Síguenos

Ocio

¿Qué significa el remo vikingo de Noruega que triunfa en el Mundial?

El remo vikingo de Noruega nació para unir a la afición y acabó en el Parlamento: así se hace y esto significa su gesto viral en el Mundial.

Publicado

el

remo vikingo de Noruega

El remo vikingo de Noruega es una celebración colectiva creada por aficionados de la selección para el Mundial de fútbol de 2026. Sentados o agachados en filas, los seguidores inclinan el cuerpo hacia delante y hacia atrás mientras simulan impulsar los remos de un barco, acompasados por gritos de «¡Ro! ¡Ro! ¡Ro!». No es una ceremonia medieval recuperada de algún manuscrito polvoriento, aunque las imágenes sugieran lo contrario: es una tradición recién nacida, construida con símbolos vikingos y pensada para que participe toda la grada.

El fenómeno saltó de las gradas a bares, calles, trenes y escaleras mecánicas durante el regreso de Noruega a una Copa del Mundo masculina después de 28 años de ausencia. La escena alcanzó una dimensión inesperada el 18 de junio de 2026, cuando los diputados del Storting, el Parlamento noruego, dejaron por un momento la política cotidiana y reprodujeron el movimiento dentro de la cámara, dirigidos por el presidente de la institución al ritmo de su mazo. Sí, ocurrió de verdad. Y con entusiasmo transversal, una especie cada vez más exótica en cualquier hemiciclo.

Cómo se hace la celebración del remo vikingo

La coreografía es sencilla, quizá ahí resida media explicación de su éxito. Los participantes se colocan en filas, preferiblemente sentados, aunque también puede hacerse de pie o en cuclillas. Extienden los brazos hacia delante como si sujetaran un remo invisible y después los llevan hacia el pecho mientras echan el torso hacia atrás. El movimiento se repite de manera sincronizada.

Cada palada imaginaria va acompañada por el grito «Ro», que en noruego funciona como imperativo del verbo remar. La pronunciación se aproxima a una «ru» breve y rotunda. El ritmo comienza despacio, con golpes separados, y va acelerándose hasta que la escena parece un drakkar humano atravesando una tormenta. Brazos arriba, cuerpos atrás, bufandas al aire. Poco más hace falta.

La Federación Noruega de Fútbol y Oljeberget, el histórico grupo de aficionados de la selección noruega, han contribuido a organizar la celebración. Incluso se ha utilizado un llamado cuerno vikingo para marcar el comienzo del cántico en los partidos. La intención es que toda la grada se mueva como una sola embarcación: nadie contempla la fiesta desde cubierta, todos reman.

Del primer golpe de remo al estruendo colectivo

La secuencia habitual arranca con una señal sonora o con un aficionado que marca el compás. Los seguidores se inclinan hacia delante, estiran los brazos y los recogen al escuchar cada «Ro». Después de varias repeticiones, el ritmo aumenta y puede desembocar en cánticos dedicados a la selección.

No exige entrenamiento, coordinación atlética ni conocer diecisiete estrofas de una canción local. Basta con mirar a quien está al lado y copiarlo. Esa accesibilidad ha permitido que aficionados estadounidenses y seguidores de otras selecciones se incorporen a la celebración en cuestión de segundos. El fútbol, cuando deja de tomarse demasiado en serio, también sabe hablar mediante gestos.

Quién creó el nuevo cántico de los aficionados noruegos

El origen contemporáneo del festejo se atribuye a Ole Frøystad, un aficionado procedente de Sunnmøre, en la costa occidental de Noruega. Él mismo se ha presentado durante el Mundial como creador del llamado Viking Row, aunque insiste en que su aportación fue apenas una chispa y que el verdadero impulso llegó de los seguidores y de Oljeberget.

La idea apareció en 2026, antes del torneo, y empezó a ganar visibilidad durante los preparativos de la selección noruega. No se trata, por tanto, de una costumbre centenaria transmitida entre pescadores, guerreros y delanteros centro. Es nueva. Muy nueva. Su potencia reside precisamente en haber encontrado una imagen antigua que todo el mundo reconoce y convertirla en una coreografía moderna, grabable con el móvil y fácil de reproducir.

Frøystad explicó que buscaba reunir a la gente, crear unidad y generar alegría en un contexto internacional poco dado a las buenas noticias. La celebración viajó desde el estadio de Ullevaal hasta Estados Unidos, donde encontró el escenario perfecto: ciudades enormes, masas de aficionados y cámaras en cada esquina.

La explosión internacional llegó alrededor del estreno de Noruega frente a Irak, disputado en Boston. Antes, durante y después de la victoria noruega por 4-1, aparecieron vídeos de seguidores vestidos de rojo moviéndose al unísono en bares, transportes públicos y espacios cercanos al estadio.

Una de las grabaciones más difundidas mostraba a los aficionados remando sobre una escalera mecánica. La imagen tenía todos los ingredientes de la viralidad: movimiento, humor, ruido, identidad nacional y una infraestructura urbana utilizada de una manera que su fabricante, probablemente, no contempló en el manual.

Días después, unos 500 seguidores se reunieron en Times Square para repetir el cántico. La idea inicial era ocupar las famosas escaleras de la plaza, pero la Policía de Nueva York no autorizó su uso y el grupo terminó remando a ras de suelo, entre pantallas luminosas, turistas desconcertados y teléfonos levantados. No hubo fiordo, pero sobraron luces de neón.

