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¿Qué ha pasado en Granada? Terremoto, epicentro, daños y réplicas

Granada registra un terremoto de magnitud 3,6 con epicentro en Armilla, réplicas posteriores y decenas de avisos, pero sin daños materiales.

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Granada ha sentido este domingo un terremoto de magnitud 3,6 cuyo epicentro ha quedado situado, tras la revisión de los cálculos, al suroeste de Armilla. El movimiento se produjo a las 15:39:28, hora peninsular, fue muy superficial y alcanzó una intensidad máxima de entre III y IV. La sacudida se percibió con claridad en la capital y en buena parte del área metropolitana, pero no ha causado daños personales ni materiales.

El servicio de emergencias 112 recibió 44 llamadas desde una decena de municipios. Siete minutos después llegó una réplica de magnitud 1,7 cerca de Armilla y, a las 16:11, otro movimiento de magnitud 2 al noroeste de Alhendín. La secuencia pública disponible no muestra una escalada posterior: hasta las 20:28 no figuraban nuevos terremotos granadinos de magnitud igual o superior a 1,5, o sentidos por la población, después del registrado en Alhendín.

Fue una sacudida corta, apenas unos segundos, aunque suficientemente cercana como para mover sofás, hacer vibrar cristales y despertar ese recuerdo sísmico que en Granada nunca queda demasiado enterrado. No hace falta un terremoto enorme para provocar un buen sobresalto cuando el foco está prácticamente bajo las casas.

La primera información hablaba de una magnitud 3,7 y colocaba el epicentro en Ogíjares, a seis kilómetros de profundidad. La revisión posterior del Instituto Geográfico Nacional rebajó ligeramente la magnitud y desplazó la localización hacia Armilla. La geología, poco amiga de los titulares definitivos a la primera, obliga a afinar los datos conforme llegan nuevas señales de las estaciones sísmicas.

El dato oficial: magnitud 3,6 y epicentro en Armilla

El registro actualizado del Instituto Geográfico Nacional sitúa el seísmo principal a las 15:39:28, con coordenadas próximas al límite entre Armilla, Ogíjares y otros municipios del cinturón metropolitano. La tabla de actividad reciente lo localiza al suroeste de Armilla, le asigna una magnitud mbLg de 3,6 y marca una profundidad de 0 kilómetros, es decir, un movimiento considerado superficial dentro de la precisión del cálculo.

La intensidad máxima fue de III-IV en la escala macrosísmica europea. Esa cifra no mide la energía liberada, sino cómo fue percibida la sacudida y qué efectos produjo en cada lugar. En este rango, muchas personas pueden notar el movimiento dentro de los edificios; puertas, ventanas, lámparas o muebles ligeros vibran, pero no se esperan daños estructurales en construcciones en buen estado.

La cercanía del epicentro a una zona densamente poblada explica el revuelo. Armilla se encuentra pegada a Granada capital y forma parte de una trama urbana prácticamente continua con Ogíjares, Churriana de la Vega, Las Gabias, La Zubia y otros municipios. El terremoto no tuvo que viajar demasiado para llegar a dormitorios, salones, terrazas y comercios.

Por qué algunos medios hablaron de Ogíjares y magnitud 3,7

Los primeros cálculos del IGN situaron el epicentro al noroeste de Ogíjares, con magnitud 3,7 y seis kilómetros de profundidad. Esos datos alimentaron las alertas iniciales y fueron reproducidos por numerosos medios. Más tarde, el organismo recalculó el evento como un seísmo de magnitud 3,6 al suroeste de Armilla.

No se trata de dos terremotos distintos. Es el mismo movimiento, identificado con el mismo código sísmico, pero revisado al incorporarse más información instrumental. Estas correcciones son habituales: la primera estimación se publica con rapidez para informar a la población y después se ajustan la magnitud, la profundidad y la posición del epicentro.

La distancia entre las dos localizaciones propuestas es pequeña. Armilla y Ogíjares son municipios contiguos, de modo que la modificación cambia el nombre que aparece en el parte, pero no altera el cuadro general: el terremoto ocurrió bajo el sector sur del área metropolitana de Granada.

Dónde se sintió y qué daños dejó

La primera llamada al 112 entró a las 15:42, unos tres minutos después del movimiento principal. El centro coordinador terminó gestionando 44 avisos procedentes de Granada capital, Monachil, Huétor Vega, Maracena, Alhendín, Ogíjares, Cúllar Vega, Vegas del Genil, La Zubia y Armilla. Eran ciudadanos informando de que habían sentido una vibración, un golpe seco o un movimiento de muebles y ventanas.

No hay constancia de heridos, desprendimientos ni daños materiales. Tampoco fue necesario activar intervenciones de rescate. El balance quedó reducido al susto, a las llamadas de comprobación y a una rápida cascada de mensajes en redes sociales, donde los testimonios coincidían en la brusquedad del temblor.

La percepción no fue idéntica en todos los puntos. Cerca del epicentro se describió una sacudida fuerte y corta, mientras que en lugares más alejados se notó como una vibración ligera o un balanceo. La planta del edificio, el tipo de suelo, la orientación del inmueble y hasta la posición de la persona influyen. Quien estaba sentado en silencio probablemente lo sintió mejor que quien caminaba por una calle concurrida.

Varios vecinos relataron movimientos de camas y sofás, ruido de cristales y pequeños objetos desplazados. Son efectos compatibles con una intensidad III-IV. Aparatosamente domésticos, sí; destructivos, no. La diferencia importa, sobre todo cuando las redes sociales convierten cualquier lámpara oscilando en el tráiler de una catástrofe.

