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Salud

Por qué aumenta la gripe en España y qué conviene hacer ya

La circulación del virus de la gripe ha dado un salto claro en España en la última semana de referencia (semana 44, del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2025).

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aumenta la gripe en España

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Gripe en España al alza: contagios en niños y umbral epidémico superado. Cifras y medidas útiles para prevenir complicaciones esta temporada.

La circulación del virus de la gripe ha dado un salto claro en España en la última semana de referencia (semana 44, del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2025). Las consultas por síndrome gripal en atención primaria han subido y, para estas fechas, superan los niveles de los dos últimos años, con una intensidad todavía baja pero en ascenso sostenido. El empuje se nota sobre todo en la población infantil, especialmente entre 1 y 4 años, mientras las hospitalizaciones por gripe crecen con parsimonia. Es la foto de un inicio de temporada adelantado y con margen para actuar.

La respuesta práctica no se improvisa: vacunación de los grupos recomendados, ventilación real en interiores, quedarse en casa con fiebre y usar mascarilla cuando hay tos o congestión si se está en espacios cerrados y concurridos. En familias con niños pequeños y convivientes vulnerables, conviene acelerar la cita para la vacuna y extremar medidas cotidianas —lavado de manos, minimizar visitas si alguien debuta con síntomas—. No hay motivos para dramatizar: la presión hospitalaria es contenida y el sistema de vigilancia marca intensidad baja. Pero el aviso está sobre la mesa y llega pronto: el umbral epidémico se cruzó a finales de septiembre y la curva coge pendiente.

Qué dicen los datos ahora mismo

El sistema centinela del Instituto de Salud Carlos III (SiVIRA) sitúa la tasa de infecciones respiratorias agudas atendidas en atención primaria por encima de las cifras de la semana previa y, dentro de ese conjunto, la gripe sube hasta una tasa de 20,3 casos por 100.000 habitantes. La positividad de las pruebas también avanza, rondando el 9,8% para gripe, mientras COVID-19 cede terreno y el virus respiratorio sincitial (VRS) se mantiene en valores bajos a nivel estatal. En hospitales, la infección respiratoria aguda grave se mueve en torno a 10,4 casos por 100.000, con hospitalización por gripe aún baja —aproximadamente 1,1 por 100.000— y sin señales de tensión generalizada.

Lo más relevante para entender por qué la noticia ha explotado en titulares es quiénes tiran de la incidencia: los niños en edad preescolar y escolar. El tramo de 1 a 4 años concentra las tasas más altas en primaria y marca la pauta de transmisión en hogares y aulas. Por ese canal, el virus se mueve con comodidad a través del circuito aula–hogar–aula, una rueda conocida que, al coincidir con el descenso de temperaturas y más vida en interiores, se traduce en más contagios por gripe. Los mayores de 70 años, con buena parte de la cobertura vacunal ya en marcha, muestran tasas más bajas que en semanas anteriores, lo que deja de momento el protagonismo en la población infantil y adulta joven.

El umbral epidémico quedó atrás en la semana 39. Eso significa que la temporada estacional ha arrancado oficialmente y registra actividad epidémica de intensidad baja. El detalle importa: para estas mismas fechas de 2023 y 2024, la incidencia de gripe era significativamente menor. El salto de 2025 se explica por una confluencia de factores estacionales (clima, patrones de convivencia) y por el adelanto temporal de la circulación viral. Aun así, hablamos de un crecimiento gradual, no de una embestida súbita. La diferencia está en aprovechar las próximas semanas para blindar a quienes más se complican.

En algunas comunidades, los boletines autonómicos dibujan curvas más empinadas que la media nacional, como ocurre con frecuencia en los primeros compases de cada temporada. Castilla y León, por ejemplo, reporta en su semana 44 un nivel de infección respiratoria aguda en primaria en torno a 500 casos por 100.000 habitantes, aún en intensidad baja, pero por encima de la cifra estatal. Esa heterogeneidad territorial es normal en octubre–noviembre: las olas no pasan en fila, sino en pequeñas crestas desacompasadas.

