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¿Quién es Abdul B., el joven buscado por el ataque al Pride de Berlín?
Abdul B., de 21 años, es buscado por el ataque al Pride de Berlín, con una mujer muerta, 16 heridos y dudas sobre posibles cómplices en fuga.

Actualizado a las 12:41 del domingo 26 de julio de 2026. La Policía de Berlín mantiene abierta una amplia operación de búsqueda y advierte de que el sospechoso podría estar armado y ser peligroso.
Abdul B., de 21 años, es el hombre buscado por su posible participación en el ataque ocurrido junto al Pride de Berlín. Las autoridades alemanas lo consideran conocido por los servicios policiales y relacionado con círculos islamistas, aunque todavía no han establecido el móvil concreto ni han confirmado que fuera él quien conducía el vehículo.
El balance asciende a una mujer fallecida y 16 personas heridas después de que una furgoneta blanca entrara hacia las 22:00 del sábado en el parque Tiergarten y arrollara a quienes se encontraban en la zona. Tres víctimas permanecen en peligro vital, ocho sufrieron heridas graves y cinco lesiones leves. El golpe fue seco, brutal, en mitad de una celebración que durante el día había reunido a cientos de miles de personas.
La furgoneta terminó estrellada contra un árbol y fue encontrada vacía. Los investigadores creen que una o varias personas abandonaron el vehículo y escaparon a pie. También analizan testimonios según los cuales algunos asistentes pudieron ser atacados con armas blancas después del atropello, una posible segunda fase que todavía no ha sido reconstruida por completo.
La búsqueda de Abdul B. se extiende por Berlín
La Policía difundió durante la madrugada una fotografía de Abdul B. y pidió colaboración ciudadana para localizarlo. Lo describe como un joven de aproximadamente 1,90 metros, constitución delgada y cabello negro. En el momento del ataque habría vestido una sudadera negra con capucha y pantalones blancos.
El aviso policial resulta poco dado a los rodeos: nadie debe acercarse al sospechoso ni intentar retenerlo. Las autoridades consideran que podría estar armado y ser peligroso, por lo que cualquier avistamiento debe ser comunicado inmediatamente a los servicios de emergencia.
Agentes de unidades especiales registraron durante la madrugada una vivienda situada en el distrito berlinés de Schöneberg, cerca del Tiergarten, pero el inmueble estaba vacío. El dispositivo continúa activo en distintos puntos de la ciudad mientras se revisan grabaciones, fotografías tomadas por asistentes, cámaras de tráfico y datos relacionados con la furgoneta.
La Policía mantiene abierta la posibilidad de que existan uno o más cómplices. Los testimonios sobre el número de ocupantes son contradictorios y, por el momento, no se ha determinado cuántas personas viajaban en el vehículo ni quién estaba al volante.
El perfil conocido del sospechoso
La información policial identifica al buscado únicamente como Abdul B. Su apellido completo ha circulado en las primeras horas posteriores al ataque, pero las comunicaciones públicas continúan empleando la inicial.
El joven estaba fichado y era conocido dentro del entorno islamista berlinés. Esa vinculación forma parte de la investigación, pero no equivale todavía a una conclusión judicial sobre el motivo del ataque. Tampoco se ha probado una conexión operativa con Estado Islámico, pese a las informaciones que señalan una posible simpatía hacia la organización terrorista.
Abdul B. habría salido en mayo de un centro de internamiento juvenil y tendría antecedentes relacionados con episodios violentos. También se investiga si residía a pocos minutos del lugar del ataque y si la furgoneta utilizada había sido alquilada a su nombre.
Estos elementos ayudan a delimitar la investigación, pero no la cierran. La Policía debe aclarar quién conducía, quiénes viajaban en el vehículo y qué ocurrió después del impacto. Entre la sospecha y la prueba existe una distancia incómoda, aunque imprescindible; saltársela suele ser más rápido que investigar y bastante menos democrático.
No existe una reivindicación conocida del ataque. Tampoco se ha establecido oficialmente si el objetivo fue elegido por tratarse de una celebración LGTBIQ+, aunque el lugar, el momento y el perfil atribuido al sospechoso sitúan esa posibilidad entre las principales líneas de investigación.
La Fiscalía General y la Oficina Criminal Regional de Berlín investigan los hechos por sospecha de atentado. La expresión importa: indica que se estudia una acción deliberada, posiblemente ideológica, pero no convierte en definitivas todas las versiones difundidas durante las primeras horas.
Tampoco está confirmado el uso de armas blancas. Varios testigos declararon que, después del atropello, algunas personas bajaron del vehículo y agredieron a asistentes con objetos punzantes. La Policía estudia si parte de las lesiones puede corresponder a esa secuencia.
Cómo ocurrió el ataque en el Tiergarten
El ataque se produjo alrededor de las 22:00 en el Großer Tiergarten, el gran parque urbano situado junto a la Puerta de Brandeburgo. La manifestación principal del Christopher Street Day había terminado, pero continuaban los conciertos, los discursos y la celebración final.
Según la reconstrucción inicial, la furgoneta blanca accedió al parque, avanzó hacia una zona con numerosas personas y comenzó a atropellarlas. Después chocó contra un árbol. Cuando llegaron los primeros agentes, el interior estaba vacío.
Todavía no está claro cómo logró superar las restricciones de acceso instaladas alrededor de un acto multitudinario que contaba con un importante despliegue de seguridad. Esa cuestión acompañará a la investigación penal: cómo entró el vehículo, qué recorrido siguió y si alguien facilitó su acceso.
