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¿Por qué 19 países plantan cara a Israel por su polémico plan E1?

El plan E1 coloca a Israel frente a 19 países que denuncian el riesgo de dividir Cisjordania y alejar todavía más la solución de dos Estados.

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La presión internacional sobre Israel por el plan E1 en Cisjordania ha dejado de ser una suma de protestas dispersas. Ocho países árabes y musulmanes —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Jordania, Egipto, Turquía, Indonesia y Pakistán— han exigido paralizar el proyecto; casi al mismo tiempo, otros once países occidentales han firmado una declaración conjunta reclamando al Gobierno israelí que retire las licitaciones. En total, 19 Estados convergen sobre la misma advertencia: construir en E1 puede hacer todavía más difícil la creación de un Estado palestino territorialmente viable.

El segundo bloque reúne a Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Canadá, Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Suecia y Bélgica. Sus líderes califican de inaceptable la decisión israelí de sacar a concurso la construcción en E1 y sostienen que el proyecto abriría una brecha en Cisjordania, dañando la continuidad territorial palestina. El lenguaje diplomático suele venir acolchado; esta vez tiene bastante menos espuma.

El motivo inmediato son las 1.234 viviendas cuya licitación abrió Israel el 18 de agosto. Forman parte de las 3.401 unidades previstas en el proyecto E1, un área especialmente sensible situada entre Jerusalén y el gran asentamiento israelí de Ma’ale Adumim. La convocatoria convierte una controversia que durante décadas se movió entre planos, despachos y advertencias internacionales en algo bastante más tangible: terrenos, empresas, contratos y construcción.

El problema, por tanto, no es solamente cuántas casas se levantarían. Es dónde se levantarían. E1 se encuentra en una posición estratégica capaz de reforzar la continuidad entre Jerusalén y Ma’ale Adumim mientras dificulta la conexión palestina entre el norte y el sur de Cisjordania y separa todavía más Jerusalén Este del resto del territorio palestino. Ahí está el corazón político de la disputa.

De ocho países a un frente internacional contra E1

Los ministros de Exteriores de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Jordania, Egipto, Turquía, Indonesia y Pakistán rechazaron de manera categórica el plan E1 y condenaron la continuación de las políticas israelíes de asentamientos en los territorios palestinos ocupados.

Su declaración va bastante más allá de pedir otra pausa diplomática. Los ocho gobiernos respaldan mecanismos destinados a exigir responsabilidades internacionales, incluidas medidas y sanciones contra personas y entidades responsables de actividades de asentamiento, así como contra quienes apoyen, faciliten o ejecuten políticas de expansión y anexión.

También reclaman el final de cualquier apoyo o financiación que contribuya al establecimiento, ampliación o consolidación de asentamientos y piden al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y al resto de actores internacionales que adopten medidas efectivas.

Para estos países, E1 supone una “escalada peligrosa” porque amenaza la continuidad geográfica del territorio palestino, en particular entre Cisjordania y Jerusalén Este, y puede comprometer la posibilidad de establecer un Estado palestino independiente sobre las líneas de 1967, con Jerusalén Este como capital.

La declaración adquiere especial relevancia por la variedad de sus firmantes. Están potencias regionales como Arabia Saudí y Turquía, países fronterizos y directamente afectados por el conflicto como Jordania y Egipto, mediadores como Catar y Emiratos, y dos grandes Estados musulmanes asiáticos, Indonesia y Pakistán. No todos mantienen la misma relación con Israel ni persiguen idénticos intereses regionales. En E1, sin embargo, coinciden.

Qué es el plan E1 y por qué este terreno importa tanto

E1 es una superficie situada al este de Jerusalén, entre la ciudad y Ma’ale Adumim, uno de los mayores asentamientos israelíes de Cisjordania. Sobre un mapa sin contexto puede parecer otra mancha entre muchas. Mirada políticamente, es una bisagra.

El desarrollo de la zona permitiría consolidar un corredor israelí entre Jerusalén y Ma’ale Adumim. Para los palestinos, en cambio, complicaría la conexión territorial entre las zonas septentrionales y meridionales de Cisjordania y aislaría aún más Jerusalén Este, que los palestinos aspiran a convertir en capital de su futuro Estado.

De ahí que E1 llevara décadas avanzando y retrocediendo por los pasillos de la política israelí. Distintos gobiernos promovieron el proyecto, pero la fuerte oposición estadounidense, europea e internacional contribuyó durante mucho tiempo a impedir que la planificación se transformara plenamente en construcción.

