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¿Qué ha pasado en Tokio? Terremoto de 5,9 deja 37 heridos y daños

Un terremoto de magnitud 5,9 sacude Tokio, deja 37 heridos y provoca daños y retrasos, sin alerta de tsunami ni incidentes nucleares graves.

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Tokio

Tokio y buena parte del este de Japón se despertaron de golpe este domingo 23 de agosto. Un terremoto de magnitud 5,9 sacudió la región de Kanto alrededor de las 2:00 de la madrugada, hora local, y dejó al menos 37 personas heridas en cinco prefecturas. La mayoría sufrió lesiones leves. No se emitió alerta de tsunami y las autoridades no han informado de daños graves generalizados ni de anomalías en instalaciones nucleares.

El epicentro se localizó en el sur de la prefectura de Ibaraki, al norte de la capital japonesa, a unos 70 kilómetros de profundidad, según la Agencia Meteorológica de Japón. La institución calculó inicialmente una magnitud de 5,9, mientras que el Servicio Geológico de Estados Unidos situó el movimiento en 5,8. Una diferencia pequeña y perfectamente normal entre redes de medición distintas; no, un decimal arriba o abajo no convierte de pronto un terremoto moderado en el fin del mundo.

La sacudida, sin embargo, fue muy perceptible. Sonaron las alertas sísmicas de los teléfonos móviles, los edificios oscilaron y muchas personas fueron sorprendidas mientras dormían. En algunos puntos se produjeron caídas, golpes contra muebles y pequeños incidentes domésticos. Tokio tembló con fuerza, pero la fotografía de las primeras horas es la de una gran metrópoli alterada, no devastada.

El seísmo que despertó a Tokio

El terremoto alcanzó una intensidad de 5 inferior en la escala sísmica japonesa, que va de 0 a 7, en zonas de Ibaraki, Saitama, Chiba y Tokio. Entre los puntos de la capital donde se registró esa intensidad figura el distrito de Adachi; otras áreas metropolitanas marcaron un nivel 4.

Conviene detenerse ahí porque las cifras pueden confundir. La magnitud 5,9 expresa la energía liberada por el terremoto; la escala japonesa, conocida como shindo, mide cuánto se mueve realmente el suelo en cada lugar. No son dos formas distintas de contar exactamente lo mismo.

Por qué un 5,9 pudo sentirse con tanta claridad

Un nivel 5 inferior ya supone una sacudida seria para quien está dentro de una vivienda: es difícil ignorarla, algunas personas necesitan agarrarse a algo y los objetos sin fijar pueden desplazarse o caer. En una ciudad vertical como Tokio, llena de torres, estanterías, ascensores y millones de personas durmiendo a esas horas, el efecto psicológico es inmediato. Primero suena el móvil. Segundos después, se mueve la habitación.

La profundidad del foco, estimada en alrededor de 68-70 kilómetros, también explica que las ondas sísmicas fueran percibidas en una zona amplia de Kanto. La Agencia Meteorológica detectó asimismo ondas capaces de producir oscilaciones prolongadas en edificios altos de la región de Tokio.

Nada extraordinario para la geología japonesa; bastante extraordinario para cualquiera que se despierte a las dos de la mañana porque la cama ha decidido desplazarse por su cuenta.

37 heridos y daños localizados

El balance provisional asciende a 37 heridos: 15 en Tokio, nueve en Saitama, ocho en Kanagawa, cuatro en Chiba y uno en Ibaraki, de acuerdo con los datos recopilados por las autoridades locales y los servicios japoneses de gestión de emergencias. La mayoría de las lesiones fueron leves y estuvieron relacionadas con caídas o golpes sufridos durante los segundos posteriores al movimiento.

Uno de los casos de mayor consideración corresponde a una mujer de más de 80 años que cayó de la cama en Yokohama, en la prefectura de Kanagawa, y sufrió una lesión grave en la cadera. Es un detalle menos espectacular que las imágenes de lámparas balanceándose, pero explica bastante bien dónde se concentra a menudo el verdadero peligro de los terremotos moderados: en esos pocos segundos de desorientación, cuando alguien se levanta precipitadamente, tropieza o intenta alcanzar una puerta.

También se registraron daños materiales puntuales. Una tubería subterránea de agua se rompió en el distrito tokiota de Koto y el agua terminó extendiéndose por una calzada. La conducción fue posteriormente reparada y la fuga quedó detenida.

