Historia
¿Qué santo se celebra el 1 de septiembre y por qué destaca San Gil?
San Gil, también llamado San Egidio, encabeza el santoral del 1 de septiembre. Su vida mezcla historia, devoción medieval, leyendas y tradición.

El santoral del 1 de septiembre tiene como protagonista a San Gil, conocido también como San Egidio, un antiguo eremita y abad cuya figura arraigó con enorme fuerza en la Europa medieval. La Iglesia lo recuerda tradicionalmente en esta fecha y, de acuerdo con la tradición conservada sobre su vida, habría muerto el 1 de septiembre del año 720 en el sur de la actual Francia.
Por eso, quienes consultan qué santo se celebra el 1 de septiembre encontrarán sobre todo el nombre de San Gil o San Egidio. No es, eso sí, el único santo asociado al día: el martirologio recoge otras conmemoraciones. Y hay un matiz interesante en 2026: este martes se encuentra dentro de la XXII semana del Tiempo Ordinario, mientras el santoral conserva la memoria del antiguo abad.
San Gil, el santo que abre el mes de septiembre
Los datos históricos sobre San Gil no son tan nítidos como cabría esperar. Y eso, tratándose de un hombre cuya vida se sitúa hace más de trece siglos, tampoco debería sorprender demasiado. Las reconstrucciones tradicionales lo presentan como un ermitaño de los siglos VII y VIII, probablemente de origen griego, que terminó estableciéndose en el sur de Francia.
Allí habría elegido una existencia marcada por la oración, el ayuno y la soledad. Bosque, raíces, frutos silvestres, noches prácticamente a la intemperie. La imagen ha sobrevivido durante siglos y convirtió a Gil en uno de esos santos medievales cuya biografía camina sobre una frontera algo borrosa entre historia documentada y tradición piadosa.
La existencia de su culto antiguo sí dejó una huella mucho más visible. Su tumba fue venerada en una abadía de la región de Nimes y alrededor de aquella comunidad acabaría desarrollándose Saint-Gilles, localidad francesa que todavía conserva su nombre. La devoción fue creciendo hasta convertir al antiguo eremita en una figura conocida mucho más allá de Francia.
Por qué San Gil se celebra el 1 de septiembre
La explicación de la fecha está vinculada a la tradición sobre su muerte. San Gil habría fallecido el 1 de septiembre de 720, después de haber pasado de una vida solitaria como anacoreta a dirigir una comunidad monástica. Esa fecha quedó asociada a su memoria religiosa.
En el cristianismo es frecuente que el santoral sitúe la celebración de un santo en torno al día de su fallecimiento, entendido tradicionalmente como el paso a la vida eterna. No siempre puede establecerse una correspondencia histórica exacta —sobre todo cuando hablamos de personajes de la Alta Edad Media—, pero en el caso de San Gil la tradición ha conservado con especial fuerza el 1 de septiembre.
Conviene, precisamente por eso, separar lo que se conoce con cierta base histórica de lo que llegó después. La vida escrita del santo apareció varios siglos más tarde y está salpicada de milagros, episodios simbólicos y leyendas cuya forma fue variando con el tiempo. La Edad Media, por decirlo suavemente, no sentía nuestra actual obsesión por las actas, los archivos y los certificados.
La cierva que terminó convertida en símbolo de San Gil
La escena más famosa de su leyenda tiene cuatro ingredientes bastante difíciles de olvidar: un bosque, un ermitaño, una cierva y una flecha.
Según el relato tradicional, Gil vivía apartado en el bosque y se alimentaba, entre otras cosas, gracias a la leche de una cierva que acudía hasta su refugio. Durante una jornada de caza, el animal fue perseguido y buscó protección junto al eremita. Una flecha destinada a la cierva terminó alcanzando al propio San Gil.
El cazador, identificado en algunas versiones con un rey, quedó impresionado por aquel hombre y acabó ofreciéndole tierras. Allí habría surgido posteriormente una comunidad religiosa de la que Gil se convirtió en abad. La cierva pasó a formar parte de su iconografía y todavía permite reconocer fácilmente al santo en pinturas, esculturas y otras representaciones religiosas.
El episodio pertenece esencialmente a la tradición hagiográfica, no a una crónica contemporánea de los hechos. Pero explica parte de la extraordinaria popularidad medieval del personaje: soledad, naturaleza, protección del débil y un poderoso que termina inclinándose ante quien aparentemente no posee nada.
De eremita desconocido a uno de los grandes santos medievales
La devoción a San Gil se extendió durante la Edad Media por Francia y otros territorios europeos. Su santuario recibió peregrinos y su nombre quedó vinculado a iglesias, monasterios, pueblos y antiguas rutas religiosas.
También fue contado entre los llamados Catorce Santos Auxiliadores, un grupo de santos cuya intercesión adquirió especial popularidad en Europa, particularmente durante periodos de epidemias y enfermedades. A San Gil se le atribuyó tradicionalmente protección sobre enfermos, pobres, personas con discapacidad y quienes vivían apartados de la sociedad.
La tradición llegó a relacionarlo especialmente con la epilepsia, conocida durante siglos en algunos lugares como el mal de San Gil. Es una denominación histórica y religiosa, claro; nada tiene que ver con el conocimiento médico contemporáneo de la enfermedad. Sirve, sin embargo, para medir hasta qué punto su figura penetró en la cultura popular europea.
San Gil y San Egidio son el mismo santo
Su nombre también fue cambiando al cruzar fronteras. Egidio procede del latín Aegidius; en Francia quedó como Gilles y en castellano terminó imponiéndose Gil. Por eso, San Egidio y San Gil no son dos santos diferentes en este caso, sino dos formas de nombrar al mismo personaje.
Esta variedad de nombres explica cierta confusión cuando se consulta el santo del 1 de septiembre. En calendarios, iglesias y textos antiguos puede aparecer como Gil, Egidio, Gilles o Aegidius, según el idioma y la época, pero la tradición remite a la misma figura religiosa.
El santoral del 1 de septiembre tiene más nombres
Que San Gil sea el santo más destacado de la jornada no significa que el calendario cristiano reserve cada día a una sola persona. El 1 de septiembre aparecen asimismo otras figuras veneradas por la tradición católica, entre ellas San Josué, personaje del Antiguo Testamento; San Sixto, considerado primer obispo de Reims; San Prisco de Capua; San Terenciano de Todi; Santa Verena y San Victorio de Le Mans.
También se recuerda a la beata Isabel Cristina Mrad Campos, joven brasileña nacida en 1962 y asesinada el 1 de septiembre de 1982 cuando tenía 20 años. Fue reconocida como mártir por la Iglesia católica y beatificada en diciembre de 2022. Su presencia en el santoral muestra algo que a veces pasa inadvertido: junto a nombres procedentes de los primeros siglos del cristianismo aparecen figuras extraordinariamente cercanas a nuestro tiempo.
Por tanto, quienes celebren su onomástica el 1 de septiembre pueden encontrar distintos nombres asociados a la fecha. El que encabeza de manera más habitual el santo del día en España sigue siendo, no obstante, San Gil.
San Gil abre septiembre entre historia, tradición y leyenda
El 1 de septiembre conserva así una figura peculiar. San Gil fue eremita y después abad, hasta convertirse finalmente en uno de los santos más populares de la Europa medieval, aunque buena parte de lo que se contó sobre él quedó envuelto por la leyenda.
Detrás de la cierva, la flecha y los milagros aparece algo bastante más sencillo: la memoria de un religioso cuya comunidad dejó una huella duradera en el sur de Francia y cuyo culto atravesó fronteras durante siglos. Esa es la razón por la que su nombre continúa apareciendo cada 1 de septiembre cuando el calendario vuelve a pasar página y comienza el santoral del nuevo mes.










