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¡Somos campeones del mundo! Así fue la final de España y Argentina
España conquista el Mundial ante Argentina en una final vibrante, con un gol anulado, polémica arbitral y el tanto decisivo de Ferran Torres.

España vuelve a ser campeona del mundo. Dieciséis años después del gol de Andrés Iniesta en Johannesburgo, la selección derrotó por 1-0 a Argentina en la final del Mundial 2026, disputada en Nueva Jersey, gracias a un zurdazo de Ferran Torres en el minuto 106. La segunda estrella llegó en la prórroga, ante una albiceleste reducida a diez futbolistas por la expulsión de Enzo Fernández y sostenida durante demasiado tiempo por un extraordinario Emiliano Martínez.
La victoria española fue sufrida, pero no accidental. España controló la pelota, empujó el partido hacia el área argentina y terminó los 90 minutos con 15 remates frente a ninguno de su rival. El Dibu realizó diez paradas antes de la prórroga y convirtió una final desequilibrada en un alambre cada vez más fino. Argentina resistió. Jugar, jugó bastante menos.
Hubo también una decisión arbitral difícil de digerir: el gol anulado a Nico Williams en el minuto 96 por un leve pisotón involuntario de Mikel Merino sobre Nicolás Otamendi. El colegiado esloveno Slavko Vincic señaló la falta, el VAR revisó la jugada y decidió no recomendarle que acudiera al monitor. Contacto existió. Falta suficiente para borrar un gol en una final mundialista, bastante más discutible.
España mandó desde el primer balón
Luis de la Fuente mantuvo el equipo que había eliminado a Francia: Unai Simón; Pedro Porro, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte, Marc Cucurella; Rodri, Fabián Ruiz; Lamine Yamal, Dani Olmo, Álex Baena; y Mikel Oyarzabal. No hubo inventos ni esa fiebre de entrenador que, llegado el gran día, siente la tentación de mover muebles que estaban perfectamente colocados.
Lionel Scaloni sí introdujo tres novedades. Argentina formó con Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Nicolás Tagliafico; Rodrigo de Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Nico González; Lionel Messi y Julián Álvarez. Entraron Montiel, De Paul y Nico González respecto a la semifinal frente a Inglaterra.
El dibujo argentino pretendía cerrar el centro, proteger a Messi de tareas defensivas y atacar el espacio dejado por los laterales españoles. El problema apareció pronto: España no se partió. Rodri sostuvo el tablero, Fabián ofreció una salida limpia y Dani Olmo se movió entre líneas con esa ligereza de quien parece llegar tarde y, en realidad, lleva un segundo esperando.
Lamine Yamal tuvo la primera ocasión importante a los cinco minutos. El extremo recibió por la derecha, se acomodó el balón y encontró la respuesta de Martínez. Fue una advertencia y también el principio de la noche del portero argentino. España movía la pelota con paciencia, aceleraba cuando aparecía un pasillo y recuperaba muy arriba. Argentina perseguía sombras rojas, todavía con orden, aunque respirando cada vez peor.
La primera parte terminó sin goles, pero no estuvo equilibrada. España disfrutó de aproximadamente un 65 % de posesión, completó muchos más pases y dejó a Argentina sin un solo remate. Messi apenas recibió de frente y Julián Álvarez vivió aislado, corriendo detrás de envíos que siempre parecían medio metro demasiado largos.
El Dibu aplazó lo que parecía inevitable
Argentina perdió a Lisandro Martínez antes del descanso. El central, que ya había sido amonestado, sufrió una lesión muscular y fue sustituido por Otamendi. Scaloni cambió de nuevo al comenzar la segunda mitad: retiró a Nico González y dio entrada a Leandro Paredes, buscando más control en una zona donde España estaba imponiendo su ley. Siete minutos después, Paredes ya tenía tarjeta amarilla.
