Economía
Estas 6 empresas españolas ganaron 8.477 millones en 3 meses

Seis gigantes españoles ganaron casi 8.477 millones en tres meses, con Santander al frente y energía, aeropuertos y seguros marcando pulso
Seis grandes compañías españolas —Santander, Iberdrola, Naturgy, Redeia, Aena y Mapfre— ganaron juntas 8.476,9 millones de euros en el primer trimestre de 2026, una cifra redonda en apariencia, casi quirúrgica, pero cargada de matices. No todos esos beneficios nacen del mismo sitio ni cuentan la misma historia: hay banca apoyada en una plusvalía histórica, energía que resiste entre gas, redes e incertidumbre, aeropuertos que vuelven a oler a temporada alta, seguros que mejoran rentabilidad y una red eléctrica que invierte más mientras sigue bajo el foco del apagón.
La suma deja una fotografía muy española del arranque del año: el dinero grande se mueve en sectores estratégicos, en negocios regulados, en infraestructuras, en clientes cautivos o recurrentes, en energía, en crédito, en primas, en pasajeros. El Santander concentra por sí solo 5.455 millones, más del 64 % del total de estas seis empresas, gracias sobre todo a la venta de su filial en Polonia. Después aparece Iberdrola, con 1.711,3 millones, afectada por comparaciones contables exigentes pero con una mejora clara del beneficio ajustado. El resto completa una escena menos espectacular pero más reveladora: Naturgy gana 530 millones, Aena 329,4 millones, Mapfre 310,9 millones y Redeia 140,3 millones. En tres meses. Mientras buena parte del país sigue mirando el recibo, la hipoteca, el billete de avión o el seguro como quien mira una máquina tragaperras.
Un primer trimestre con olor a beneficio récord
El dato agregado es sencillo: 8.476,9 millones de euros de beneficio neto entre seis empresas españolas cotizadas hasta marzo. La cifra sale de sumar los resultados comunicados por cada compañía en el primer trimestre de 2026. No es una clasificación oficial ni un índice económico con pretensiones académicas, sino una lectura periodística bastante útil para entender dónde está respirando mejor el gran capital español al empezar el año.
Santander aporta 5.455 millones de euros, un 60 % más que en el mismo periodo del ejercicio anterior. Iberdrola suma 1.711,3 millones, aunque su beneficio neto cae alrededor del 15 % por el efecto de comparaciones extraordinarias. Naturgy alcanza 530 millones, un 4,7 % más. Redeia llega a 140,3 millones, un 1,8 % más. Aena registra 329,4 millones, un 9,3 % más. Mapfre obtiene 310,9 millones, un 12,7 % más.
La primera lectura es tentadora: las grandes empresas españolas van como un tiro. Pero conviene no tragarse el titular como una aceituna sin hueso. La mitad larga del resultado conjunto depende del Santander, y una parte sustancial de su salto procede de una operación corporativa no recurrente: la plusvalía de 1.895 millones por la venta de su filial polaca. Sin ese efecto, el banco también mejora, pero la foto pierde algo de fuegos artificiales.
Aun así, incluso limpiando el confeti contable, el trimestre muestra algo consistente. Hay beneficios crecientes en banca, seguros, aeropuertos, gas y redes eléctricas, y eso dibuja una economía en la que los negocios ligados a servicios esenciales, movilidad, energía y financiación siguen teniendo una capacidad notable para convertir actividad diaria en caja. El ciudadano paga la comisión, el préstamo, el vuelo, el recibo, el seguro, la tarifa, el margen. Y al otro lado aparece el resultado trimestral, bien planchado, con corbata de gran despacho.
Santander: el gigante que inclina toda la balanza
El Santander es el protagonista matemático de esta historia. Ganó 5.455 millones de euros hasta marzo, un 60 % más, y dejó pequeño al resto del grupo analizado. Su peso en la suma conjunta es tan grande que cambia el tono general del trimestre: sin el banco, las otras cinco empresas ganarían 3.021,9 millones; con el Santander, la cifra se dispara hasta casi 8.477 millones.
La razón principal del salto está en la venta de su filial en Polonia, cerrada en enero, que generó una plusvalía de 1.895 millones de euros. Es dinero real, desde luego, pero no es lo mismo vender un activo y apuntarse una ganancia extraordinaria que mejorar solo por la marcha ordinaria del negocio. Ahí conviene mirar el dato depurado: el Santander obtuvo un resultado ordinario récord de 3.560 millones, un 12 % más que en los tres primeros meses de 2025.
