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Economía

Amazon elimina 30.000 puestos: qué hay detrás del recorte

Dos tandas de despidos reducen la plantilla corporativa mientras Amazon reorganiza costes y acelera su apuesta tecnológica.

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Amazon recorta 30.000 empleos

Diseñado por Freepik

Amazon ha anunciado dos grandes rondas de despidos corporativos en apenas unos meses: 14.000 puestos en octubre y otros 16.000 en enero, hasta sumar 30.000 empleos eliminados en todo el mundo. La empresa presenta la decisión como una reorganización para reducir capas de gestión y simplificar procesos; al mismo tiempo, la automatización y la inteligencia artificial están cambiando qué tareas necesita cubrir con personal. No se trata de un único anuncio de 30.000 salidas concentradas en un día, sino de dos recortes que, juntos, alcanzan esa cifra.

El ajuste se dirige principalmente a la plantilla administrativa y corporativa, no al conjunto de los trabajadores de Amazon. Los puestos suprimidos representan cerca del 10% de ese colectivo, aunque son una parte pequeña de los aproximadamente 1,58 millones de empleados de la compañía en el mundo, la mayoría de ellos vinculados a almacenes y centros de distribución. La explicación de fondo combina la corrección de las contrataciones aceleradas durante la pandemia, la búsqueda de menos burocracia y una inversión creciente en IA; no permite concluir, sin embargo, que cada puesto eliminado vaya a ser sustituido directamente por una máquina.

Dos oleadas que llevan a la misma cifra

La cifra de 30.000 puestos se entiende al sumar dos decisiones distintas. En octubre, Amazon comunicó la supresión de 14.000 empleos corporativos. A finales de enero anunció otros 16.000, con lo que el total de ambas rondas llegó a 30.000 en un periodo de unos tres meses. La segunda comunicación no es una revisión que convierta el primer recorte en uno mayor: son dos tandas que se acumulan.

El orden de los anuncios también ayuda a entender el alcance de la medida. El objetivo general es reducir alrededor de 30.000 puestos de oficina, cerca de una décima parte de los trabajadores corporativos de Amazon. La compañía tiene una plantilla total mucho mayor, pero buena parte trabaja en operaciones logísticas. Por eso, presentar el recorte como si afectara a uno de cada diez empleados de Amazon sería engañoso: esa proporción se refiere al ámbito corporativo, no a toda la empresa.

La ronda de enero incluye funciones de Amazon Web Services, comercio minorista, Prime Video y recursos humanos, entre otras áreas. La composición exacta no es igual en todos los países ni en cada equipo, y la información disponible no permite fijar un reparto completo por división. El patrón general apunta a puestos administrativos y de soporte, aunque también puede haber reorganizaciones en equipos ligados a negocios y tecnología.

Los despidos se concentran sobre todo en Estados Unidos, donde se encuentra una parte importante de las funciones corporativas, pero las comunicaciones también contemplan efectos en otros países, incluido Reino Unido. La primera oleada tuvo impacto en California, entre otros lugares. Esto no significa que cada centro de trabajo o unidad vaya a recibir el mismo trato: la aplicación depende de la estructura de cada equipo y de las normas de cada país.

La razón inmediata: menos capas y menos burocracia

Amazon ha explicado los recortes como parte de un esfuerzo para hacer la organización más sencilla, con menos niveles de dirección y mayor responsabilidad directa en los equipos. En una empresa de escala global, las capas jerárquicas pueden multiplicar reuniones, aprobaciones y funciones de coordinación. Si varias áreas realizan tareas parecidas o una decisión debe recorrer demasiados escalones, el resultado puede ser una estructura más lenta y costosa de lo que la dirección considera necesario.

Reducir puestos corporativos es una manera rápida de modificar esa estructura, pero no equivale automáticamente a eliminar trámites. El ahorro solo se mantiene si las tareas se suprimen, se combinan o se resuelven de otra forma, y si el trabajo restante no vuelve a crear niveles de supervisión bajo otro nombre. El desafío real está en simplificar los procesos, no solo en reducir el organigrama. Si las funciones siguen siendo necesarias, alguien tendrá que asumirlas.

Esta explicación organizativa es importante porque matiza el papel de la inteligencia artificial. En otoño, el consejero delegado, Andy Jassy, vinculó la reorganización con la necesidad de retirar burocracia y reducir niveles de gestión. La empresa también ha señalado que los avances en IA cambiarán algunas tareas y que, con el tiempo, podría necesitar menos personas para determinados trabajos. Ambas ideas pueden coexistir, pero Amazon no ha atribuido cada despido a una sustitución individual por IA.

La diferencia importa. Una empresa puede recortar puestos porque considera que contrató de más, porque elimina duplicidades o porque automatiza parte de un proceso. En una misma decisión pueden concurrir los tres motivos, con pesos distintos según la división. Reducirlo todo a una única causa —la IA, la caída del negocio o una crisis financiera— simplifica una reestructuración que la información disponible presenta como una combinación de eficiencia, rediseño interno y cambio tecnológico.

La resaca de la expansión durante la pandemia

Durante la pandemia, el aumento de las compras por internet y de la demanda de servicios digitales llevó a las grandes tecnológicas a ampliar sus equipos con rapidez. Amazon también reforzó sus operaciones para responder a ese crecimiento. Cuando los hábitos de consumo se normalizaron, parte de la capacidad creada para un periodo excepcional dejó de parecer necesaria. La empresa ha reconocido que revisa el tamaño y la organización de sus equipos después de aquella etapa de expansión.

Ese proceso de ajuste no empezó con los anuncios de octubre y enero. Amazon ya había recortado alrededor de 27.000 puestos en rondas anteriores desde 2022, en áreas como Alexa, Prime Video, videojuegos y funciones administrativas. Las 30.000 salidas recientes, por tanto, se añaden a una reestructuración que se prolonga desde hace varios años. La novedad es la magnitud acumulada de estas dos últimas oleadas y su concentración en funciones corporativas.

La pandemia ayuda a explicar por qué se contrató, pero no basta para explicar por qué se recorta ahora. Las decisiones actuales también responden a una disciplina mayor sobre los costes y a la intención de dirigir recursos a actividades que Amazon considera estratégicas. En vez de mantener todas las estructuras que crecieron durante el auge, la dirección busca ajustar los equipos a sus prioridades presentes. La plantilla se reorganiza según una expectativa de crecimiento distinta a la que guio parte de las contrataciones de aquellos años.

La compañía no está anunciando que abandone sus negocios principales ni que vaya a reducir por igual todas sus operaciones. Los almacenes, la nube, el comercio electrónico y los servicios de entretenimiento cumplen funciones diferentes dentro del grupo. Un recorte corporativo puede afectar a los equipos que coordinan esos negocios sin implicar que desaparezca el servicio que prestan. La consecuencia concreta se aprecia en cómo se reparten responsabilidades, qué proyectos reciben recursos y qué puestos dejan de considerarse necesarios.

Qué cambia con la inteligencia artificial

La IA puede asumir partes de trabajos que antes exigían tiempo de una persona: organizar información, preparar borradores, resumir incidencias o responder consultas internas a partir de documentación. Eso no significa que todos esos procesos funcionen sin revisión humana, ni que la tecnología pueda reemplazar por completo el criterio de quienes conocen un producto, un cliente o una operación. Lo que sí cambia es la cantidad de trabajo manual que una empresa cree que necesita para completar ciertas tareas.

En una oficina, por ejemplo, una herramienta puede ayudar a clasificar solicitudes o redactar una primera respuesta. Una persona todavía puede tener que verificar los datos, corregir errores y resolver los casos que no encajan en las reglas habituales. Si esa asistencia reduce el tiempo dedicado a cada expediente, la organización puede decidir que necesita menos puestos para mantener el mismo volumen de actividad. El vínculo entre automatización y empleo pasa así por la productividad y por las decisiones de gestión, no por un intercambio automático de una persona por un programa.

Amazon está destinando grandes recursos a centros de datos e infraestructura relacionada con la IA. En el ejercicio anterior citado en la información disponible, la compañía invirtió 125.000 millones de dólares en centros de datos y otras inversiones de capital, principalmente para competir en ese campo. Esa cifra no representa el coste directo de los despidos ni demuestra que todo el dinero ahorrado en salarios vaya a la IA. Sí muestra que la inversión tecnológica es una prioridad de gran escala mientras la empresa revisa el tamaño de sus equipos corporativos.