Los servicios de emergencia desplegaron ambulancias, helicópteros medicalizados y equipos de atención psicológica. La zona comprendida entre Potsdamer Platz y el Tiergarten quedó acordonada durante horas. En el suelo permanecían mantas térmicas, objetos personales y restos del dispositivo sanitario; el paisaje después de una fiesta, pero con un silencio que no pertenecía a ninguna celebración.
La posible segunda fase del ataque
La principal incógnita comienza cuando la furgoneta se detiene. La investigación señala que una o varias personas pudieron alejarse del vehículo después del choque. Algunos testigos vieron al menos a un hombre escapar a pie.
Los agentes analizan si, tras el atropello, los ocupantes atacaron con cuchillos u otros objetos punzantes a quienes se encontraban cerca. Las declaraciones no coinciden plenamente: unas hablan de un solo individuo, otras de varios. Esa disparidad explica por qué la búsqueda no se limita de forma categórica a un único autor.
La posibilidad de que existan cómplices tampoco permite hablar todavía de una célula organizada. Puede haber un segundo atacante, un acompañante que no participara directamente o una percepción confusa generada durante segundos de pánico. La escena fue rápida, oscura y caótica. La memoria, en situaciones así, funciona como un cristal roto: conserva imágenes nítidas, pero no siempre permite reconstruir el escaparate entero.
Una fallecida y 16 heridos en el Pride de Berlín
Una mujer murió como consecuencia del atropello. Su identidad no ha sido difundida públicamente. Entre los 16 heridos, tres permanecen en estado crítico y sus vidas corren peligro; otras ocho personas presentan lesiones graves y cinco fueron atendidas por heridas leves.
La cifra inicial había oscilado debido al recuento provisional realizado por los distintos servicios de emergencia. El balance actualizado fija en 16 el número de lesionados, además de la víctima mortal.
Algunas de esas heridas podrían no proceder directamente del impacto del vehículo. La posible presencia de lesiones causadas por objetos punzantes obliga a separar cada caso, revisar los informes médicos y determinar si existió una agresión posterior.
El ataque se produjo cuando muchos participantes abandonaban el recinto o se dirigían a fiestas posteriores. El lugar seguía lleno de familias, grupos de amigos, voluntarios y personal de organización. Apenas unos minutos después, la música fue interrumpida y se pidió al público que regresara a casa sin atravesar el Tiergarten.
El Christopher Street Day terminó bajo el terror
El Christopher Street Day de Berlín es una de las mayores manifestaciones europeas por los derechos de las personas LGTBIQ+. La edición de 2026 se celebró bajo el lema “Haltung ist hot”, una invitación a tomar posición frente a la discriminación y los retrocesos políticos.
Durante el sábado, cientos de miles de personas recorrieron el centro de Berlín acompañadas por decenas de carrozas. El ambiente había sido mayoritariamente festivo, con música, pancartas y reivindicaciones de igualdad. Todo cambió cerca de las diez de la noche.
Los organizadores cancelaron inmediatamente el resto del programa y pidieron a los asistentes que abandonaran la zona. La primera secuencia de lo ocurrido quedó recogida en nuestro post de anoche sobre qué pasó en el Pride de Berlín, cuando aún no se conocían la identidad del sospechoso ni la dimensión completa de la operación policial.
El alcalde de Berlín, Kai Wegner, calificó lo ocurrido como un ataque contra una sociedad libre y abierta. El canciller Friedrich Merz habló de un acto abominable y aseguró que los responsables serían identificados y perseguidos con toda la severidad de la ley.
Las condenas políticas fueron casi unánimes, aunque no tardaron en aparecer intentos de utilizar el ataque contra comunidades enteras. Es el viejo mecanismo: un sospechoso se convierte en una religión, una religión en millones de culpables y millones de personas en material electoral. La propaganda yihadista y la xenófoba parecen enemigas, pero comparten combustible: miedo, identidad y castigo colectivo.
Nada de eso reduce la gravedad de una posible motivación islamista. Investigarla es imprescindible. Convertirla en una condena general contra los musulmanes europeos sería, además de injusto, exactamente el tipo de fractura social que persiguen los extremistas.
Berlín protege la fiesta mientras busca al fugitivo
La prioridad inmediata es localizar a Abdul B. y determinar si contó con ayuda antes, durante o después del ataque. Su detención permitiría contrastar las pruebas recogidas en la furgoneta, reconstruir sus movimientos y esclarecer si existía un plan dirigido específicamente contra el Pride.
También deberá investigarse el fallo de seguridad que permitió a un vehículo entrar en una zona peatonal próxima a una concentración multitudinaria. Berlín había movilizado a miles de agentes durante la jornada. Aun así, una furgoneta atravesó el parque y alcanzó a personas que celebraban bajo las luces de la Puerta de Brandeburgo.
El Christopher Street Day recuerda los disturbios de Stonewall de 1969, origen simbólico del movimiento moderno por los derechos homosexuales. Más de medio siglo después, aquella lucha conserva una desagradable actualidad. La libertad de reunirse, amar o mostrarse sin miedo parece evidente hasta que alguien conduce un vehículo contra ella.
Quedan nombres por conocer, imágenes que revisar y testimonios que ordenar. Lo confirmado es suficientemente grave: una mujer ha muerto, 16 personas están heridas y un sospechoso considerado peligroso continúa fugado. Lo demás deberá decidirlo la investigación, no el ruido que siempre llega corriendo unos metros por delante de los hechos.

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