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¿Qué reclama Marruecos sobre Ceuta y Melilla y cómo responde España?
Marruecos reclama Ceuta y Melilla y España rechaza negociar su soberanía. El pulso con Rabat reabre una antigua disputa territorial sensible.

Marruecos ha vuelto a poner Ceuta y Melilla sobre la mesa. El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, defendió el 21 de agosto que ambas ciudades constituyen un «derecho histórico y geográfico» de su país y planteó incluso la creación de un mecanismo de diálogo con Madrid para discutir su futuro. La respuesta española no ha dejado demasiado espacio para la interpretación: no se negociará la soberanía de ninguna de las dos ciudades autónomas.
El Ministerio de Asuntos Exteriores trasladó a Marruecos por los canales diplomáticos su «rechazo tajante» a cualquier pretensión territorial sobre Ceuta y Melilla. El Gobierno sostiene que ambas son ciudades españolas, forman parte de la integridad territorial y de la soberanía nacional y, además, son territorio de la Unión Europea. No se ha abierto, por tanto, una negociación bilateral sobre su estatus ni existe una nueva resolución internacional que lo haya modificado. Lo que sí hay es un nuevo episodio, bastante explícito, de una vieja disputa política entre Rabat y Madrid.
Marruecos vuelve a reivindicar Ceuta y Melilla
Las declaraciones proceden de Abdellatif Ouahbi, ministro de Justicia marroquí, durante una entrevista concedida al canal público 2M. Ouahbi sostuvo que Marruecos mantendrá sus derechos «históricos y geográficos» sobre las dos ciudades y defendió la necesidad de encontrar una «solución definitiva» para su situación. También sugirió establecer una comisión de diálogo con España, una fórmula destinada a mantener la cuestión dentro de la agenda bilateral.
El matiz importa. Marruecos no ha anunciado una anexión, ni España y Marruecos han pactado discutir el traspaso de las ciudades, ni se ha iniciado un procedimiento internacional nuevo. Se trata de una reivindicación política expresada por un miembro del Gobierno marroquí, aunque sea de enorme sensibilidad por el cargo de quien la formula y por el momento elegido.
Ouahbi fue bastante más allá de una referencia histórica. Habló de alcanzar el «retorno al seno de la patria» de Ceuta y Melilla y sostuvo que el asunto no debería quedar silenciado. Rabat mantiene desde hace décadas una posición conocida: considera las dos ciudades y otros territorios españoles del norte de África como espacios cuya soberanía debería corresponder a Marruecos. Madrid sostiene exactamente lo contrario. Y ahí, por muchas décadas que pasen, las posiciones continúan chocando contra la misma pared.
España responde: la soberanía no entra en negociación
La reacción del Gobierno español llegó pocas horas después. Exteriores recordó que Ceuta y Melilla son ciudades españolas, frontera exterior de España y de la Unión Europea, y aseguró que forman parte de la integridad territorial española.
La frase utilizada por el departamento de José Manuel Albares fue particularmente rotunda: España rechaza y rechazará «tajantemente» cualquier planteamiento diferente. El mensaje, según el Ministerio, fue comunicado directamente a Marruecos a través de los canales diplomáticos. No se ha informado de que Albares mantuviera una conversación específica con su homólogo marroquí para tratar las declaraciones de Ouahbi.
No es una posición nueva. El propio Albares visitó Ceuta el 11 de agosto y reafirmó allí el compromiso del Gobierno con la soberanía y la integridad territorial de España, mientras abordaba con las autoridades locales la seguridad fronteriza y la cooperación con Marruecos. Un día después, la ministra de Defensa, Margarita Robles, endureció todavía más el lenguaje: afirmó que ni Ceuta ni Melilla «se les toca» y que cualquier agresión contra ambas afectaría a España en su conjunto.

