Casa
Aire por conductos en 100 m²: potencia, precio y consumo
La potencia no depende solo de los metros: la obra, el retorno y la zonificación deciden el confort y el coste.

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Para climatizar una vivienda de unos 100 m², un sistema por conductos puede ser una buena inversión si se quiere acondicionar toda la casa, ocultar las unidades interiores y repartir el aire de forma uniforme. Con una instalación existente, el coste orientativo puede situarse entre 3.500 y 5.500 euros; si también hay que construir la red de conductos y ejecutar falsos techos, puede subir a unos 6.000-9.500 euros. La cifra final depende, sobre todo, de la obra y del diseño de la instalación.
No hay una potencia universal que sirva para todos los pisos de esa superficie. En una vivienda corriente, una referencia razonable puede estar en torno a 7-9 kW de refrigeración, pero el cálculo cambia con la orientación, el aislamiento, la altura de los techos, las ventanas y el uso de las estancias. La decisión compensa más cuando se climatiza la casa con frecuencia; si solo se usan dos habitaciones o se quiere evitar obra, un multisplit puede encajar mejor.
La potencia depende de la casa, no solo de sus metros
Una estimación inicial para una vivienda de 100 m² suele situar la demanda de frío dentro de un margen amplio. Como referencia general, se emplean cálculos de aproximadamente 80-120 W por metro cuadrado, lo que arroja entre 8 y 12 kW. No significa que cualquier piso necesite el extremo alto: una vivienda intermedia, con aislamiento correcto y una exposición solar moderada, puede ajustarse a una máquina de unos 7-9 kW, mientras que un ático caluroso o una casa con grandes ventanales puede requerir más capacidad.
También circula la regla de las 100 frigorías por metro cuadrado. Es una orientación muy simplificada, no una equivalencia directa con los kilovatios que aparecen en la ficha técnica. Las frigorías expresan capacidad frigorífica y su conversión no debe confundirse con la potencia eléctrica que consume el equipo. Por eso, el número de metros sirve para empezar a estimar, pero no basta para elegir la máquina.
La orientación y el sol pueden cambiar mucho el resultado: una fachada oeste recibe radiación intensa por la tarde, justo cuando la vivienda ya acumula calor. La altura de los techos aumenta el volumen de aire que hay que tratar, mientras que unas ventanas poco aislantes o una envolvente antigua facilitan la entrada de calor. En viviendas sin mejoras de aislamiento, la carga puede aumentar de forma apreciable; el artículo original estima un 15-25% en algunos casos, una horquilla que debe tomarse como indicativa y no como regla automática.
La ocupación y los hábitos completan el cálculo. No es igual una casa con pocas horas de uso que otra con teletrabajo, varias personas y una cocina abierta al salón. Por eso, antes de cerrar el presupuesto, conviene que la empresa instaladora justifique la potencia con una estimación de cargas que considere superficie, orientación, acristalamiento, aislamiento y ganancias internas. Elegir una máquina sobredimensionada por si acaso puede provocar arranques y paradas frecuentes, además de más ruido y un rendimiento estacional menos favorable.
El confort lo decide también la red de conductos
El sistema consta de una unidad interior, normalmente escondida en un falso techo, que impulsa aire a las habitaciones a través de conductos y rejillas. Después, el aire vuelve a la unidad por un retorno, se filtra y vuelve a circular. Es un circuito: la impulsión y el retorno tienen que funcionar juntos. Una máquina potente no resolverá una distribución mal trazada, igual que una red bien diseñada no puede compensar un equipo insuficiente.
El tamaño de los conductos, la longitud de los recorridos, los codos y los cambios bruscos determinan cuánto le cuesta al aire llegar a cada estancia. Si el conducto es estrecho o está lleno de curvas, el caudal encuentra más resistencia; puede llegar con menos fuerza a las habitaciones alejadas y generar silbidos o ruido en las rejillas. Por eso, los conductos a medida y las transiciones bien resueltas son especialmente importantes cuando hay vigas, pasillos estrechos o una altura libre limitada.
