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¿Qué le pasó a Djokovic? Vomita, llora y cae ante Navone en el US Open

Djokovic queda eliminado del US Open ante Mariano Navone tras cinco sets, vómitos, calambres y lágrimas en una noche durísima en Nueva York.

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djokovic sonrie tras un torneo

Novak Djokovic está fuera del US Open 2026 en la primera ronda. Y no fue una derrota cualquiera. El serbio, de 39 años, perdió ante el argentino Mariano Navone por 7-6(5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1, después de cuatro horas y 36 minutos en el Arthur Ashe Stadium. Durante el partido vomitó, sufrió calambres y dolores en la espalda y el hombro, recibió asistencia médica y terminó visiblemente emocionado, conteniendo las lágrimas mientras el público de Nueva York trataba de levantarle.

La explicación inmediata de lo ocurrido está, sobre todo, en su estado físico. Djokovic reconoció después que lleva buena parte de la temporada lidiando con episodios de náuseas, vómitos y un deterioro físico progresivo durante los partidos. Llegó a estar dos sets a uno por delante y con una rotura de ventaja en el cuarto; es decir, la clasificación parecía al alcance de la mano. Después el cuerpo dijo basta. Navone no esperó una segunda invitación.

Djokovic se derrumba cuando tenía el partido de cara

La noche empezó torcida y acabó siendo una de esas imágenes que el tenis guarda durante años. Djokovic ya tenía problemas de movilidad en el primer set y, según explicó posteriormente, comenzó a encontrarse mal desde aproximadamente el cuarto juego del encuentro. Aun así, hizo lo que tantas veces ha hecho durante dos décadas: quedarse ahí, sobrevivir, arañar tiempo.

Cedió el primer set en el desempate, recuperó el segundo por 7-5 y se llevó el tercero por 6-4. Incluso rompió el saque de Navone al comienzo del cuarto. Con dos sets a uno y break arriba, la lógica histórica apuntaba hacia Djokovic. La estadística también. Antes de entrar en la pista acumulaba un balance de 42 victorias y 12 derrotas en partidos a cinco sets; Navone, en cambio, nunca había ganado uno: llegaba con un 0-4.

Pero esta vez la épica no encontró gasolina. Los problemas estomacales se hicieron evidentes, aparecieron los calambres y después el dolor en la espalda y el hombro. Su servicio perdió mordiente. Las piernas, ese metrónomo que durante años pareció fabricado en un laboratorio suizo, dejaron de obedecer con normalidad.

Djokovic admitió incluso que pensó en abandonar. Continuó porque había conseguido ganar el segundo y el tercer set y creyó que aún podía encontrar una salida. No la encontró. Navone ganó el cuarto por 6-2 y arrasó en el quinto, 6-1, ante un rival que seguía compitiendo pero ya no podía esconder lo que le estaba pasando.

Las lágrimas en Arthur Ashe no fueron solo por la derrota

Con Djokovic 1-3 abajo en el quinto set, el público del Arthur Ashe intentó empujarle una vez más. Ahí apareció una escena poco habitual: el serbio se emocionó y rompió a llorar mientras recibía el apoyo de las gradas.

Después explicó que el cariño del público le había tocado profundamente. El matiz importa. Sus lágrimas no pueden presentarse, sin más, como un anuncio de retirada. Djokovic no comunicó que vaya a dejar el tenis ni confirmó que este haya sido su último US Open. Lo que sí dejó fue una incertidumbre bastante más incómoda: reconoció que está intentando entender qué le sucede físicamente y hasta dónde puede continuar compitiendo de esta manera.

Su descripción fue especialmente cruda. Habló de una sensación terrible sobre la pista y de cómo, tras los vómitos, el cuerpo empieza prácticamente a colapsar entre calambres y dolores. Sobre la posibilidad de solucionar el problema, su respuesta fue mucho menos categórica de lo habitual: no lo sabe.

Mariano Navone firma la victoria más grande de su carrera

Sería injusto convertir la derrota exclusivamente en la historia del sufrimiento de Djokovic. Mariano Navone, número 49 del mundo y sin condición de cabeza de serie, tuvo delante a un campeón disminuido, sí, pero tuvo también que derrotarlo. No es exactamente lo mismo.

El argentino aguantó cuando Djokovic remontó el encuentro, resistió el ambiente de una central entregada al serbio y reaccionó después de encontrarse un break abajo en el cuarto set. Cuando detectó que el partido había cambiado, aceleró. No se escondió detrás del deterioro de su rival.

Y el contraste estadístico casi parece una broma escrita después del partido. Navone llegaba a Nueva York con serias dificultades sobre pista dura: acumulaba 12 victorias y 29 derrotas en partidos ATP sobre esa superficie y nunca había ganado un encuentro a cinco sets. Djokovic había conquistado más Grand Slam —24— que partidos de cuadro principal de grandes torneos había disputado el argentino.

