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¿Qué base saudí atacaron los hutíes con decenas de misiles y drones?

Los hutíes aseguran haber atacado con decenas de misiles y drones la base Rey Khalid, en el sur de Arabia Saudí, en plena escalada regional.

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Resumen

  • Los hutíes dicen haber atacado con misiles y drones la base Rey Khalid
  • Riad no ha detallado aún el alcance real de los daños en la instalación
  • La escalada aumenta la presión sobre Arabia Saudí y las rutas del petróleo

Los hutíes de Yemen aseguran haber lanzado este lunes decenas de misiles balísticos y drones contra la base aérea Rey Khalid, situada en Khamis Mushait, en el sur de Arabia Saudí. El movimiento sostiene que la operación alcanzó hangares de aeronaves, sistemas de radar, pistas de aterrizaje y depósitos de munición, dentro de una ofensiva que vuelve a trasladar la guerra yemení directamente a territorio saudí.

El ataque contra la base aérea Rey Khalid llega en plena escalada entre Riad y los insurgentes yemeníes, apoyados por Irán, que han ganado terreno en la costa occidental de Yemen. La reivindicación hutí habla de impactos «precisos y directos», aunque las afirmaciones sobre el alcance de los daños proceden del propio movimiento y deben distinguirse de una comprobación independiente de lo ocurrido dentro de la instalación.

La ofensiva tiene un alcance que va bastante más allá de una base militar. Arabia Saudí vuelve a estar directamente bajo fuego mientras mantiene su apoyo a las fuerzas del Gobierno yemení internacionalmente reconocido, y al mismo tiempo afronta un escenario regional cada vez más enredado por la crisis del estrecho de Ormuz, el petróleo y la confrontación entre Estados Unidos e Irán.

Una base aérea saudí bajo un ataque de gran escala

El portavoz militar hutí, Yahya Sarea, situó el centro de la operación en la base Rey Khalid de Khamis Mushait, una de las instalaciones militares importantes del sur saudí y situada relativamente cerca de Yemen. Según su versión, la oleada utilizó decenas de proyectiles y aparatos no tripulados contra diferentes puntos del complejo.

Entre los objetivos mencionados aparecen hangares de aeronaves, radares, pistas y depósitos de munición. Sarea afirmó que los impactos fueron directos y vinculó la operación a los bombardeos efectuados por Arabia Saudí durante los días anteriores sobre territorio yemení.

Ese detalle es importante. Una reivindicación militar permite saber qué pretende comunicar el atacante, pero no basta para determinar por sí sola cuánto daño provocó realmente. En esta guerra, como en tantas otras, la batalla de la propaganda acompaña a la de los misiles: cada proyectil interceptado o cada instalación alcanzada acaba convertido también en munición política.

Por qué la base Rey Khalid tiene importancia militar

Khamis Mushait se encuentra en el suroeste de Arabia Saudí y su base aérea ha estado vinculada durante años a las operaciones militares saudíes relacionadas con Yemen. Los hutíes sostienen que parte de los recientes ataques aéreos contra sus posiciones partieron precisamente de Khamis Mushait y Taif.

El movimiento cifra en más de 300 los ataques saudíes realizados en cinco días sobre diferentes gobernaciones yemeníes. Se trata de una cifra difundida por los propios hutíes y, por tanto, debe leerse como parte de su versión del conflicto, pero ayuda a entender el argumento utilizado para justificar el ataque de este lunes.

La elección del objetivo no parece, pues, accidental. Golpear una instalación asociada a las operaciones aéreas permite a los insurgentes presentar su ofensiva como una represalia contra la capacidad militar saudí y, al mismo tiempo, demostrar que la frontera no protege al reino de los efectos directos de la guerra.

Los hutíes amenazan con llevar la guerra al interior saudí

El comunicado difundido desde Saná no se limita a reivindicar un ataque. Yahya Sarea advirtió de que los hutíes continuarán sus operaciones dentro de Arabia Saudí mientras Riad mantenga sus acciones militares contra las zonas de Yemen controladas por el movimiento.

La amenaza incluye posibles operaciones «más amplias e intensas» en respuesta a nuevos ataques saudíes. Traducido del lenguaje militar: la lógica de represalias puede convertirse rápidamente en una espiral de bombardeos y contraataques, con cada parte utilizando la acción anterior del adversario para justificar la siguiente.

Los hutíes insisten en presentar el lanzamiento de misiles y drones como respuesta a lo que califican de «agresión saudí» contra Yemen. Riad, por su parte, es el principal respaldo internacional del Gobierno yemení reconocido y participa activamente en el conflicto, especialmente mediante apoyo aéreo.

Una guerra yemení que vuelve a desbordarse

La nueva escalada coincide con importantes avances hutíes en la costa occidental de Yemen. El movimiento ha ampliado su dominio sobre una franja especialmente sensible porque conduce hacia el mar Rojo y las rutas marítimas que comunican el océano Índico con el canal de Suez.

La dimensión geográfica cambia la importancia de los combates. Ya no se trata únicamente de controlar ciudades, carreteras o posiciones interiores de Yemen. El pulso se aproxima a corredores marítimos esenciales para el comercio y la energía, una zona donde cualquier incidente puede viajar rápidamente desde el campo de batalla hasta los mercados internacionales.

Yemen arrastra más de una década de conflicto entre los hutíes y las fuerzas vinculadas al Gobierno internacionalmente reconocido, respaldado por Arabia Saudí. Hubo etapas de menor intensidad, pero la actual secuencia de ataques demuestra que la guerra nunca quedó realmente resuelta. Estaba contenida. Que no es exactamente lo mismo.

Mohamed bin Salmán se reúne con el jefe del CENTCOM

En medio de esta escalada, el príncipe heredero y primer ministro saudí, Mohamed bin Salmán, recibió en Yeda al jefe del Comando Central de Estados Unidos, Brad Cooper. La reunión coincidió con la nueva oleada de tensión entre Arabia Saudí y los hutíes.

La información oficial saudí señaló que ambos repasaron las relaciones bilaterales y los acontecimientos regionales. También participó el ministro de Estado y asesor de Seguridad Nacional saudí, Musaed bin Mohamed al Aiban.

La coincidencia temporal resulta difícil de ignorar. Arabia Saudí vuelve a enfrentarse a ataques sobre su territorio mientras Estados Unidos observa una región en la que Yemen, Irán, el golfo Pérsico y el mar Rojo forman cada vez más piezas del mismo tablero. Un tablero, además, con demasiado material explosivo encima.

Ormuz y el mar Rojo aumentan la presión sobre el petróleo saudí

La ofensiva contra la base llega en un momento particularmente incómodo para el reino. Arabia Saudí, uno de los grandes productores mundiales de petróleo, afronta las consecuencias del cierre del estrecho de Ormuz en el contexto de la guerra entre Estados Unidos e Irán y de los ataques contra infraestructuras energéticas de la región.

Ormuz es una de las principales puertas marítimas del petróleo del golfo Pérsico. Ante las dificultades para utilizar esa ruta, Riad ha tenido que mirar con mayor interés hacia sus alternativas occidentales, especialmente los puertos saudíes del mar Rojo.

Ahí surge el segundo problema. Los hutíes mantienen desde mediados de julio un bloqueo marítimo contra Arabia Saudí como respuesta al bloqueo por mar y aire impuesto sobre las zonas de Yemen bajo su control. La presión sobre las rutas del mar Rojo adquiere así una importancia estratégica que trasciende ampliamente el conflicto yemení.

El resultado es una especie de pinza geográfica. Ormuz queda condicionado por el enfrentamiento con Irán y el mar Rojo sufre la presión hutí. Para una potencia petrolera construida alrededor de la exportación de crudo, que ambos caminos se compliquen al mismo tiempo no es precisamente un problema menor.

La diplomacia del Golfo también queda atrapada en la escalada

El deterioro militar coincide con otro síntoma de las dificultades regionales: el aplazamiento sin nueva fecha de la reunión prevista para abordar fórmulas destinadas a garantizar una navegación más segura por el estrecho de Ormuz.

El encuentro debía reunir a Irán y Omán con países del Consejo de Cooperación del Golfo, entre ellos Arabia Saudí, Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos, además de Irak. Baréin se había desmarcado previamente de la cita al recordar los ataques iraníes sufridos por sus infraestructuras y bienes civiles.

Irán y Omán comunicaron finalmente el aplazamiento, y Teherán señaló posteriormente que la decisión se había adoptado a petición de Arabia Saudí. La cancelación deja en suspenso una de las vías diplomáticas abiertas para aliviar la presión sobre Ormuz justo cuando el conflicto yemení añade otra capa de incertidumbre.

Es una combinación poco tranquilizadora. Mientras los gobiernos intentan mantener abiertas las rutas marítimas mediante negociaciones, misiles y drones vuelven a marcar el ritmo regional. La diplomacia avanza despacio; un proyectil balístico, bastante menos.

Arabia Saudí vuelve a sentir la guerra dentro de sus fronteras

El ataque reivindicado contra la base Rey Khalid resume el nuevo momento del conflicto. Los hutíes pretenden demostrar que pueden alcanzar instalaciones militares estratégicas dentro de Arabia Saudí, mientras Riad mantiene su apoyo al Gobierno yemení y continúa implicado militarmente en la guerra.

El alcance exacto de los daños causados por esta ofensiva sigue siendo un elemento esencial para medir su verdadero impacto. Lo que sí resulta evidente es el salto de tensión: misiles balísticos, drones, bombardeos y amenazas de nuevas represalias vuelven a conectar directamente el frente yemení con territorio saudí.

A eso se añaden la presión sobre el mar Rojo, las dificultades de navegación en Ormuz y la vulnerabilidad de las exportaciones energéticas. Yemen deja así de parecer un conflicto periférico y reaparece como una pieza central de una crisis regional mucho más amplia.

Durante años, la guerra yemení pareció quedar bajo una capa de relativa quietud. Esa capa se ha roto. Debajo seguían las mismas fracturas políticas y militares, pero ahora vuelven rodeadas de misiles, drones y petróleo, tres ingredientes con una conocida facilidad para hacer que los problemas locales dejen muy pronto de serlo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.