Magnitud e intensidad no cuentan la misma historia

La cifra 5,9 tiene inevitablemente protagonismo en los titulares, pero no basta para medir las consecuencias de un terremoto. La profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de terreno y los edificios importan mucho. Hasta la hora puede cambiar el balance.

En este caso, el movimiento se produjo de madrugada, cuando buena parte de la población dormía. De ahí que numerosas lesiones fueran provocadas por caídas y golpes contra muebles o puertas, más que por derrumbes. Japón construye pensando obsesivamente en los terremotos —una obsesión bastante razonable cuando el suelo tiene estas costumbres— y esa preparación ayuda a explicar la distancia entre una sacudida notable y un desastre estructural.

Trenes retrasados y una tubería rota en Koto

El transporte ferroviario sufrió alteraciones durante las primeras horas. Algunos trenes expresos con destino a Tokio y al aeropuerto de Narita, así como servicios regionales del noreste, acumularon retrasos mientras se comprobaban las instalaciones y las vías. Los trenes de alta velocidad Shinkansen, en cambio, continuaron funcionando con normalidad.

También se notificaron interrupciones eléctricas limitadas que afectaron inicialmente a varios centenares de viviendas de Tokio, aunque el suministro fue recuperándose durante la mañana. El panorama urbano fue, en conjunto, bastante menos dramático que la violencia de los primeros segundos: carreteras abiertas, circulación visible en ciudades próximas y servicios esenciales funcionando mientras los equipos revisaban posibles desperfectos.

Ese contraste forma parte de la peculiar relación de Japón con los terremotos. Las alarmas llegan al móvil, los trenes reducen velocidad, las instalaciones se inspeccionan y los organismos públicos activan sus protocolos casi de manera automática. No significa que el riesgo desaparezca. Significa que una parte considerable de la respuesta está preparada antes de que llegue el temblor.

Sin tsunami y con vigilancia de posibles réplicas

La Agencia Meteorológica de Japón confirmó que no existía peligro de tsunami asociado al terremoto. Tampoco se detectaron anomalías en aproximadamente una docena de centrales y otras instalaciones relacionadas con materiales nucleares que fueron revisadas tras el movimiento. Entre ellas se encuentran Tokai número 2, en Ibaraki, y las instalaciones de Fukushima.

La comprobación nuclear es casi un reflejo institucional en Japón desde la catástrofe de Fukushima de 2011. En esta ocasión, los operadores comunicaron que no habían observado alteraciones y que los niveles de radiación en el entorno de las plantas examinadas permanecían sin cambios.

El Gobierno japonés puso en marcha un equipo para evaluar los daños y coordinar la información. La Agencia Meteorológica pidió a los habitantes de la región que mantengan la precaución durante aproximadamente una semana ante la posibilidad de nuevos temblores de intensidad relevante. Esa advertencia no significa que esté previsto un terremoto concreto; la sismología todavía no ofrece semejante lujo. Indica que, después de un movimiento significativo, la probabilidad de actividad adicional es mayor de lo habitual.

El episodio llega, además, menos de un mes después del fuerte terremoto que golpeó la zona de Kumamoto, en la isla de Kyushu, el 28 de julio. Aquel movimiento alcanzó una magnitud de 7,1 y tuvo consecuencias mucho más graves. La proximidad temporal puede resultar llamativa, pero dos terremotos cercanos en el calendario no tienen por qué estar relacionados: Japón ocupa una de las áreas tectónicamente más activas del planeta y los seísmos responden a sistemas y zonas de falla diferentes.

Japón convive con el riesgo, pero no lo banaliza

A media mañana del domingo, el balance del terremoto de Tokio seguía siendo relativamente contenido: 37 heridos, daños locales y retrasos ferroviarios, sin alerta de tsunami ni indicios de problemas en las instalaciones nucleares examinadas. La situación continúa bajo vigilancia, sobre todo por la posibilidad de réplicas durante los próximos días.

La escena deja una paradoja muy japonesa. Un terremoto capaz de despertar a millones de personas, hacer oscilar edificios y paralizar momentáneamente parte del transporte puede acabar convertido, pocas horas después, en una mañana de comprobaciones, reparaciones y trenes que vuelven a circular. No porque el seísmo fuese irrelevante, sino porque la prevención sísmica forma parte de la arquitectura cotidiana del país.

El suelo se movió. Tokio también, literalmente. Después llegaron los inspectores, los operarios y esa rutina extraña que solo puede resultar rutinaria en un país acostumbrado a vivir sobre una de las zonas tectónicas más inquietas del planeta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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