Economía
¿Por qué los ataques de EE.UU. a Irán vuelven a disparar el petróleo?
Los ataques de EE.UU. a Irán golpean rutas clave, disparan el petróleo y reavivan el temor a un bloqueo de Ormuz con nuevas alzas en España.

Resumen
- EE.UU. amplía sus ataques a puentes, puertos y rutas logísticas de Irán
- El Brent ronda los 84 dólares y Ormuz concentra el temor del mercado
- España afronta presión sobre carburantes, transporte e inflación
Estados Unidos ha ampliado sus bombardeos sobre Irán y ha golpeado puentes, instalaciones ferroviarias, infraestructuras eléctricas y zonas portuarias próximas al estrecho de Ormuz. El efecto ha saltado de inmediato al mercado energético: no porque hayan ardido grandes yacimientos, sino porque los ataques amenazan las rutas que permiten mover petróleo, mercancías y material militar entre la costa iraní y el interior del país.
El crudo Brent, referencia en Europa, se situaba este viernes en torno a los 84,30 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate estadounidense rondaba los 79,11 dólares. Ambos acumulan una subida semanal cercana al 12%. Los mercados, tan científicos cuando reina la calma, oyen la palabra Ormuz y vuelven a mirar el mapa: el tráfico marítimo está de nuevo prácticamente paralizado y la posibilidad de que el conflicto se extienda hacia el mar Rojo añade otra capa de incertidumbre.
La ofensiva estadounidense supone un cambio relevante. Washington ya no se limita a radares, baterías antiaéreas, sistemas de misiles o posiciones navales. Ha comenzado a atacar arterias logísticas y servicios esenciales, una forma de presión que busca debilitar la capacidad militar iraní, pero que también amenaza el transporte civil, el comercio y el suministro eléctrico. El lenguaje castrense habla de degradar capacidades. Para la población, bastante menos abstracta, significa puentes cortados, trenes detenidos y noches pendientes del cielo.
Estados Unidos lleva la guerra a las rutas de Irán
El Mando Central de Estados Unidos informó de una sexta noche consecutiva de ataques contra decenas de objetivos iraníes. En la operación participaron cazas, drones y buques de guerra que lanzaron municiones guiadas sobre sistemas de vigilancia costera, defensas aéreas, instalaciones logísticas y capacidades marítimas situadas principalmente alrededor de Bandar Abbas y la isla de Qeshm.
Los medios iraníes aseguraron que cinco puentes fueron alcanzados, junto con la estación ferroviaria de Bandar Khamir y el aeropuerto de Iranshahr, en el sureste del país. Las autoridades iraníes atribuyeron siete muertes a los ataques sobre los puentes de Bandar Khamir, aunque estos balances no han podido ser verificados de manera independiente. El Ministerio de Salud iraní elevó a al menos 38 los fallecidos y a más de 400 los heridos desde la reanudación de los bombardeos.
Los puentes que conectan Bandar Abbas con el interior
Bandar Khamir se encuentra en la provincia de Hormozgan, frente al estrecho de Ormuz y cerca de Bandar Abbas, principal puerto comercial de Irán y sede de instalaciones navales estratégicas. Los puentes atacados forman parte de los corredores por carretera y ferrocarril que comunican esa costa con el centro del país y, más al norte, con Teherán.
Golpearlos permite dificultar el movimiento de armamento, combustible, repuestos y tropas, pero la misma carretera por la que circula un convoy militar lleva también alimentos, medicinas y mercancías para una población de unos 90 millones de habitantes. Esa ambigüedad, lo militar mezclado con lo civil, convierte las infraestructuras logísticas en objetivos eficaces y políticamente explosivos. Una vieja receta de guerra con tecnología de última generación.
Otro ataque derribó una torre del puerto de Chabahar, en el golfo de Omán. El enclave, desarrollado con apoyo de India, resulta fundamental para el comercio con Afganistán y ofrece a Irán una salida marítima situada fuera del estrecho de Ormuz. Teherán sostiene que la torre gestionaba tráfico comercial, mientras que la Guardia Revolucionaria mantiene presencia en distintos puertos del país.
El Ministerio de Energía iraní reconoció también por primera vez ataques contra infraestructuras eléctricas y pidió reducir el consumo en las provincias meridionales, castigadas al mismo tiempo por temperaturas extremas. No está claro si fueron alcanzadas centrales, subestaciones o líneas de transmisión. Sí queda claro el mensaje de Washington: la presión puede avanzar desde los objetivos militares hacia los nervios cotidianos del Estado iraní.
Ormuz vuelve a convertirse en el centro del conflicto
El estrecho de Ormuz es una franja marítima estrecha, pero sostiene una porción descomunal del sistema energético mundial. En condiciones normales circula por allí aproximadamente una quinta parte del petróleo y los productos derivados consumidos en el planeta, además de alrededor del 20% del comercio internacional de gas natural licuado. Más de una cuarta parte del petróleo transportado por mar atravesó este paso durante 2024 y el primer trimestre de 2025.
La tregua acordada en junio entre Washington y Teherán se ha deshecho en una sucesión de ataques y represalias. Irán ha vuelto a restringir el tráfico por Ormuz y Estados Unidos ha reactivado su bloqueo sobre los puertos iraníes, interceptando o desviando embarcaciones que intentaban alcanzar sus terminales. La lucha no gira únicamente alrededor de quién domina el mar, sino de quién decide qué barcos pasan, por dónde y bajo qué condiciones.