De ahí la dimensión del resultado. Navone no solo eliminó a una leyenda; ganó en la pista central del US Open, a cinco sets y después de ir por detrás ante uno de los mayores especialistas de la historia en convertir partidos imposibles en rutina administrativa.

Una derrota que rompe veinte años de historia de Djokovic

Hay derrotas que eliminan de un torneo y otras que agujerean una estadística que parecía intocable. Esta pertenece a la segunda categoría.

Djokovic no perdía en la primera ronda de un Grand Slam desde 2006. Habían transcurrido más de veinte años. Sus únicas derrotas anteriores en un estreno de un major se habían producido precisamente en Australia, en 2005 y 2006. En Nueva York nunca había caído a las primeras de cambio.

Era, además, su vigésima participación en el US Open. Había llegado al torneo como cuatro veces campeón y todavía persiguiendo el número que se le resiste: el 25.º Grand Slam. Ese título le permitiría superar el registro histórico de 24 grandes que comparte en la referencia absoluta del tenis con Margaret Court.

La derrota ante Navone detiene nuevamente esa persecución. Y lo hace de una forma mucho más inquietante que una simple eliminación ante un rival inspirado, porque Djokovic no salió hablando de errores tácticos, de una mala noche al resto o de falta de precisión. Habló de su cuerpo.

Los avisos físicos ya habían aparecido antes de Nueva York

El US Open tampoco recibió a un Djokovic intacto. Dos semanas antes había perdido prematuramente en Cincinnati frente al argentino Thiago Agustín Tirante después de sufrir con el calor y necesitar atención médica. Entonces sostuvo que la eliminación le permitiría disponer de más tiempo para preparar Nueva York.

La preparación extra no resolvió el problema de fondo. En el Arthur Ashe reaparecieron los síntomas y esta vez durante un partido larguísimo, húmedo y psicológicamente asfixiante. El techo estaba cerrado por la lluvia que afectó a las pistas exteriores, de manera que la batalla continuó mientras buena parte de la jornada quedaba interrumpida fuera del estadio.

No conviene diagnosticar desde una tribuna lo que Djokovic y su equipo médico no han concretado públicamente. Sí puede afirmarse algo mucho más sencillo: los episodios físicos son recurrentes, él mismo reconoce que le están acompañando durante la temporada y han comenzado a interferir de manera directa en su capacidad para sostener partidos de máxima exigencia.

El 25.º Grand Slam queda más lejos

Djokovic llevaba años ganando también una batalla contra el calendario. No metafóricamente: contra el calendario de verdad, ese rival que cumple años aunque uno reste como a los 27. A los 39 continúa entre los mejores tenistas del mundo y había demostrado en los grandes torneos que todavía podía recorrer distancias que para casi cualquier jugador de su generación serían ciencia ficción.

Pero Nueva York ha cambiado el tono. El obstáculo ya no parece únicamente Carlos Alcaraz, Jannik Sinner o cualquiera de los jóvenes capaces de jugar durante cuatro horas a velocidad de videojuego. El problema que mostró esta primera ronda fue más íntimo: cuánto puede soportar físicamente Djokovic antes de que su tenis deje de ser suficiente.

Eso no equivale a anunciar su retirada. Hacerlo sería adelantarse a los hechos. Tampoco sería serio interpretar automáticamente unas lágrimas como una despedida. Djokovic ha hablado muchas veces de prolongar su carrera y todavía conserva objetivos deportivos. Lo nuevo es que esta vez él mismo dejó abierta la duda sobre cuánto puede continuar en las condiciones actuales.

Nueva York deja una imagen difícil de olvidar

Mariano Navone seguirá adelante en el cuadro y conservará para siempre una victoria que parecía estadísticamente reservada para otro tipo de jugador. Djokovic, mientras tanto, abandona el US Open 2026 en primera ronda, algo que nunca le había ocurrido en Nueva York.

La derrota quedará registrada como un 7-6(5), 5-7, 4-6, 6-2 y 6-1. Los números son limpios. La noche, bastante menos. Hubo vómitos, calambres, dolores, una ventaja desperdiciada, cuatro horas y 36 minutos de resistencia y, finalmente, lágrimas bajo las luces del Arthur Ashe.

Durante casi veinte años Djokovic convirtió el sufrimiento físico en parte del decorado, algo que estaba allí hasta que dejaba de estarlo porque terminaba ganando. Contra Navone ocurrió al revés. El cuerpo terminó imponiéndose al campeón. Y por eso esta eliminación pesa bastante más que una primera ronda perdida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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