La entidad también elevó sus ingresos un 4 %, hasta 15.140 millones de euros, con un margen de intereses de 11.019 millones y comisiones de 3.357 millones. Dicho en cristiano: sigue ganando mucho por prestar dinero, por gestionar servicios financieros y por mantener una base gigantesca de clientes repartida por varios mercados. El banco insiste en que el 95 % de sus ingresos está vinculado a la actividad de clientes, un modo elegante de decir que su negocio no depende solo de piruetas financieras, sino de millones de operaciones pequeñas, repetidas, casi invisibles.
El margen neto subió un 10 %, hasta 8.656 millones, y la ratio de eficiencia mejoró hasta el 42,8 %. Esa cifra, que suena fría como una baldosa de oficina, significa que el banco está gastando menos para producir cada euro de ingreso. También redujo costes un 3 %, hasta 6.484 millones, mientras las dotaciones por insolvencias crecieron un 5 %, hasta 3.225 millones. No todo es champán en la moqueta: la morosidad se situó en el 3 %, ligeramente por encima de la de un año antes y también del cierre de 2025.
En Reino Unido aparece otro matiz incómodo: una provisión bruta de 207 millones de euros por posibles reclamaciones en el negocio de financiación de automóviles. No es una grieta estructural, pero sí uno de esos avisos que recuerdan que la banca gana mucho, sí, aunque también vive con litigios, regulación, capital y riesgo pegados a la espalda como una mochila de plomo. La ratio de capital CET1 subió hasta el 14,4 %, reforzada por la generación orgánica y por la venta de Polonia, aunque el grupo prevé terminar 2026 entre el 12,8 % y el 13 % tras operaciones como las adquisiciones de TSB y Webster.
Iberdrola: cae el beneficio neto, sube la historia ajustada
Iberdrola ganó 1.711,3 millones de euros en el primer trimestre, un 15 % menos que un año antes. Sobre el papel, parece una mala noticia. En realidad, es una de esas cifras que obligan a leer con lupa porque el titular contable y la evolución operativa no caminan exactamente por la misma acera. El beneficio neto ajustado creció un 11,4 %, hasta 1.865 millones, excluyendo efectos derivados de ajustes de la venta de activos en México y otros impactos.
La compañía obtuvo un ebitda superior a 4.067 millones, aproximadamente un 10 % menos en términos reportados, y una cifra de ventas de 12.017,6 millones, un 4,5 % inferior. Pero el relato de Iberdrola no está tanto en vender más electricidad a cualquier precio como en consolidar su apuesta por redes y renovables en mercados considerados más estables. El 94 % de sus inversiones brutas del trimestre se concentró en redes y renovables, dos negocios que no tienen la épica de una central rugiendo al atardecer, pero sí una importancia decisiva en la electrificación que viene.
Las inversiones brutas alcanzaron 2.699 millones de euros entre enero y marzo, muy cerca de los 2.720 millones del mismo periodo de 2025. En los últimos doce meses, la energética ha invertido 14.500 millones, con un peso destacado de Reino Unido y Estados Unidos. La base de activos regulados de redes crece un 8 %, hasta unos 53.000 millones de euros, impulsada por Reino Unido. La palabra “regulado” aquí no es menor: habla de ingresos más previsibles, marcos normativos, rentabilidad pactada y menos dependencia del sobresalto diario de los mercados.
El ebitda ajustado de redes subió un 9 %, hasta 2.048 millones, mientras generación y clientes bajó un 3 %, hasta 2.022 millones, afectado por costes regulatorios y no recurrentes en la península Ibérica. Es una compañía que mira menos al trimestre y más al mapa de poder energético de la próxima década: redes, electrificación, inteligencia artificial, demanda eléctrica creciente, centros de datos, almacenamiento y renovables. No exactamente poesía, aunque algo de poesía industrial sí hay en esa idea de que los cables serán las autopistas del siglo.
Iberdrola incluso mejora sus previsiones para 2026 y calcula un crecimiento de más del 8 % en el beneficio neto ajustado, excluyendo plusvalías por rotación de activos. Llega además a su junta con la acción en máximos históricos, una capitalización cercana a 135.000 millones de euros y un dividendo récord de 0,68 euros por título. El beneficio neto baja, pero la empresa envía al mercado un mensaje distinto: la maquinaria estructural sigue empujando.
Naturgy y Redeia: energía, gas, redes y la sombra del apagón
Naturgy ganó 530 millones de euros en el primer trimestre, un 4,7 % más, pese a que sus ingresos cayeron un 6,9 %, hasta 5.101 millones. Es un dato interesante porque rompe la asociación automática entre vender más y ganar más. La compañía explica que las menores ventas se compensaron con menores costes de aprovisionamiento, lo que elevó el margen bruto y permitió que el ebitda creciera un 6,5 %, hasta 1.362 millones.
El trimestre llega marcado por la volatilidad energética internacional, especialmente por la escalada del conflicto en Oriente Medio, que ha tensado los precios del petróleo y el gas. Naturgy subraya que no tiene contratos de aprovisionamiento de gas vinculados a Oriente Medio, lo que le permite transmitir tranquilidad sobre la continuidad del suministro. El detalle importa. En energía, a veces el beneficio no depende solo de producir o vender, sino de haber firmado bien, de tener diversificación, de no quedar atrapado en la tubería equivocada cuando el mundo se pone nervioso.
El negocio de redes de distribución aportó 627 millones al ebitda, un 2,6 % más, mientras el mercado de energía generó 753 millones, un 10,6 % más. La gestión de la energía fue la actividad que más creció, con un avance del 19,7 %, hasta 237 millones. El acuerdo de precios con Sonatrach, vigente hasta 2027, da a la compañía una visibilidad comercial que en este contexto vale casi tanto como una central nueva. Naturgy invirtió 339 millones en el trimestre, un 17,9 % menos, principalmente en redes y proyectos renovables selectivos, y cerró marzo con una deuda neta de 12.151 millones.
Redeia, por su parte, ganó 140,3 millones de euros, un 1,8 % más, e incrementó su inversión un 43 %, hasta 338,4 millones. No es la cifra más vistosa de la tabla, pero sí una de las más sensibles políticamente. Redeia es la matriz de Red Eléctrica, operador clave del sistema, y sigue bajo la sombra del “cero eléctrico” ocurrido hace un año. La empresa no ha registrado provisión alguna al cierre del primer trimestre porque sostiene que Red Eléctrica actuó conforme a la normativa vigente y porque aún no se han atribuido formalmente responsabilidades legales.
Los ingresos del grupo crecieron un 4,6 %, hasta 443 millones, y el ebitda avanzó un 5,8 %, hasta 338,8 millones. La inversión del operador del sistema se destinó sobre todo a la red de transporte: 312 millones para nuevas líneas, subestaciones y renovación de activos. Ahí se juega una parte importante del futuro eléctrico español. Porque electrificar la economía queda precioso en los discursos, pero luego hacen falta redes, permisos, interconexiones, mantenimiento, tecnología, redundancia. El brillo verde depende de una infraestructura bastante gris, llena de acero, cables, centros de control y técnicos que no salen en los anuncios.
Redeia mantiene proyectos como la interconexión eléctrica entre España y Francia por el Golfo de Vizcaya, con el objetivo de poner en servicio el primer enlace en 2027, y la segunda interconexión entre la Península y Baleares. La compañía propone además un dividendo de 0,80 euros con cargo a 2025, del que ya se pagaron 0,20 euros a cuenta en enero. Es decir: beneficio moderado, inversión fuerte, dividendo estable y una investigación todavía abierta en el ambiente. Pocas empresas resumen tan bien la tensión española entre necesidad de infraestructura y desconfianza pública.
Aena: más pasajeros, más tarifas y el efecto Adamuz
Aena ganó 329,4 millones de euros hasta marzo, un 9,3 % más, impulsada por el crecimiento del tráfico de pasajeros y por unos ingresos que subieron un 11,6 %, hasta 1.480 millones. En el conjunto del grupo, los aeropuertos gestionados por Aena movieron 81,3 millones de pasajeros, un 3,8 % más. En España, la red alcanzó 65,6 millones de viajeros, con un aumento del 3,2 %.
Aquí aparece un factor extraordinario y muy concreto: el trasvase de viajeros desde el tren al avión tras el accidente de Adamuz. También influyó el calendario de Semana Santa, que este año se repartió entre marzo y abril, mientras el año anterior cayó íntegramente en abril. A veces los resultados empresariales se explican con grandes tendencias; otras, con una avería, un accidente, un calendario desplazado y miles de decisiones individuales tomadas frente a una pantalla de reservas.
