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¿Feijóo contra las bajas laborales? Sus ausencias le pasan factura

Feijóo agita el debate sobre las bajas laborales y sus propias ausencias en el Congreso le devuelven el golpe político más incómodo a su PP.

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todos los lapsus de Feijóo

Resumen

  • Feijóo vinculó absentismo y bajas, pero el PP matizó que hablaba de fraude
  • Sus ausencias en el Congreso y su lumbalgia avivaron la crítica política
  • El debate real cruza salarios, incapacidad temporal, convenios y salud laboral

Alberto Núñez Feijóo ha convertido el debate sobre el absentismo laboral en una trampa de las que crujen bajo los zapatos: quiso señalar las bajas médicas, los convenios y el coste para empresas y Seguridad Social, pero el golpe político le ha vuelto desde el Congreso, donde la oposición le recuerda sus propias ausencias y hasta aquella lumbalgia que le apartó de un debate electoral. El asunto ya no va solo de quién falta al trabajo. Va de quién tiene autoridad para dar lecciones sobre faltar.

El líder del PP defendió ante el Círculo de Empresarios Vascos que España no puede sostener que una persona cobre igual cuando trabaja que cuando no acude a su puesto, mezclando en el mismo saco bajas, permisos y ausencias no justificadas. Llegó a calificar el fenómeno como “un cáncer” y habló de tomar decisiones “con o sin acuerdo” si llega al Gobierno. Después, Génova trató de apagar el incendio: el PP matizó que Feijóo se refería a los casos de fraude, no a los trabajadores enfermos. Demasiado tarde para que la frase dejara de circular como una cerilla en verano.

El choque político por las bajas médicas

La polémica nace de una confusión muy rentable en política, pero peligrosa en la vida real: no es lo mismo una baja médica que una ausencia injustificada. Una baja por incapacidad temporal la prescribe un médico; no sale de una máquina de café ni de una picaresca de sobremesa. La ministra de Sanidad, Mónica García, lo expresó con claridad al recordar que detrás de cada baja hay un profesional sanitario que la firma como acto médico.

Feijóo no habló solo de controlar abusos. Cuestionó también que los convenios colectivos puedan completar el salario de quienes están de baja. Ahí está el nervio. Porque en España, por norma general, una baja por enfermedad común ya supone cobrar menos si no hay mejora pactada: la Seguridad Social establece el 60% de la base reguladora desde el día 4 hasta el 20, y el 75% desde el día 21. En accidente de trabajo o enfermedad profesional, el porcentaje es del 75% desde el nacimiento del derecho.

Ese detalle desmonta una parte esencial del mensaje: no es cierto que todos los trabajadores cobren siempre lo mismo estando de baja que trabajando. Algunos lo hacen porque su convenio lo mejora, es decir, porque hubo negociación colectiva. Y tocar eso no es ajustar un tornillo administrativo; es meter la mano en una pieza sensible del contrato social.

El dato que le devuelve el golpe a Feijóo

La oposición aprovechó el flanco abierto. Óscar Puente recordó en redes que Feijóo habría faltado al 58% de las votaciones en el Congreso, una cifra que también amplificó Irene Montero para acusarle de predicar contra el absentismo mientras acumula ausencias parlamentarias. Ese dato se ha vinculado además con la lumbalgia que llevó al dirigente popular a suspender el segundo debate de la campaña.

Aquí conviene no hacer trampas en sentido contrario. Una ausencia en una votación parlamentaria no equivale automáticamente a una baja laboral, y el trabajo político no se mide solo por apretar un botón en el hemiciclo. Pero la política también vive de símbolos, y Feijóo ha regalado uno muy potente: el líder que reprende a los trabajadores enfermos mientras sus adversarios le sacan la libreta de asistencia.

El problema para el PP no es únicamente la cifra. Es la imagen. Un dirigente que habla de recortar prestaciones, de fraude y de “cáncer” en un país donde millones de personas han pasado por bajas por ansiedad, lesiones, tumores, operaciones o listas de espera no pisa terreno neutro. Pisa barro.

La rectificación que no cerró la herida

El PP intentó recolocar el mensaje. Juan Bravo, vicesecretario de Hacienda del partido, aseguró que Feijóo hablaba solo de fraude laboral y no de quien está enfermo. También corrigió la idea de actuar sin acuerdo: si no hay pacto en el diálogo social, dijo, habrá que seguir negociando. Esa rectificación suaviza el texto, pero no borra el audio político.

