Síguenos

Actualidad

¿Por qué The Guardian reclama apoyo europeo para Sánchez por Ceuta?

El editorial de The Guardian sobre Ceuta pide apoyo europeo a España, cuestiona los ataques a Sánchez y reabre el debate sobre Marruecos y la UE.

Foto del avatar

Publicado

el

los archivos del The Guardian

Por Kaihsu - The Guardian Newsroom, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • The Guardian pide solidaridad europea con España tras la crisis de Ceuta
  • El diario cuestiona que Pedro Sánchez cargue solo con el coste político
  • Ceuta mantiene presión migratoria y el papel de Marruecos sigue bajo debate

The Guardian ha tomado posición en el debate europeo abierto por la crisis migratoria de Ceuta y lo ha hecho con una tesis bastante nítida: convertir a Pedro Sánchez y a España en culpables únicos del episodio no ayuda a resolverlo. En un editorial publicado tras la entrada masiva desde Marruecos, el diario británico sostiene que los principales líderes europeos deberían ofrecer cooperación y solidaridad al Gobierno español en lugar de utilizar Ceuta como munición en sus respectivas batallas políticas.

La posición tiene un matiz importante. No se trata de una información que demuestre que Sánchez gestionó correctamente todos los aspectos de la crisis, sino de un editorial del periódico, una toma de posición sobre cómo ha reaccionado Europa. Tampoco borra los interrogantes que siguen abiertos sobre Marruecos, las alertas previas o la respuesta del Ejecutivo. El foco está en otro sitio: la facilidad con la que una emergencia fronteriza se transforma, apenas unas horas después, en una competición por ver quién pronuncia más veces la palabra invasión.

Qué ha dicho realmente The Guardian sobre Sánchez y Ceuta

El periódico británico dedicó un editorial específicamente a los acontecimientos de Ceuta. Su idea central aparece desde el planteamiento del texto: frente a los reproches dirigidos contra España, los dirigentes europeos deberían mostrar solidaridad con Pedro Sánchez y colaborar para impedir que vuelva a producirse un episodio semejante.

El editorial considera que la crisis fue rápidamente utilizada por fuerzas políticas de derecha radical para endurecer el discurso sobre inmigración. Menciona las reacciones producidas fuera de España y sostiene que parte de ellas respondía menos a las particularidades de Ceuta que a las necesidades electorales de cada país. La frontera convertida en cartel de campaña, vaya.

Ahí entra también la crítica a dirigentes como Giorgia Meloni y Friedrich Merz. Según el análisis del diario, ambos estaban sometidos a presiones políticas por su flanco derecho, mientras representantes de AfD en Alemania presentaban a los migrantes llegados a Ceuta como una potencial amenaza para su propio país. El episodio español pasaba así a convertirse en argumento de política interna europea.

La geografía, sin embargo, tiene la desagradable costumbre de no obedecer a los eslóganes. Ceuta no pertenece al espacio Schengen en las mismas condiciones que la España peninsular y una persona llegada irregularmente a la ciudad autónoma no puede desplazarse libremente al continente como quien cambia de vagón en una estación. Existen controles específicos para viajar hacia la Península. Ese detalle administrativo, bastante menos espectacular que un mitin, cambia una parte sustancial del relato.

Del gran cruce de julio a una crisis que todavía continúa

Las cifras necesitan contexto porque los distintos balances han descrito momentos diferentes del mismo fenómeno. Durante el gran episodio de finales de julio, decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos y una parte importante regresó posteriormente. Los balances difundidos pocos días después situaban el movimiento acumulado en torno a 60.000 cruces, con numerosos retornos voluntarios durante las primeras 48 horas.

La crisis, no obstante, no terminó aquella tarde. El balance acumulado disponible a comienzos de septiembre sitúa en al menos 72.000 los cruces registrados durante unas cinco semanas, mientras más de 10.000 migrantes continuaban en Ceuta. Entre ellos hay también menores no acompañados y personas alojadas en dispositivos provisionales o en condiciones muy precarias.

Eso explica por qué Ceuta continúa viviendo bajo una presión excepcional incluso después de que desaparecieran de las pantallas las imágenes más impactantes de la frontera. Hay protestas vecinales, problemas de alojamiento, tensión política y episodios de violencia. El Gobierno amplió la capacidad de los centros temporales y reforzó el despliegue policial, pero la presión sobre una ciudad de dimensiones reducidas sigue siendo enorme.

La crítica del diario británico a la política europea

El argumento más interesante de The Guardian no consiste tanto en defender la política migratoria española como en cuestionar una determinada reacción europea. El periódico considera contraproducente que cada crisis fronteriza termine convertida en una carrera de acusaciones entre gobiernos que, en teoría, comparten fronteras exteriores, instituciones y una política migratoria común.

Ceuta es territorio español y, por tanto, una de las puertas exteriores de la Unión Europea. Lo que ocurra allí no puede contemplarse únicamente como un problema doméstico de Sánchez, del Ministerio del Interior o del presidente ceutí, Juan Jesús Vivas. Ese es el fondo de la tesis británica: si la Unión presume de tener una frontera común cuando toca regularla, resulta llamativo descubrir fronteras estrictamente nacionales cuando toca soportar la presión.

El editorial también rebate la imagen de una Europa sometida de forma homogénea a un crecimiento imparable de entradas irregulares. Su razonamiento recuerda que los cruces detectados en las fronteras exteriores europeas venían registrando descensos respecto a periodos anteriores. La situación de Ceuta fue extraordinaria precisamente porque rompió bruscamente esa tendencia, no porque representase automáticamente lo que ocurría en todos los corredores migratorios del continente.