Las piezas que mueven la curva

El frío y los interiores. Cuando cae la temperatura, cerramos ventanas y pasamos más horas en espacios poco ventilados. Esa simple decisión cotidiana —casi automática— cambia la física del aire: las gotículas permanecen más tiempo en suspensión y la transmisión del virus se hace más fácil. Es el mismo fenómeno que explica picos de gripe en oficina, en aulas, en transporte público, en reuniones familiares en salones sin corrientes de aire. Si además el descenso térmico llega antes de lo habitual, el calendario de contagios se adelanta.

El circuito aula–hogar–aula. La escuela presta el escenario perfecto para que circule la gripe en los niños, que a estas alturas de campaña aún pueden no estar vacunados o no haber desarrollado protección. Esos contagios se llevan a casa y rebotan entre hermanos, padres y abuelos. No hace falta un estallido para ver subir la incidencia: basta un goteo sostenido en aulas y guarderías que, con la ventilación mermada y una agenda social de otoño más intensa en interiores, empuja la curva hacia arriba.

Vacunación y ventana temporal. La vacuna antigripal no es una barrera absoluta frente a infecciones, pero sí reduce de forma clara el riesgo de cuadros graves, ingresos y complicaciones, sobre todo en mayores de 60, embarazadas, personas con patologías crónicas y personal sanitario y sociosanitario. La campaña 2025–2026 empezó a finales de septiembre. Si la circulación se adelanta, parte de la población de riesgo puede llegar al repunte sin el refuerzo puesto. La buena noticia es que todavía hay margen: cuanto antes se vacunen los grupos diana, antes se notará en los registros clínicos y hospitalarios.

Ajuste entre vacuna y virus. Cada temporada tiene su mezcla de linajes de gripe A y B. El “ajuste” de la vacuna a lo que circula condiciona la protección frente a infecciones sintomáticas, pero el escudo frente a formas graves se mantiene con independencia de pequeños desajustes. En términos prácticos: la vacuna vale la pena incluso si “se pilla” la gripe, porque los cuadros son más cortos y menos intensos y el riesgo de neumonía, descompensaciones o ingresos cae de forma notable en personas vulnerables.

COVID-19 y VRS, en segundo plano (de momento). La vigilancia centinela confirma que COVID-19 sigue circulando, pero con positividad decreciente; el VRS repunta sobre todo en menores de 5 años, aunque con cifras bajas a escala nacional en primaria. Esto no resta importancia a la gripe; al contrario, simplifica el panorama asistencial en comparación con otoños anteriores en los que convivían tres curvas agresivas a la vez. Si la gripe gana peso y COVID-19 pierde tracción, la prioridad operativa se centra en prevenir ingresos por gripe.

Qué conviene hacer ahora (y qué no)

El menú de medidas es conocido, pero conviene escribirlo en grande porque funciona. Si perteneces a un grupo recomendado, vacúnate cuanto antes. Si tienes fiebre, malestar intenso o tos persistente, reduce contactos los primeros días —en lo posible, teletrabajo—, ventila bien la vivienda (varias veces al día, corrientes cruzadas de diez minutos), usa mascarilla en interiores con otras personas y lava las manos de verdad, con agua y jabón o solución hidroalcohólica. No es heroico ir a la oficina medio tumbado; es imprudente.

Si hay bebés en casa, personas mayores o con asma, EPOC, cardiopatías, diabetes, insuficiencia renal o inmunosupresión, toda precaución cuenta: vacuna al entorno cercano (la llamada estrategia de capullo), reduce visitas en días de fiebre y cuida las rutinas de sueño e hidratación. En el colegio, pedir a las familias que no lleven a los niños a clase con fiebre alta o mal estado general no es una manía, es salud pública aplicada.

Vacunas: a quién corresponde en 2025–2026

La recomendación nacional incluye a mayores de 60 años, niños de 6 a 59 meses, embarazadas (en cualquier trimestre), personas de 5 a 59 años con condiciones de riesgo (enfermedades cardiovasculares y respiratorias, metabólicas, renales, neurológicas, inmunodeficiencias, obesidad severa), personal sanitario y sociosanitario, cuidadores y convivientes de personas vulnerables. Muchas comunidades tienen circuitos ágiles de cita en centros de salud y jornadas sin cita; algunas ofrecen opción intranasal en población infantil, que facilita coberturas y evita pinchazos. La coadministración con la vacuna frente a COVID-19 es posible y segura en los grupos en los que está indicada: dos pájaros de un tiro y menos trámites.