La selección española elevó el ritmo. El balón pasaba de lado a lado y Argentina reculaba hasta formar una muralla alrededor de Martínez. De la Fuente abrió el banquillo: Pedri añadió claridad por dentro, Ferran Torres aportó profundidad y después entraron Nico Williams y Mikel Merino, dos cambios que acabarían fabricando las acciones decisivas.
El Dibu fue creciendo hasta ocupar media portería. Detuvo disparos de Pedri, Cubarsí, Nico Williams y Lamine Yamal; despejó balones incómodos y transmitió a sus compañeros la sensación de que los penaltis estaban cerca. Cada parada era una bombona de oxígeno para una Argentina sin salida. Su actuación fue gigantesca. También bastante solitaria.
España llegó al minuto 90 con diez disparos a portería, mientras Unai Simón seguía prácticamente como un espectador con guantes. El dato retrata el encuentro mejor que cualquier frase encendida: una selección buscaba el título y la otra trataba de sobrevivir hasta la tanda.
La expulsión de Enzo quebró la resistencia argentina
Argentina endureció el partido a medida que perdía el control. No fue una batalla campal ni sería serio afirmar que todos sus futbolistas salieron únicamente a golpear, pero la dureza defensiva cruzó varias veces el límite. Al término del tiempo reglamentario había cometido 19 faltas, frente a 13 de España, y acumulaba tres amarillas y una expulsión.
La roja llegó en el minuto 90+3. Después de otra parada de Martínez, España trató de lanzar la transición y Enzo Fernández arrolló a Pau Cubarsí. El argentino ya estaba amonestado. Vincic mostró la segunda amarilla y dejó a la albiceleste con diez jugadores para la prórroga. La protesta posterior fue larga, pero la decisión apenas admitía discusión: una entrada tardía, innecesaria y cometida delante del árbitro.
Hubo una acción posterior todavía más difícil de explicar. Paredes, también amonestado, derribó a Ferran Torres cerca del área en el minuto 90+6. Vincic señaló la falta, pero guardó la tarjeta. No fue una patada brutal; sí una infracción táctica de un jugador que llevaba varias y que, por reiteración, podía haberse marchado. El árbitro eligió la indulgencia. Lamine ejecutó el golpe franco y el Dibu volvió a volar.
Argentina entró en la prórroga con diez hombres, sin haber rematado y aferrada a los penaltis. Scaloni acumuló defensas, estrechó las líneas y dejó a Messi como único posible milagro. La estrategia era transparente: resistir como fuera, arañar segundos, convertir el césped en barro emocional. El fútbol, de vez en cuando, permite estas cosas. No siempre las premia.
El gol anulado a Nico Williams y una falta mínima
En el minuto 96 llegó la jugada más polémica. España cargó el área, el balón quedó suelto y Nico Williams lo envió a la red. La celebración duró apenas unos instantes. Vincic había señalado una falta anterior de Merino sobre Otamendi y el VAR comenzó a revisar la secuencia.
Las imágenes mostraron a Merino pisando ligeramente el pie del central argentino mientras ambos peleaban por la posición. El contacto fue involuntario, breve y sin una carga apreciable. Otamendi cayó y el árbitro interpretó que aquella acción condicionaba la continuación de la jugada. El VAR no encontró un error lo bastante manifiesto como para llamarlo al monitor. Así funciona el protocolo: no decide si la interpretación inicial es la mejor, sino si resulta claramente insostenible.
Una decisión reglamentaria, pero difícil de defender
El gol podía anularse dentro de una lectura estricta del reglamento. Eso no significa que debiera anularse. En una final, con una acción de contacto mínimo y un tanto posterior, lo razonable habría sido permitir que Vincic contemplara las imágenes en la pantalla. No ocurrió. La tecnología, creada para despejar nieblas, volvió a esconderse detrás de una frase administrativa: decisión de campo.