Solidaridad con España no significa absolver al Gobierno

Aquí aparece una distinción que el ruido político tiende a triturar. El respaldo expresado por The Guardian frente a los ataques europeos no significa que la gestión del Gobierno español quede fuera de discusión. Una cosa es rechazar que España sea señalada como responsable única y otra muy distinta convertir cada decisión del Ejecutivo en intocable.

El propio editorial señala que España no estaba preparada para una llegada de aquella magnitud. Más de un mes después seguían existiendo críticas importantes a la velocidad de respuesta del Ejecutivo. Residentes, organizaciones sociales y autoridades locales reclamaban más medios mientras Madrid y Ceuta mantenían diferencias sobre alojamiento, retornos y distribución territorial. La capacidad de acogida se convirtió rápidamente en uno de los puntos más delicados.

Existe incluso una movilización ciudadana que intenta escapar de la pelea partidista. La iniciativa Por Ceuta, que reclama simultáneamente respeto a los derechos de los residentes y de los migrantes, más seguridad y el retorno ordenado de quienes no tengan derecho a permanecer en España, ha logrado una considerable adhesión social. El fenómeno es significativo porque refleja un malestar local bastante más complejo que las etiquetas utilizadas desde Madrid.

La indignación de una población sometida durante semanas a una situación excepcional no pertenece automáticamente a la extrema derecha, del mismo modo que reclamar derechos para los migrantes tampoco equivale a defender fronteras abiertas. Reducir cada posición a una etiqueta deja una discusión muy cómoda, sí, pero poco útil para entender Ceuta.

Marruecos sigue siendo la gran incógnita de la crisis

El editorial británico introducía otro elemento delicado: el comportamiento de Marruecos. The Guardian señalaba que las autoridades marroquíes parecieron hacer poco inicialmente para impedir el éxodo y recordaba que Rabat mantiene su histórica reivindicación sobre Ceuta. Pero entre considerar insuficiente un control fronterizo y demostrar que existió una operación organizada por el Estado marroquí hay una distancia considerable.

Precisamente esa distancia se encuentra en el centro de la polémica política española. Alberto Núñez Feijóo sostiene que Marruecos coordinó la llegada masiva y acusa al Gobierno de haber ocultado información. El Ejecutivo rechaza esa interpretación y sostiene que los informes policiales conocidos no permiten atribuir a Rabat la planificación ni la ejecución de la entrada masiva en los términos planteados por la oposición.

La controversia, por tanto, sigue abierta. Sindicatos policiales han asegurado que existieron advertencias previas sobre el riesgo de una entrada masiva y reclaman responsabilidades por no haber reforzado suficientemente el dispositivo. Formaciones de distinto signo también han pedido explicaciones sobre la actuación del Ministerio del Interior. La discusión atraviesa varios partidos; no encaja limpiamente en el habitual Gobierno contra oposición.

El editorial llegó antes de la última batalla política

También importa la cronología. El texto de The Guardian fue publicado a comienzos de agosto, mientras que la actual polémica sobre el contenido de los informes policiales estalló semanas después. Utilizar aquel editorial como prueba definitiva de lo que ocurrió realmente en Marruecos sería ir mucho más lejos de lo que el propio diario británico sostuvo.

Su tesis era política y europea: una emergencia semejante necesita coordinación, no una sucesión de gobiernos utilizando España como advertencia electoral para sus votantes. Eso puede compartirse o discutirse. Lo que el editorial no hace es resolver quién permitió, alentó o pudo impedir exactamente la entrada masiva en Ceuta.

Ceuta vuelve a enseñar las costuras de Europa

La intervención de The Guardian resulta incómoda porque coloca la crisis en un plano que trasciende el habitual combate español entre Sánchez, Feijóo y Vox. Ceuta es simultáneamente una crisis migratoria, humanitaria, diplomática y europea. Mirarla solo desde una de esas ventanas produce una fotografía inevitablemente recortada.

El Gobierno tiene que explicar qué información manejaba, cuándo la recibió y por qué el dispositivo no pudo contener una llegada de semejante magnitud. Marruecos debe aclarar el comportamiento de sus fuerzas fronterizas. La Unión Europea, mientras tanto, tiene que decidir hasta dónde llega realmente la solidaridad entre sus socios cuando una frontera exterior entra en tensión.

La oposición tiene todo el derecho a exigir responsabilidades, fiscalizar al Ejecutivo y discutir su política migratoria. Otra cosa es convertir a cada persona que cruza una frontera en una unidad de un ejército invasor porque la palabra funciona bien en un titular. Ese salto semántico puede resultar rentable políticamente, pero empobrece la discusión sobre inmigración y difumina las responsabilidades concretas.

Una defensa de España más que una absolución de Sánchez

Eso, en esencia, es lo que The Guardian ha colocado encima de la mesa. No una absolución política de Pedro Sánchez, sino una defensa de España frente al señalamiento europeo y frente a la tentación de buscar un culpable nacional para un problema que rebasa ampliamente las fronteras de Ceuta.

La crisis deja preguntas sobre la preparación española, el comportamiento de Marruecos, la capacidad de acogida y el papel de Bruselas. También deja una contradicción difícil de esconder: las fronteras de Europa parecen comunes mientras todo funciona. Cuando dejan de hacerlo, de pronto aparecen propietarios. Y buena parte de la discusión sobre Ceuta empieza exactamente ahí.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.