Qué significa el gesto y por qué se asocia con los vikingos

El movimiento representa a la tripulación de un barco vikingo remando antes de alcanzar la costa. Según la interpretación difundida por sus promotores, los aficionados reman hacia tierra antes de la batalla futbolística. El estadio se convierte así en una costa simbólica y el partido, con cierta exageración tolerable, en una incursión.

La referencia conecta de inmediato con la historia marítima noruega. Los pueblos escandinavos de la Era Vikinga emplearon barcos largos y estrechos impulsados mediante velas y remos, capaces de navegar por mar abierto y adentrarse en ríos poco profundos. La celebración no reproduce con exactitud histórica la técnica de aquellas tripulaciones, ni pretende hacerlo. Utiliza una imagen cultural reconocible: muchas personas coordinadas para mover una misma nave.

Ahí aparece su sentido más profundo. Cada seguidor aporta una palada, pero ninguna sirve por separado. El barco solo avanza cuando todos mantienen el compás. Es una metáfora poco sutil, sí, aunque eficaz, sobre la cohesión del equipo, la grada y el país.

La estética vikinga ya acompañaba a Noruega antes del torneo. La selección participó en una sesión fotográfica titulada The Vikings Are Coming, obra del fotógrafo británico David Yarrow, con jugadores caracterizados junto a escudos, armas y embarcaciones. La campaña reforzó el relato de un país que regresaba al Mundial por primera vez desde 1998.

El recurso tiene algo de espectáculo turístico y algo de reapropiación de la identidad nacional. Los vikingos históricos fueron comerciantes, exploradores, colonizadores y guerreros; una realidad bastante más compleja que los cascos con cuernos vendidos en las tiendas de recuerdos. Esos cascos, por cierto, no constituyen una representación fiel del equipo militar vikingo. Pero el fútbol trabaja con imágenes rápidas, no con seminarios de arqueología naval.

La celebración transforma ese legado en un lenguaje festivo y relativamente inclusivo. No hay que ser noruego, vestir pieles ni descender de un navegante del siglo IX. Basta con sentarse, extender los brazos y seguir el golpe. Su mensaje es directo: nadie rema solo.

Por qué el Parlamento noruego también se puso a remar

La escena parlamentaria ocurrió durante una sesión del Storting en Oslo. El presidente de la cámara, Masud Gharahkhani, propuso reproducir el gesto como muestra de apoyo a la selección y utilizó su mazo para señalar el ritmo. Diputados de distintos partidos se inclinaron y remaron juntos antes de aplaudirse.

No fue una votación, una tradición institucional ni una disposición añadida de manera apresurada al reglamento parlamentario. Fue una interrupción breve y simbólica, motivada por el impacto nacional del Mundial y por la euforia posterior al triunfo frente a Irak. El Parlamento noruego se sumó, sencillamente, a una celebración que había desbordado los estadios.

La imagen adquirió fuerza porque mostraba algo infrecuente: adversarios políticos ejecutando el mismo movimiento, a la misma velocidad y en la misma dirección. Unidad multipartidista, aunque durase lo que dura un cántico. Después volverían las diferencias, los expedientes y las frases cuidadosamente envenenadas. La democracia tampoco obra milagros permanentes.

El gesto confirmó, sobre todo, que el fenómeno había superado las fronteras de la grada. Cuando una celebración entra en el Parlamento, deja de ser únicamente folclore futbolístico y se convierte en una representación colectiva del momento que atraviesa Noruega.

No es el aplauso vikingo de Islandia

El remo noruego puede confundirse con el célebre aplauso vikingo de Islandia, popularizado internacionalmente durante la Eurocopa de 2016. Son celebraciones distintas.

En la islandesa, los aficionados levantan los brazos y dan una palmada por encima de la cabeza siguiendo un grito grave y cada vez más acelerado. En la noruega, el cuerpo imita las paladas de una tripulación y el cántico gira alrededor de la palabra Ro.

Ambas comparten una puesta en escena nórdica, un ritmo progresivo y una fuerte sensación de comunidad. También comparten ese gusto escandinavo por convertir miles de personas en una máquina perfectamente sincronizada. Pero el remo no es una adaptación directa del aplauso islandés, sino una creación noruega reciente que utiliza otro movimiento y otro relato.

Un barco imaginario que cruzó el Atlántico

La celebración ha funcionado porque concentra en pocos segundos una historia completa: Noruega vuelve al Mundial, sus seguidores cruzan el Atlántico y una tripulación simbólica rema hacia cada partido. Hay épica, humor y una coreografía que cabe entera en un vídeo vertical.

Su significado no necesita grandes misterios. Representa unidad, esfuerzo compartido y orgullo nacional mediante la imagen de un barco vikingo. Nació en 2026 a partir de una idea de Ole Frøystad, creció con la ayuda de Oljeberget y de la federación, se propagó entre los seguidores y terminó dentro del Parlamento noruego.

Una tradición puede necesitar siglos para asentarse. O puede bastarle una victoria, una escalera mecánica y unos cuantos miles de brazos moviéndose a la vez. En el Mundial de 2026, el remo vikingo ha convertido una vieja imagen del mar en uno de los gestos más reconocibles de la afición noruega.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído