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¿Cómo sigue abierto tras 1.300 años el hotel más antiguo del mundo?

El hotel más antiguo del mundo abrió en 705 y sigue recibiendo huéspedes entre aguas termales, tradición japonesa y una historia fascinante.

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Nishiyama Onsen Keiunkan
Nishiyama Onsen Keiunkan / WIKIPEDIA

En una época en la que un hotel puede cambiar de dueño, de nombre y hasta de concepto antes de que se desgaste la moqueta del vestíbulo, en Japón existe un alojamiento cuya historia comenzó en el año 705. El Nishiyama Onsen Keiunkan, escondido entre las montañas de la prefectura de Yamanashi, está reconocido como el hotel más antiguo del mundo todavía en funcionamiento. Más de trece siglos recibiendo huéspedes. Dicho así, casi cuesta colocarlo en una escala humana.

No se trata, claro, de un edificio congelado desde el siglo VIII ni de una recepción cuyos empleados lleven 1.300 años entregándose las llaves de mano en mano. Lo extraordinario está en la continuidad del alojamiento y de sus aguas termales: el establecimiento nació junto a una fuente natural en 705 y la actividad ha sobrevivido a cambios de emperadores, guerras civiles, terremotos, revoluciones industriales y al pequeño detalle de que Japón todavía tardaría siglos en parecerse al país que conocemos.

Un hotel abierto cuando buena parte del mundo actual ni existía

El Nishiyama Onsen Keiunkan fue fundado por Fujiwara Mahito durante el segundo año de la era Keiun, de la que tomó su nombre. Está situado en Hayakawa, dentro de Yamanashi y al pie de los Alpes del Sur japoneses, lejos de los neones de Tokio y bastante más cerca del Japón de montañas, barrancos y bosques que de la postal urbana habitual.

La fecha resulta difícil de digerir sin comparaciones. El establecimiento ya existía siglos antes de la llegada de los europeos a América y mucho antes de que aparecieran numerosos Estados contemporáneos. No es, por tanto, un hotel antiguo en el sentido turístico de una casona decimonónica con lámparas de bronce. Es otra liga.

Su razón de ser tampoco fue originalmente el lujo tal como lo entendemos. Todo gira alrededor del onsen, el baño japonés alimentado por aguas termales naturales. El manantial ha abastecido el lugar desde sus orígenes y durante siglos acudieron hasta allí viajeros, personajes de la cultura y dirigentes militares. Entre los nombres asociados tradicionalmente a sus aguas aparecen Takeda Shingen y Tokugawa Ieyasu, una de las grandes figuras de la historia japonesa.

El verdadero secreto está debajo del hotel: agua termal

Hay hoteles históricos que sobreviven gracias a su fachada. Aquí el corazón está unos metros más abajo, bajo tierra. Nishiyama Onsen Keiunkan continúa utilizando agua termal procedente directamente de fuentes naturales y dispone de cuatro manantiales diferentes que abastecen sus instalaciones.

El establecimiento cuenta con seis espacios principales de baño, cuatro al aire libre y dos interiores. El agua contiene sodio, calcio y cloruros y procede de una zona geológicamente marcada por la Fossa Magna, una gran fractura que atraviesa parte del archipiélago japonés. Más que un complemento para vender habitaciones, las aguas ayudan a explicar por qué precisamente allí pudo echar raíces un negocio durante tantos siglos.

El paisaje hace el resto. Desde las habitaciones se contemplan las montañas de Kai y los barrancos de Hayakawa y Yukawa. No se ve el monte Fuji desde el propio establecimiento, aunque el hotel se encuentra en la misma prefectura. La imagen del lugar tiene poco que ver con el hotel internacional intercambiable de aeropuerto: tatamis, arquitectura japonesa, futones, madera y baños termales conviven con aire acondicionado, televisión, wifi y las comodidades esperables en un alojamiento contemporáneo.

Lo antiguo no significa que cada pared tenga 1.300 años

Aquí aparece una precisión importante. El edificio actual no tiene 1.300 años. Sería prácticamente milagroso, y la madera japonesa conoce bastante bien los terremotos, incendios, humedad y reconstrucciones.

El Keiunkan se ha transformado muchas veces. Las instalaciones fueron modernizándose a medida que cambiaba la sociedad japonesa y el alojamiento actual responde, en buena parte, a reformas mucho más recientes. Precisamente ahí reside una de las paradojas del récord: la continuidad no significa conservar cada tablón original, sino mantener vivo el establecimiento a través de sucesivas reconstrucciones y adaptaciones.

Es una diferencia que suele perderse cuando esta historia circula convertida en una frase espectacular. El récord reconoce la continuidad del hotel en funcionamiento desde 705, no la supervivencia intacta de una construcción del siglo VIII.

