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¿Cómo multiplicó Alemania por cuatro las armas aprobadas para Israel?
Las licencias alemanas de material militar para Israel suman 799,3 millones en seis meses y reabren el debate por Gaza y la política de Berlín.

Resumen
- Alemania autorizó 799,3 millones en material militar para Israel en seis meses
- El volumen casi cuadruplica lo aprobado para Israel durante todo 2025
- Un gran proyecto naval explica buena parte del fuerte aumento de 2026
Alemania autorizó durante el primer semestre de 2026 exportaciones de material militar a Israel por 799,3 millones de euros, unos 930 millones de dólares al cambio utilizado en las informaciones internacionales sobre el dato. La cifra no describe necesariamente armas que hayan cruzado ya la frontera alemana: son licencias de exportación concedidas por el Gobierno federal entre enero y junio.
El salto, aun con esa precisión, es enorme. En todo 2025 las autorizaciones para Israel rondaron los 201 millones de euros según los datos parlamentarios alemanes utilizados en la comparación más reciente. En apenas seis meses, Berlín ha multiplicado prácticamente por cuatro aquel volumen. Israel aparece así como el sexto mayor destinatario del material militar autorizado por Alemania en la primera mitad de 2026.
Alemania aprueba 799 millones en material militar para Israel
Los datos oficiales del Ministerio alemán de Economía y Energía sitúan las autorizaciones destinadas a Israel en exactamente 799.340.076 euros. Por delante aparecen Ucrania, Estados Unidos, Países Bajos, República Checa y Lituania, una fotografía bastante clara del mapa de prioridades de la política de defensa alemana.
La cifra forma parte de un semestre excepcional para la industria militar del país. Berlín concedió permisos de exportación de material de defensa por aproximadamente 13.870 millones de euros entre enero y junio. Un récord que coloca la política de exportaciones militares alemana en una dimensión bastante distinta de aquella vieja imagen de país cauteloso, casi alérgico a enseñar músculo fuera de sus fronteras.
Conviene detenerse en un detalle importante. Decir que Alemania ha exportado 799 millones puede inducir a error. El dato contabiliza autorizaciones, no necesariamente entregas físicas realizadas durante esos mismos seis meses. Una licencia puede preceder en meses a la entrega e incluso formar parte de proyectos desarrollados durante años. En armamento, el calendario administrativo y el del barco que abandona el puerto rara vez caminan de la mano.
Un submarino explica buena parte del aumento
El grueso del salto se produjo durante el segundo trimestre de 2026. Entre abril y junio se aprobaron exportaciones a Israel por unos 735,8 millones de euros, es decir, más del 90% de todo el volumen registrado durante el semestre.
El INS Drakon pesa cientos de millones
Aproximadamente el 67% de las autorizaciones del segundo trimestre está relacionado con un gran proyecto naval. Todas las miradas apuntan al INS Drakon, el submarino construido en Kiel por TKMS, la antigua división naval de ThyssenKrupp, para la Armada israelí.
El Drakon abandonó Alemania a comienzos de septiembre rumbo a Israel. Es el tercer y último submarino de la clase Dolphin equipado con propulsión independiente del aire, AIP, un sistema que permite permanecer sumergido durante periodos considerablemente más largos sin tener que recurrir constantemente a la superficie.
No es precisamente una lancha patrullera con algunas mejoras. El programa representa una de las piezas más caras y estratégicas de la relación militar entre Alemania e Israel. De ahí que un único proyecto sea capaz de deformar por completo las estadísticas de un trimestre.
Otro 21% de las autorizaciones del periodo corresponde a proyectos conjuntos de empresas alemanas e israelíes vinculados a intereses de la Bundeswehr, las Fuerzas Armadas alemanas. El resto incluye diferentes categorías de material militar, entre ellas armas ligeras, municiones, explosivos y sistemas no tripulados, según la información facilitada por el Gobierno al Parlamento.
Del freno de 2025 al cambio de rumbo de Merz
El contraste político es inevitable. El canciller Friedrich Merz anunció el 8 de agosto de 2025 que Alemania dejaría temporalmente de autorizar exportaciones de material militar que pudiera utilizarse en Gaza. La decisión llegó después de que el Gobierno israelí aprobara ampliar sus operaciones militares en el enclave palestino.
Fue una medida limitada, no un embargo general. Incluso durante aquel periodo siguieron autorizándose determinados productos militares que Berlín consideraba fuera del ámbito de la restricción. El matiz importa: la puerta se entornó, pero nunca llegó a cerrarse por completo.
La política cambió pocos meses después. Tras el alto el fuego que entró en vigor el 10 de octubre de 2025, el Gobierno alemán anunció que las restricciones serían levantadas a partir del 24 de noviembre. Las licencias volverían a estudiarse caso por caso, la fórmula habitual de Berlín.
Y volvieron. Con fuerza. El primer semestre de 2026 muestra hasta qué punto aquel paréntesis fue corto. Entre la prudencia pública de agosto y los casi 800 millones autorizados meses después hay una distancia política considerable, aunque una parte sustancial de la cifra proceda de proyectos navales de larga duración y no de munición destinada inmediatamente al campo de batalla.