El aumento del tráfico español vino del lado internacional, con un alza del 5,5 %, mientras el tráfico doméstico cayó un 1,4 % pese al trasvase desde el tren. Reino Unido e Italia siguieron empujando, mientras el mercado alemán mostró debilidad. Los aeropuertos con mayores crecimientos fueron Alicante, Málaga, Madrid y Barcelona, un mapa bastante claro de la España turística, urbana y conectada.
Aena también se benefició del aumento de tarifas desde marzo de 2026, de la mejora del margen comercial y del crecimiento de los servicios de construcción. Los ingresos aeronáuticos alcanzaron casi 709 millones, un 5,2 % más, y los comerciales llegaron a 462 millones, con un crecimiento del 5,5 %. El ebitda del grupo fue de 661 millones, un 2,7 % más, aunque el margen sobre ingresos totales se redujo ligeramente hasta el 47,4 %.
Los gastos crecieron un 17,8 % en el trimestre, y en España el aumento fue del 7,9 %, condicionado por personal, revisión salarial e incremento de plantillas. En Brasil, el negocio siguió creciendo con fuerza, tanto en el Grupo Nordeste como en el Bloque de Once Aeropuertos. En Luton, en cambio, el ebitda cayó por el impacto de los costes derivados de un incendio en el aparcamiento. Aena es, al final, una máquina de gestionar flujos: pasajeros, tiendas, tasas, aparcamientos, obras, retrasos, maletas, cafeterías con precios de península escandinava y aerolíneas que protestan mientras siguen llenando aviones.
La deuda financiera neta bajó a 5.025 millones, frente a 5.509 millones al cierre de 2025, lo que redujo la ratio sobre ebitda. La compañía entra así en el año con una posición financiera más cómoda, aunque en un negocio donde cada decisión regulatoria, cada conflicto con aerolíneas y cada tensión turística puede convertirse en ruido político. Aena gana más porque viaja más gente, sí. Pero también porque el aeropuerto moderno cobra en cada curva del recorrido.
Mapfre: seguros, divisas y rentabilidad paciente
Mapfre ganó 310,9 millones de euros en el primer trimestre, un 12,7 % más, aunque el volumen de primas cayó un 2,2 %, hasta cerca de 8.400 millones, afectado por la depreciación de divisas. Es otro caso donde la cifra superficial engaña un poco: menos primas no significan necesariamente peor resultado si la rentabilidad técnica mejora, si los costes se contienen y si las distintas regiones contribuyen con equilibrio.
Las primas de No Vida ascendieron a 6.614,4 millones, un 2,6 % menos, y las de Vida alcanzaron 1.779,4 millones, un 0,6 % inferior. Los ingresos totales fueron de 9.697 millones, un 1,9 % menos. Sin embargo, el beneficio creció gracias a la mejora de la rentabilidad en la mayoría de los negocios y a la aportación positiva de todas las regiones y unidades.
Iberia aportó 137,8 millones de euros al resultado, un 13,9 % más, con primas de 3.429 millones. España contribuyó con 3.322 millones en primas, un 0,2 % más. Latinoamérica sumó casi 114 millones al beneficio, aunque con descenso del 3,9 %, y Brasil creció un 5,8 %, hasta 65,4 millones. Norteamérica alcanzó 30,5 millones, un 1,3 % más. EMEA consolidó su mejora con cuatro trimestres consecutivos en positivo, algo que en seguros tiene más valor del que aparenta: la rentabilidad no suele llegar con trompetas, sino con disciplina, selección de riesgos y paciencia actuarial.
El dato más llamativo está en Mapfre RE, que incluye reaseguro y riesgos globales: ganó 85,4 millones, un 76,8 % más. El reaseguro es una especie de trastienda del capitalismo asegurador, poco vistosa para el gran público, pero crucial cuando el mundo se llena de catástrofes naturales, volatilidad, inflación de reparaciones y riesgos empresariales cada vez más caros de cubrir.
