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¿Cómo funcionan y dónde están los 130 radares Veloláser de la DGT?

La DGT dispone de 130 radares Veloláser móviles, pequeños y difíciles de anticipar, capaces de medir la velocidad desde ubicaciones cambiantes.

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radares Veloláser

Resumen

  • La DGT dispone de 130 Veloláser portátiles adquiridos en dos remesas
  • Son pequeños, inalámbricos y pueden moverse entre distintos puntos
  • Las multas por velocidad alcanzan 600 euros y hasta seis puntos

La Dirección General de Tráfico dispone de un parque conocido de 130 cinemómetros láser portátiles, los llamados Veloláser, una cifra que procede de dos adquisiciones públicas: una primera remesa de 60 equipos y otra posterior de 70. Son pequeños, funcionan sin necesidad de permanecer conectados físicamente a una patrulla y pueden cambiar de emplazamiento con una facilidad que explica buena parte de su fama. Un guardarraíl, un trípode, un vehículo de la Guardia Civil… y poco más hace falta.

Conviene matizar desde el comienzo uno de los adjetivos que más circula alrededor de estos aparatos: “indetectables”. No son invisibles ni poseen una capa de camuflaje digna de ciencia ficción. Utilizan tecnología láser, son muy compactos y pueden trabajar desde lugares discretos, de modo que resultan bastante más difíciles de advertir que el clásico radar fijo junto a la carretera. Esa es la verdadera cuestión.

Tampoco hay 130 nuevos Veloláser recién estrenados de golpe. La cifra corresponde al total de equipos adquiridos en las dos grandes compras conocidas. Y, naturalmente, que existan 130 unidades no significa que estén las 130 funcionando simultáneamente en algún arcén español, esperando al conductor despistado como una convención nacional de cinemómetros.

La DGT llegó a los 130 Veloláser en dos grandes compras

La historia empezó antes de que estos pequeños radares se hicieran familiares. La DGT licitó inicialmente 60 cinemómetros láser portátiles para la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Aquellos equipos comenzaron a incorporarse al dispositivo de vigilancia en carretera en 2018 y podían montarse sobre trípodes, vehículos o las propias barreras metálicas de protección.

Años después llegó el segundo gran lote. Tráfico adjudicó la compra de otras 70 unidades por 610.678,25 euros. La suma es sencilla: 60 más 70, 130. La contratación exigía equipos portátiles y valoraba aspectos como la distancia de lectura, la autonomía de la batería, la posibilidad de disponer de reconocimiento de matrículas y la visualización de las imágenes.

Ese último detalle ayuda a comprender lo que realmente es un Veloláser. No estamos ante una simple caja que mide una cifra y se olvida del asunto. El sistema registra la circulación, obtiene información del vehículo y permite documentar el exceso de velocidad para que la infracción pueda tramitarse.

Qué hace diferente a un radar Veloláser

La palabra radar se ha convertido en el paraguas coloquial para casi cualquier aparato que mide la velocidad, aunque técnicamente los Veloláser trabajan mediante tecnología láser. Emiten un haz hacia el vehículo y calculan su velocidad a partir de las mediciones realizadas en un intervalo diminuto.

El resultado es rápido y, sobre todo, muy poco aparatoso. No hace falta aquella imagen casi cinematográfica del fogonazo que muchos conductores siguen asociando a una multa. El aparato puede estar trabajando mientras el tráfico pasa a pocos metros sin llamar apenas la atención. Su ventaja está en la discreción del control, no en una supuesta invisibilidad absoluta.

Su otra gran baza es física. Son dispositivos compactos y transportables. Una patrulla puede trasladarlos de un punto a otro y establecer un control sin la infraestructura que exige un cinemómetro fijo. El radar deja de ser un elemento permanente del paisaje y se convierte, más bien, en una herramienta de campaña.

Cómo puede controlar el tráfico sin cables junto al agente

El carácter inalámbrico permite separar el dispositivo del lugar desde el que trabajan los agentes. El Veloláser puede instalarse en un punto adecuado de la carretera mientras la patrulla recibe la información a distancia mediante las conexiones previstas por el sistema.

Eso cambia bastante la escena. El coche de la Guardia Civil no necesita estar pegado al cinemómetro ni resultar evidente para quien se aproxima. El pequeño equipo hace la medición y las imágenes permiten después comprobar los vehículos detectados.

Los modelos empleados pueden funcionar tanto de día como de noche y están concebidos precisamente para un uso móvil. Las especificaciones difundidas de estos aparatos sitúan su rango de medición en velocidades que pueden llegar aproximadamente desde los 30 hasta los 250 km/h, suficiente para utilizarlos en contextos urbanos, carreteras convencionales, autovías y autopistas.

