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¿Por qué llegan a Valencia 41 Cercanías de Madrid con hasta 23 años?

Valencia recibe 41 trenes Civia usados de Madrid, con hasta 23 años, más capacidad y la polémica que reabre el debate ferroviario valenciano.

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lineas de ferrocarril

Valencia empieza a recibir 41 trenes Civia de la serie 465 procedentes principalmente de Madrid para renovar el material que presta servicio en las líneas C1, C2 y C6 de Cercanías. No son trenes recién salidos de fábrica: comenzaron a circular entre 2003 y 2012 y, por tanto, las unidades trasladadas tienen entre 14 y 23 años. Pero tampoco llegan para reemplazar a una flota más joven. Sustituirán progresivamente a 34 trenes de la serie 447, cuyo origen se remonta a principios de los años noventa, y a siete unidades de la serie 464.

El Ministerio de Transportes sostiene que el cambio permitirá aumentar alrededor de un 30% la capacidad en las tres líneas electrificadas afectadas. Un Civia 465 puede transportar hasta 748 viajeros, frente a las 549 plazas de una unidad de la serie 447, y dispone de cinco coches y zonas de piso bajo que facilitan el acceso a personas con movilidad reducida. La controversia, por tanto, no está tanto en si los nuevos convoyes mejoran los actuales —en varios aspectos lo hacen— como en llamar «modernización» al traslado de trenes de segunda mano desde Madrid. Ahí es donde el ferrocarril entra en territorio político, con puntualidad británica.

41 trenes usados, pero más jóvenes que los que sustituyen

Los números rebajan algo la temperatura del debate. Los Civia 465 fueron fabricados entre 2003 y 2012, mientras que la serie 447 que será retirada progresivamente empezó a prestar servicio a comienzos de la década de 1990. La operación rejuvenece así una parte relevante de la flota valenciana, aunque resulte difícil vender como estreno un tren que ya conoce de memoria los andenes madrileños.

La sustitución afecta a la C1, entre València y Gandia; la C2, que enlaza València con Xàtiva y Moixent; y la C6, entre València y Castelló. Son las líneas electrificadas donde Renfe puede emplear estas unidades. La previsión comunicada es que 22 Civia estén operativos antes de terminar 2026 y que las 19 unidades restantes se incorporen durante 2027. Dos de los trenes ya habían comenzado a prestar servicio esta semana en la red valenciana.

No se trata, además, de trasladar los convoyes tal y como salen de Madrid y cambiarles el destino en la pantalla. El material está pasando por un proceso de puesta a punto. Transportes asegura que se han renovado interiores y equipamientos, incluyendo butacas, accesorios, ordenadores de a bordo y espacios para bicicletas. Fuentes ministeriales sitúan la vida útil prevista de este tipo de tren entre 35 y 40 años, argumento con el que defienden que las unidades se encuentran todavía lejos del final de su ciclo operativo.

Más capacidad: de 549 a 748 viajeros

Para quien utiliza Cercanías cada mañana, la discusión sobre el año de fabricación puede quedar rápidamente eclipsada por algo bastante más prosaico: encontrar sitio. Cada Civia 465 dispone de cinco coches y capacidad para 748 personas. La serie 447, con tres coches, alcanza 549 plazas; la 464 llega aproximadamente a 600. El aumento de tamaño explica buena parte de ese 30% adicional de capacidad anunciado por Transportes.

También hay una diferencia apreciable en accesibilidad. Los Civia incorporan zonas de piso bajo a la altura del andén, concebidas para facilitar la entrada y salida de viajeros con movilidad reducida, además de coches más amplios y una distribución interior diseñada para tráficos metropolitanos intensos. No convierte un viaje con retraso en una experiencia zen —milagros ferroviarios, pocos—, pero sí elimina algunas barreras físicas que continúan presentes en material más antiguo.

Por qué Madrid deja libres estos Civia

El movimiento de trenes tiene otra pieza importante. Madrid está comenzando su propia renovación con unidades de nueva generación y mucha mayor capacidad, lo que permite redistribuir parte de los Civia hacia otros núcleos. Renfe prevé destinar inicialmente a Cercanías Madrid los nuevos trenes fabricados por Stadler, capaces de transportar hasta 912 pasajeros en las versiones de unos 100 metros y hasta 1.884 en las composiciones de alrededor de 200 metros.

La compañía justifica esa prioridad por la demanda. Según sus cifras, Cercanías Madrid mueve más de 730.000 viajeros diarios, alrededor del 55% de los desplazamientos de los servicios públicos ferroviarios de Renfe en España. La primera fase incluye 79 trenes contratados a Stadler por más de 1.300 millones de euros, dentro de un programa de renovación mucho mayor.

Y aquí aparece una de esas ironías territoriales que alimentan una polémica casi sin necesidad de combustible: parte de los nuevos trenes que recibirán los grandes núcleos se fabrica en la Comunitat Valenciana, mientras Valencia incorpora Civia que hasta ahora prestaban servicio principalmente en Madrid. El contraste es políticamente irresistible, aunque industrialmente fabricar un tren en un territorio no implica que deba prestar servicio allí. La asignación depende de necesidades de capacidad, características de cada línea, contratos y planificación de flota.

Transportes sostiene, además, que los nuevos trenes de alta capacidad destinados inicialmente a Madrid responden a una explotación ferroviaria diferente. Renfe prepara unidades de uno y dos pisos y hasta 200 metros para absorber volúmenes masivos de pasajeros; la empresa ha señalado que esas configuraciones no pueden trasladarse sin más a cualquier línea de la red española. No todos los trenes caben ni sirven en todas las líneas, por mucho que sobre el mapa todas parezcan dos raíles y una estación al final.

PP, Compromís y Vox cuestionan la «modernización»

La batalla política se ha concentrado precisamente en esa palabra: modernización. PP, Compromís y Vox han cuestionado que el Gobierno presente como una gran renovación la llegada de trenes utilizados durante años en Madrid. El PP habla de una solución insuficiente para unas Cercanías que acumulan problemas de puntualidad, averías y cancelaciones; Vox ha endurecido todavía más el lenguaje, mientras Compromís acepta que aumentar la capacidad es necesario pero rechaza equiparar esta operación con la renovación estructural que reclama para la red valenciana.

Compromís ha llevado el asunto al Congreso. La diputada Àgueda Micó ha pedido al Gobierno que explique los criterios utilizados para asignar los 41 Civia a Valencia, por qué se eligieron unidades procedentes principalmente de Madrid y cuál será el coste total de su traslado, reacondicionamiento y puesta en servicio. La coalición reclama también información detallada sobre el calendario previsto.

El PSPV defiende la operación y sostiene que el dato relevante es la mejora respecto al material existente. El argumento gubernamental sigue esa línea: los Civia no son nuevos, pero tienen más capacidad, mejores condiciones de accesibilidad y una edad inferior a buena parte de los trenes que reemplazarán. La discusión política añade el resto: quién invirtió menos cuando gobernaba, quién prometió más, quién llega tarde. Un clásico español que cambia de ancho de vía, pero rara vez de guion.

Lo que estos trenes no pueden solucionar

Conviene separar material rodante e infraestructura. Un tren más moderno no arregla una vía, una catenaria o un sistema de señalización. Tampoco crea por sí solo nuevas frecuencias si la capacidad ferroviaria de un tramo está saturada. Ahí reside probablemente la parte más sólida de las críticas: los 41 Civia pueden mejorar la experiencia cotidiana y transportar más viajeros, pero no sustituyen las inversiones pendientes en la propia red.

