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¿Por qué Romina Power reabre el caso Ylenia Carrisi ahora?
Romina Power ha vuelto al primer plano con unas memorias que recorren su vida desde la infancia hasta hoy y que, inevitablemente, ponen el foco de nuevo en Ylenia Carrisi, la hija que desapareció en Nueva Orleans hace más de tres décadas.

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Romina Power publica sus memorias y reabre el caso Ylenia; la réplica de Al Bano, datos esenciales y cronología clara que ordena lo ocurrido.
Romina Power ha vuelto al primer plano con unas memorias que recorren su vida desde la infancia hasta hoy y que, inevitablemente, ponen el foco de nuevo en Ylenia Carrisi, la hija que desapareció en Nueva Orleans hace más de tres décadas. El libro, “Pensieri profondamente semplici. L’abbecedario della mia vita”, se ha publicado en Italia el 25 de noviembre de 2025 y ha desencadenado una ola de reacciones: en España, Nuria Roca comentaba en televisión el impacto del relato; en Italia y aquí, Al Bano respondía con una frase seca, conocida y todavía dolorosa: “Yo sabía que el divorcio llegaría”. No hay prueba nueva ni un giro de investigación, pero sí una fijación de posiciones: ella reafirma que la esperanza no ha muerto; él subraya que el duelo, hace tiempo, sí tuvo un cierre legal.
El contexto ha amplificado la noticia. Ylenia nació el 29 de noviembre de 1970; este año habría cumplido 55 años y esa efeméride se ha cruzado con el lanzamiento del libro. La mezcla de fecha simbólica, memoria y televisión ha reabierto una historia que parecía petrificada: un caso con cronología precisa —principios de enero de 1994, desaparición en Luisiana; 1 de diciembre de 2014, declaración de muerte presunta por el Tribunal de Brindisi con 31 de diciembre de 1993 como fecha fijada— y dos miradas inconciliables, la jurídica y la íntima. La novedad es la voz de Romina Power recopilada y ordenada en un volumen que, por su estructura y tono, devuelve la conversación a la plaza pública.
Un libro publicado en una semana simbólica
El título —“Pensieri profondamente semplici. L’abbecedario della mia vita”— no engaña: no es una autobiografía lineal, sino un abecedario personal que permite avanzar por entradas temáticas, algunas luminosas, otras ásperas. Power reconstruye su infancia cosmopolita, los años de explosión artística junto a Al Bano Carrisi, las giras interminables, la vida a caballo entre idiomas, y el golpe que divide su biografía en dos mitades: Ylenia. La edición es ilustrada, con 208 páginas, y mezcla textos breves con fotografías de archivo. Elegir la semana de su hija —esa frontera entre finales de noviembre y comienzos de diciembre— no parece casual: es una forma de ligar la memoria a un calendario que la familia conoce de memoria.
La música atraviesa el libro. “Felicità”, “Sharazan”, “Tu soltanto tu”… canciones que en España siguen sonando en verbenas y radios nostálgicas. La marca “Al Bano & Romina Power” fue una de las grandes exportaciones del pop italiano a partir de los ochenta. El dúo, además, no se rompió del todo ni siquiera con el divorcio: de tanto en tanto regresaron a los escenarios, con repertorio compartido y una química escénica que sobrevivía a las distancias privadas. Ese trasfondo explica que cualquier novedad en sus vidas, por mínima que sea, se lea bajo un foco gigante. Un libro, más.
Power escribe con economía: entradas cortas, frases limpias, recuerdos que caben en una página. Pero en esa brevedad hay decisiones de peso. Cuando llega a la “Y de Ylenia”, la voz cambia de temperatura. En entrevistas recientes ha repetido una idea que sostiene desde hace años: si su hija estuviera muerta, lo habría sentido. Su convicción no es una prueba —y ella misma desliza que lo sabe—, pero sí un modo de vivir. El abecedario, en esa sección, funciona como una reafirmación; también como defensa frente al paso del tiempo y la presión mediática.
Qué sostiene Power y cómo responde Al Bano
La repercusión se entiende mejor si se coteja el contenido con la reacción. En el libro —y en las intervenciones promocionales— Romina Power rescata episodios privados con Al Bano, corrige pasajes que, dice, se contaron sin su versión, y define fronteras. No se trata de un ajuste de cuentas explícito, pero hay reproches: decisiones, silencios, prioridades. A la vez, hay una línea roja que no cruza: no se permite afirmar nada que no haya sido ya sostenido por ella con anterioridad sobre la desaparición de Ylenia. Quien busque documentos inéditos o una prueba olvidada se decepcionará. Quien busque entender cómo sigue viviendo una madre 31 años después, encontrará su mapa.
Al Bano ha respondido con pragmatismo y contención. En Antena 3, dentro del programa “Y ahora Sonsoles”, resumió su posición con una frase que sirve como síntesis de una biografía con grietas: “Yo sabía que el divorcio llegaría”. No atacó el libro de su exmujer ni rebajó el dolor que ambos comparten, pero marcó de nuevo el límite: para él, el cierre legal de 2014 fue necesario para poder seguir. Esa línea dura —un duelo sujetado por la ley— convive con otra más blanda —la música, los recuerdos, los hijos— y ordena su discurso público desde hace una década.
La conversación televisiva en España ha colocado el foco en la tensión entre esos dos planos. En laSexta, Nuria Roca lo resumió con una frase que conectó con el público: el relato de Power sobre la desaparición “siempre ha sido tremendo”. No se trata de elegir bando, sino de entender que dos verdades —la íntima y la jurídica— pueden no tocarse nunca. El libro no propone un arbitraje; simplemente fija la de su autora.
La cronología imprescindible del caso Ylenia
Para situar el momento actual conviene repasar con precisión lo que sí se sabe. Ylenia Carrisi, primogénita de Al Bano y Romina Power, nació en Roma el 29 de noviembre de 1970. En diciembre de 1993 viajó a Estados Unidos y pasó por Nueva Orleans, donde se la vio por última vez en los primeros días de enero de 1994. A partir de entonces, el caso se convirtió en una maraña de pistas frágiles y testimonios contradictorios.
El rastro de Nueva Orleans
El relato de aquellos días tiene escenas que se han repetido durante años. Un vigilante del Acuario de las Américas aseguró haber visto a una joven lanzarse al Misisipi desde un muelle. Otro testimonio situó a Ylenia en un hotel barato del French Quarter con un músico callejero al que la prensa local apodó, con trazo grueso, como un trompetista sin fortuna. Se rastrearon maletas, habitaciones, librerías de segunda mano. Aparecieron también supuestas llamadas y avistamientos en Florida que se desinflaron con la misma rapidez con que se inflaron. Nada cristalizó en una prueba sólida.
Nueva Orleans no ayudó. En los noventa, la ciudad era un laberinto húmedo donde la frontera entre lo bohemio y lo peligroso se desdibujaba cada noche. La investigación, salpicada por la prensa italiana y por corresponsales que acudieron en tropel, tropezó una y otra vez con personajes marginales, nombres incompletos y rastreos que se volvían barro. Hubo periodos de silencio, súbitos rebrotes de interés y, con el tiempo, una sensación de caso irresoluble.
El cierre jurídico de 2014
El 1 de diciembre de 2014, el Tribunal de Brindisi firmó la sentencia de muerte presunta de Ylenia Carrisi, con 31 de diciembre de 1993 como fecha legal de fallecimiento. La decisión se publicó en la Gazzetta Ufficiale el 3 de enero de 2015, y ponía fin a un procedimiento iniciado por Al Bano. Desde entonces, la historia se divide en dos carriles. Para la justicia italiana, el expediente quedó cerrado. Para Romina Power, no. Ella siguió y sigue sosteniendo que no renuncia a la esperanza. Esa brecha es la que, cada cierto tiempo, vuelve a la actualidad.
En los años siguientes circularon hipótesis que nunca pasaron el filtro de la verificación: supuestas identificaciones de ADN que no prosperaron, teorías que mezclaban el caso con historias criminales ajenas, testimonios que se desmoronaban al segundo paso. Todo contribuyó a que el relato público ganara capas, pero no hechos nuevos. De ahí que la publicación de las memorias no cambie el punto de verdad del caso; lo que cambia es el encuadre emocional.
España mira al dúo que marcó una época
Pocos países adoptaron con tanta naturalidad el repertorio de Al Bano y Romina Power como España. En los años ochenta y noventa, su música era sinónimo de fiestas de verano, televisión generalista y radio fórmula. Por eso, aunque el caso de Ylenia sea un asunto italiano-estadounidense desde el punto de vista judicial, en España siempre ha tenido un seguimiento transversal: magazines, informativos, programas de tarde, crónicas de cultura pop. El idioma —ellos hablaban y cantaban en castellano con fluidez— ayudó a esa conexión.
Esa historia sentimental explica la actualidad. La publicación de un libro de memorias que toca, con nombres y fechas, la desaparición de Ylenia y la ruptura de sus padres, activa un interés que mezcla nostalgia con curiosidad informada. Cuando Nuria Roca comenta el asunto en “La Roca” y lo describe como un relato “tremendo”, no está buscando un titular fácil: está conectando con un recuerdo colectivo que pervive. A la vez, la respuesta de Al Bano en “Y ahora Sonsoles” demuestra que su palabra sigue teniendo una resonancia inmediata en nuestro país.
En lo profesional, ambos han demostrado que la marca compartida sobrevive a sus desacuerdos. Tras un divorcio oficializado en 2012, han vuelto a compartir escenarios de manera ocasional. Ese regreso intermitente aporta un matiz curioso al debate actual: el público convive con dos planos simultáneos, la pareja artística —que sigue funcionando cuando se juntan— y la pareja privada, que lleva años separada y con cicatrices a la vista. El libro de Power derrama un poco de la segunda sobre la primera, inevitablemente.
Lo que sí cambia tras las memorias
Conviene insistir: el libro de Romina Power no aporta pruebas nuevas en el caso Ylenia. Tampoco lo pretende. Lo que sí hace es ordenar su voz, fijar fechas, rescatar documentos personales y explicar cómo interpreta hoy —con la perspectiva del tiempo— decisiones propias y ajenas. Ese ejercicio tiene consecuencias. Primero, porque recalibra la posición pública de su autora: vuelve a situarla como protagonista de un relato que durante años otros han contado por ella. Segundo, porque obliga a Al Bano a responder, aunque sea con frases puntuales y tono bajo. Tercero, porque reactiva un interés global (Italia, España, América Latina) que, previsiblemente, se traducirá en nuevas entrevistas, especiales televisivos y debates sobre la línea que separa vida privada y producto cultural.
Hay también una dimensión familiar que atraviesa el libro sin convertirlo en un inventario. Yari, Cristél y Romina Jr., los tres hijos que completan la familia, aparecen como referencias constantes: recuerdos de infancia, fotografías, fragmentos de conversaciones. El abecedario permite que esos nombres sobrevuelen el texto sin necesidad de construir un capítulo explicativo. Es un retrato coral, aunque la primera persona —Power— sea la que sostiene el tono.
El impacto en el imaginario es inmediato. Quien ha escuchado durante décadas “Felicità” no lee el libro como quien lee una memoria cualquiera. Lee, en parte, su propia biografía sentimental: veranos, bodas, viajes, tele de sobremesa. Y ese filtro explica que la discrepancia entre la esperanza de Romina y el cierre legal de Al Bano no sea solo una diferencia de criterio, sino una tensión cultural entre dos formas de entender el dolor. Lo uno no invalida lo otro. Coexisten. Chocan. A veces se ignoran.
Desde el punto de vista mediático, el lanzamiento demuestra que el tiempo no siempre enfría los temas, a veces los congela hasta que alguien trae una llave. El libro es esa llave. No rompe la puerta, pero la abre lo justo para que pase aire nuevo: fotografías inéditas, entradas que mezclan ternura y rabia, y la ratificación de un lema íntimo: “no me bajo de la esperanza”. La televisión, previsiblemente, seguirá rondando esa frase; la prensa, pidiéndole a Carrisi que responda; las redes, multiplicando los clips donde se superponen imágenes del dúo y la voz de Romina.
Una herida que se vuelve a contar sin cerrarse
Con todo sobre la mesa, el cuadro es claro. Publicado el 25 de noviembre de 2025, el abecedario vital de Romina Power coloca de nuevo en la agenda una historia con hechos fijos —desaparición en los primeros días de enero de 1994 en Nueva Orleans; muerte presunta declarada en Italia el 1 de diciembre de 2014, con 31 de diciembre de 1993 como fecha legal— y voces contrapuestas: ella insiste en que la esperanza sigue viva; él sostiene que el cierre legal fue el único modo de sobrevivir a la pérdida. El 55 cumpleaños que Ylenia habría celebrado este 29 de noviembre intensifica el impacto emocional de un libro que, más que revelar, reordena.
No hay gesto teatral, tampoco efectismo. Hay memoria. Y hay un país, España, que conoce a la pareja desde hace casi medio siglo y que vuelve a interesarse por su historia porque forma parte de la educación sentimental de varias generaciones. En esa encrucijada —música, televisión, justicia, duelo— se entiende el presente. Romina Power ha decidido contarla otra vez con su voz; Al Bano ha preferido delimitar la suya en pocas frases. El debate no va a desaparecer. Probablemente se transforme con nuevos matices, pero seguirá orbitando alrededor de Ylenia y de una pregunta que nunca encontrará una respuesta del todo satisfactoria: cómo se vive con una ausencia que no admite un final claro.
Mientras tanto, estos son los puntos firmes: no hay nuevas pruebas sobre el paradero de Ylenia; sí hay una obra editorial que consolida la posición pública de su madre y sí hay una réplica de su padre con el guion que ha defendido en la última década. Entre esas dos realidades discurre la conversación. El resto —el ruido, las hipótesis que nacen en redes y mueren a los dos días, las teorías sin sustento— conviene dejarlas en el margen. La historia principal está donde ha estado siempre: en unos hechos comprobados, en una familia que los digiere a su manera y en un público que todavía canta canciones que se aprendió de memoria.

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