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¿Hay riesgo de espionaje chino en la nueva fábrica de SAIC en Ferrol?
SAIC proyecta una gran fábrica en Ferrol junto al arsenal y Navantia; Defensa y el CNI vigilan los posibles riesgos de seguridad y espionaje.

La futura fábrica de coches de SAIC Motor en Ferrol ha dejado de ser únicamente una historia de inversión, empleo y automóviles eléctricos. La ubicación elegida, en el puerto exterior ferrolano y a unos cinco kilómetros en línea recta del Arsenal de la Armada, ha provocado preocupación en ámbitos de Defensa y del Centro Nacional de Inteligencia por el posible riesgo de espionaje sobre instalaciones militares y sobre el astillero de Navantia, según las informaciones conocidas este 10 de agosto.
Conviene colocar inmediatamente una frontera entre los hechos y la sospecha: no se ha descubierto una trama de espionaje en Ferrol, ni existen públicamente pruebas de que SAIC esté realizando actividades de inteligencia contra España. Lo que ha trascendido es una evaluación preventiva del riesgo que supondría tener una gran instalación industrial vinculada a un grupo chino junto a uno de los espacios navales militares más sensibles del país. La fábrica todavía no está construida.
Qué ha encendido las alarmas alrededor de SAIC en Ferrol
Sobre el mapa, la cuestión se entiende deprisa. SAIC pretende desarrollar su complejo en el puerto exterior de Ferrol, en cabo Prioriño, mientras que pocos kilómetros más adentro de la ría se encuentran el Arsenal Militar y los astilleros de Navantia. La documentación oficial publicada por la Xunta confirma que la primera etapa del proyecto industrial se localizará precisamente en esas instalaciones portuarias.
La inquietud atribuida a Defensa y al CNI no significa que una fábrica de automóviles sea, por naturaleza, una instalación de espionaje. El problema es otro: ubicación, acceso, comunicaciones, personal y proximidad física a instalaciones estratégicas. En inteligencia, una ventana bien colocada puede interesar tanto como un sofisticado servidor. Y una planta industrial de gran tamaño implica trabajadores, proveedores, técnicos, sistemas informáticos, redes inalámbricas, dispositivos electrónicos y un flujo constante de personas y mercancías.
Las informaciones conocidas señalan como riesgos potenciales la observación del movimiento de buques, la obtención de información sobre actividades militares, los ciberataques y otras formas de inteligencia electrónica. También preocupa el contacto entre empresas auxiliares que podrían trabajar simultáneamente para Navantia y para el nuevo polo automovilístico.
Ahí aparece el matiz importante. No se trata tanto de imaginar a alguien con gabardina haciendo fotografías detrás de una verja —el espionaje del siglo XXI suele ser bastante menos cinematográfico— como de proteger información técnica, comunicaciones y redes empresariales alrededor de instalaciones militares.
Por qué Ferrol es una zona especialmente sensible
Ferrol no alberga simplemente otro puerto comercial. Su arsenal es una de las grandes bases de la Armada española y allí tienen su base las fragatas F-100, además de otros buques. Junto al complejo militar se encuentra Navantia, donde continúa el programa de las nuevas fragatas F-110.
Navantia trabaja con tecnología militar estadounidense avanzada
Este elemento explica buena parte de la preocupación. Las F-110 son algunos de los buques tecnológicamente más sofisticados desarrollados para la Armada. Su sistema de combate integra tecnología de Navantia y de la estadounidense Lockheed Martin, incluido el radar SPY-7 y elementos vinculados a Aegis.
No estamos, por tanto, ante un astillero que fabrica únicamente cascos de acero. Hay sensores, software, comunicaciones, guerra electrónica y radares, además de sistemas de combate sometidos a exigencias de seguridad particularmente severas.
La proximidad de una empresa extranjera no supone automáticamente una amenaza. Sería absurdo convertir cada inversión china en una novela de John le Carré. Pero tampoco sería sensato aplicar la lógica contraria y considerar irrelevante quién controla una instalación situada junto a infraestructura militar crítica. Seguridad económica y seguridad nacional se pisan cada vez más los zapatos.
SAIC, además, no es una pequeña empresa privada que haya aparecido de improviso. Es uno de los grandes fabricantes automovilísticos chinos y propietario de MG. El grupo forma parte del ecosistema empresarial público de Shanghái y su matriz está vinculada a la administración de activos estatales de esa ciudad.
El riesgo también puede estar fuera de las instalaciones militares
Uno de los puntos más delicados es el tejido empresarial situado alrededor de Navantia. La construcción naval moderna depende de una constelación de proveedores: ingeniería, electrónica, mantenimiento, programación, metal, logística, comunicaciones… Muchas son empresas relativamente pequeñas.
Las evaluaciones de seguridad conocidas señalan precisamente el llamado factor humano como uno de los escenarios que preocupan. Un trabajador o proveedor puede manejar conocimientos útiles sin tener acceso directo a secretos militares. Cruzar pequeñas piezas aparentemente inocuas permite a veces reconstruir un puzle mucho mayor.
De ahí que el riesgo no pueda reducirse a colocar una verja más alta entre la fábrica de coches y el arsenal. La protección pasa también por segmentar redes informáticas, controlar accesos, delimitar contratos, vigilar dispositivos y determinar qué compañías pueden compartir proyectos civiles y militares.
Qué fábrica quiere construir realmente SAIC en Galicia
Mientras se discute sobre espionaje, el proyecto industrial continúa siendo enorme para los estándares gallegos. La Xunta declaró el complejo de SAIC proyecto industrial estratégico el pasado 1 de junio. La primera fase prevé una inversión aproximada de 200 millones de euros y una planta de producción y distribución de vehículos eléctricos e híbridos en el puerto exterior de Ferrol.
La planificación contempla alrededor de 1.000 empleos directos en Ferrol y otros 1.000 indirectos asociados a las cadenas de automoción y logística. A ello podrían sumarse más de 300 puestos ligados a proveedores y actividades industriales en As Pontes, aunque esta última cifra depende de que las inversiones auxiliares terminen materializándose.
El proyecto se desarrollaría por fases. SAIC plantea introducir progresivamente operaciones de estampación, carrocería y pintura, así como fabricación y aprovisionamiento de componentes en Galicia y Europa. Cuando el complejo alcance su capacidad prevista, la producción podría llegar a unos 120.000 vehículos anuales. Las obras están planteadas para 2027 y la entrada en funcionamiento para 2028, siempre sujeta a la tramitación y a las autorizaciones correspondientes.
Galicia ve una oportunidad industrial difícil de despreciar
Aquí está el otro lado de la balanza. Ferrol lleva décadas buscando proyectos capaces de diversificar una economía profundamente ligada al sector naval. Una inversión de estas dimensiones supone suelo industrial, tráfico portuario, proveedores y formación técnica, además de posibilidades de atraer nuevas fábricas.
La apuesta de la Xunta ha sido inequívoca. El Gobierno gallego considera la llegada de SAIC una oportunidad para convertir Ferrolterra y As Pontes en un hub industrial y logístico de automoción, y creó incluso una unidad específica para coordinar la compleja tramitación administrativa del proyecto.
El desembarco ya ha dejado señales visibles. En julio llegó al puerto exterior un barco con unos 700 vehículos de SAIC como prueba de la operativa logística. A comienzos de agosto, más de la mitad de esos coches habían salido hacia distintos puntos de la Península. Es decir, aunque la fábrica todavía sea un proyecto, la relación logística entre SAIC y Ferrol ha empezado a funcionar.
Los aranceles europeos explican parte del interés por fabricar aquí
Hay otro ingrediente menos misterioso y bastante más económico. Producir dentro de la Unión Europea permitiría a SAIC reducir su exposición a las medidas comerciales sobre los vehículos eléctricos fabricados en China.
La Comisión Europea mantiene para SAIC un derecho compensatorio del 35,3% sobre determinados vehículos eléctricos importados desde China, después de concluir que la industria china de coches eléctricos se beneficiaba de subvenciones que perjudicaban a los productores europeos.
Fabricar en suelo comunitario cambia radicalmente la ecuación. Permite acercarse al mercado europeo, construir una cadena local de proveedores y disminuir la dependencia de vehículos terminados importados desde China. Por eso España interesa: industria automovilística asentada, puertos, proveedores experimentados y costes competitivos respecto a otros grandes mercados europeos.
No hace falta recurrir a una teoría secreta para explicar por qué SAIC quiere una fábrica en Galicia. Hay razones industriales y comerciales muy poderosas. El problema de seguridad aparece porque esa lógica económica ha terminado aterrizando precisamente en Ferrol.
Lo que no está probado sobre el supuesto espionaje chino
La palabra «espionaje» tiene un problema periodístico: entra en una habitación y se come todos los muebles. En este caso, puede inducir a pensar que se ha descubierto una operación clandestina. No es así.
Hasta donde ha trascendido públicamente, no existe acusación judicial contra SAIC, no se ha informado de agentes detenidos, dispositivos encontrados ni accesos ilegales a instalaciones militares relacionados con la automovilística. Las noticias conocidas hablan de riesgos evaluados por organismos de seguridad y de la conveniencia de reforzar las medidas de protección.
Tampoco consta públicamente que el Gobierno haya decidido cancelar el proyecto. Al contrario, el complejo continúa dentro de su recorrido administrativo. La Xunta recuerda en su documentación que, por tratarse de una inversión de una compañía no europea, deben cumplirse los controles relativos a la inversión extranjera directa, además de las concesiones portuarias y restantes permisos.
Ese procedimiento será uno de los puntos donde deberán reconciliarse dos intereses perfectamente legítimos: atraer una gran inversión industrial y evitar que esa inversión genere vulnerabilidades para Defensa.
Ferrol, entre la fábrica del futuro y una base naval estratégica
El asunto, despojado de titulares aparatosos, es bastante más interesante que una simple historia sobre supuestos espías chinos. España quiere inversión extranjera, Galicia necesita industria y SAIC busca fabricar dentro del mercado europeo. Los tres intereses encajan. Casi demasiado bien.
Pero Ferrol tiene una peculiaridad imposible de borrar del mapa: junto a las grúas civiles, los muelles y las futuras líneas de montaje existe uno de los núcleos tecnológicos de la defensa española. En Navantia se construyen fragatas con radares, sistemas de combate y tecnología militar altamente sensible, mientras a pocos kilómetros podría levantarse el primer gran complejo productivo de SAIC dentro de la Unión Europea.
Eso obliga a elevar las precauciones. No porque se haya demostrado que la fábrica vaya a utilizarse para espiar, sino precisamente porque la seguridad nacional funciona mejor cuando intenta anticiparse al problema antes de que aparezca.
Ferrol se juega mucho en ambas direcciones. Puede ganar una inversión industrial extraordinaria y miles de empleos directos e indirectos; también tendrá que demostrar que es capaz de convivir con ella sin abrir grietas alrededor del Arsenal y Navantia. Una fábrica de coches y una base naval pueden compartir ría. Lo complicado, como tantas veces, está en todo aquello que no se ve desde el muelle.

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