La apuesta tecnológica también plantea una tensión: los sistemas nuevos requieren profesionales especializados, mientras algunas tareas administrativas pueden perder volumen o transformarse. Es posible que una empresa elimine puestos en un área y contrate perfiles en otra, pero eso no garantiza que las personas afectadas puedan trasladarse de forma directa. Las habilidades, la ubicación y las vacantes disponibles no siempre coinciden. Por eso, hablar de una transición ordenada hacia nuevos empleos no debe ocultar que la reducción de plantilla tiene consecuencias inmediatas para quienes salen.

Por qué los despidos llegan en una empresa que sigue invirtiendo

Una gran compañía puede recortar puestos y, a la vez, gastar cantidades enormes en tecnología. No hay contradicción contable necesaria: son partidas distintas y la dirección puede reducir costes fijos en unas áreas para aumentar la inversión en otras. La plantilla corporativa incluye funciones de coordinación y soporte; el gasto en infraestructura financia centros de datos, equipos y sistemas que la empresa considera necesarios para competir. El ajuste no equivale a una retirada general del negocio, sino a una reasignación de prioridades.

También conviene separar los despidos de la situación financiera inmediata. La cobertura de la segunda ronda llegó en un momento en que Amazon seguía comunicando ventas elevadas y beneficios importantes. Eso hace que el recorte no pueda explicarse simplemente como una respuesta a pérdidas o a una quiebra. Las empresas también despiden cuando buscan mejorar márgenes, corregir una estructura que juzgan demasiado compleja o anticiparse a un cambio tecnológico. La rentabilidad y los recortes de personal pueden coexistir, aunque la medida resulte difícil de entender desde la experiencia de los trabajadores afectados.

El ahorro previsto tampoco se traduce necesariamente en una mejora instantánea de resultados. Las salidas pueden generar costes de indemnización y reorganización, y los equipos que permanecen deben absorber tareas o rediseñar procesos. La inversión en IA, además, exige desembolsos antes de que la productividad esperada se traduzca en ingresos o ahorros. La pregunta empresarial no es solo cuánto se reduce la nómina, sino si la nueva estructura consigue trabajar mejor sin perder capacidad de innovación, atención o ejecución.

Por eso, el resultado de la operación se medirá con el tiempo. Si desaparecen pasos innecesarios y los equipos mantienen sus funciones esenciales, Amazon podría operar con menos capas. Si las responsabilidades quedan difusas o se acumulan sobre quienes permanecen, el recorte puede generar retrasos y pérdida de conocimiento. El tamaño de la plantilla es una señal, pero no demuestra por sí solo que la organización sea más eficiente.

El impacto posible en Costa Rica, España y otros países

El anuncio global alimenta la inquietud en países donde Amazon emplea a miles de personas, pero no permite calcular por sí solo cuántos puestos se perderán en cada sede. En Costa Rica, la compañía cuenta con alrededor de 15.000 trabajadores y opera desde 2008, cuando abrió su primer centro de atención con 75 colaboradores. La expansión local llegó a incluir diez centros de servicio en el área metropolitana y funciones que abarcan atención en varios idiomas, AWS, Prime Video, recursos humanos, finanzas y operaciones de nube.

La plantilla costarricense triplicó su tamaño entre 2017 y 2021, al pasar de 5.000 a 15.000 empleados, según las cifras recogidas en la información de referencia. El país también figuró entre los territorios afectados por una ronda global anterior, en enero de 2023. Estos antecedentes explican por qué la cifra global despierta preocupación, pero no confirman que los centros del país estén incluidos en la nueva reducción. Amazon no había anunciado públicamente un desglose que permitiera atribuir un número concreto a Costa Rica.

En España, la primera oleada de octubre tuvo un efecto laboral definido: el procedimiento de despido colectivo terminó con 920 salidas, 791 en Barcelona y 129 en Madrid, según la información publicada sobre esa ronda. Para el anuncio posterior de enero, la compañía indicó que no tenía previsto realizar un nuevo procedimiento colectivo en España. Esa precisión se refiere a la situación comunicada entonces y no debe confundirse con una garantía sobre cualquier reorganización futura. El impacto local depende de cada anuncio y del marco laboral aplicable.

