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Salud

Células madre y córnea: qué puede recuperar el nuevo ensayo

La terapia regenera la superficie corneal en ciertos daños, aunque todavía no es un tratamiento disponible ni universal.

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terapia celular curará ceguera corneal

Diseñado por Freepik

Una terapia experimental basada en células madre ha conseguido reparar la superficie de la córnea en personas cuya visión estaba comprometida por lesiones graves. En el ensayo más reciente, realizado con 14 pacientes, la mayoría logró una recuperación completa o parcial y no se registraron efectos adversos graves durante el seguimiento de 18 meses. El resultado abre una vía para tratar un tipo concreto de daño ocular que puede dejar sin opciones a los pacientes.

El avance, sin embargo, no significa que exista ya una cura general para la ceguera. El procedimiento, conocido como CALEC, está en investigación y se dirige a la insuficiencia de células madre limbares, un trastorno que impide renovar la capa superficial de la córnea. No recupera la visión perdida por cualquier causa ni sustituye a los tratamientos de enfermedades que afectan a la retina o al nervio óptico.

Qué consiguió el ensayo con células madre

CALEC son las siglas en inglés de células epiteliales limbales autólogas cultivadas. Autólogas significa que las células proceden del propio paciente: los médicos toman una pequeña muestra del ojo sano, la multiplican en el laboratorio y colocan el tejido resultante sobre el ojo dañado. La investigación evaluó si era posible producir ese injerto y si podía reconstruir una superficie corneal funcional en personas con lesiones que hasta entonces se consideraban difíciles de tratar.

Los resultados comunicados en 2025 describen una evolución progresiva. La restauración completa se había observado en aproximadamente la mitad de los participantes a los tres meses; al cabo de 18 meses, la proporción rondaba el 80%. Al incluir a quienes consiguieron una mejoría parcial, la tasa global de éxito se situó cerca del 90%. Son cifras prometedoras, pero proceden de un grupo pequeño y no permiten anticipar con la misma seguridad qué ocurrirá en todos los pacientes.

El ensayo también aportó información de seguridad: durante los 18 meses de seguimiento no se notificaron efectos adversos graves relacionados con el procedimiento en el ojo donante ni en el tratado. Eso no demuestra que el riesgo sea nulo ni que la intervención esté lista para su uso habitual. En investigación clínica, una muestra reducida permite detectar señales iniciales, pero hacen falta estudios más amplios y prolongados para conocer mejor la eficacia, las complicaciones poco frecuentes y la duración del beneficio.

El limbo, una pequeña zona con una función decisiva

La córnea es la estructura transparente que cubre la parte anterior del ojo. Deja pasar la luz y contribuye a enfocarla, además de actuar como barrera frente a daños e infecciones. Para conservar una superficie lisa y clara, sus células externas se renuevan de forma constante. Esa reparación depende de células madre situadas en el limbo, el borde de transición entre la córnea y la parte blanca del ojo, llamada esclerótica.

Cuando una quemadura química, un traumatismo o una enfermedad destruye esas células, la renovación se interrumpe. La superficie puede cubrirse de tejido irregular, cicatrices o vasos sanguíneos; aparecen dolor, sensibilidad intensa a la luz y visión borrosa, que puede empeorar. Este déficit se conoce como insuficiencia de células madre limbares. El problema no es solo que la córnea esté opaca: también ha perdido parte del sistema biológico que normalmente la mantiene y repara.

La diferencia es importante porque no toda opacidad corneal se origina del mismo modo. Algunas lesiones afectan a capas profundas o a otras células de la córnea, mientras que CALEC busca reponer las células limbares que regeneran el epitelio, la capa externa. Si el daño principal está en otro tejido o la pérdida visual procede de la retina, el nervio óptico o el cerebro, reconstruir esa superficie no basta para devolver la visión. La técnica trata un mecanismo específico, no la ceguera como una sola enfermedad.

Cómo se prepara e implanta el injerto

El proceso empieza con la extracción de una pequeña cantidad de tejido del limbo del ojo que conserva células funcionales. En el laboratorio, estas células se cultivan y expanden hasta formar un injerto que pueda cubrir la zona afectada. La fabricación requiere alrededor de dos a tres semanas, según la descripción del procedimiento. Después, el cirujano coloca el tejido sobre el ojo dañado para que las células se integren y vuelvan a producir una superficie estable.

El cultivo convierte una muestra pequeña en una cantidad suficiente para el trasplante, pero exige condiciones controladas. El tejido debe conservar las características necesarias y estar preparado para su uso clínico; no basta con multiplicar células en cualquier medio. Los equipos que desarrollan CALEC han trabajado en un proceso de fabricación compatible con los requisitos regulatorios estadounidenses. La fase de laboratorio es parte esencial del tratamiento, no un paso accesorio entre la extracción y la operación.

La idea de estimular la regeneración limbar tiene antecedentes en investigaciones desarrolladas en Japón, entre ellas el trabajo del profesor Shigeru Kinoshita y su equipo. Las diferencias entre los medios de cultivo y las normas de seguridad de cada país condicionan cómo puede trasladarse una técnica del laboratorio a la clínica. El programa estadounidense adaptó el método para cumplir sus estándares y evaluó su aplicación en un ensayo clínico. La historia muestra que un descubrimiento biológico solo se convierte en tratamiento cuando también puede fabricarse de manera segura y reproducible.

Por qué todavía no es una solución para todos

La principal limitación del método estudiado es que necesita un ojo sano que sirva como fuente de células. Por eso puede ser adecuado para algunas personas con daño grave en un solo ojo, siempre que el otro conserve tejido limbar funcional, pero no resuelve de forma directa los casos en los que ambos ojos están afectados. La extracción debe valorarse además dentro de un equipo médico especializado, porque el ojo donante también forma parte de la ecuación clínica.

Los investigadores estudian si en el futuro podrán utilizar células procedentes de donantes fallecidos para ampliar el acceso a quienes tienen lesiones bilaterales. Esa posibilidad plantea un desafío distinto: las células ajenas pueden provocar una respuesta inmunitaria y no necesariamente se comportan igual que las propias. Se investigan estrategias de cultivo y compatibilidad, pero el uso de células de donante aún no es una alternativa clínica establecida para este procedimiento.

También se necesita comprobar que los resultados se mantienen en grupos más numerosos y diversos. Un estudio de 14 personas puede mostrar que una intervención es viable y detectar complicaciones comunes, pero no mide con precisión todos los escenarios posibles. Los ensayos posteriores deben confirmar cuánto dura la recuperación, quién obtiene mayor beneficio y qué riesgos pueden aparecer con el tiempo. Hasta que exista evidencia suficiente y autorización regulatoria, CALEC debe considerarse una terapia en investigación, no una prestación disponible de forma general.

La escasez de córneas y los límites del trasplante

El trasplante tradicional reemplaza tejido corneal dañado por una córnea procedente de un donante. Es una opción importante, pero depende de la disponibilidad de tejido y no siempre puede resolver una insuficiencia limbar avanzada. Si la superficie ocular no tiene capacidad para mantenerse, un injerto corneal puede no encontrar un entorno adecuado para integrarse. En esos casos, restaurar primero el sistema de renovación celular podría cambiar las posibilidades de tratamiento, aunque la decisión depende de la causa y extensión del daño.

La necesidad de alternativas es considerable. Las estimaciones citadas en el ámbito de la salud visual sitúan en más de 12 millones las personas con algún grado de ceguera o discapacidad visual vinculada a enfermedades corneales; otra medida calcula alrededor de dos millones de nuevos casos anuales de ceguera unilateral por daño en la córnea. No son cifras intercambiables: describen poblaciones y definiciones distintas. La falta de tejido donado agrava el problema; se ha estimado que hay una córnea disponible por cada 70 que se necesitan.

Ese desequilibrio afecta con más fuerza a las regiones donde escasean los bancos de tejidos y los servicios oftalmológicos especializados. Pero una terapia celular compleja tampoco se distribuye automáticamente por ser eficaz: requiere laboratorios con controles estrictos, personal capacitado, cirugía especializada y seguimiento. La innovación puede reducir la dependencia de córneas completas en algunos casos, pero el acceso dependerá de que la producción y la atención puedan sostenerse más allá de los centros de investigación.

Otros proyectos buscan regenerar la superficie ocular

En Chile, equipos de la Universidad de Santiago y del Centro de Nanociencia y Nanotecnología trabajan en un proyecto para cultivar células del limbo corneal en laboratorio. La iniciativa, con participación de instituciones clínicas y apoyo de CORFO, se encuentra en una etapa inicial de estandarización de cultivos. Su objetivo es desarrollar una terapia para personas con insuficiencia limbar bilateral, un grupo para el que no sirve directamente el enfoque autólogo basado en extraer células del ojo sano del mismo paciente.

El proyecto chileno combina biología celular, nanotecnología y experiencia clínica, con la intención de avanzar desde la investigación hacia posibles aplicaciones médicas. Se ha estimado que más de 6.000 personas en el país viven con esta condición sin acceso a terapias regenerativas. Esa cifra describe una necesidad local, no el número de pacientes que ya pueden recibir el tratamiento: el cultivo todavía debe validarse antes de cualquier aplicación clínica.

También se investiga la ingeniería de tejidos para construir estructuras que reproduzcan funciones de la córnea, incluidas las relacionadas con el endotelio, una capa celular que ayuda a mantenerla transparente al regular su contenido de agua. Esas líneas no son lo mismo que CALEC, que repone células madre limbares en la superficie ocular. Aunque ambas exploran la medicina regenerativa, afrontan problemas biológicos diferentes y no deben presentarse como una única técnica ya probada.

Una frontera distinta de la investigación sobre la ceguera

La regeneración de la superficie corneal ha alimentado el interés por aplicar células madre a otras partes del ojo, pero los tejidos no son intercambiables. La córnea funciona como una ventana transparente; la retina transforma la luz en señales eléctricas y el nervio óptico las conduce hacia el cerebro. Recuperar células superficiales no reconstruye esas conexiones neuronales. Por eso, los progresos en córnea no demuestran por sí solos que puedan curarse la degeneración macular, el glaucoma u otras causas de pérdida visual.

En enfermedades de la retina o del nervio óptico, el reto consiste en recuperar células especializadas y lograr que se conecten correctamente con circuitos que llevan la información visual al cerebro. Esa dificultad es distinta de restaurar una superficie que se renueva de manera natural. La palabra ceguera reúne daños con mecanismos muy diferentes, y cada uno exige pruebas y tratamientos específicos. Las investigaciones tempranas en otras estructuras oculares no deben confundirse con resultados clínicos confirmados para la córnea.

CALEC representa un avance porque aborda una lesión concreta con células del propio paciente y porque el ensayo ha mostrado que el procedimiento puede realizarse y producir mejorías. Su alcance sigue delimitado por el origen del daño, la disponibilidad de un ojo donante funcional y la fase todavía experimental. El paso decisivo ahora es confirmar los resultados en estudios más amplios, sin confundir una señal prometedora con una cura universal: recuperar la capacidad de reparación de la córnea puede devolver visión en ciertos casos, pero la medicina aún debe demostrar para quién, cuánto tiempo y con qué seguridad.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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