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¿Qué pasó con el aficionado del Europa y la estelada en Alcorcón?

El Europa denuncia una actuación policial desproporcionada contra un aficionado por una estelada en Alcorcón, mientras el Gobierno pide cautela.

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El CF Europa

Foto: Marc Santaeugenia Ribas — CE Europa - UE Sant Andreu, CC BY-SA 2.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • El Europa denuncia una actuación policial desproporcionada por una estelada
  • Varios testigos hablan de golpes, intimidación y trabas para grabar
  • El Gobierno dice que su información no coincide con la versión del club

El CE Europa ha denunciado una actuación policial “desproporcionada” contra uno de sus aficionados durante el partido de Primera Federación disputado el domingo 6 de septiembre frente al Alcorcón. Según el club barcelonés y varios seguidores presentes en la grada visitante, agentes de la Policía Nacional habrían agarrado al hincha por el cuello, lo habrían tirado al suelo y golpeado después de que mostrara una bandera estelada.

La acusación contiene otro elemento especialmente delicado. Los testigos sostienen que los agentes requisaron la bandera y que intentaron obligar al aficionado a decir que era español, además de advertirle de una posible sanción relacionada con la legislación deportiva. La versión oficial, sin embargo, todavía no está cerrada: el delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, ha asegurado este lunes 7 de septiembre que la información recibida por la Administración “no coincide” con la difundida por el Europa y ha pedido prudencia antes de extraer conclusiones.

Qué pasó en la grada visitante de Alcorcón

Los hechos ocurrieron al inicio del encuentro entre el Alcorcón y el Europa, correspondiente a la segunda jornada de Primera Federación y que terminó 0-0. El episodio se desarrolló en la zona ocupada por seguidores del equipo del barrio barcelonés de Gràcia.

El relato difundido inicialmente por el Europa señala que el aficionado mostró una estelada y que, pese a identificarse y seguir las instrucciones de los agentes, acabó sometido a una intervención que el club considera desproporcionada. Los demás seguidores desplazados a Madrid abandonaron posteriormente la grada visitante en señal de solidaridad.

Este lunes ha aparecido un relato presencial con más detalles. Un aficionado del Europa asegura que, antes de intervenir la Policía Nacional, el personal de seguridad privada había pedido retirar la bandera. Según este testimonio, el seguidor afectado terminó guardando la estelada, pero los agentes llegaron después, lo identificaron y le solicitaron que se la entregara.

Un testigo asegura que también impidieron grabar

Ese mismo aficionado sostiene que los agentes hicieron bajar al seguidor por unas escaleras mientras ordenaban al resto permanecer sentado. Cuando algunos intentaban sacar el teléfono móvil, afirma, se les impedía grabar de forma violenta.

El testigo también asegura haber escuchado insultos dirigidos al afectado antes de que desapareciera de la vista del resto de la grada. Conviene subrayarlo: se trata por el momento de testimonios y de la versión del club, no de hechos establecidos mediante una investigación administrativa o judicial.

Ahí está precisamente una de las diferencias entre contar el episodio como una certeza y contarlo como lo que es a estas horas: una denuncia grave, respaldada por varios testimonios, cuya versión policial completa no ha sido difundida públicamente.

El Gobierno dice que su información no coincide con la del Europa

La primera reacción institucional introduce una cautela importante. Carlos Prieto, delegado del Gobierno en Cataluña, ha explicado que se han pedido explicaciones a los organismos correspondientes y que los datos recibidos hasta el momento no coinciden con el comunicado publicado por el CE Europa.

Prieto ha reclamado prudencia para evitar conclusiones precipitadas y ha recordado que cualquier ciudadano que considere vulnerados sus derechos puede recurrir a las vías de denuncia disponibles. No ha detallado públicamente, de momento, qué parte concreta del relato del Europa contradicen las informaciones oficiales.

Esa ausencia de una versión detallada resulta relevante. Porque una cosa sería discutir una orden relacionada con la seguridad dentro de un estadio y otra, bastante distinta, determinar si hubo golpes injustificados, insultos o exigencias relacionadas con la identidad nacional del aficionado. Todo ello exige pruebas. También para la Policía, naturalmente; un uniforme no convierte una versión en verdad automática, del mismo modo que un comunicado de un club tampoco constituye por sí solo una sentencia.

La estelada y la ley: exhibirla no está prohibido por sí mismo

El centro jurídico del asunto tampoco es especialmente misterioso. La legislación deportiva española permite impedir o retirar símbolos cuando, por su contenido o por las circunstancias en que se utilizan, incitan a la violencia, el odio, el racismo o comportamientos intolerantes. No establece, en cambio, una prohibición general de las banderas de contenido político.

La estelada cuenta además con un antecedente judicial significativo. Una sentencia dictada en Madrid en 2017 sostuvo que esa bandera no estaba incluida entre los símbolos prohibidos por la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte y consideró que su exhibición, por sí sola, quedaba amparada por las libertades ideológica y de expresión.

Esto no significa que dentro de un estadio pueda hacerse cualquier cosa bajo la etiqueta de libertad de expresión. Una bandera puede formar parte de una conducta sancionable si se utiliza en un contexto que incita realmente a la violencia o al odio. Pero el matiz importa —bastante—: el símbolo político no se convierte automáticamente en una infracción por resultar incómodo, independentista, españolista, republicano o cualquier otra cosa. La democracia tiene estas pequeñas molestias: protege también las ideas que no decoran nuestro salón.

El Europa asegura también que los agentes amenazaron al aficionado con una posible sanción mediante la legislación deportiva. Sin conocer el eventual expediente, la conducta concreta que pudiera imputársele ni la versión policial, no puede afirmarse que esa sanción vaya a producirse o que tenga fundamento.

Sí puede decirse que la normativa vigente dirige sus prohibiciones hacia comportamientos violentos, racistas, xenófobos, intolerantes o que inciten al odio. Por eso, si el conflicto tuvo realmente como único origen la mera exhibición de una estelada, la justificación jurídica de su retirada requeriría una explicación bastante más precisa.

El antecedente de Elche vuelve a aparecer

El incidente de Alcorcón ha adquirido una dimensión mayor porque llega apenas dos semanas después de otro episodio con una estelada. El 23 de agosto, antes del encuentro entre el Elche y el FC Barcelona en el Martínez Valero, un aficionado azulgrana fue detenido después de una intervención policial cuyas imágenes generaron una fuerte polémica.

En aquel caso, la Policía Nacional anunció la apertura de una información reservada para investigar la actuación de los agentes. El Barcelona condenó lo ocurrido y defendió públicamente que la exhibición de la estelada constituye una manifestación legítima de la libertad de expresión cuando no existe incitación a la violencia.

El Europa ha enlazado expresamente ambos episodios. Para el club graciense, que vuelva a producirse una intervención de este tipo contra un aficionado que lleva una estelada resulta especialmente grave. Esa asociación explica también por qué un incidente ocurrido en una grada relativamente pequeña de Primera Federación ha saltado rápidamente del terreno deportivo al debate político.

No ayuda, desde luego, que los estadios españoles sigan funcionando a veces como pequeñas cajas de resonancia de conflictos que el fútbol no inventó. Basta una tela de colores, unas gradas tensas y una actuación discutida para que el balón quede en segundo plano. El partido acabó sin goles; fuera del césped, en cambio, sobró ruido.

La actuación policial, el verdadero asunto pendiente

La controversia no debería reducirse a estar a favor o en contra de la estelada. Esa discusión puede ocupar sobremesas durante otros veinte años. Lo que debe aclararse en Alcorcón es algo mucho más concreto: qué hizo el aficionado, qué instrucciones recibió, cómo respondió y por qué se empleó la fuerza que describen los testigos.

También deberá determinarse si realmente se le requisó la bandera por su contenido político, si se intentó impedir que otros aficionados grabaran la intervención y, sobre todo, si algún agente pretendió obligarlo a afirmar que era español. Esta última acusación, de confirmarse, resultaría difícil de encajar en cualquier procedimiento policial reconocible. La nacionalidad consta en un documento; no suele necesitar examen oral.

Por ahora existen dos planos que no deben mezclarse. El Europa y varios aficionados denuncian golpes, intimidación y retirada de la estelada. La Delegación del Gobierno sostiene que la información de la que dispone no coincide con ese relato y pide cautela. Entre ambas versiones queda el espacio en el que deberían aparecer las pruebas, las identificaciones de los agentes, posibles grabaciones y, en su caso, una investigación.

Una bandera, una denuncia y demasiadas preguntas abiertas

El episodio de Alcorcón ha dejado de ser una simple disputa en una grada porque toca dos asuntos especialmente sensibles: el uso proporcional de la fuerza policial y la libertad de expresión. Ninguno debería resolverse según el color de la bandera que lleve el ciudadano afectado.

A fecha de este 7 de septiembre, lo acreditado públicamente es que el CE Europa ha formulado una denuncia muy grave, que varios aficionados sostienen una versión coincidente en sus elementos principales, que la afición visitante abandonó la grada y que el delegado del Gobierno ha cuestionado ese relato sin ofrecer todavía una explicación alternativa detallada.

El resto necesita esclarecimiento. Porque si los hechos sucedieron como los describe el club, el problema difícilmente sería una estelada. Y si la intervención tuvo motivos distintos que todavía no conocemos, corresponde explicarlos. En un Estado democrático, la fuerza pública no debería pedir actos de fe; debe poder justificar sus actos.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.