Las réplicas y los otros seísmos del domingo

La primera réplica se registró a las 15:46:24, apenas siete minutos después del terremoto principal. Tuvo una magnitud de 1,7, se localizó al sureste de Armilla y su foco fue calculado a seis kilómetros de profundidad. Por su menor energía, pasó inadvertida para buena parte de la población.

A las 16:11:56 se produjo otro seísmo, esta vez de magnitud 2, al noroeste de Alhendín y también muy superficial. Fue sentido por algunos vecinos, aunque no generó incidencias. Desde ese momento y hasta la última consulta de la tarde, el listado público del IGN no recogía nuevos movimientos próximos de magnitud igual o superior a 1,5.

La provincia ya había registrado otros dos pequeños terremotos antes de la sacudida de Armilla. Ambos tuvieron el epicentro en el entorno de Loja y magnitud 1,6: el primero ocurrió a las 12:39, a siete kilómetros de profundidad, y el segundo a las 13:18, con carácter superficial. Por su distancia respecto al área metropolitana, no basta la coincidencia horaria para afirmar que formen parte de la misma secuencia.

La aparición de movimientos menores tras un seísmo principal entra dentro del comportamiento habitual de una zona de falla. La roca reajusta tensiones y puede generar réplicas durante horas, días o incluso más tiempo. Su número y evolución no pueden conocerse por adelantado.

Por qué se notó tanto un terremoto moderado

Una magnitud 3,6 es relativamente baja y, por sí sola, no suele asociarse a daños importantes. Sin embargo, la profundidad y la distancia al epicentro cambian por completo la experiencia. Un terremoto pequeño y superficial bajo una zona urbana puede sentirse de manera más brusca que otro bastante mayor ocurrido a decenas de kilómetros bajo tierra.

La energía tuvo que recorrer muy poca corteza antes de alcanzar la superficie. Llegó concentrada, como un golpe seco bajo el suelo, y lo hizo en un área con cientos de miles de habitantes. Esa combinación explica la amplia percepción y el número de llamadas sin necesidad de recurrir a interpretaciones extraordinarias.

Magnitud e intensidad no son lo mismo. La magnitud expresa el tamaño físico del terremoto y la energía liberada en el foco. Es un único valor para todo el evento. La intensidad, en cambio, describe sus efectos en un lugar determinado: cuánto se movieron los objetos, cuántas personas lo sintieron o si aparecieron daños. Por eso un mismo terremoto puede alcanzar intensidad IV cerca del epicentro y apenas intensidad II en localidades más alejadas.

Tampoco resulta preciso hablar de “3,6 grados” como si fuera una temperatura. El IGN utiliza en este caso la magnitud mbLg, empleada para movimientos regionales. En el lenguaje cotidiano continúa apareciendo la expresión “escala de Richter”, pero los sismólogos manejan distintas escalas según la distancia, el tipo de ondas registradas y el tamaño del evento.

Granada, una tierra atravesada por fallas activas

La Vega de Granada es una de las zonas con mayor actividad sísmica de la Península. Bajo su paisaje aparentemente tranquilo existe una red de fallas que absorbe la deformación provocada por la interacción entre las placas africana y euroasiática. Ambas se aproximan a un ritmo estimado de cuatro a cinco milímetros al año; una cantidad diminuta a escala humana, suficiente para acumular tensión durante años.

Las fallas normales de la cuenca granadina generan periodos recurrentes de terremotos pequeños o moderados. Algunos aparecen aislados; otros forman enjambres sísmicos, es decir, concentraciones de numerosos movimientos próximos en el espacio y en el tiempo. Un terremoto seguido de dos réplicas menores no permite, por sí solo, hablar de un nuevo enjambre como el vivido en 2021.

Aquel episodio dejó cientos de movimientos en el entorno de Santa Fe, Atarfe y la Vega occidental. Las investigaciones posteriores mostraron que la ruptura quedó limitada por otras fallas que actuaron como barreras y evitaron su propagación hacia segmentos mayores. La comparación sirve para entender el terreno, no para anticipar que la historia vaya a repetirse de la misma manera.

Granada también conserva una larga memoria histórica de terremotos. Las series de Pinos Puente en 1806, Santa Fe en 1911 y Atarfe en 1918 forman parte del catálogo regional, junto con episodios más destructivos como el terremoto de Andalucía de 1884. Recordarlos no convierte cada vibración en una amenaza inminente; simplemente explica por qué la vigilancia sísmica aquí no es un adorno administrativo.

La tarde volvió a la calma, la vigilancia sigue

El balance de este domingo es claro: un terremoto superficial de magnitud 3,6, sentido ampliamente en Granada y su área metropolitana, dos réplicas menores y ninguna consecuencia personal o material. Los datos iniciales de Ogíjares y magnitud 3,7 fueron corregidos posteriormente, de modo que la referencia más reciente sitúa el epicentro en Armilla.

Pueden producirse nuevos movimientos pequeños, como ocurre después de muchos terremotos, pero no existe un método capaz de predecir con precisión su hora, su localización y su magnitud. Tampoco hay, en los registros disponibles, una señal que permita anunciar una evolución hacia un episodio mayor. Lo serio aquí es observar los datos; lo demás, ruido bajo los pies.

Ante otra sacudida, las recomendaciones oficiales pasan por mantener la calma, protegerse junto a una estructura resistente, alejarse de ventanas y objetos que puedan caer y evitar los ascensores. En la calle conviene separarse de fachadas, cornisas y tendidos eléctricos. El 112 debe reservarse para daños o emergencias reales, no para confirmar que la lámpara también se ha enterado.

Granada recuperó la normalidad en pocos minutos. Quedó el murmullo de los vecinos, alguna puerta todavía temblando y esa certeza geológica que la ciudad conoce bien: bajo la Vega, la tierra parece dormida, pero nunca duerme del todo.

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