Gaza sigue pesando sobre las exportaciones alemanas
La situación sobre el terreno tampoco permite presentar el asunto como una simple vuelta a la normalidad. El alto el fuego acordado en octubre de 2025 continúa formalmente vigente, pero la violencia no ha desaparecido. Israel mantiene operaciones militares limitadas contra objetivos que identifica con Hamás y se han seguido registrando ataques y víctimas palestinas dentro de Gaza.
Es, dicho de otro modo, una tregua con disparos. Esa realidad explica por qué las exportaciones vuelven a provocar discusión dentro de Alemania. El Gobierno sostiene que cada autorización se examina individualmente atendiendo al destinatario, el tipo de material y su utilización prevista.
La izquierda alemana acusa al Ejecutivo de aplicar un doble rasero entre sus críticas a determinadas actuaciones del Gobierno israelí y la profundidad de la cooperación militar bilateral. No es un debate nuevo, pero las cifras de 2026 le han añadido bastante combustible.
El asunto toca una fibra particularmente sensible de la política exterior alemana. La relación con Israel está marcada por la responsabilidad histórica derivada del Holocausto y los crímenes del nazismo, una realidad que durante décadas ha convertido la seguridad israelí en un elemento central de la razón de Estado alemana.
Pero esa relación convive con otro principio: las restricciones alemanas a la exportación de armamento hacia zonas de guerra y con riesgo de violaciones graves del derecho internacional. Ahí aparece la contradicción que Berlín lleva años intentando administrar.
Alemania defiende el derecho de Israel a su seguridad, exige protección para la población civil palestina y, al mismo tiempo, mantiene una relación militar de primera magnitud con el Estado israelí. Las tres cosas caben en una rueda de prensa. Sobre el terreno resultan algo más difíciles de encajar.
Alemania es el segundo gran proveedor de armas de Israel
La relación militar entre ambos países tampoco comenzó con Gaza. Según los cálculos internacionales disponibles sobre transferencias de grandes sistemas de armamento, Alemania aportó alrededor del 31% de las importaciones israelíes de este tipo entre 2021 y 2025.
Sólo Estados Unidos, con aproximadamente un 68%, tuvo un peso mayor. El dato coloca a Alemania en una posición singular: no como un proveedor secundario más, sino como uno de los pilares de la capacidad militar israelí en determinados sistemas.
Eso ayuda a entender por qué los submarinos son tan importantes. Durante años, buena parte del armamento pesado alemán suministrado a Israel ha tenido un marcado componente naval: fragatas, submarinos, torpedos y tecnología asociada. No hablamos únicamente de cajas de munición que aparecen un buen día en un almacén, sino de plataformas militares diseñadas, financiadas y construidas durante largos periodos.
La cooperación funciona también en sentido contrario. Israel es un proveedor relevante de tecnología militar para Alemania, desde sistemas de defensa aérea hasta misiles y soluciones electrónicas. Apenas unos días antes de conocerse con fuerza la cifra de los 799 millones, Alemania probó incluso el misil balístico israelí LORA, desarrollado por Israel Aerospace Industries.
La relación industrial, por tanto, se parece menos a una compraventa ocasional y más a una red estratégica tejida durante décadas. Eso explica también por qué las decisiones sobre licencias de exportación rara vez pueden interpretarse sólo a través de la coyuntura inmediata de Gaza.
Berlín vuelve a enfrentarse a su propia contradicción
Hay una distinción esencial para interpretar los datos. Los casi 800 millones no significan que Alemania haya enviado durante seis meses 800 millones de euros en armamento destinado directamente a Gaza. La mayor partida está relacionada con un proyecto naval y otra proporción relevante con proyectos empresariales conjuntos vinculados también a necesidades militares alemanas.
Eso no convierte la cifra en irrelevante. Al contrario: revela el volumen estructural de la cooperación militar germano-israelí y permite medir una relación que va mucho más allá de los titulares ligados a una operación concreta.
También explica por qué comparar exclusivamente 2025 con 2026 puede producir una imagen algo engañosa. Un submarino de varios cientos de millones de euros puede provocar una montaña estadística allí donde un año antes había una llanura. Pero la montaña existe. Y necesita autorización política.
El propio sistema alemán de estadísticas sobre exportaciones advierte de que uno o varios grandes proyectos pueden alterar considerablemente el valor anual de las licencias. Es justo lo ocurrido con Israel, donde una sola operación naval tiene capacidad para transformar toda la fotografía semestral.
El dato de 2026 no demuestra por sí solo un cambio absoluto en la política alemana hacia Israel, pero sí muestra algo difícil de disimular: después del breve endurecimiento de 2025, la cooperación militar ha recuperado una enorme intensidad.
Alemania intenta sostener simultáneamente su responsabilidad histórica hacia Israel, una política de exportaciones teóricamente restrictiva y sus obligaciones respecto al derecho internacional y la protección de civiles. El equilibrio nunca fue sencillo. Gaza lo ha convertido casi en funambulismo.
Los 799,3 millones de euros aprobados en sólo seis meses condensan esa tensión. Hay industria, estrategia naval, compromisos históricos, necesidades de defensa alemana y una guerra cuya violencia no ha desaparecido pese al alto el fuego formal. Todo dentro de la misma cifra.
Y quizá por eso la cifra importa tanto. No porque 799 millones expliquen por sí solos la política alemana, sino porque muestran, con la frialdad poco sentimental de una hoja de cálculo, hasta dónde llega realmente la relación militar entre Berlín e Israel.

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