El retorno suele recibir menos atención que las salidas de aire, aunque un retorno insuficiente puede causar ruido y desequilibrio entre habitaciones. Una rejilla bien dimensionada permite que el aire vuelva sin tener que pasar a gran velocidad por un hueco pequeño. La solución puede ser un retorno central o una red específica, según la distribución y las puertas. Si el retorno utiliza el falso techo como cámara, este debe estar correctamente sellado y compartimentado; de lo contrario, pueden aparecer fugas, ruidos y recorridos de aire difíciles de controlar.
El ajuste de los caudales también importa. Sin regulación, las salidas próximas a la máquina pueden recibir demasiado aire y las más alejadas quedarse cortas. Las compuertas permiten equilibrar los ramales durante la puesta en marcha, en lugar de intentar corregir después el problema aumentando la velocidad del ventilador. Un equilibrado medido hace que las habitaciones se comporten de forma más parecida y puede evitar que unas queden demasiado frías mientras otras siguen cargadas de calor.
Rejillas, ruido y temperatura en cada habitación
Las rejillas lineales, las de pared y los difusores de techo pueden funcionar bien si se eligen según el caudal que debe recibir cada estancia y la forma de la habitación. La estética influye, pero no debería ser el único criterio: una boca pequeña que tenga que mover mucho aire puede generar ruido y una corriente molesta. En el salón interesa que el aire se mezcle con el ambiente; en un dormitorio, la salida no debería lanzar directamente hacia la cama.
Como referencia de diseño, el artículo original recoge caudales aproximados de 120-180 m³/h para un dormitorio y 400-600 m³/h para un salón amplio, además de un movimiento total de 1.300-1.600 m³/h para un equipo de unos 8 kW. Son cifras orientativas, no medidas que deban aplicarse sin cálculo: dependen de la máquina, de la sección de los conductos y de las necesidades térmicas de cada espacio. Una rejilla no se dimensiona solo por el tamaño de la habitación.
La unidad interior suele quedar en un pasillo, un baño técnico o una zona con espacio para conectar los conductos y acceder después al equipo. Su emplazamiento también afecta al mantenimiento y al ruido que se percibe. La presión estática disponible, expresada en pascales, indica en parte la capacidad del ventilador para vencer la resistencia de la red. En instalaciones sencillas pueden bastar equipos de 50-80 Pa; si los recorridos imponen más pérdidas, pueden ser necesarias unidades de 100-150 Pa. La presión adecuada depende del trazado real, no de una cifra elegida de antemano.
El aislamiento de los conductos y de los plenums, el sellado de las uniones y la reducción de tramos flexibles innecesarios ayudan a limitar pérdidas y vibraciones. Los codos cerrados y los estrechamientos, en cambio, pueden convertir una instalación silenciosa en una fuente de silbidos. El objetivo no es que el aire salga con la máxima velocidad, sino que alcance cada espacio con un caudal suficiente y sin corrientes incómodas.
Cuánto cuesta y qué debería incluir el presupuesto
En una vivienda con preinstalación aprovechable, el coste orientativo indicado para equipo y trabajos puede situarse entre 3.500 y 5.500 euros. Si hay que ejecutar conductos, falsos techos y acabados, el rango puede aumentar hasta aproximadamente 6.000-9.500 euros. Son cifras de referencia, no una tarifa cerrada: la superficie por sí sola no permite saber cuánto costará una obra, y los precios pueden variar por la ciudad, el acceso, los materiales y la complejidad del recorrido.
Un presupuesto útil debe explicar qué incluye: unidad interior y exterior, instalación frigorífica, conductos aislados, plenums de impulsión y retorno, rejillas o difusores, mano de obra y puesta en marcha. Si hace falta abrir y rehacer techos, también deben quedar claros los trabajos de pladur, pintura y remates. Comparar solo el precio final puede ocultar diferencias importantes, por ejemplo, un retorno no contemplado o unas rejillas de calidad distinta. La comparación tiene que hacerse entre alcances de obra equivalentes.
La dificultad del falso techo y la distribución suelen pesar más que la superficie. Los pasillos estrechos, las vigas bajas, los recorridos largos y la necesidad de rehacer acabados elevan el coste. También pueden sumarse una bomba de condensados cuando el agua no pueda evacuar por gravedad, un control Wi-Fi o una unidad con mayor presión estática. La marca y la eficiencia del equipo influyen, pero no corrigen una red mal concebida.