Dónde coloca la DGT estos radares y por qué no hay un mapa fijo

Aquí está probablemente el dato más útil para entenderlos: no existe una localización permanente de los 130 Veloláser comparable al listado de radares fijos. Y sería contradictorio que la hubiera. Son móviles precisamente para poder trasladarse según las necesidades de vigilancia.

Pueden utilizarse sobre un trípode, colocarse mediante soportes en una bionda o guardarraíl e instalarse asociados a vehículos de vigilancia. Desde su introducción también se han observado controles aprovechando elementos del entorno que hacen difícil apreciar el pequeño aparato desde la carretera.

La DGT publica las ubicaciones de sus radares fijos y controles de tramo, pero un cinemómetro móvil responde a otra lógica. Los agentes pueden establecer controles en diferentes puntos, especialmente allí donde la velocidad constituye un problema de seguridad o donde se desarrollan campañas específicas de vigilancia.

Las carreteras convencionales siguen teniendo especial relevancia en este esquema. No por capricho recaudatorio salido de una sobremesa ministerial, sino porque una diferencia aparentemente pequeña de velocidad puede modificar de forma brutal la distancia de detención y la energía de un impacto. El coche sigue obedeciendo a la física, disciplina bastante poco impresionable ante nuestras prisas.

“Indetectable” no significa que el conductor no pueda verlo

El término radar indetectable funciona estupendamente en un titular, aunque necesita una pequeña traducción al castellano corriente. Un Veloláser puede verse. Lo difícil es localizarlo con antelación debido a su tamaño, su posición y la tecnología que utiliza.

Los detectores tradicionales concebidos para localizar determinadas emisiones de los radares tampoco constituyen una solución mágica frente a un sistema láser. Y existe una cuestión todavía más sencilla: llevar detectores de radares está prohibido. La normativa contempla una multa de 200 euros y la pérdida de tres puntos.

Otra cosa son los avisadores basados en bases de datos de ubicaciones conocidas, presentes en numerosos navegadores. Esos sistemas informan de puntos previamente registrados; no detectan físicamente el aparato que está operando en ese momento. Frente a un Veloláser que cambia de lugar, la diferencia es bastante evidente.

En otras palabras, confiar en que una aplicación anuncie cada control móvil es parecido a mirar el parte meteorológico para saber en qué baldosa concreta caerá la siguiente gota.

Cuánto puede costar una fotografía tomada por un Veloláser

Las consecuencias son las mismas que con cualquier otro cinemómetro homologado. Un exceso de velocidad puede terminar en multas de entre 100 y 600 euros y, según la gravedad, en la pérdida de entre dos y seis puntos del permiso de conducir. Los excesos más pequeños sancionados administrativamente pueden quedarse en 100 euros sin retirada de puntos; a partir de ahí, las cantidades y la detracción aumentan.

Hay además una frontera en la que la discusión deja de ser simplemente administrativa. Conducir a una velocidad superior en más de 60 km/h al límite permitido en una vía urbana o en más de 80 km/h en una vía interurbana puede constituir delito contra la seguridad vial. Ahí ya no hablamos únicamente de la desagradable carta que llega a casa.

El Veloláser no altera esas reglas. Solo cambia la manera de comprobar que se han incumplido.

Y conviene separar también estos equipos de la ampliación de radares fijos y de tramo. La DGT mantiene otros programas de instalación de puntos permanentes de control de velocidad. Son tecnologías y despliegues distintos que coinciden en carretera, pero no deben meterse todos en la misma bolsa.

Un aparato diminuto que cambia la vigilancia en carretera

La verdadera novedad de los Veloláser no está en que la DGT haya descubierto de pronto una tecnología secreta. Está en algo mucho más mundano y eficaz: hacer móvil lo que antes resultaba previsible.

Un radar fijo acaba formando parte del paisaje. Se conoce su kilómetro, aparece en los navegadores y, no pocas veces, provoca esa curiosa ceremonia española de frenar durante 300 metros para volver a acelerar inmediatamente después. El cinemómetro portátil rompe esa rutina porque el control puede trasladarse.

Los 130 Veloláser adquiridos por la DGT representan justamente ese cambio. Pequeños, autónomos, inalámbricos y capaces de documentar una infracción desde emplazamientos muy diversos, permiten a la Guardia Civil establecer controles con rapidez y moverlos cuando cambia la necesidad de vigilancia.

No son invisibles. Tampoco son recién llegados. Pero sí son especialmente difíciles de anticipar, que es probablemente una descripción bastante más precisa que llamarlos “indetectables”. Y al final queda una tecnología infaliblemente antigua frente a cualquier radar, láser o cámara imaginable: el número redondo que aparece dentro de la señal de límite de velocidad.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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