El momento también cuenta. La protección empieza a los 10–14 días y alcanza su punto óptimo en torno a las tres semanas. Con la circulación adelantada, noviembre es un mes clave para llegar con protección al probable pico de diciembre–enero. Retrasar “hasta que llegue de verdad el frío” es ir detrás de la ola.

Con síntomas: tiempos, fármacos y señales de alarma

La gripe típica arranca con fiebre, dolor muscular, cefalea, malestar y tos. La mayoría de los cuadros se resuelve en una semana (la tos puede alargarse unos días). En grupos de riesgo o ante cuadros muy intensos de inicio precoz (primeras 48 horas) puede valorarse el uso de antivirales como oseltamivir; lo decide el médico, caso a caso. Antibióticos, no: no sirven frente a virus y solo se usan si hay complicación bacteriana demostrada.

Cuándo consultar sin esperar: fiebre que no cede a las 48–72 horas o vuelve tras una mejoría, dificultad respiratoria, labios azulados, decaimiento extremo o confusión, dolor torácico, vómitos incoercibles, empeoramiento súbito en personas mayores o con enfermedades crónicas, o cualquier cuadro en lactantes que genere preocupación clínica. En urgencias pediátricas, los picos de gripe suelen presentarse con fiebre alta y tos; la hidratación y el control del dolor y la fiebre son el pilar del manejo domiciliario.

Lo que sí ayuda en interiores

Diez minutos de ventilación cruzada marcan un antes y un después en salones, aulas y despachos. No hace falta congelarse: abrir dos o tres veces al día renueva el aire y reduce la concentración de virus. En el transporte público y lugares muy concurridos, quien tiene tos o congestión hará un favor a su entorno si se coloca mascarilla esos días. No es un gesto del pasado, es sentido común.

Cómo se vigila la gripe y qué significa “intensidad baja”

España utiliza una red centinela que integra datos de atención primaria y hospitales en todo el territorio. Los clínicos reportan síndromes compatibles (infección respiratoria aguda, síndrome gripal) y se realizan pruebas que permiten saber qué virus circulan. Con todo ello se calculan tasas por 100.000 habitantes y positividades. Para estimar mejor el peso real de cada virus se usa un indicador combinado (un “proxy”) que cruza incidencia y positividad. Ese indicador, junto a los umbrales de base, sirve para declarar la temporada epidémica y seguir su intensidad.

Cuando los informes hablan de intensidad baja, no significa que la gripe “no esté”. Significa que, con los datos disponibles, la actividad es superior a la línea de base pero aún no alcanza niveles de saturación ni genera presión inusual en hospitales. Traducido a la práctica: momento ideal para vacunar más y repasar mensajes preventivos, sin alarmismo y sin complacencia.

El umbral epidémico se superó en la semana 39 (22–28 de septiembre de 2025). Desde entonces, los dientes de sierra hebdomadarios muestran cómo sube el síndrome gripal en primaria y cómo acompaña la positividad. Las hospitalizaciones por gripe avanzan más despacio: para todos los inviernos razonables, esa desfase es normal. Primero crecen las consultas y luego, con retraso, se notan más ingresos en los grupos vulnerables si la cobertura de vacunación no es óptima.

El papel de la escuela, la familia y el trabajo

La población infantil es el motor de la transmisión comunitaria en esta fase. En guarderías y aulas de infantil y primaria el virus encuentra contacto estrecho, manos que tocan todo y memoria inmunitaria reciente limitada frente a los linajes de este año. La recomendación de no escolarizar a niños con fiebre alta o mal estado general no es solo una cortesía con el resto de familias; reduce cadenas de contagio en el propio centro y quita presión a urgencias y a pediatría.

En el hogar, el salto de la escuela a la familia se modula con ventilación y rutinas: toser al codo, cambiar pañuelos con frecuencia, lavarse las manos después de sonar la nariz, no compartir vasos o cubiertos y, si hay abuelos o convivientes de riesgo, retrasar visitas unos días cuando alguien está con fiebre. En el trabajo, el presentismo “porque no es para tanto” multiplica bajas en cadena. Con teletrabajo extendido en muchos sectores, dos o tres días de reposo relativo y aislamiento social razonable cortan contagios que, sumados, se traducen en menos citas en atención primaria.