Jorge Sémper defendió después que una baja por enfermedad “no es un capricho” y que España necesita un debate serio sobre las bolsas de fraude. Isabel Díaz Ayuso, en cambio, cerró filas con Feijóo y afirmó que el presidente del PP tenía “más razón que un santo”. Dentro del propio campo conservador se percibe el intento de caminar por una cornisa: denunciar un problema real sin parecer que se castiga al trabajador enfermo.

El absentismo existe, pero no cabe en un eslogan

España tiene un problema creciente con las bajas laborales y el absentismo. Eso no lo inventó Feijóo. Según los últimos datos conocidos, el absentismo laboral alcanzó el 7,2% de las horas pactadas en el primer trimestre de 2026, con una media diaria de más de 1,6 millones de trabajadores ausentes, de los cuales 1,24 millones estaban de baja médica. Euskadi registró la tasa más alta, con el 9,4%, por encima de la media nacional.

La cuestión es qué se hace con ese dato. Puede servir para mejorar la atención primaria, agilizar diagnósticos, reforzar la salud mental, revisar la prevención de riesgos laborales y perseguir el fraude probado. O puede usarse como una brocha gorda contra quien se rompe una espalda, se quema por estrés o espera meses una prueba médica. Una cosa es gestionar un problema. Otra, convertir al trabajador enfermo en sospechoso de guardia.

La AIReF ya había advertido este año de deficiencias estructurales en la gestión de la incapacidad temporal y de un fuerte crecimiento de las bajas desde 2017. El gasto público por incapacidad temporal llegó a unos 18.400 millones de euros en 2025, una cifra importante, sí, pero que pide bisturí, no motosierra.

Sindicatos, patronal y el terreno incómodo

Los sindicatos han cargado contra Feijóo por meter bajas justificadas, permisos y ausencias fraudulentas en el mismo saco. Unai Sordo, secretario general de CCOO, defendió que estar de baja por enfermedad es un derecho laboral consolidado y rechazó que se cuestione como si fuera una ventaja sospechosa. La patronal, por su parte, también presiona para abordar el coste del absentismo, especialmente en las pymes, donde una baja puede descolocar turnos, producción y caja con la facilidad de una ficha de dominó.

Ahí está el debate serio, el que no cabe en un tuit ni en una frase con olor a tertulia caliente. Hay empresas pequeñas que sufren de verdad cuando se encadenan bajas. Hay trabajadores que enferman por condiciones laborales pésimas. Hay retrasos sanitarios que alargan procesos. Hay fraude, claro. Y también hay demasiada costumbre de mirar hacia abajo cuando se busca culpable.

La lumbalgia como espejo político

La referencia a la lumbalgia de Feijóo no es menor porque toca una fibra simbólica. Cualquiera puede tener una lumbalgia. Cualquiera puede quedarse clavado, tieso como una puerta vieja, incapaz de sentarse dos horas bajo focos. Precisamente por eso chirría que el debate se plantee desde la sospecha. La enfermedad no pregunta por ideología antes de llamar a la puerta.

Feijóo tenía margen para abrir una conversación adulta sobre absentismo, control médico, mutuas, listas de espera y costes empresariales. Eligió una frase dura, casi quirúrgica, pero sin anestesia. Y la frase le persigue. En política, las palabras no desaparecen: se quedan pegadas a la chaqueta, como el humo en un bar antiguo.

Un debate necesario, una torpeza demasiado visible

El absentismo laboral necesita datos, acuerdos y gestión fina. También necesita no confundir baja médica con fraude, ni convenio colectivo con privilegio, ni enfermedad con comodidad. Feijóo ha puesto el tema sobre la mesa, pero lo ha hecho con una torpeza que ha permitido a sus rivales cambiar el foco: de las bajas de los trabajadores a las ausencias del propio líder del PP.

La paradoja es áspera. Quien quiso hablar de productividad terminó explicando humanidad. Quien quiso denunciar ausencias terminó contando las suyas. Y mientras tanto, el problema real sigue ahí, esperando menos aspaviento y más política pública: médicos con tiempo, empresas con prevención, inspección donde haya abuso y respeto básico para quien, simplemente, no puede levantarse de la cama.

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