Una carretera puede desviarse. Una frontera también puede negociarse. Pero llenar un territorio estratégico de edificios, infraestructuras y nuevos residentes crea hechos sobre el terreno mucho más difíciles de desmontar. En Oriente Próximo esa expresión se repite tanto que corre el peligro de sonar burocrática; en realidad habla de hormigón, accesos, servicios públicos y personas viviendo donde antes había un proyecto sobre papel.

Las 1.234 viviendas que cambian el estado del proyecto

El 18 de agosto de 2026, el Ministerio israelí de Vivienda abrió una nueva licitación para 1.234 viviendas distribuidas en siete áreas residenciales de E1. Representan aproximadamente un tercio de las 3.401 viviendas contempladas por el proyecto general.

El periodo de presentación de ofertas termina el 19 de octubre, apenas ocho días antes de las elecciones israelíes previstas para el 27 de octubre. La coincidencia temporal ha provocado críticas de organizaciones israelíes contrarias a los asentamientos, que temen que la adjudicación de contratos antes de los comicios dificulte una eventual marcha atrás de un próximo Gobierno.

El proyecto continúa, además, sometido a una disputa judicial. Organizaciones como Peace Now, Ir Amim y Bimkom, junto con residentes beduinos palestinos, han impugnado el plan ante el Tribunal de Distrito de Jerusalén.

La importancia de la licitación reside precisamente ahí. E1 ya no consiste únicamente en aprobar miles de viviendas en documentos urbanísticos. Se abre la puerta a empresas constructoras y adjudicaciones concretas. La distancia entre un plano y una excavadora empieza a estrecharse.

Once países occidentales elevan todavía más la presión

A la declaración de los ocho países árabes y musulmanes se suma la posición conjunta de Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Canadá, Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Suecia y Bélgica. Once gobiernos más. La dimensión política cambia: la protesta contra E1 atraviesa ahora bloques regionales que normalmente no redactan sus comunicados desde la misma mesa.

Estos once países consideran “inaceptable” la publicación de las licitaciones israelíes y recuerdan que la oposición internacional a E1 no nació esta semana. Según su declaración, el proyecto perjudicaría la solución de dos Estados porque abriría una brecha en Cisjordania y dañaría la continuidad territorial palestina.

También reclaman a Israel que retire inmediatamente los planes y ponga fin a la expansión de los asentamientos en Cisjordania. Añaden un mensaje político poco disimulado: seguir adelante no solo alejaría las posibilidades de paz, sino que perjudicaría la posición internacional de Israel.

La declaración llega en un contexto de especial tensión en Cisjordania, marcado por la violencia de colonos contra civiles palestinos, el deterioro económico y unas relaciones cada vez más tensas entre el Gobierno israelí y varios de sus tradicionales socios occidentales.

España no figura entre los once firmantes de este último texto, pero el Gobierno español se ha pronunciado por separado y también ha condenado la licitación de E1. El Ministerio de Asuntos Exteriores sostiene que el proyecto rompe la continuidad territorial palestina, separa Jerusalén Este de Cisjordania y dificulta la aplicación de la solución de dos Estados.

Las empresas entran también en el foco diplomático

Hay una frase especialmente relevante en la declaración de los once países occidentales: las empresas no deberían presentar ofertas para participar en las licitaciones de construcción de E1.

Los firmantes advierten a las compañías sobre posibles consecuencias legales y reputacionales y sobre el riesgo de quedar involucradas en lo que consideran graves vulneraciones del derecho internacional. Es un salto importante respecto a la protesta diplomática clásica porque traslada el conflicto desde las cancillerías hasta los consejos de administración de las constructoras.

El planteamiento conecta, curiosamente, con el comunicado de los ocho países árabes y musulmanes. Estos últimos piden sanciones contra quienes apoyen, faciliten o ejecuten la expansión de asentamientos y reclaman que se corte la financiación que contribuya a consolidarlos.

Son dos textos diferentes y procedentes de espacios políticos muy distintos, pero terminan acercándose en un punto práctico: quién pone el dinero, quién construye y quién asume el coste de participar en E1.

La disputa va mucho más allá de unas viviendas

El marco jurídico internacional explica buena parte de esta reacción. La resolución 2334 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, aprobada en 2016, establece que los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados desde 1967, incluida Jerusalén Este, no tienen validez jurídica y constituyen una violación del derecho internacional.

La Corte Internacional de Justicia reforzó esa interpretación en su opinión consultiva de julio de 2024 sobre la ocupación israelí. La comunidad internacional mantiene mayoritariamente que los asentamientos en Cisjordania son ilegales. Israel rechaza esa interpretación y sostiene que las cuestiones territoriales y fronterizas deben resolverse mediante negociaciones entre las partes.