Las reglas y los plazos tampoco son uniformes en todo el mundo. En Estados Unidos, la empresa ofreció a los empleados afectados 90 días para buscar otro puesto interno antes de abandonar la compañía; el plazo puede variar según el país. Quienes no encuentren o no soliciten una vacante pueden recibir indemnización, servicios de recolocación y prestaciones de seguro médico, de acuerdo con las condiciones comunicadas para esa ronda. No existe un paquete único aplicable a toda la plantilla internacional.

Qué ocurre con los equipos y con el trabajo que queda

Cuando desaparecen puestos en una organización grande, las funciones no siempre desaparecen con ellos. Algunas tareas se eliminan, otras se integran en equipos distintos y algunas pasan a apoyarse en herramientas automatizadas. Para el personal que sigue en la empresa, la transición puede significar asumir nuevas responsabilidades, aprender procesos diferentes o trabajar con menos apoyo administrativo. El efecto cotidiano de la reestructuración depende tanto de qué puestos se suprimen como de cómo se redistribuye su trabajo.

La movilidad interna puede ofrecer una salida a parte de los empleados afectados, sobre todo si existen vacantes en áreas que Amazon quiere reforzar. Sin embargo, no equivale a una recolocación automática. Una plaza disponible puede exigir experiencia distinta, estar en otra ubicación o no encajar con las competencias de quien pierde su puesto. En Estados Unidos se comunicó el plazo de 90 días para explorar oportunidades internas; en otros territorios, las condiciones varían. La posibilidad existe, pero no garantiza que todos puedan conservar su empleo dentro de la compañía.

Los clientes y socios comerciales no tienen por qué notar un cambio inmediato en los servicios principales. Amazon sigue operando sus plataformas de venta, nube y entretenimiento, aunque una reorganización puede afectar a los tiempos de respuesta o a proyectos que dependan de equipos transversales. No hay base para afirmar que esos efectos vayan a producirse en todos los casos. Lo prudente es distinguir entre la continuidad de un servicio y la capacidad de cada equipo para mantener el mismo ritmo mientras reorganiza funciones.

La dimensión humana tampoco se agota en la indemnización. Para quienes reciben una notificación, el despido puede interrumpir una trayectoria profesional y obligar a buscar trabajo en un mercado donde las oportunidades no son iguales para todos los perfiles. Para quienes se quedan, una sucesión de recortes puede aumentar la incertidumbre sobre las prioridades y la estabilidad del equipo. La eficiencia medida en costes tiene un reverso laboral que las cifras globales no reflejan.

Una reorganización que revela el nuevo modelo de Amazon

Los 30.000 puestos eliminados en las dos oleadas no describen una sola causa ni una sustitución masiva ya completada por robots. Revelan una empresa que intenta corregir el crecimiento de su estructura, reducir niveles de gestión y adaptar parte del trabajo a herramientas más potentes. La IA forma parte de ese cambio, pero también lo hacen las decisiones sobre qué negocios priorizar y cuántas funciones de soporte mantener. La cifra resume una transformación organizativa, no una explicación única.

El dato más significativo quizá sea la diferencia entre el volumen total de Amazon y el grupo directamente afectado. Los recortes alcanzan cerca de una décima parte del personal corporativo, pero una fracción mucho menor de sus 1,58 millones de trabajadores. Esa distinción evita exagerar el alcance sobre toda la compañía y, al mismo tiempo, muestra que el impacto puede ser profundo en oficinas y equipos de gestión. Una reducción pequeña en el conjunto puede alterar de forma sustancial las áreas donde se concentra.

Queda por comprobar si la estructura más ligera consigue sostener el crecimiento de los negocios y responder a la carrera por la inteligencia artificial. Si la tecnología reduce tareas repetitivas y la empresa elimina duplicidades reales, el cambio podría elevar la productividad. Si la reducción deja equipos sin capacidad suficiente o desplaza trabajo sin simplificarlo, el ahorro inicial puede tener un coste en calidad y velocidad. El éxito no se medirá solo por los puestos suprimidos, sino por lo que Amazon consiga hacer con la organización que queda.

Para sus trabajadores, sus sedes internacionales y el sector tecnológico, la señal es menos simple que un titular sobre despidos. Amazon está retirando parte de la estructura que construyó durante años de expansión y reforzando, a la vez, áreas vinculadas a la automatización y la nube. Ese giro no determina de antemano cuántos empleos creará o destruirá en el futuro, pero sí muestra que la reorganización del trabajo ya es una decisión central en la estrategia de las grandes tecnológicas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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