La zonificación añade otra partida. Con compuertas motorizadas y termostatos, distintas zonas pueden pedir climatización de manera independiente. El rango orientativo recogido para instalarla es de 900-1.800 euros, según el número de zonas, la electrónica y los acabados. Ese control puede ser útil si la familia ocupa unas habitaciones de día y otras por la noche; si todas las estancias se usan a la vez y se mantienen a temperaturas similares, quizá aporte menos valor.
Consumo: lo que indican el SEER y el SCOP
El rendimiento estacional se expresa mediante dos índices: el SEER para refrigeración y el SCOP para calefacción. En equipos domésticos por conductos, se encuentran como referencia valores de SEER entre 6 y 7,5 y SCOP entre 4 y 4,6. Cuanto más altos sean, mayor será el rendimiento estacional en las condiciones de ensayo, aunque el consumo real también depende del clima, la instalación, las consignas y el tiempo de uso.
La referencia de consumo del artículo original sitúa un uso residencial de verano en unos 90-180 kWh al mes, con una horquilla parecida o algo mayor en calefacción. No es una previsión aplicable a cualquier hogar ni permite calcular por sí sola el importe de la factura: hacen falta el precio de la electricidad y los hábitos concretos. Como ejemplo de escala, una demanda útil de 3,5 kW durante cuatro horas, con un SEER de 6,5, equivaldría aproximadamente a 2,15 kWh de consumo eléctrico en ese tramo, si se mantienen esas condiciones.
El inverter modula la potencia según la demanda, en lugar de funcionar siempre al máximo. Cuando la máquina y la instalación están bien dimensionadas, esa modulación ayuda a evitar cambios bruscos y arranques frecuentes. Mantener una consigna razonable también influye: exigir una diferencia extrema entre la temperatura exterior y la interior aumenta el trabajo del equipo. El ahorro no depende solo de la etiqueta energética, sino del conjunto formado por máquina, envolvente y uso.
Si la bomba de calor va a cubrir también el invierno, interesa comprobar la potencia útil que conserva con temperaturas exteriores bajas, no solo la cifra destacada en el catálogo. El rendimiento puede variar con las condiciones ambientales. El refrigerante R32 aparece en muchos equipos domésticos actuales; su manipulación y la intervención en el circuito frigorífico deben quedar en manos de profesionales habilitados, de acuerdo con los requisitos aplicables a los gases fluorados.
La zonificación no convierte cada habitación en un sistema independiente
La zonificación suele responder a una necesidad concreta: no todas las habitaciones se utilizan al mismo tiempo. Un dormitorio puede necesitar frío por la noche, mientras que durante el día se prefiere climatizar el salón o el despacho. Las compuertas motorizadas y los termostatos regulan qué zonas reciben aire, lo que puede mejorar el confort y evitar climatizar espacios vacíos. El ahorro posible depende de cuánto cambie realmente el uso de la vivienda; no está garantizado por añadir controles.
Hay un límite técnico importante: al cerrarse varias compuertas, la máquina sigue necesitando un caudal mínimo de aire. Si la instalación no lo mantiene, el equipo puede funcionar fuera de sus condiciones adecuadas. Por eso, el diseño debe contemplar cómo responde el sistema cuando quedan pocas zonas abiertas, mediante una configuración compatible con la unidad y un ajuste correcto en la puesta en marcha. No basta con instalar termostatos en cada habitación.
La zonificación también puede tener inconvenientes. Suma coste y componentes que deben integrarse con el equipo, y una regulación mal ajustada puede producir diferencias de temperatura o ruido. Si el plano es sencillo y la familia prefiere una temperatura parecida en toda la casa, un control central puede ser suficiente. Antes de pagar el extra, conviene valorar qué estancias se usan a distintas horas y si esa separación justifica la complejidad.
Obra, permisos y mantenimiento de la instalación
Cuando no existe preinstalación, hay que reservar espacio para la unidad interior y los conductos, abrir los huecos de las rejillas y, a menudo, bajar techos en pasillos o baños. La altura disponible es decisiva: no se trata solo de que quepa el conducto, sino de que la unidad pueda instalarse y quedar accesible para revisiones. En una reforma parcial, pueden estudiarse recorridos que concentren la obra en zonas de paso, aunque la solución dependerá del plano.
La unidad exterior suele instalarse en una cubierta o un patio, de acuerdo con las condiciones del edificio y las reglas de la comunidad. En algunos casos, colocarla en una fachada requiere autorización. Antes de iniciar perforaciones o trabajos visibles, conviene comprobar qué permisos son necesarios. La instalación debe realizarla una empresa habilitada y ajustarse a las exigencias técnicas aplicables, incluido el RITE cuando corresponda. La puesta en marcha debe dejar el sistema comprobado y preparado para funcionar, no limitarse a encender la máquina.
El mantenimiento ordinario incluye limpiar los filtros del retorno y revisar la bandeja y el desagüe de condensados. Si hay una bomba de condensados, también deben comprobarse su funcionamiento y la descarga; un atasco puede provocar fugas o ruidos. Mantener accesibles los registros y no cerrar salidas de aire sin considerar el efecto en el caudal ayuda a evitar problemas. Una revisión profesional permite detectar fallos que no se aprecian con una limpieza superficial.
El aire acondicionado por conductos recircula y acondiciona el aire interior, pero no aporta por sí mismo aire exterior. Por tanto, no sustituye a la ventilación de la vivienda. En casas con poca renovación de aire, la ventilación mecánica controlada puede cumplir otra función: introducir aire nuevo y extraer el viciado; algunos sistemas recuperan parte del calor. Son instalaciones distintas, aunque puedan plantearse conjuntamente en una reforma.
Cuándo encaja mejor que un multisplit
Los conductos tienen más sentido cuando se quiere climatizar buena parte de la vivienda y se valora una apariencia despejada, con las unidades interiores ocultas y una distribución centralizada. También pueden resultar cómodos en casas donde la actividad se reparte entre varias habitaciones. Su atractivo estético no garantiza, por sí solo, un mayor valor de reventa: el estado de la instalación, la calidad de la obra y las preferencias del futuro comprador también cuentan.
El multisplit puede ser más apropiado cuando se quieren acondicionar pocas estancias, evitar una obra extensa o instalar el sistema por fases. También merece estudiarse si la vivienda no tiene espacio suficiente para una red de conductos o si la distribución dificulta llevar el aire a todos los cuartos. La alternativa más barata en una situación concreta no siempre es la mejor para climatizar toda la casa, pero tampoco hay una ventaja automática de los conductos por tratarse de una vivienda de 100 m².
En pisos pequeños o con habitaciones que se usan de forma muy desigual, pagar por climatización centralizada puede no tener sentido. En cambio, si el sistema va a funcionar muchas horas y se busca una temperatura homogénea, la inversión puede justificarse por comodidad y acabado. La decisión también cambia si el inmueble ya dispone de falsos techos y preinstalación: evitar buena parte de la obra reduce la diferencia de coste frente a otras soluciones.
La decisión se sostiene en el diseño y en el uso
Para una vivienda de esta superficie, el sistema por conductos puede ofrecer una combinación atractiva de discreción, confort y control, pero no basta con comprar una máquina de cierta potencia. El cálculo térmico, la elección de la presión estática, el dimensionado de los conductos, el retorno y el equilibrado determinan si el aire llegará de forma silenciosa a todas las habitaciones. La calidad de la instalación se nota tanto como la del equipo.
La inversión orientativa parte de 3.500-5.500 euros con preinstalación y puede alcanzar 6.000-9.500 euros cuando se necesitan red y acabados; la zonificación puede añadir otros 900-1.800 euros. Esos rangos ayudan a situar el orden de magnitud, pero el presupuesto real depende de lo que haya que construir. Si se climatizan pocas estancias o se quiere prescindir de obras, un multisplit puede resultar más razonable; si se busca acondicionar toda la casa durante buena parte del año, los conductos pueden compensar. La respuesta está menos en los metros cuadrados que en cómo se vive la vivienda.

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