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Naturaleza

¿Dónde está el incendio de Guadalajara y qué pueblos siguen evacuados?

El incendio de La Mierla arrasa 16.000 hectáreas, evacua veinte pueblos y mantiene a cientos de vecinos alejados de sus casas en Guadalajara.

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bombero en medio de un incendio forestal

El incendio forestal declarado en La Mierla, en la Sierra Norte de Guadalajara, se ha convertido en uno de los fuegos más graves registrados este verano en España. El último balance disponible eleva a unas 16.000 hectáreas la superficie afectada, con veinte núcleos evacuados, otros cinco confinados y alrededor de 800 personas obligadas a abandonar temporalmente sus viviendas. No se han comunicado víctimas ni daños personales.

El fuego continúa activo y mantiene el nivel 2 del Plan Infocam. Las llamas han avanzado por una zona montañosa, quebrada y cubierta de pinares, dentro del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara. El viento, con rachas de entre 40 y 50 kilómetros por hora, ha empujado el frente a gran velocidad y ha convertido algunos barrancos en auténticas chimeneas. Una mala combinación: combustible seco abajo, aire caliente arriba y muy poco espacio para el error.

La cifra inicial de 13.000 hectáreas difundida durante el domingo quedó superada pocas horas después. Los responsables de la emergencia situaron la extensión afectada en torno a 16.000 hectáreas y calcularon un perímetro próximo a los 100 kilómetros, aunque no toda la superficie presenta el mismo grado de destrucción: hay pinares completamente calcinados y áreas donde el fuego ha recorrido principalmente la vegetación acumulada sobre el suelo.

Dónde está el incendio de La Mierla

La Mierla es una pequeña localidad de la provincia de Guadalajara situada aproximadamente a 100 kilómetros al noreste de Madrid, entre la comarca de la Campiña y las primeras elevaciones de la Sierra Norte. El incendio comenzó el jueves 16 de julio en una zona agrícola próxima al pueblo y progresó hacia el norte, internándose en el parque natural y aproximándose durante el domingo a las faldas del Alto Rey.

El paisaje explica buena parte del problema. No se trata de una llanura donde abrir una línea y esperar al fuego, sino de un territorio de valles estrechos, pendientes pronunciadas y pinares continuos, atravesado por carreteras pequeñas. En determinados puntos, las llamas han recorrido el monte a una velocidad cercana a cuatro kilómetros por hora. Con ese ritmo, un frente puede cambiar de valle antes de que una cuadrilla haya terminado de desplegar las mangueras.

La cabeza del incendio se desplazó desde el entorno de La Mierla y Muriel hacia la zona de Bustares, Gascueña de Bornova y Alto Rey. Los equipos han intentado construir líneas de defensa en zonas abiertas y parameras, aprovechando terrenos con menos vegetación para cortar el avance antes de que alcance nuevas masas forestales.

Qué pueblos han sido evacuados o confinados

Las medidas de protección se han ampliado a medida que cambiaban el viento y la dirección de las llamas. El balance más reciente recoge veinte núcleos desalojados y cinco confinados, una diferencia importante: los evacuados deben abandonar el municipio, mientras que los confinados permanecen en sus casas con puertas y ventanas cerradas, principalmente por el humo y la posible caída de cenizas.

Los veinte núcleos desalojados

Las evacuaciones afectan a Navas de Jadraque, El Ordial, Arroyo de las Fraguas, Zarzuela de Jadraque, Muriel, Umbralejo, Semillas, La Nava de Jadraque, Almiruete, Palancares, La Mierla, Monasterio, Bustares, Villares de Jadraque, Veguillas, Gascueña de Bornova, Prádena de Atienza, Robledo de Corpes, Aldeanueva de Atienza y Naharros. En algunos casos son pueblos con muy pocos habitantes durante el invierno, pero cuya población aumenta en verano con el regreso de familias y propietarios de segundas residencias.

Los municipios de Hiendelaencina, Ujados, La Miñosa, Albendiego y Cañamares permanecen confinados. Los técnicos consideran que el humo puede afectar seriamente a estas localidades, aunque la menor continuidad de la vegetación en sus inmediaciones reduce, de momento, la amenaza directa sobre las viviendas.

En total, unas 800 personas han resultado desplazadas. La mayoría se ha alojado con familiares o ha regresado a su residencia habitual, mientras que varias decenas permanecen en el albergue habilitado por Cruz Roja en Humanes. Allí, entre camas plegables, botellas de agua y bolsas con ropa improvisada, se concentra la parte menos visible del incendio: la espera.

Por qué el incendio sigue siendo tan difícil de controlar

El comportamiento del fuego ha sido descrito como extremo por los responsables del operativo. Durante algunos periodos avanzó hasta 60 metros por minuto, impulsado por rachas de viento que dificultaban tanto el ataque terrestre como las descargas de los aviones y helicópteros. Cuando el humo forma una columna demasiado densa, los medios aéreos pierden visibilidad y deben retirarse. El cielo también puede cerrarle la puerta a un hidroavión.