La geografía concede a Irán una herramienta formidable. Desde su costa puede vigilar las rutas, desplegar misiles, drones, lanchas rápidas o minas y elevar hasta niveles prohibitivos el coste de asegurar un petrolero. Estados Unidos dispone de una capacidad militar muy superior, pero destruir radares o puentes no convierte automáticamente un estrecho hostil en una autopista segura. El mar tiene esas pequeñas insolencias.
Por qué sube el petróleo sin atacar los grandes yacimientos
El precio del crudo no responde únicamente al número de barriles disponibles. También incorpora el riesgo de que esos barriles no puedan salir del golfo Pérsico, lleguen tarde o necesiten barcos más caros, escolta militar y pólizas de seguro extraordinarias. Cuando una naviera suspende operaciones o un petrolero queda anclado esperando garantías, la oferta útil disminuye aunque el petróleo siga bajo tierra o almacenado en una terminal.
Las rutas alternativas alivian una parte del problema, pero no pueden reemplazar Ormuz. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos poseen oleoductos que conducen crudo hacia el mar Rojo y el puerto emiratí de Fuyaira, en el golfo de Omán. La capacidad disponible para esquivar el estrecho es, sin embargo, muy inferior a los cerca de 20 millones de barriles diarios que transitaban por él en 2025. Es un desvío valioso, no una puerta del mismo tamaño.
La subida semanal cercana al 12% contiene, por tanto, una prima geopolítica: dinero añadido al precio por la posibilidad de un escenario peor. Todavía no se ha producido una escalada comparable con los máximos registrados durante las fases más graves de la guerra, pero el mercado teme dos interrupciones simultáneas, una en Ormuz y otra en Bab el Mandeb, el paso que conecta el mar Rojo con el océano Índico.
La respuesta de Irán extiende el mapa de los ataques
Irán respondió con misiles y drones contra instalaciones estadounidenses y países aliados de Washington. Teherán afirmó haber atacado objetivos en Baréin, Kuwait y Siria, donde aseguró haber golpeado por primera vez el centro estadounidense de operaciones especiales de Al Tanf. Qatar activó sus defensas aéreas ante nuevos proyectiles iraníes y un menor resultó herido por la caída de metralla en Doha.
En Kuwait, un ataque dañó una instalación de generación eléctrica y desalinización de agua. No es una infraestructura secundaria: alrededor del 90% del agua potable del país procede de plantas desalinizadoras. Las autoridades informaron de un incendio y de daños considerables, aunque trabajaban para recuperar el servicio. Golpear el agua en una región desértica es cruzar una frontera especialmente delicada, por mucho que cada parte vista sus ataques con el uniforme de la represalia.
Un petrolero que navegaba por la ruta próxima a Omán sufrió también daños menores por el impacto de un proyectil, sin heridos entre la tripulación. Al mismo tiempo, fuentes conocedoras de las conversaciones iraníes señalaron que Teherán había pedido a los hutíes de Yemen prepararse para interrumpir el tráfico del mar Rojo si Estados Unidos continuaba atacando infraestructuras estratégicas. Un bloqueo doble, Ormuz al este y Bab el Mandeb al oeste, convertiría buena parte del comercio energético regional en un laberinto caro y peligroso.
El impacto sobre España va más allá del surtidor
La subida del Brent no se traslada de forma automática ni idéntica al precio de la gasolina y el gasóleo. Intervienen la cotización internacional de cada combustible refinado, el cambio entre el euro y el dólar, los impuestos, los márgenes comerciales y las existencias almacenadas. Aun así, la experiencia de los primeros meses de la guerra mostró que las tensiones de Ormuz terminaron llegando a las estaciones de servicio españolas, con especial intensidad en el gasóleo, más expuesto a las importaciones procedentes de Oriente Próximo.
El encarecimiento tampoco se queda junto al cartel luminoso de la gasolinera. Aumenta los costes del transporte por carretera, la aviación, la pesca y la industria; después se filtra hacia alimentos, paquetería y bienes de consumo. Puede alimentar la inflación y complicar las decisiones del Banco Central Europeo, que debe escoger entre contener los precios o no enfriar en exceso la economía. El barril viaja mucho antes de llegar físicamente a ninguna parte.
España dispone de un colchón de seguridad. El sistema establece unas existencias mínimas equivalentes a 92 días de ventas o consumo, repartidas entre las reservas estratégicas de CORES y las almacenadas por la industria, aunque en marzo se aprobó una reducción temporal de parte de la obligación industrial para liberar producto al mercado. Ese respaldo reduce el riesgo de una escasez inmediata, pero no congela los precios internacionales ni evita que las empresas paguen más por reponer sus depósitos.
El barril mide también hasta dónde llegará la guerra
Los ataques contra puentes, puertos y redes eléctricas muestran que la confrontación ha entrado en una fase más amplia. Estados Unidos pretende obligar a Irán a aflojar su control sobre Ormuz; Irán responde demostrando que puede extender la inseguridad por bases militares, ciudades aliadas, plantas de agua y rutas marítimas. Cada parte dice buscar una ventaja negociadora. Entretanto, la negociación avanza acompañada por cazas y misiles, una forma bastante peculiar de mantener la puerta abierta.
El petróleo continuará reaccionando menos a los discursos que a los barcos capaces de atravesar el estrecho. Mientras el tráfico siga reducido, las aseguradoras eleven sus primas y permanezca la amenaza sobre Bab el Mandeb, el precio conservará una carga de miedo difícil de descontar. Ormuz no necesita cerrarse por completo para sacudir la economía: basta con que navegar por él vuelva a parecer una apuesta.

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