Mapfre mantiene fondos propios por encima de 8.900 millones y una ratio de solvencia II del 205,3 % según cifras provisionales a cierre de diciembre de 2025. Además, abonará el 28 de mayo un dividendo complementario de 0,11 euros brutos por acción con cargo a los resultados de 2025. El mensaje de la aseguradora es prudente, casi de vieja escuela: menos ruido que otros sectores, pero caja, solvencia, diversificación y dividendo.
Qué dice esta suma sobre la economía española
La suma de estas seis empresas no representa a toda la economía española, ni mucho menos. No habla de las pymes que pelean contra márgenes estrechos, ni de autónomos ahogados por costes, ni de familias que calculan el supermercado con precisión de relojero pobre. Pero sí permite ver una parte decisiva del tablero: las grandes compañías vinculadas a sectores esenciales siguen teniendo una enorme capacidad para generar beneficios incluso en entornos inciertos.
Hay una primera línea evidente: banca, energía, infraestructuras, seguros y transporte aeroportuario no son negocios accesorios. Son tuberías de la vida económica. Por ellas pasan el crédito, la electricidad, el gas, los viajes, las pólizas, la conectividad territorial. Cuando esos sectores funcionan y tienen escala, los resultados pueden ser muy altos aunque el contexto sea incómodo. Inflación residual, tipos más exigentes, tensiones geopolíticas, regulación, quejas de clientes, investigaciones, costes laborales. Todo eso está ahí. Y aun así, el beneficio aparece.
También hay una segunda lectura: buena parte de estos resultados depende de factores que no siempre se repiten. Santander se dispara por Polonia. Aena se ve favorecida por el calendario y por el trasvase desde el tren tras Adamuz. Iberdrola cae en beneficio neto reportado pero mejora en ajustado. Naturgy resiste por márgenes y contratos. Redeia invierte mucho más mientras el apagón sigue sin cierre definitivo. Mapfre mejora beneficio aunque las divisas golpean las primas. La realidad económica rara vez viene limpia. Viene con barro en los zapatos.
El conjunto también apunta a un país donde las grandes corporaciones están muy orientadas al exterior o a negocios regulados. Santander opera en múltiples geografías. Iberdrola mira a Reino Unido y Estados Unidos. Aena tiene aeropuertos en Brasil y Luton. Mapfre reparte riesgos entre Iberia, Latinoamérica, Norteamérica, EMEA y reaseguro. Naturgy depende de contratos internacionales de suministro. Redeia, aunque más doméstica en su función crítica, se mueve en infraestructuras de interconexión europea. España gana dinero también fuera de España, o gracias a posiciones estratégicas que no se explican solo por el consumo interno.
Y luego está el ciudadano. Ese personaje secundario que, curiosamente, financia buena parte de la obra. Paga intereses, comisiones, pólizas, billetes, tasas, recibos, peajes invisibles. No hay que convertir esto en caricatura anticapitalista de brocha gorda; las empresas invierten, emplean, pagan impuestos, sostienen infraestructuras y asumen riesgos. Pero tampoco hace falta ponerse ingenuo. Cuando seis compañías ganan casi 8.477 millones en tres meses, la pregunta social aparece sola, aunque nadie la invite: cuánto de esa prosperidad baja realmente a salarios, precios, calidad del servicio, inversión útil y resiliencia del sistema.
Un país contado desde sus grandes cuentas
Estos resultados del primer trimestre de 2026 dejan una imagen potente: seis empresas españolas ganaron juntas casi 8.477 millones de euros hasta marzo, con el Santander como gran motor, Iberdrola como segundo pilar y una constelación de negocios estratégicos completando la cifra. No es solo una noticia de beneficios. Es una radiografía del poder económico real: bancos que monetizan clientes, eléctricas que invierten en redes, gasistas que navegan la geopolítica, aeropuertos que cobran el regreso del viajero, aseguradoras que afinan rentabilidad y operadores eléctricos que aceleran inversiones bajo escrutinio.
La cifra impresiona, pero lo interesante está debajo. El beneficio empresarial español de primer nivel no nace de un único ciclo, sino de una mezcla de escala, regulación, activos críticos, operaciones extraordinarias y demanda constante. Hay contabilidad y hay calle. Hay plusvalías y hay recibos. Hay dividendos y hay infraestructuras. Hay grandes discursos sobre transición energética, movilidad, solvencia o eficiencia, y luego una realidad mucho más pedestre: cada trimestre, el país pasa por caja. Y algunas cajas, como se ve, suenan muy fuerte.

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