Actualidad
¿1 de cada 7 jóvenes europeos deja de estudiar? Qué revela Eurostat
Eurostat sitúa en el 14,2% a los jóvenes europeos que dejaron alguna formación. España alcanza el 15,5% y muchos retomaron después sus estudios.

Resumen
- El 14,2% de los jóvenes de la UE dejó alguna formación sin completarla
- España alcanza el 15,5%, ligeramente por encima de la media europea
- Abandonar un programa no significa dejar definitivamente los estudios
Sí, la cifra tiene una base estadística sólida, aunque decir que uno de cada siete jóvenes europeos deja de estudiar necesita una precisión importante. Los datos publicados este lunes por Eurostat muestran que el 14,2% de las personas de entre 15 y 34 años de la Unión Europea había abandonado al menos una vez a lo largo de su vida un programa de educación o formación formal. En números redondos: prácticamente uno de cada siete.
Eso no significa que ese 14,2% haya dejado definitivamente los estudios, que no haya vuelto a las aulas o que permanezca actualmente sin formación. El indicador contabiliza a quien comenzó un programa educativo formal y no llegó a completarlo con la correspondiente titulación o acreditación, incluso aunque después retomara sus estudios por otra vía. Una cifra grande cabe muy bien en un titular; la realidad, como suele ocurrir, necesita unas líneas más.
Qué significa realmente ese 14,2% de jóvenes
Eurostat ha utilizado los datos recogidos durante 2024 en el módulo especial de la Encuesta de Población Activa europea dedicado a los jóvenes y el mercado laboral. La población estudiada comprende a personas de 15 a 34 años y se les preguntó si alguna vez habían abandonado una actividad de educación o formación formal sin completarla.
Del conjunto de jóvenes europeos, un 12,5% había abandonado una vez y otro 1,7% lo había hecho en varias ocasiones. Sumados, aparece ese 14,2% que equivale aproximadamente a una persona de cada siete. Los hombres registran una incidencia algo superior: 15,2% frente al 13,1% de las mujeres.
Conviene detenerse aquí porque este dato no es lo mismo que la conocida tasa de abandono escolar temprano. Ese otro indicador europeo analiza a los jóvenes de 18 a 24 años que tienen como máximo estudios de secundaria inferior y que no siguen ninguna educación o formación. En 2024, esa tasa se situaba en el 9,3% en la UE, bastante por debajo del 14,2% del nuevo estudio. Son dos fotografías distintas: una mira si alguna vez se dejó un programa a medias; la otra observa una situación educativa concreta en una edad determinada.
La diferencia no es menor. Alguien puede comenzar una carrera universitaria, abandonarla, matricularse después en otra y terminarla. Para esta estadística contará entre quienes abandonaron alguna vez un programa formal, pero sería bastante exagerado presentarlo como una persona que simplemente dejó de estudiar.
España supera ligeramente la media de la Unión Europea
En España, el porcentaje alcanza el 15,5% de los jóvenes de 15 a 34 años, frente al 14,2% del conjunto comunitario. El país queda así algo más de un punto porcentual por encima de la media europea, aunque lejos de los valores registrados en algunos Estados del norte y centro de Europa.
Los mayores porcentajes aparecen en Países Bajos, con un 32,2%; Dinamarca, con un 27,1%; Luxemburgo, con un 24,8%; y Estonia, con un 24,4%. En el extremo contrario están Rumanía, con un 1,5%; Grecia, con un 2,2%; y Bulgaria, con un 3,5%.
A primera vista puede resultar desconcertante. Países con sistemas educativos y mercados laborales generalmente considerados fuertes aparecen con tasas de abandono muy altas, mientras otros con mayores dificultades socioeconómicas muestran registros mínimos. Precisamente por eso conviene no utilizar este indicador como una clasificación automática de la calidad educativa de cada país.
La estructura de los estudios, la movilidad entre programas, la formación profesional, la facilidad para cambiar de itinerario y la frecuencia con la que los estudiantes combinan empleo y educación pueden alterar mucho el resultado. Abandonar una carrera para iniciar otra no tiene el mismo significado que salir del sistema educativo sin una cualificación básica, aunque ambas situaciones puedan entrar en determinadas categorías estadísticas.
La peculiar relación entre estudiar y trabajar
Eurostat observa una fuerte asociación entre el porcentaje de jóvenes que compaginan estudios y mercado laboral y las tasas de abandono de programas educativos. El coeficiente de correlación calculado para los países de la UE alcanza 0,77, una relación estadística considerable.
Países como Países Bajos, Dinamarca y Finlandia presentan simultáneamente una elevada participación de estudiantes en el mercado laboral y porcentajes altos de abandono de algún programa. Pero correlación no significa causalidad: los datos no permiten afirmar que trabajar mientras se estudia provoque necesariamente el abandono. También intervienen modelos educativos muy distintos, sistemas de aprendizaje remunerado y una mayor facilidad para entrar, salir o cambiar de formación.
Por qué abandonan los jóvenes sus estudios
Aquí aparece uno de los resultados más interesantes. El dinero no ocupa el primer puesto, ni siquiera se acerca.
El 42,6% de quienes habían abandonado algún programa señaló motivos relacionados con los propios estudios: el curso no respondía a sus expectativas, era demasiado difícil, no encajaba con sus intereses, la enseñanza se percibía como insuficiente o las perspectivas académicas y laborales resultaban distintas de lo esperado. Es, con bastante diferencia, la principal explicación.
Otro 18,5% mencionó razones familiares o personales, mientras un 7,8% señaló enfermedad o discapacidad. El 13,8% prefirió trabajar y solamente un 5,3% identificó los problemas económicos como la principal causa para dejar aquella formación.
Este último porcentaje requiere cierta cautela. Que solo el 5,3% señale expresamente el dinero como razón principal no significa que la situación económica carezca de influencia. Una persona que acepta un empleo y abandona sus estudios puede declarar que su motivo principal fue la preferencia por trabajar, aunque detrás haya alquileres, independencia familiar o sencillamente la necesidad de ingresos. Las encuestas obligan a encajar vidas bastante enredadas dentro de casillas inevitablemente más limpias.
Los motivos relacionados con el propio programa ganan peso conforme aumenta el nivel de estudios. Representan el 28,7% en los niveles educativos bajos, el 35,9% en los intermedios y llegan al 50,2% en la educación superior.
También resulta significativo dónde se producen esos abandonos. Entre quienes habían dejado alguna formación, alrededor del 36,2% abandonó estudios de secundaria superior y un 35% un grado universitario o equivalente. Al agrupar todos los niveles, más de la mitad de los abandonos registrados correspondieron a alguna modalidad de educación superior.
Dejar una carrera no equivale a abandonar la educación
Esta distinción cambia bastante la lectura del dato. Un universitario que prueba un grado durante un año, descubre que aquello no era lo suyo y empieza otro aparece en la estadística. También quien abandona una formación profesional para trabajar, quien regresa años después o quien cambia por completo de itinerario.
Por eso el 14,2% no puede interpretarse sin más como una generación perdida por el camino. El abandono puede ser temporal, y los datos muestran bastantes retornos posteriores al sistema educativo.
Eso no convierte el fenómeno en irrelevante. Cuando el abandono se produce en los niveles educativos más bajos, las consecuencias laborales son mucho más visibles.
Muchos vuelven a estudiar, pero el riesgo laboral persiste
Una parte considerable de quienes dejaron algún programa consiguió posteriormente alcanzar un nivel educativo igual o superior. Entre quienes habían abandonado estudios primarios o secundarios inferiores, el 37,7% terminó alcanzando después un nivel medio o alto.
Entre quienes dejaron la secundaria superior, un 35,5% terminó alcanzando posteriormente una titulación de nivel medio y un 5,6% llegó a estudios superiores. Incluso entre quienes abandonaron un grado universitario, alrededor del 29,2% terminó completando después un grado, un máster o un doctorado.
