Tecnología
¿Qué reveló la explosión del New Glenn detectada a 1.700 kilómetros?
El estallido del New Glenn dejó una huella de infrasonido a 1.700 kilómetros. Los científicos han medido su energía y reconstruido el fallo.

Resumen
- El New Glenn explotó el 28 de mayo durante una prueba en Cabo Cañaveral
- Su infrasonido fue detectado hasta unos 1.700 kilómetros de distancia
- Blue Origin situó el origen de la anomalía en una válvula de oxígeno
La explosión del New Glenn de Blue Origin durante una prueba en tierra fue mucho más que una gigantesca bola de fuego sobre Cabo Cañaveral. Meses después del accidente, los científicos han conseguido medir algo que aquella noche nadie podía escuchar: las ondas de infrasonido generadas por la deflagración viajaron por la atmósfera y fueron detectadas en estaciones situadas hasta unos 1.700 kilómetros del lugar del siniestro.
El análisis, publicado en septiembre de 2026 en The Seismic Record, permite además poner una cifra al estallido. Los investigadores de los Sandia National Laboratories Elizabeth Silber y Logan Scamfer estimaron una energía equivalente a 0,131 kilotones de TNT, alrededor de 131 toneladas. No se trata de una nueva explosión ocurrida estos días: el accidente tuvo lugar el 28 de mayo de 2026, durante una prueba estática de encendido en el complejo de lanzamiento 36 de Cabo Cañaveral, Florida. Lo que acaba de conocerse es hasta dónde llegó su silenciosa huella atmosférica.
Una explosión que los humanos no podían oír
El infrasonido ocupa esa zona un poco fantasmal de la acústica. Son ondas sonoras de frecuencia demasiado baja para el oído humano, pero capaces de recorrer distancias enormes bajo determinadas condiciones atmosféricas. No hay que imaginar a alguien a cientos de kilómetros levantándose sobresaltado por el rugido del cohete. Nada de eso. Había que tener los instrumentos adecuados.
Los científicos analizaron los registros de una red de microbarómetros, dispositivos extremadamente sensibles capaces de registrar diminutas variaciones de presión en el aire. Encontraron señales compatibles con la explosión en 36 estaciones y reconstruyeron su propagación hasta distancias cercanas a los 1.700 kilómetros. A partir de esos registros pudieron comprobar de forma independiente tanto la ubicación como el momento del accidente.
Ahí está precisamente lo interesante. Una explosión puede desaparecer de una pantalla en segundos; la atmósfera, en cambio, conserva parte de su rastro y lo transporta a través de enormes distancias. En este caso, el eco atmosférico del New Glenn sobrevivió mucho más allá de la columna de fuego visible en Florida.
Un estallido equivalente a unas 131 toneladas de TNT
La estimación de 0,131 kilotones de TNT equivalente no significa que explotaran literalmente 131 toneladas de explosivo. Es una unidad que permite comparar la energía liberada por fenómenos muy distintos, desde accidentes industriales hasta erupciones volcánicas, meteoros o detonaciones.
En el New Glenn había propelentes criogénicos. Su primera etapa utiliza siete motores BE-4, alimentados con oxígeno líquido y gas natural licuado, cuyo componente principal es el metano. Cuando semejantes cantidades de combustible y oxidante se almacenan a temperaturas extremas, una avería puede desencadenar un episodio especialmente violento.
Los investigadores advirtieron, eso sí, de una incertidumbre importante: no se conoce públicamente qué cantidad exacta de propelente contenía el vehículo cuando ocurrió el accidente. Al comparar la energía disponible con la medida mediante infrasonido, calcularon que, bajo un escenario de depósitos llenos, aproximadamente un 3% o 4% de la energía química disponible habría participado en la fase rápida de la explosión; con los tanques a media carga, la proporción rondaría el 6%. El resto puede consumirse de manera más gradual en la bola de fuego y la columna de gases.
Las ondas acústicas de baja frecuencia pierden energía de una manera distinta al sonido ordinario y pueden refractarse entre las diferentes capas de la atmósfera. Temperatura, densidad del aire y viento modifican su recorrido. Así, una perturbación nacida junto al Atlántico puede acabar apareciendo en un sensor situado a centenares o incluso miles de kilómetros.
No es una extravagancia científica surgida para aprovechar un accidente espectacular. El infrasonido se utiliza desde hace años para estudiar volcanes, meteoros, explosiones industriales y otros fenómenos energéticos. También forma parte de las tecnologías utilizadas para detectar posibles ensayos nucleares. El caso del New Glenn resulta particularmente valioso porque existen relativamente pocos datos reales de accidentes a gran escala protagonizados por vehículos cargados con oxígeno líquido y metano.
