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¿Puede un televisor LG grabar audio incluso con la pantalla apagada?

Pruebas técnicas sobre televisores LG revelan captura de audio con la pantalla apagada, escaneo de la red doméstica y almacenamiento de datos.

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chico ve su TV en salon

Resumen

  • Algunos televisores LG captaron audio con la pantalla apagada
  • Las pruebas detectaron móviles y otros equipos dentro de la red doméstica
  • Los datos guardados sin Internet se enviaron al recuperar la conexión

Una investigación técnica sobre televisores inteligentes LG ha encontrado algo bastante más inquietante que otra cláusula interminable de privacidad: algunos modelos analizados fueron capaces de captar audio mediante el micrófono con la pantalla apagada, conservar datos cuando perdían la conexión a Internet y transmitirlos después al recuperar el acceso a la red. Las pruebas también detectaron que los aparatos examinaban la red doméstica para identificar otros dispositivos conectados.

Conviene poner el dato en su sitio desde el principio. Los investigadores no demostraron que un televisor desenchufado siguiera grabando —milagros eléctricos, de momento, ninguno—, sino que observaron este comportamiento cuando el aparato parecía apagado o permanecía en standby, una situación muy distinta técnicamente aunque para el usuario la diferencia sea casi invisible. La pantalla está negra, el salón parece en silencio, pero parte de la electrónica puede continuar activa.

El trabajo ha sido realizado por Gamers Nexus en colaboración con Level1Techs e investigadores independientes de seguridad, y se ha centrado en televisores LG OLED comerciales, entre ellos el LG G5. No significa que absolutamente todos los televisores LG vendidos durante años reproduzcan exactamente el mismo comportamiento; los propios investigadores reconocen que no han podido comprobar cada modelo. Sí han documentado un sistema de recopilación de datos bastante más amplio de lo que suele imaginar quien compra una televisión y acepta varios menús legales casi por agotamiento.

Qué ha encontrado realmente la investigación

Para observar qué hacía el televisor dentro de la red, el equipo utilizó herramientas de análisis de tráfico como Wireshark, capaces de mostrar los paquetes de datos que circulan entre un dispositivo y el resto de la red. Ahí apareció una de las primeras sorpresas: los televisores probados buscaban activamente otros aparatos presentes en la LAN doméstica, incluidos teléfonos y relojes inteligentes.

No se trataba únicamente de saber que había un móvil conectado al mismo router. Según las pruebas publicadas, se recopilaban datos como direcciones IP internas, nombres de redes WiFi próximas y la intensidad de sus señales, información que puede ayudar a describir con bastante detalle el entorno tecnológico en el que está instalado el televisor. Es una radiografía silenciosa del salón: qué hay conectado, qué redes existen alrededor, qué señales llegan hasta allí.

Este comportamiento importa porque un televisor conectado ha dejado de ser desde hace tiempo una simple pantalla. Ejecuta webOS, instala aplicaciones, mantiene conexiones de red, ofrece publicidad, recomendaciones, reconocimiento de voz y servicios vinculados a una cuenta. Es, en la práctica, un ordenador grande colgado de la pared, solo que uno al que rara vez se le presta la misma atención que a un portátil o un teléfono cuando llega el momento de revisar permisos.

El ACR sabe qué aparece en la pantalla

Parte de esa maquinaria tiene nombre: ACR, reconocimiento automático de contenido. La tecnología genera huellas digitales a partir del audio o el vídeo mostrado para identificar qué está viendo el espectador. No es un descubrimiento nuevo ni exclusivo de LG; lleva años formando parte del negocio de la televisión conectada.

La particularidad está en su alcance. El ACR puede reconocer contenidos mostrados mediante diferentes entradas, de modo que el seguimiento no tiene por qué limitarse a una aplicación concreta del televisor. En modelos LG, la compañía ha desarrollado alrededor de webOS un negocio publicitario que utiliza información sobre consumo televisivo para segmentación, medición y recomendaciones.

Ahí cambia bastante la naturaleza del aparato. La televisión tradicional recibía una señal. La Smart TV moderna también observa cómo se utiliza la pantalla. El cristal, además de mostrar imágenes, se convierte en un punto de medición.

El micrófono abre una cuestión mucho más delicada

El hallazgo más sensible llegó durante las pruebas del sistema de voz. Los investigadores aseguran haber recuperado audio inteligible y transcripciones procedentes del micrófono del televisor incluso en circunstancias en las que la pantalla parecía apagada. El análisis dedica una parte específica al registro de conversaciones ambientales y a la reproducción del audio capturado.

El experimento fue todavía más revelador al retirar la conexión Ethernet. El aparato continuó almacenando entradas de voz localmente y, una vez restablecido el acceso a Internet, los datos guardados fueron enviados. Dicho de otro modo: quedarse temporalmente sin conexión no implicaba necesariamente dejar de recopilar información.

Eso no equivale a afirmar que cada conversación mantenida delante de cualquier televisor LG termine automáticamente en los servidores de la compañía. Sería ir más allá de lo probado. Lo demostrado por los investigadores es que determinadas configuraciones y componentes de los modelos examinados permiten capturar y conservar audio en condiciones que el propietario puede interpretar razonablemente como un aparato inactivo.

Pantalla apagada no significa televisor sin actividad

Este matiz es fundamental. Algunos televisores modernos disponen de funciones como Always Ready, Quick Start o reconocimiento directo de voz, diseñadas precisamente para mantener determinados componentes preparados mientras la pantalla no muestra imagen.