Ahí está probablemente el matiz que más modifica la imagen inicial. Abandonar unos estudios puede ser el comienzo de una salida prolongada del sistema educativo, sí, pero también un cambio de carrera, una interrupción temporal o una rectificación bastante sensata. A los 19 años, elegir qué hacer durante buena parte de la vida no siempre sale perfecto a la primera. Tampoco sería especialmente humano que así fuera.
La diferencia se aprecia con especial claridad al mirar a quienes ni trabajan ni estudian ni reciben formación. Entre quienes habían abandonado alguna vez un programa, esa proporción alcanza el 17,3%. Entre quienes nunca habían abandonado uno, baja al 11,2%.
La brecha se ensancha precisamente entre quienes dejan la educación en etapas tempranas. La tasa de jóvenes fuera tanto del empleo como de la formación llega al 32,4% entre quienes abandonaron en niveles educativos bajos y al 23,1% entre quienes lo hicieron en niveles medios. Para quienes dejaron estudios superiores, en cambio, se sitúa en un 10,5%.
No todos los abandonos pesan igual, por tanto. Dejar una universidad después de haber acumulado ya una formación considerable ofrece un punto de partida distinto al de abandonar muy pronto la educación secundaria. Bajo una misma palabra —abandono— caben biografías educativas que apenas se parecen.
En España esta distinción tiene especial relevancia. El país registró en 2024 un 13% de abandono temprano de la educación y la formación entre los jóvenes de 18 a 24 años, frente al 9,3% comunitario. Es otro indicador, con otra definición, pero señala una vulnerabilidad más concreta: jóvenes con un nivel educativo bajo que ya no continúan formándose.
El 14,2% cuenta una historia bastante más compleja
Decir que uno de cada siete jóvenes europeos ha dejado de estudiar alguna vez es, en términos aproximados, correcto. Decir que uno de cada siete ha abandonado definitivamente sus estudios, no. El dato mide si los europeos de entre 15 y 34 años han iniciado y dejado sin completar al menos un programa de educación o formación formal a lo largo de su vida.
La diferencia parece pequeña escrita sobre el papel, pero cambia por completo la interpretación. Un 14,2% ha vivido algún episodio de abandono educativo, España alcanza el 15,5% y los motivos relacionados con el propio programa son, de largo, los más frecuentes. Hay jóvenes que salen y no regresan; otros cambian de itinerario, vuelven años después o terminan obteniendo una cualificación superior.
El dato serio no necesita dramatismo añadido. Más interesante resulta dónde se produce el abandono y qué ocurre después. Cuando cortar los estudios significa quedar también lejos del empleo y de cualquier nueva formación, la cicatriz estadística se vuelve profunda. Cuando supone cambiar una carrera que no encajaba por otra que sí, estamos hablando de una historia bastante distinta.

Actualidad¿Qué se sabe hoy de los terremotos de Venezuela y cómo sigue el país?
Salud¿Por qué me duelen las piernas por dentro? Causas, síntomas y alertas
Naturaleza¿Dónde siguen activos los incendios en España este 28 de septiembre?
Economía¿Cómo funciona la nueva cuenta de Revolut al 3,51% TAE en España?
ActualidadSan Miguel 2026: fecha, día de la semana y santoral
Actualidad¿Cuánto cuesta el desfile de la Fiesta Nacional en Madrid en 2026?
Economía¿Cuándo llega Kaufland a España y qué ciudades tendrán compra online?
Actualidad¿Qué pasó con el terremoto de Colombia? Balance, víctimas y réplicas
Ocio¿Cuándo es Halloween 2026 en España y qué día se celebra este año?
ActualidadCalendario laboral 2026: ¿cuántos días festivos tendrás en España?
Salud¿Por qué mi sudor huele mal y antes no? Causas y cuándo preocuparse
Ocio¿Cómo queda la Liga Endesa? Fichajes, bajas y renovaciones 2026-27









