocio, una película, un videojuego o cualquier otro producto no tanto por su experiencia directa como por una controversia externa. En este caso, la propietaria atribuye el aluvión de valoraciones negativas a la aparición de Ayuso y al posterior rescate en redes de las imágenes franquistas.

La ironía resulta amarga para Rosa y Jesús. El incendio dañó la parte trasera del establecimiento, alcanzó la zona donde tenían vehículos y afectó al almacén en el que guardaban género. El restaurante permaneció varios días cerrado. El vídeo institucional pretendía ayudar a recuperar precisamente esa actividad; pocas horas después, el nombre del negocio estaba circulando por toda España, pero mezclado con Franco, Ayuso, acusaciones de publicidad institucional y una lluvia de estrellas —de una sola, para ser exactos— en Google.

Rosa agradece, pese a todo, la intervención de la presidenta madrileña. Según su versión, Ayuso ha sido la única dirigente política que ha acudido al establecimiento desde los incendios, y lo ha hecho en dos ocasiones. La propietaria asegura que recibiría del mismo modo a representantes de otros partidos y pide que su negocio quede fuera de la confrontación partidista.

Qué ha dicho la oposición y cómo responde el PP

La controversia saltó rápidamente del teléfono móvil a la política regional. El secretario general del PSOE de Madrid, Óscar López, ironizó sobre la elección del establecimiento, mientras que Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, difundió imágenes relacionadas con la antigua decoración franquista del restaurante y cargó contra Ayuso.

El PP madrileño ha intentado separar ambos asuntos. Fuentes del partido han defendido que el restaurante fue elegido porque estaba en una de las zonas afectadas, había estado cerca de quemarse y resultaba un lugar adecuado para comer durante la visita a los municipios damnificados. También han rechazado convertir las ideas políticas atribuidas a los propietarios de un establecimiento en un criterio para decidir dónde comer.

La respuesta tiene una parte razonable y otra más incómoda. Nadie debería elaborar un censo ideológico de restaurantes antes de pedir mesa. Pero cuando una recomendación sale de una cuenta oficial de una Administración, el contexto importa más que si el arroz está en su punto. Lo institucional convierte una elección aparentemente cotidiana en un acto sometido a escrutinio público.

Incendios, política y un restaurante en medio

El origen del vídeo no puede separarse de la devastación sufrida por la Sierra Oeste. La Comunidad de Madrid lleva semanas desplegando medidas de reconstrucción, ayudas empresariales y actuaciones para recuperar municipios, explotaciones y negocios afectados. El propio Gobierno regional había animado ya a ciudadanos y turistas a visitar Pelayos de la Presa y otras localidades afectadas para mantener viva la economía de una zona profundamente dañada por el fuego.

Eso explica el propósito de la aparición de Ayuso, aunque no borra la discusión sobre la forma elegida. Una cosa es impulsar la economía de toda una comarca y otra colocar el foco institucional sobre un restaurante concreto. Entre ambas existe una frontera fina, especialmente cuando ese establecimiento arrastra una historia política tan reconocible.

Tampoco sería exacto presentar a los actuales dueños como responsables de todo lo ocurrido allí durante décadas. La iconografía franquista de El Mirador está documentada; también lo está que el negocio cambió de manos y que Rosa manifestó públicamente que no compartía esa ideología. Mezclar propietarios, épocas y fotografías sin distinguirlas ofrece una historia más explosiva, aunque bastante menos limpia.

El incendio que terminó encendiendo otra batalla

Lo ocurrido con Ayuso y El Mirador de Pelayos tiene, al final, varias historias superpuestas. Hubo un vídeo institucional destinado a apoyar la recuperación económica de la Sierra Oeste, una recomendación demasiado concreta para pasar inadvertida, un restaurante con un pasado franquista documentado y unos actuales propietarios que rechazan identificarse con él. Después llegaron la oposición, las redes sociales y las reseñas negativas. Todo en cuestión de horas.

El debate político seguirá su curso, pero hay una circunstancia menos vistosa que conviene no perder entre tanto ruido: detrás del episodio hay un negocio que sufrió materialmente un incendio y una comarca que intenta recuperar clientes, carreteras, explotaciones y paisaje. El Mirador se convirtió en símbolo de una pelea que empezó queriendo hablar de reconstrucción. España tiene cierta habilidad para conseguir que un arroz, una cuenta de TikTok y la memoria del franquismo terminen sentados a la misma mesa.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído