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¿Por qué el Supremo frena al PP en el Senado por la crisis de Ceuta?
El Supremo frena la petición urgente del PP para forzar comparecencias por la crisis de Ceuta, pero la batalla judicial continúa abierta aún.

El Tribunal Supremo ha rechazado la petición urgente del Partido Popular para obligar a varios ministros del Gobierno a comparecer en el Senado antes de que termine agosto y explicar la gestión de la crisis migratoria de Ceuta. La decisión supone un revés inmediato para la ofensiva del PP, pero tiene un matiz fundamental: el tribunal no ha resuelto todavía el fondo del conflicto entre el Ejecutivo y la Cámara Alta.
La Sala de Vacaciones del Supremo considera que los populares no han demostrado la urgencia extraordinaria necesaria para adoptar una medida cautelarísima, es decir, una decisión provisional tomada sin escuchar previamente a la otra parte. En vez de imponer ahora las comparecencias, el tribunal seguirá el procedimiento cautelar ordinario y ha concedido diez días a la Abogacía del Estado para presentar sus alegaciones. La batalla judicial, por tanto, no termina. Simplemente deja de correr a velocidad de agosto.
El auto afecta a uno de los principales frentes abiertos por el PP contra el Gobierno tras la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta a finales de julio. La formación de Alberto Núñez Feijóo sostiene que el Ejecutivo no puede elegir qué Cámara controla políticamente su actuación y había acudido al Supremo después de que varios ministros no atendieran las convocatorias realizadas por el Senado, donde los populares cuentan con mayoría absoluta.
El Gobierno mantiene otra interpretación. Sus ministros han previsto comparecer en el Congreso para explicar la respuesta a la crisis y rechazan repetir esas intervenciones en la Cámara Alta a iniciativa del PP. Una disputa parlamentaria bastante clásica, solo que esta vez ha terminado en la mesa de los magistrados y con Ceuta como telón de fondo.
El Supremo rechaza la vía de urgencia elegida por el PP
La cuestión jurídica que ha resuelto el tribunal este sábado 22 de agosto es más estrecha de lo que puede sugerir el ruido político alrededor del caso. El Supremo debía decidir si existían motivos suficientes para conceder al PP una medida cautelarísima, una herramienta reservada para situaciones en las que esperar a escuchar a la parte contraria puede provocar un perjuicio difícil de reparar.
Los magistrados concluyen que esa circunstancia no ha quedado acreditada. El auto señala que no concurre la especial urgencia legalmente exigible para sacrificar el derecho del Gobierno a ser oído antes de que se adopte una decisión de ejecución inmediata.
El PP argumentaba que el control parlamentario perdería eficacia si las comparecencias no tenían lugar durante agosto. El 1 de septiembre comienza el periodo ordinario de sesiones y, desde su punto de vista, retrasar las explicaciones sobre una crisis todavía abierta vaciaría de contenido las convocatorias extraordinarias promovidas por el Senado.
El Supremo no comparte, al menos de momento, ese razonamiento. Considera que no se ha demostrado que esperar a tramitar la cautelar por el procedimiento habitual haga inútil el recurso. Tampoco aprecia que el interés público relacionado con la crisis de Ceuta vaya a desaparecer por el simple transcurso de unos días.
Qué pretendía conseguir el Partido Popular
El recurso fue presentado por tres senadores del Grupo Parlamentario Popular en representación de su formación. El PP pedía al Supremo que ordenara provisionalmente al Gobierno dejar de impedir o eludir las comparecencias solicitadas por el Senado y reclamaba que el Ejecutivo facilitara en un máximo de 24 horas la disponibilidad de los ministros para acudir a la Cámara Alta antes de finalizar agosto.
La petición incluía otro punto políticamente delicado: que el Gobierno no pudiera sustituir las comparecencias solicitadas por el Senado por otras promovidas por el propio Ejecutivo en el Congreso. Es decir, el PP pretendía preservar la capacidad del Senado para exigir explicaciones con independencia del calendario diseñado desde Moncloa.
Ahí está buena parte del conflicto. No se discute solamente cuándo habla un ministro, sino quién fija las condiciones del control parlamentario. El PP entiende que el Ejecutivo está esquivando deliberadamente una Cámara dominada por la oposición. El Gobierno responde que las explicaciones se ofrecerán en el Congreso y considera innecesario reproducirlas después en el Senado.
El artículo 23 de la Constitución entra en escena
Los senadores populares han vinculado su recurso al artículo 23.2 de la Constitución, que protege el derecho de los representantes públicos a ejercer sus funciones en condiciones de igualdad. En términos menos jurídicos: sostienen que impedir una comparecencia acordada por el Senado puede afectar a su capacidad real de controlar al Gobierno.