Qué provocó la explosión del New Glenn
La investigación técnica de Blue Origin ha localizado el inicio de la anomalía en la válvula principal de oxígeno de uno de los motores BE-4 de la primera etapa. La compañía llegó a esa conclusión después de recuperar componentes, inspeccionarlos y realizar nuevas pruebas tanto de motores como de piezas individuales.
Conviene introducir aquí una precisión poco espectacular, pero importante. Blue Origin ha identificado el componente donde se originó la anomalía, aunque determinar cada paso de la cadena que convirtió aquel fallo inicial en una enorme bola de fuego exige un análisis más complejo. Dicho sin jerga de ingeniería: sabemos dónde comenzó el problema; reconstruir hasta el último segundo del accidente es otra historia.
La empresa anunció modificaciones en la válvula, concebidas para poder instalarse también en motores ya fabricados. El BE-4 no es precisamente una pieza secundaria en los planes de Blue Origin: siete unidades impulsan la primera etapa del New Glenn y variantes del mismo motor también se utilizan en el Vulcan de United Launch Alliance.
El New Glenn quedó destruido antes de su cuarta misión
El accidente sucedió mientras Blue Origin preparaba el vehículo para su cuarto lanzamiento orbital. Una prueba de encendido estático mantiene el cohete sujeto a la plataforma mientras sus motores funcionan durante un periodo controlado. Una especie de ensayo general con fuego real; aquella vez, la expresión dejó de ser metafórica.
La explosión destruyó el vehículo y provocó daños importantes en el complejo LC-36. Entre los elementos afectados estuvieron la torre de protección contra rayos, el transportador-erector y distintos cilindros hidráulicos. Sobrevivieron, sin embargo, infraestructuras especialmente costosas y lentas de reemplazar, entre ellas los depósitos de propelente, la instalación de integración y la torre de agua.
No hubo víctimas. Todo el personal fue localizado a salvo, un dato esencial cuando se observa la dimensión de la deflagración y las imágenes de la nube de fuego que envolvió la plataforma.
El golpe llegó, además, cuando New Glenn empezaba a dejar atrás la fase puramente experimental. Su debut orbital se produjo el 16 de enero de 2025 y consiguió alcanzar la órbita prevista, aunque perdió la primera etapa durante el descenso. En noviembre de aquel año, la segunda misión consiguió también aterrizar el propulsor reutilizable sobre una plataforma marítima. La tercera misión despegó el 19 de abril de 2026.
Por qué New Glenn es tan importante para Blue Origin
Con unos 98 metros de altura, New Glenn está concebido como un lanzador pesado y reutilizable. Su primera etapa se ha diseñado para volar al menos 25 veces y el cohete puede colocar hasta 45 toneladas en órbita terrestre baja. Es, en pocas palabras, la máquina con la que la compañía de Jeff Bezos pretende dejar de ser identificada principalmente con los vuelos suborbitales de New Shepard y competir de verdad en el gran mercado orbital.
Alrededor del cohete se acumulan contratos comerciales, proyectos gubernamentales y una parte nada menor de los planes lunares estadounidenses. NASA y Blue Origin han avanzado en el uso de instalaciones del Centro Espacial Stennis para probar la segunda etapa del New Glenn, una infraestructura relacionada también con el desarrollo de sistemas destinados al programa Artemis.
Blue Origin mantiene el objetivo de devolver New Glenn al vuelo durante 2026 mientras trabaja en la recuperación y reorganización de las instalaciones de Cabo Cañaveral. La compañía también desarrolla una segunda plataforma, LC-36B, destinada a una futura variante más potente del lanzador, mientras LC-36A seguirá vinculada al modelo actual.
La atmósfera conservó la huella del accidente
Hay una ironía bastante elegante en todo esto. Blue Origin llenó el New Glenn de cámaras, ordenadores y sensores para saber qué estaba ocurriendo dentro del vehículo, pero una de las pistas más llamativas de aquella noche quedó escrita fuera del cohete, en el aire.
Los registros de infrasonido no sustituyen la investigación de motores, válvulas o tuberías. Aportan otra clase de información: permiten estimar la energía liberada, localizar una explosión y estudiar cómo se comportan accidentes de enorme potencia incluso desde centenares de kilómetros de distancia. En futuros incidentes pueden convertirse en una herramienta adicional allí donde falten imágenes, sensores próximos o telemetría completa.
Eso explica por qué una explosión ocurrida en mayo ha vuelto a colocar al New Glenn en el foco meses después. La enorme bola de fuego desapareció aquella noche sobre Cabo Cañaveral; su señal, en cambio, siguió desplazándose por Estados Unidos, demasiado grave para que el oído humano pudiera escucharla y lo bastante intensa para que los instrumentos la encontraran a unos 1.700 kilómetros de distancia.