A ello se suma la orografía de la Sierra Norte. Los valles canalizan el viento y aceleran las llamas, mientras que las laderas obligan a los equipos terrestres a trabajar desde posiciones más alejadas. El fuego de copas —el que salta de árbol en árbol— puede lanzar pavesas a cientos de metros y abrir nuevos focos al otro lado de una carretera o de un cortafuegos.

Un despliegue de tierra, aire y maquinaria pesada

En las jornadas más complicadas han trabajado alrededor de 350 bomberos forestales, unos 25 medios aéreos y cerca de medio centenar de unidades terrestres. El dispositivo integra personal de Infocam, la Unidad Militar de Emergencias, bomberos de la Diputación de Guadalajara y de la Comunidad de Madrid, agentes medioambientales, Guardia Civil, Protección Civil y medios del Ministerio para la Transición Ecológica.

Desde el inicio de la emergencia han participado más de 800 profesionales y 170 medios, contabilizando relevos, aeronaves, maquinaria y unidades movilizadas durante los cuatro primeros días. Unos 200 militares de la UME se han concentrado especialmente en la protección de los pueblos y en la construcción de líneas defensivas.

Pese a la magnitud del incendio, las autoridades no habían comunicado víctimas ni daños relevantes en las viviendas evacuadas. La prioridad operativa ha sido adelantarse a las llamas, proteger los cascos urbanos y evitar que los cambios de viento atraparan a vecinos o brigadistas. Dicho de otro modo: primero la gente, después las casas y, cuando el fuego lo permita, el monte.

Pedro Sánchez aseguró que seguía la evolución con máxima atención y reconoció el trabajo de quienes combatían el incendio sin descanso para proteger vidas y contener las llamas. Emiliano García-Page también pidió prudencia y evitó convertir la emergencia en otro pequeño circo partidista, una tentación nacional que suele aparecer incluso antes de que se enfríen las cenizas.

Qué se sabe sobre el origen y el daño ambiental

La investigación se centra en una posible maquinaria agrícola que trabajaba en una parcela cuando comenzó el fuego. La Guardia Civil ha abierto diligencias sobre un agricultor relacionado con la explotación, pero la investigación continúa y no existe una conclusión definitiva sobre responsabilidades. El alcalde de Robledillo de Mohernando, cuyo nombre apareció vinculado inicialmente al caso, ha negado que estuviera en el lugar y ha reclamado respeto a la presunción de inocencia.

Una chispa producida por una cosechadora puede prender en segundos sobre un rastrojo muy seco. Eso explicaría el punto de inicio, pero no basta para entender la dimensión posterior: el viento, las temperaturas elevadas, la continuidad del combustible vegetal y la accidentada orografía hicieron el resto. Buscar un único culpable meteorológico, forestal o humano simplifica demasiado un incendio que ha crecido mediante varias piezas encajadas de la peor manera.

Cerca del 90% de la superficie afectada se encuentra dentro del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, un espacio protegido donde conviven pinares, robledales, brezales, turberas y pastizales de montaña. También sirve de refugio al lobo ibérico, el águila perdicera, el pechiazul, el topillo nival y la mariposa Apolo, especies que dependen de hábitats muy específicos y cuya recuperación no puede medirse únicamente contando árboles quemados.

El impacto alcanzará igualmente a la ganadería, los aprovechamientos forestales y el turismo rural. La Junta de Castilla-La Mancha ha anunciado que prepara un plan de recuperación económica y ambiental para los municipios afectados, aunque cualquier evaluación seria deberá esperar a que el perímetro esté estabilizado y pueda analizarse el terreno sin humo, sin fuego y sin titulares apresurados.

El fuego manda todavía en la Sierra Norte

Las 16.000 hectáreas afectadas sitúan este incendio por encima, en extensión, del que arrasó unas 13.000 hectáreas en La Riba de Saelices en julio de 2005. Aquel desastre causó la muerte de once miembros de un retén forestal, una memoria especialmente dolorosa en Guadalajara porque el nuevo fuego comenzó prácticamente cuando se cumplían 21 años de la tragedia.

La diferencia esencial, por el momento, está en las vidas salvadas. Las evacuaciones preventivas, los avisos y la defensa anticipada de los pueblos han evitado víctimas y daños graves en los cascos urbanos. Pero el incendio continúa activo, con frentes extensos y un perímetro difícil de asegurar. Estabilizar no significa extinguir, y ni siquiera se había alcanzado todavía esa primera frontera.

La Sierra Norte permanece suspendida entre dos imágenes: la de los pueblos vacíos, con las persianas bajadas y las calles cubiertas de ceniza, y la de cientos de profesionales trabajando bajo una luz anaranjada que convierte la tarde en una especie de noche sucia. No hay muertos. Es el dato verdaderamente importante. Tampoco hay, aún, motivos para bajar la guardia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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