Qué esperar en las próximas semanas

La anticipación de la temporada sugiere un noviembre con más consultas por gripe y una pendiente que continuará hacia diciembre. Con la intensidad baja actual y positividad creciente, lo más probable es un ascenso gradual, con picos adelantados en algunas comunidades y mesetas en otras. La incógnita la ponen la cobertura vacunal que se logre en noviembre y el tiempo: entradas de aire frío sostenidas o episodios de lluvias con menos movilidad social pueden modular la velocidad de la curva.

El sistema sanitario, hoy, no está tensionado por la gripe. Sí observa con lupa las urgencias pediátricas y monitoriza los ingresos en mayores con patologías crónicas. Si la vacunación progresa y las medidas básicas arraigan, el escenario razonable es una ola manejable. El peor de los escenarios —un pico alto con presión hospitalaria significativa— no es el central a día de hoy, pero se evita vacunando a quien lo necesita y cuidando los interiores en los que convivimos horas y horas.

Lo que marcan las comunidades: heterogeneidad normal

Las comunidades autónomas publican sus propios boletines con el pulso local. La variabilidad es la norma: no es extraño que Castilla y León o Aragón anoten tasas de IRA en primaria por encima de la media nacional, mientras otras regiones se mueven por debajo. Madrid reporta un aumento de notificaciones semanales por gripe en su sistema EDO en la semana 44; Andalucía, Comunidad Valenciana o Cataluña suelen sincronizarse con una diferencia de semanas. Así se comporta el país cada otoño: distintas latitudes, climas y calendarios escolares ligeramente desacompasados producen una ola de olas.

Este mosaico no altera el mensaje de fondo. La recomendación para toda España es acelerar la vacunación en los grupos diana, insistir en ventilación y autocuidado responsable y comunicar sin dramatismo. La experiencia reciente con temporadas en las que coincidían gripe, COVID-19 y VRS en vertical ha dejado aprendido un reflejo útil: no banalizar la fiebre en personas de riesgo, consultar cuando toca, aislar lo justo para no multiplicar casos.

Datos y contexto, sin retórica innecesaria

La incidencia en atención primaria por síndrome gripal ha pasado en una semana de 16,7 a 20,3 por 100.000. La positividad sube a 9,8%. La tasa de IRA total en primaria ronda los 443 por 100.000, frente a 420 la semana previa. En hospitales, la IRAG se sitúa alrededor de 10,4 por 100.000 y las hospitalizaciones por gripe en 1,1 por 100.000. Los niños de 1 a 4 años encabezan las tasas por edades, con un salto medible respecto a la semana anterior. Son números que colocan a 2025 por encima de los dos últimos años a estas alturas del calendario y que, sin embargo, no describen una presión asistencial desbordada. Lo que describen es un margen de maniobra.

Una puntualización útil: que COVID-19 baje no significa que haya desaparecido. Coexiste con la gripe y, en personas vulnerables, sigue importando. La convivencia de patógenos obliga a tratar los síntomas con cabeza —hidratación, antitérmicos si se toleran, reposo relativo— y a confirmar el diagnóstico cuando el cuadro es intenso, hay factores de riesgo o la evolución no es la esperada. En pediatría, los cuadros febriles de otoño mezclan causas; el enfoque prudente es observar estado general, hidratación y signos de dificultad respiratoria, no el termómetro en solitario.

Un invierno que se adelanta: margen y tareas

La temporada ha empezado antes y con los niños como gran vector de transmisión comunitaria. La intensidad es baja, las urgencias no están saturadas, pero la tendencia es clara. La hoja de ruta es corta y conocida: vacunar a los grupos diana sin esperar a que arrecie el frío, ventilar interiores, quedarse en casa los primeros días de fiebre y ponerse mascarilla en interiores si hay tos. Evitar antibióticos salvo indicación médica expresa, consultar ante señales de alarma y cuidar a los convivientes vulnerables en la práctica, no solo en teoría.

Queda mucho invierno por delante. Con decisiones sencillas y sostenidas —en la agenda de cada familia y en los circuitos asistenciales—, este repunte que dobla a los dos últimos años para estas fechas puede quedarse en una ola contenida. La fotografía de hoy lo permite. La próxima la escriben un pinchazo a tiempo y ventanas abiertas un par de veces al día.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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