Hablar de robo o manipulación exigiría pruebas que no existen. Hablar de un arbitraje desafortunado, permisivo con algunas entradas argentinas y excesivamente severo en el gol español, encaja bastante mejor con lo sucedido. Vincic acertó al expulsar a Enzo, pero dejó pasar la posible segunda amarilla de Paredes y castigó con una falta muy blanda la acción que acabó en la red. Una final del mundo merecía más claridad.
El episodio no desordenó a España. Merino estuvo cerca del gol con un cabezazo que rozó el poste y Nico Williams siguió atacando. Argentina apenas salía. A mitad de la prórroga, el marcador permanecía 0-0 pese a que España acumulaba 19 disparos, 11 de ellos entre los tres palos, y su rival todavía no había intentado ninguno.
Ferran Torres encontró la segunda estrella
La resistencia argentina se rompió 37 segundos después de comenzar la segunda mitad de la prórroga. Pedro Porro recibió con espacio y lanzó un centro profundo desde la derecha. Nico Williams ganó la posición en el segundo palo y devolvió el balón de cabeza hacia el centro. Allí apareció Ferran Torres, llegando desde atrás, para golpear con la izquierda y colocar la pelota en la parte alta de la portería.
Minuto 106. España 1, Argentina 0. El remate fue limpio, violento y prácticamente imposible para Martínez. Ferran, suplente al comenzar la final y sin goles hasta ese momento en el torneo, había marcado el tanto más importante de su carrera. Como en 2010, la selección encontró el Mundial cuando el reloj ya empezaba a pesar toneladas.
El gol resumió varias virtudes del equipo español. La profundidad de Porro, la insistencia de Nico, la llegada de Ferran y la confianza de un grupo que no se dejó arrastrar por la frustración. España siguió jugando incluso después del gol anulado. No cambió su manera de mirar el partido; simplemente volvió a empezar.
Argentina intentó reaccionar a la desesperada. Messi efectuó su primer remate en el minuto 117, un disparo desde fuera del área que impactó en Merino. Giuliano Simeone dispuso de una oportunidad en el descuento de la prórroga, pero su volea salió por encima del larguero. Fue la única sacudida real de una selección que había llegado a la final como el mejor ataque del campeonato y terminó reducida a un puñado de balones colgados.
Cuando Vincic señaló el final, varios jugadores españoles cayeron al césped. Otros corrieron hacia Ferran. Rodri levantó los brazos, Lamine Yamal buscó a sus compañeros y Luis de la Fuente se quedó unos segundos casi inmóvil, como quien necesita comprobar que aquello no es una travesura de la memoria.
Una estrella nacida del juego, no del ruido
España conquista su segundo Mundial, después del logrado en Sudáfrica en 2010, y confirma una etapa extraordinaria. La selección que ganó la Eurocopa de 2024 ha añadido la copa más importante con un equipo joven, reconocible y difícil de someter. Lamine Yamal tiene 19 años, Cubarsí 19, Pedri 23. No parece el final de una generación, sino el principio.
Argentina pierde la corona cuatro años después de Qatar. Su torneo fue brillante durante muchos tramos y Messi volvió a sostener a su país hasta la final, pero en Nueva Jersey la campeona quedó anulada. Dibu Martínez alargó el partido, la defensa resistió y la competitividad argentina volvió a aparecer, aunque esta vez hubo más fricción que fútbol. La roja a Enzo terminó de desnudar un plan que dependía demasiado de sobrevivir.
El árbitro dejó una mancha innecesaria con el gol anulado y su criterio desigual en las tarjetas. La polémica permanecerá, porque el fútbol moderno archiva cada fotograma como si fuera una prueba judicial. Pero no altera el fondo: España fue muy superior, creó las ocasiones, defendió sin conceder y buscó la victoria durante 120 minutos.
La segunda estrella no cayó del cielo ni nació de un rebote caprichoso. Llegó después de veinte disparos, de las paradas del Dibu, de un gol borrado y de una prórroga jugada contra diez. Llegó en la zurda de Ferran Torres. Y esta vez, pese al ruido, ganó quien más hizo por ganar.