Hay actuaciones en marcha. Adif licitó en junio de 2026 cerca de 7,8 millones de euros para construir una nueva subestación eléctrica en Gandia destinada a reforzar la fiabilidad de la C1. En la C2 continúan las inversiones relacionadas con la duplicación de vía entre La Encina y L’Alcúdia de Crespins, mientras la C3 mantiene un programa mucho más complejo de reconstrucción y modernización tras los enormes daños causados por la dana de octubre de 2024.

Precisamente la C3 enseña por qué hablar simplemente de «41 trenes nuevos para Cercanías Valencia» sería engañoso. Los Civia se destinan a C1, C2 y C6, no a todo el núcleo valenciano. Adif trabaja en la C3 en proyectos como la duplicación de unos 12 kilómetros entre València y Aldaia, con una inversión aproximada de 80 millones de euros, además de actuaciones para su futura electrificación y la renovación del corredor hacia Buñol y Utiel.

La fiabilidad que percibe el pasajero depende de ese conjunto. Tren, vía, alimentación eléctrica, señalización, mantenimiento, organización del tráfico y frecuencias forman la misma máquina. Cambiar una pieza ayuda; pretender que cambia el sistema entero sería otra cosa.

¿Son demasiado viejos unos trenes con 23 años?

La edad por sí sola no determina si un tren es seguro o adecuado para circular. El material ferroviario está sometido a ciclos de mantenimiento, revisiones y autorizaciones técnicas durante toda su vida operativa. La Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria supervisa en España la seguridad del material rodante que circula por la Red Ferroviaria de Interés General, y los vehículos cuentan con planes específicos de mantenimiento.

Eso no convierte la antigüedad en un dato irrelevante. Un vehículo más veterano puede exigir mayores necesidades de mantenimiento, y la fiabilidad efectiva dependerá de su estado, de las renovaciones realizadas y de cómo responda durante el servicio. La cuestión razonable no es decidir que un tren de 23 años es automáticamente malo ni asumir que un interior renovado lo convierte mágicamente en nuevo. Hay bastante espacio entre ambos extremos.

En este caso, el material transferido pertenece precisamente a la generación Civia que hasta ahora constituía la referencia de mayor capacidad dentro de la flota convencional de Cercanías de Renfe. Los nuevos trenes de Stadler y Alstom que empiezan a incorporarse en 2026 abren ya otra generación tecnológica y permiten mover esas unidades hacia redes donde reemplazan material anterior. Es, esencialmente, una redistribución escalonada de flota.

Más plazas ahora y una modernización que sigue pendiente

La polémica admite dos verdades al mismo tiempo, algo incómodo en política pero bastante habitual fuera de ella. Valencia recibirá trenes usados de entre 14 y 23 años, procedentes principalmente de Madrid. Y esos mismos trenes son más recientes, más capaces y más accesibles que buena parte del material al que sustituirán. Presentarlos como recién estrenados sería falso; describirlos simplemente como chatarra madrileña tampoco explica lo que realmente cambia.

Para el viajero, la prueba será menos retórica. Antes de acabar 2026 deberían estar operativas 22 unidades y durante 2027 tendría que completarse la incorporación de las 41. Entonces se podrá medir lo importante: capacidad real en hora punta, averías, cancelaciones, accesibilidad y regularidad. Dos unidades ya han comenzado a circular; queda prácticamente toda la operación por desplegar.

Y después seguirá pendiente el asunto grande. Las Cercanías valencianas no se modernizan únicamente cambiando trenes. Necesitan infraestructura fiable, electrificación donde falta, más capacidad ferroviaria, estaciones adecuadas y frecuencias que respondan a la demanda. Los Civia pueden aliviar parte del problema. No son, ni pretenden poder ser técnicamente, la solución completa. Entre llamarlos «trenes nuevos» y despacharlos como «trenes viejos» hay una realidad bastante menos cómoda y bastante más útil: Valencia recibe material de segunda mano que mejora al actual, mientras espera una renovación más profunda de su red.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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