Las 52 generaciones de una familia y el dato que suele contarse mal

Durante más de trece siglos, la gestión estuvo vinculada a 52 generaciones de una misma familia, incluyendo sucesores adoptados, una práctica históricamente utilizada en Japón para preservar negocios familiares cuando no existía un heredero adecuado.

Pero esa cadena terminó. Y es un matiz importante porque todavía resulta frecuente encontrar referencias que presentan el establecimiento como si continuara dirigido por la misma familia.

En 2017, ante la ausencia de un familiar dispuesto a asumir la sucesión, el entonces director general, Kenjiro Kawano, pasó a ocupar la presidencia. La explotación quedó en manos de una nueva sociedad. El establecimiento siguió funcionando, pero la continuidad familiar directa dejó de existir.

Nada de eso le quita el récord. Más bien hace la historia más interesante. Una cosa es la longevidad del hotel y de su actividad, otra la permanencia del edificio y otra, distinta, la propiedad de una misma familia. Durante mucho tiempo las tres ideas quedaron empaquetadas en una leyenda sencilla; la realidad empresarial, como casi siempre, tiene letra pequeña.

Cómo se mantiene vivo un alojamiento durante trece siglos

No existe una fórmula secreta escondida detrás del mostrador. Parte de la explicación está en algo mucho menos romántico: cambiar cuando toca.

Nishiyama Onsen Keiunkan ha mantenido aquello que lo hace reconocible —su ubicación, el onsen, la cultura del ryokan y la hospitalidad japonesa— mientras sustituía instalaciones y asumía servicios modernos. Las habitaciones actuales incorporan baños y duchas alimentados con agua de manantial, climatización, frigorífico, televisión y caja fuerte; algunas estancias superiores disponen incluso de baños termales privados al aire libre.

La cocina sigue otro código clásico del ryokan. El alojamiento sirve menús kaiseki, una sucesión de pequeños platos construidos alrededor de ingredientes estacionales y presentados con una atención casi ceremonial. Entre los productos vinculados a la gastronomía de la zona aparece también la carne Koshu, procedente de Yamanashi.

No es un museo con camas. Esa puede ser precisamente una de las razones de su supervivencia. Un negocio que hubiese decidido conservar exactamente el servicio del año 705 probablemente habría durado bastante menos.

El récord mundial que Japón conserva desde 2011

El Nishiyama Onsen Keiunkan fue reconocido oficialmente en 2011 como el hotel más antiguo del mundo todavía en funcionamiento, con 705 como año de inicio de actividad. La certificación llegó trece siglos después de su apertura, lo que convierte cualquier aniversario empresarial moderno en algo bastante modesto.

Japón posee, además, una concentración singular de empresas centenarias y negocios transmitidos durante generaciones. La longevidad empresarial japonesa tiene raíces culturales, familiares y económicas particulares: sucesiones cuidadosamente organizadas, adaptación gradual y una relación con la tradición que no obliga necesariamente a convertirla en pieza de museo.

El récord transformó en fenómeno internacional algo que en Yamanashi formaba parte de una costumbre mucho más antigua: viajar hasta un valle apartado, ponerse un yukata, dejar los zapatos y entrar en agua caliente que brota de la montaña.

Hay cierta ironía. En plena industria turística obsesionada con estrenar hoteles, renovar marcas y vender conceptos nuevos cada temporada, uno de los establecimientos más célebres del planeta se apoya en una idea bastante poco disruptiva: seguir haciendo esencialmente aquello para lo que nació.

Un huésped de 2026 entra en una historia iniciada en el año 705

Quien se aloje actualmente en Nishiyama Onsen Keiunkan no dormirá entre paredes del siglo VIII ni encontrará una reliquia atrapada bajo una campana de cristal. Encontrará un ryokan moderno levantado sobre una continuidad histórica excepcional, con las mismas montañas alrededor y con el agua termal que explica buena parte de su existencia.

Quizá ahí está lo verdaderamente extraño del hotel más antiguo del mundo. No ha sobrevivido porque nada haya cambiado, sino porque casi todo pudo cambiar sin que desapareciera aquello que lo definía. Pasaron 52 generaciones familiares; después llegó una nueva estructura empresarial. Cambiaron habitaciones, baños, materiales y comodidades. El nombre permaneció. El valle permaneció. Y el agua siguió saliendo caliente de la montaña.

Desde 705. Mucho antes del turismo, de las estrellas hoteleras, de las plataformas de reservas y, por supuesto, de las reseñas con una estrella porque el wifi tardó tres segundos en conectarse.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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