Detrás del debate jurídico aparece otra cuestión, quizá más sencilla de visualizar. Si Cisjordania termina convertida en una sucesión de áreas palestinas separadas mediante asentamientos, infraestructuras y zonas bajo diferentes controles, la expresión “solución de dos Estados” podría conservar una salud excelente en las ruedas de prensa y una bastante peor sobre el terreno.

Un Estado necesita más que reconocimiento diplomático. Necesita territorio funcional, comunicaciones, instituciones y capacidad real de gobernarlo. Por eso E1 provoca tanta alarma: afecta directamente a la posible continuidad territorial de Palestina.

Los ocho países árabes y musulmanes sostienen que el proyecto acerca una anexión de facto y constituye un desafío a los esfuerzos internacionales de paz. Reiteran su respaldo a un Estado palestino independiente sobre las líneas de 1967, con Jerusalén Este como capital.

Estados Unidos también ha reiterado su oposición a una anexión israelí de Cisjordania. La Administración estadounidense sostiene que mantener la estabilidad en el territorio favorece la seguridad de Israel y sus propios objetivos de paz regional, aunque Washington ha evitado formular una condena del plan E1 tan explícita como la de los países europeos.

Israel rechaza las críticas y reivindica su derecho a construir

El Gobierno israelí mantiene una posición radicalmente distinta. El ministro de Exteriores, Gideon Sa’ar, ha rechazado las críticas internacionales y ha defendido el derecho de los judíos a vivir en Cisjordania, territorio denominado Judea y Samaria en la terminología oficial y política israelí.

Este argumento refleja una fractura histórica que lleva décadas instalada en el conflicto. Para la mayor parte de la comunidad internacional, Cisjordania es territorio palestino ocupado y las colonias israelíes vulneran el derecho internacional. Para sectores nacionalistas y religiosos israelíes, Judea y Samaria forman parte de la patria histórica del pueblo judío y no debería considerarse ilegítimo que ciudadanos israelíes residan allí.

La discusión parece histórica, religiosa y jurídica hasta que uno vuelve al mapa. Entonces adquiere una materialidad bastante menos abstracta: casas, carreteras, controles, permisos, tierras y fronteras. Y ese es precisamente el problema de E1.

Durante años las condenas internacionales convivieron con el crecimiento progresivo de los asentamientos. La diplomacia redactaba comunicados; el terreno cambiaba. Esa distancia explica que los últimos textos internacionales introduzcan conceptos más concretos como sanciones, responsabilidad de empresas, financiación y consecuencias jurídicas.

No significa que esas amenazas vayan a materializarse automáticamente. Tampoco que los 19 países hayan creado un frente diplomático formal contra Israel. Son dos declaraciones independientes, con prioridades y lenguajes distintos. Pero la coincidencia sobre E1 resulta difícil de ignorar.

E1 convierte el mapa en la verdadera negociación

La noticia no son solamente 1.234 viviendas ni siquiera las 3.401 previstas en el conjunto del proyecto. La noticia es el lugar elegido para levantarlas y el efecto que esa construcción podría tener sobre cualquier futura negociación territorial.

Arabia Saudí, Emiratos, Catar, Jordania, Egipto, Turquía, Indonesia y Pakistán hablan de sanciones y responsabilidades. Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Canadá, Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Suecia y Bélgica piden retirar las licitaciones y advierten directamente a las empresas de las posibles consecuencias de participar. España también reclama a Israel que revierta la decisión.

Son países con relaciones muy diferentes con Israel y con intereses a menudo difíciles de mezclar. La coincidencia no convierte de repente Oriente Próximo en un escenario diplomáticamente sencillo —eso sí sería una noticia extraordinaria—, pero muestra hasta qué punto E1 se considera una línea especialmente sensible.

Sobre la mesa avanzan dos procesos a velocidades diferentes. Uno continúa hablando de negociaciones, fronteras de 1967 y una solución de dos Estados. El otro ocurre sobre el territorio, donde cada nueva vivienda, carretera o asentamiento altera lentamente la geografía que algún día debería negociarse.

Esa es la razón por la que el plan E1 ha conseguido reunir las protestas de 19 países de tres continentes. En un conflicto saturado de grandes declaraciones, esta vez todo termina reducido a algo muy concreto: un trozo de tierra entre Jerusalén y Ma’ale Adumim. Pequeño sobre el mapa. Enorme para lo que pueda quedar de una futura frontera.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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