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¿Por qué Sergio Peris-Mencheta habló de los tres cerditos en Sol?
Peris-Mencheta reinterpretó Los tres cerditos en la acampada de Sol para hablar de vivienda, desahucios y el caso de Maricarmen, de 87 años.

Imagen: Sidewalks Entertainment / Wikimedia Commons, CC BY 3.0
Resumen
- Peris-Mencheta convirtió Los tres cerditos en una metáfora sobre vivienda
- El caso de Maricarmen quedó en el centro de su intervención en Sol
- Maricarmen volverá a su casa con un nuevo alquiler de ocho años
Sergio Peris-Mencheta ha convertido el cuento de Los tres cerditos en una inesperada metáfora sobre la crisis de la vivienda en España. El actor y director intervino en la acampada de la Puerta del Sol de Madrid con una reinterpretación del relato infantil en la que cambian los papeles: la casa ya no protege al cerdito del lobo; en su lectura, el cerdito pasa a ser el obstáculo y la vivienda, la recompensa.
Su intervención, bautizada como Los tres créditos, utilizó tres historias vinculadas a la pérdida o amenaza de pérdida de una vivienda. Entre ellas estaba la de Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años desahuciada después de vivir 71 años en el mismo piso del distrito madrileño de Retiro, cuyo caso se convirtió en uno de los detonantes de las protestas que han llevado tiendas, asambleas y pancartas de nuevo al centro de Madrid.
Qué dijo Sergio Peris-Mencheta en la Puerta del Sol
Peris-Mencheta partió de una imagen que casi cualquiera reconoce desde niño: tres casas, un lobo y tres cerditos tratando de protegerse. Pero le dio la vuelta. En el cuento tradicional, la vivienda es la barrera que mantiene al lobo lejos de su presa; en la versión utilizada por el actor, la vivienda pasa a ser aquello que se intenta conseguir o conservar.
De ahí nació la frase que más ha circulado de su intervención: “hoy el cerdito es el obstáculo y la casa la recompensa”. El cambio parece pequeño, casi una travesura literaria, pero altera por completo la moraleja. El problema ya no sería levantar una casa lo bastante fuerte para resistir. Sería conseguir permanecer dentro de ella.
También cambia el lobo. Nada de pulmones prodigiosos ni tejados que salen volando de un soplido. En la reinterpretación aparecen edictos, procedimientos judiciales y cerrajeros, elementos con los que Peris-Mencheta llevó el viejo cuento infantil al terreno contemporáneo de los desahucios.
Las tres casas dejaron de ser de paja, madera y ladrillo
El actor construyó su historia alrededor de tres personas. La primera fue Adolfo, un inmigrante peruano que vivía con su hija y un nieto pequeño con discapacidad. La segunda, Marta, una refugiada que había escapado de la guerra y de la violencia machista junto a sus cuatro hijos.
La tercera historia conectó directamente el relato con la movilización de Sol: Maricarmen. Peris-Mencheta recordó sus más de siete décadas en la misma vivienda y convirtió los objetos aparentemente pequeños de una casa —la luz de una habitación, los muebles, los ruidos conocidos— en parte de la memoria de quien lleva prácticamente una vida entera entre esas paredes.
Ahí aparece una de las ideas más íntimas del discurso. Peris-Mencheta sostuvo que llega un momento en el que una casa deja de ser únicamente el lugar donde se duerme o se guardan las cosas y se convierte en un espacio que conserva la biografía de quien lo habita.
Su frase sobre que la casa puede ser “el único lugar que sabe quién eres” condensó esa mirada. No hablaba únicamente de metros cuadrados, escrituras o contratos de alquiler. Hablaba de arraigo, memoria y pertenencia. De esa huella difícil de medir que dejan décadas de vida sobre una puerta, un pasillo o una cocina.
El caso de Maricarmen que está detrás de la protesta
Maricarmen Abascal fue desahuciada el 23 de septiembre de 2026 de la vivienda del barrio de Retiro en la que residía desde 1956. Tenía 87 años y llevaba 71 viviendo allí. El lanzamiento, después de años de disputa relacionada con el alquiler, reunió a numerosos manifestantes que trataron de impedirlo y la mujer terminó ingresada en el hospital Gregorio Marañón.
El episodio dejó rápidamente de ser una historia limitada a un edificio madrileño. El Sindicato de Inquilinas impulsó movilizaciones y la Puerta del Sol volvió a llenarse de tiendas de campaña, con participantes que reclaman cambios de mayor alcance en materia de vivienda. Durante esos días también pasaron por la plaza figuras de la cultura como Pedro Almodóvar, Juan Diego Botto y Aitana Sánchez-Gijón.
La historia de Maricarmen, sin embargo, dio un giro importante el 29 de septiembre. La mujer aceptó el acuerdo alcanzado con la empresa propietaria para poder regresar a su vivienda cuando reciba el alta hospitalaria. El nuevo contrato tendrá una duración de ocho años y la renta quedará situada en torno al 30% de sus ingresos, aproximadamente 500 euros mensuales.
Es un desenlace relevante para ella, pero la protesta de Sol no se ha disuelto alrededor de una sola historia. Los participantes han mantenido la movilización al considerar que el problema que denuncian va más allá de un desahucio concreto.
Por qué Peris-Mencheta terminó hablando de la Constitución
El relato desembocó en una referencia al artículo 47 de la Constitución española, que reconoce el derecho de los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y establece que los poderes públicos deben promover las condiciones necesarias para hacer efectivo ese derecho.
Peris-Mencheta remató su cuento jugando con el tradicional “colorín colorado”, aunque sustituyendo la placidez del final infantil por una alusión crítica precisamente a ese artículo constitucional. Su mensaje contrapuso así el reconocimiento del derecho a la vivienda con las dificultades materiales que afrontan algunas personas para acceder a ella o conservarla.
La intervención llegó, además, en plena discusión pública sobre nuevas medidas de vivienda. El Consejo de Ministros aprobó el 29 de septiembre dos reales decretos ley que incluyen, entre otras disposiciones, cambios en la protección frente a determinados desahucios y en la duración de ciertos contratos de alquiler. Al tratarse de reales decretos ley, su continuidad depende de la correspondiente convalidación parlamentaria.
Una metáfora sencilla para un problema bastante menos sencillo
Buena parte de la repercusión de las palabras de Sergio Peris-Mencheta tiene que ver con la forma elegida. En lugar de encadenar estadísticas, artículos legales y precios del alquiler, recurrió a un cuento que prácticamente todo el mundo conoce y cambió una pieza esencial. Bueno, unas cuantas. Bastó con situar al cerdito delante de la casa, y no protegido dentro de ella.
Ahí está la eficacia de la metáfora. Primero se visualiza y después se discute. Incluso quien no comparta la interpretación del actor entiende inmediatamente lo que intenta expresar: la vivienda deja de aparecer como refugio seguro y pasa a convertirse en un bien cuya conservación puede resultar incierta.
Peris-Mencheta tampoco apareció en Sol como portavoz institucional ni presentó un programa económico o legislativo. Su intervención fue otra cosa: un relato de denuncia, deliberadamente emocional y construido alrededor de personas concretas. Y esa diferencia importa. Una metáfora permite condensar una experiencia social; las soluciones jurídicas, urbanísticas y económicas, bastante menos dóciles que un cuento infantil, pertenecen a otro terreno.
Del cuento infantil a una Puerta del Sol llena de tiendas
Quince años después del 15M, la Puerta del Sol vuelve a servir de escenario para una acampada y una protesta social de gran visibilidad. El paisaje tiene ecos conocidos —tiendas, carteles, reuniones, gente entrando y saliendo de la plaza—, aunque el detonante inmediato y las reivindicaciones no son idénticos. Esta vez, la vivienda ocupa prácticamente todo el centro del debate.
En medio de ese escenario, Sergio Peris-Mencheta escogió un relato que suele contarse a los niños para hablar de algo bastante menos inocente: qué significa perder una casa cuando esa casa representa también memoria, estabilidad y pertenencia.
Los tres cerditos llevan generaciones enseñando que basta con construir una casa de ladrillo para ponerse a salvo del lobo. La versión de Peris-Mencheta introduce una moraleja bastante más incómoda: incluso después de levantar una vida entre cuatro paredes, pagarlas durante años y llenar las habitaciones de recuerdos, permanecer dentro puede convertirse en la parte más difícil de la historia.

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