Algunos modelos pueden responder a órdenes de activación por voz si están habilitadas determinadas funciones de inicio rápido o espera. Eso exige, evidentemente, que alguna parte del sistema permanezca atenta mientras el panel está oscuro. Una pantalla negra no implica necesariamente que todo el hardware haya dejado de trabajar.

El problema no está en que exista técnicamente esa capacidad; un asistente de voz necesita escuchar para detectar una orden. La cuestión está en qué escucha, cuánto conserva y cuándo lo transmite, además de hasta qué punto el usuario entiende realmente lo que ha autorizado. Una luz apagada es una señal muy poderosa para una persona: interpreta que el aparato ha dejado de funcionar. La electrónica moderna, por desgracia, no siempre comparte esa definición tan doméstica de la palabra “apagado”.

La red doméstica también entra en escena

Las pruebas amplían el problema más allá del micrófono. Un televisor que identifica teléfonos, relojes u otros equipos de la red puede ayudar a construir una imagen más completa del hogar. No hace falta conocer el contenido de cada dispositivo para obtener información útil; basta con saber qué aparatos existen y cómo se relacionan dentro de una misma conexión.

Este tipo de datos tiene especial valor en publicidad digital. LG Ad Solutions desarrolla productos de publicidad y medición sobre la enorme base instalada de televisores conectados de la compañía. La ventaja comercial es evidente: disponer de información directamente desde la pantalla permite comprender mejor el comportamiento del espectador entre distintos contenidos y entornos.

La investigación de Gamers Nexus sitúa esa estrategia bajo una luz bastante menos amable. Según los datos recopilados por el equipo, la combinación de ACR, información de red, dispositivos secundarios y otros elementos permite formar perfiles domésticos mucho más ricos que un simple historial de canales. Aquí es donde la Smart TV deja de parecer un electrodoméstico particularmente listo y empieza a recordar a un pequeño sensor publicitario en mitad del salón.

Lo que LG reconoce y lo que todavía queda abierto

LG contempla en sus políticas de privacidad el tratamiento de información relacionada con los dispositivos, la conexión de red y determinadas funciones de voz. Entre las categorías manejadas pueden aparecer direcciones IP, datos de red e información de voz, además de información vinculada al funcionamiento de los servicios de Smart TV.

La documentación de la compañía también establece que determinadas funciones relacionadas con información de visionado, voz y publicidad personalizada pueden ser opcionales en algunos mercados y configuraciones. El usuario puede encontrarse así con varios niveles de consentimiento, permisos y servicios asociados al televisor. Sobre el papel existe margen de elección; el debate comienza cuando hay que valorar cuánto entiende realmente el propietario de todo lo que permanece activo.

Hay, sin embargo, una tensión evidente entre esas explicaciones y los resultados técnicos publicados. Algunas funciones comerciales de reconocimiento de voz necesitan conexión a Internet, mientras que los investigadores aseguran haber observado captura y almacenamiento local de audio sin conexión activa. Ambas cosas no son necesariamente incompatibles —una función puede necesitar Internet mientras el hardware procesa o conserva datos localmente—, pero la diferencia merece una explicación bastante más clara que una casilla perdida entre varias páginas legales.

En el momento de publicarse la investigación, LG no había ofrecido una respuesta pública específica a estos hallazgos. Tampoco puede darse por probado, únicamente a partir de estas pruebas, que exista una infracción de la legislación europea de protección de datos. Sí aparecen preguntas serias alrededor del consentimiento, la transparencia, la minimización de datos y las expectativas razonables de privacidad.

Las vulnerabilidades convierten la privacidad en seguridad

Hay una segunda capa, quizá incluso más incómoda. El equipo también documentó vulnerabilidades de ejecución remota de código en webOS, fallos que podrían permitir a un atacante manipular determinadas funciones del televisor. Los detalles técnicos más sensibles permanecen dentro de un proceso de divulgación responsable para evitar facilitar su explotación antes de que puedan corregirse.

Aquí el problema cambia de escala. Una cosa es que un fabricante recopile información de acuerdo —mejor o peor explicado— con determinadas condiciones de uso. Otra es que un fallo de seguridad permita a terceros aprovechar sensores y funciones que ya existen en el aparato. Un micrófono conectado a Internet también puede convertirse en una superficie de ataque.

Por eso importa distinguir entre la recopilación realizada por funciones propias de LG y lo que podría hacer un atacante explotando vulnerabilidades. Mezclar ambas cosas conduce a titulares espectaculares pero poco precisos. Son problemas diferentes, aunque se alimentan mutuamente: cuanto más capaz es el dispositivo de escuchar, detectar y comunicar información, más importante se vuelve proteger correctamente esas capacidades.

La pantalla negra ya no garantiza silencio

La investigación no demuestra que cada televisor LG esté grabando permanentemente todas las conversaciones de millones de hogares. Sí demuestra algo suficientemente relevante por sí solo: algunos televisores LG analizados pueden captar audio y recopilar información del entorno digital en circunstancias mucho menos evidentes para el usuario de lo que cabría esperar.

También deja una enseñanza incómoda sobre toda la industria de la televisión conectada. Comprar una Smart TV significa introducir en casa un dispositivo con micrófonos, sistemas de reconocimiento, publicidad, aplicaciones, identificadores, conexión permanente y software actualizable. La imagen puede ser magnífica, negros perfectos incluidos; la privacidad, en cambio, empieza a tener bastantes más tonos de gris.

Y ese probablemente sea el detalle que más cuesta digerir. Durante décadas, apagar el televisor significaba terminar la relación con él. Pantalla negra, asunto acabado. En la era de webOS, los asistentes de voz y la publicidad basada en datos, ese gesto tan sencillo ya no cuenta necesariamente toda la historia.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.