El Supremo no ha descartado esa discusión. De hecho, recalca que su decisión actual se limita a la petición urgente y no prejuzga cuestiones posteriores sobre la competencia, la admisibilidad del procedimiento o el fondo del recurso. Es una diferencia importante. El tribunal no ha dicho que los ministros tengan razón por no acudir; ha dicho que, con los argumentos presentados, no existe motivo suficiente para ordenarles que lo hagan inmediatamente y sin escuchar antes al Gobierno.
El Senado y el Gobierno vuelven a medir sus fuerzas
El pulso empezó después de que el Senado habilitara agosto y convocara comparecencias relacionadas con lo sucedido en Ceuta. Entre los ministros llamados estaban Fernando Grande-Marlaska, titular de Interior; José Manuel Albares, de Asuntos Exteriores, y Margarita Robles, de Defensa. Los tres rechazaron acudir en las fechas fijadas, mientras el Ejecutivo programaba explicaciones en el Congreso.
Para el PP, las ausencias no son una cuestión de agenda. Alberto Núñez Feijóo ha acusado al Gobierno de pretender decidir dónde y cuándo acepta ser controlado y ha convertido el episodio en una nueva batalla institucional con Pedro Sánchez. La mayoría absoluta popular en el Senado permite a la oposición convocar sesiones, impulsar comisiones y aprobar iniciativas que después pueden resultar políticamente incómodas para el Ejecutivo.
Moncloa replica que convocar a los mismos ministros en ambas Cámaras para tratar idéntico asunto supone una duplicación de comparecencias y ha defendido que las explicaciones se produzcan en el Congreso. Desde el Gobierno también se ha acusado al PP de utilizar la crisis de Ceuta para alimentar un enfrentamiento institucional.
El calendario todavía puede cambiar el escenario
La decisión del Supremo tiene un efecto práctico evidente: la posibilidad de conseguir judicialmente las comparecencias antes del final de agosto se complica mucho. Queda apenas una semana y la Abogacía del Estado dispone ahora de diez días para responder.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene su calendario de comparecencias en el Congreso durante los últimos días del mes. La discusión política llegará así antes a la Cámara Baja que una eventual resolución definitiva sobre lo que debe ocurrir en el Senado. Cosas del calendario judicial: a veces una semana pesa más que veinte discursos.
El PP, además, prepara la reprobación de cinco ministros en el primer pleno de septiembre por su actuación durante la crisis: Marlaska, Albares, Robles, Mónica García y Ana Redondo. La mayoría popular permite aprobar esas censuras políticas, aunque una reprobación parlamentaria no obliga jurídicamente a dimitir a un ministro.
Ceuta sigue siendo el fondo real de la disputa
Detrás del choque institucional permanece una situación mucho más tangible. Ceuta arrastra desde finales de julio las consecuencias de una entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos, que ha tensionado los recursos de acogida, los servicios públicos y la relación política entre el Gobierno central y el Ejecutivo de la ciudad autónoma.
El Gobierno ha habilitado espacios temporales para aumentar la capacidad de acogida y trabaja en el traslado a la península de alrededor de 500 menores especialmente vulnerables. También se han sucedido las visitas de ministros y las reuniones entre administraciones mientras continúa la presión para acelerar las devoluciones de las personas cuya situación jurídica permita realizarlas.
El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, también del PP, ha endurecido su posición y reclama una respuesta estatal más rápida. Feijóo ha convertido la gestión de la crisis en uno de sus principales argumentos contra Sánchez y ha reclamado un mando único, mayor control fronterizo y una política más firme respecto a Marruecos.
La dimensión migratoria explica precisamente por qué la discusión sobre las comparecencias ha adquirido tanta intensidad. No se está peleando únicamente por tres sillas vacías en una comisión del Senado. Gobierno y oposición disputan también el relato sobre quién reaccionó, quién llegó tarde y quién debe asumir responsabilidades por uno de los episodios políticos más delicados del verano.
Una batalla aplazada, no resuelta
El auto del Supremo deja al PP sin la victoria rápida que buscaba, pero tampoco entrega al Gobierno una sentencia favorable sobre el fondo. La Sala ha rechazado actuar sin escuchar antes al Ejecutivo y ha trasladado el conflicto al cauce cautelar ordinario. Jurídicamente, esa es la noticia. Todo lo demás llegará después.
Para el Partido Popular, el resultado enfría su intento de conseguir que los ministros comparezcan en el Senado antes de septiembre. Para el Gobierno, proporciona margen y evita por ahora una orden judicial inmediata. Ninguno puede dar el asunto por terminado.
Y Ceuta, mientras tanto, continúa ahí. Con sus servicios sometidos a presión, miles de personas atrapadas en una crisis política y migratoria y dos administraciones que combinan cooperación y reproches según la hora del día. El Supremo ha puesto freno al procedimiento urgente; el pulso político sigue completamente abierto.

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