Una cuestión especialmente sensible después de la crisis fronteriza
Las palabras del ministro marroquí llegan, además, en un momento especialmente delicado. Ceuta acaba de atravesar una grave crisis migratoria tras las entradas masivas registradas desde territorio marroquí a finales de julio, un episodio que obligó a reforzar la frontera y provocó una enorme presión política, humanitaria y de seguridad sobre la ciudad autónoma. Las autoridades españolas y marroquíes han reforzado posteriormente los dispositivos fronterizos.
España y Marruecos necesitan cooperar precisamente en ese terreno. La geografía tiene estas cosas: se puede discutir durante décadas sobre la historia, pero los kilómetros siguen donde estaban. La lucha contra las redes de tráfico de personas, los controles fronterizos, las relaciones comerciales, la seguridad y los movimientos migratorios hacen que ambos gobiernos mantengan una relación de interdependencia permanente.
Por eso la reivindicación territorial incomoda especialmente a Madrid. No llega entre dos países que apenas se hablan, sino entre dos Estados que llevan años intentando construir una relación estratégica mucho más estable.
La relación con Marruecos había entrado en otra etapa
España y Marruecos acordaron en abril de 2022 una nueva hoja de ruta destinada a superar una de las mayores crisis diplomáticas recientes entre ambos países. Aquel acuerdo estableció como principios el diálogo permanente, el respeto mutuo y la ausencia de actos unilaterales, junto con una mayor cooperación migratoria, económica y fronteriza. También abrió el camino hacia la normalización del tránsito de personas y mercancías en Ceuta y Melilla.
Pedro Sánchez dejó entonces clara la interpretación española del acuerdo. En abril de aquel año sostuvo que la soberanía nacional sobre Ceuta y Melilla estaba «fuera de toda duda», una posición que volvió a defender posteriormente ante el Congreso. El Ejecutivo español rechazaba también que las ciudades fueran calificadas como territorios «ocupados».
Ahí reside parte de la relevancia política de las declaraciones de Ouahbi. Durante estos años, Madrid y Rabat han intentado encapsular sus diferencias territoriales para que no bloquearan asuntos donde la cooperación resulta inevitable. La nueva reivindicación pública vuelve a abrir una puerta que España prefería mantener cerrada con llave.
Ceuta y Melilla no figuran como territorios por descolonizar de la ONU
Hay otro elemento que suele generar confusión. Ceuta y Melilla no aparecen entre los territorios no autónomos que Naciones Unidas mantiene actualmente dentro de su proceso de descolonización. En esa lista sí se encuentra, por ejemplo, el Sáhara Occidental. Tampoco se encuentran las dos ciudades entre los antiguos territorios españoles incorporados históricamente a ese proceso.
Lo que significa —y lo que no significa— esa ausencia
La cuestión merece precisión. Que Ceuta y Melilla no estén incluidas en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas significa que la ONU no las trata actualmente como territorios pendientes de descolonización dentro de ese mecanismo. No equivale, por sí solo, a una sentencia internacional destinada a resolver cualquier controversia imaginable sobre soberanía.
España ya defendió ante Naciones Unidas esta distinción en los años setenta, cuando sostuvo que Ceuta y Melilla eran partes integrantes de su territorio y no colonias sometidas al proceso de descolonización. En los debates internacionales de aquella época quedaron registradas tanto esa posición española como las reclamaciones formuladas por Marruecos.
Madrid también ha reiterado formalmente, dentro del marco del Derecho del Mar, que Ceuta, Melilla y otros territorios españoles del norte de África forman parte integral del Reino de España y se encuentran bajo su soberanía.
Una reivindicación histórica que nunca terminó de desaparecer
El conflicto no nació esta semana. España ejerce su soberanía sobre Ceuta y Melilla desde hace siglos, mucho antes de la independencia del Marruecos contemporáneo en 1956. Rabat, sin embargo, mantiene históricamente la reivindicación de ambas ciudades y ha recurrido periódicamente a ella en declaraciones políticas y diplomáticas.
Ceuta tiene una trayectoria particularmente singular: fue conquistada por Portugal en 1415 y terminó definitivamente vinculada a la Corona española en el siglo XVII. Melilla quedó bajo dominio castellano a finales del siglo XV. La historia del norte de África, naturalmente, no cabe limpia en dos fechas; imperios, reinos, fronteras y poblaciones se sucedieron mucho antes de que aparecieran los Estados contemporáneos.
Ese pasado sirve para alimentar argumentos opuestos. Marruecos invoca la continuidad geográfica y una reivindicación histórica; España se apoya en siglos de soberanía efectiva, su ordenamiento constitucional, los tratados y la posición internacional de las ciudades. La historia proporciona munición para la diplomacia. No siempre proporciona soluciones.
Ceuta y Melilla siguen fuera de cualquier negociación de soberanía
A 22 de agosto de 2026, la situación concreta es bastante menos nebulosa de lo que puede sugerir el ruido político: Marruecos ha vuelto a reclamar Ceuta y Melilla, pero España ha rechazado la propuesta de discutir su soberanía y no existe un proceso bilateral abierto para decidir el futuro territorial de las ciudades.
Rabat quiere que la cuestión permanezca viva y propone convertirla en materia de diálogo. Madrid responde que no existe nada que negociar sobre la pertenencia de Ceuta y Melilla a España. Incluso desde Izquierda Unida, socio del espacio político que sostiene al Gobierno, Enrique Santiago reaccionó señalando que las ciudades son de soberanía española y que sobre esta cuestión «no hay nada que mediar».
La relación entre España y Marruecos continuará necesitando acuerdos sobre migración, comercio, seguridad y fronteras. Eso no ha cambiado. Lo que acaba de comprobarse —otra vez— es dónde está una de sus líneas rojas más gruesas: para Marruecos, Ceuta y Melilla siguen siendo una reivindicación pendiente; para España, son territorio español y su soberanía no está en discusión.

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