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¿Por qué Cayetana Álvarez de Toledo carga contra Sánchez y el Rey?
Cayetana acusa a Sánchez de mantener un conflicto con Felipe VI tras su error sobre el reinado y reabre el debate político alrededor de la Corona.

Cayetana Álvarez de Toledo ha elevado el tono contra Pedro Sánchez después de que el presidente del Gobierno reprochara a Felipe VI que no haya visitado Ceuta y Melilla y cometiera, durante una entrevista en la Cadena SER, un llamativo error al asegurar que el monarca lleva «más de 20 años» reinando. La diputada del PP sostiene que Sánchez tiene «un grave problema con el Rey» y que cada vez lo disimula peor.
La dirigente popular va bastante más lejos que una simple corrección de calendario. Para Álvarez de Toledo, el enfrentamiento tendría una dimensión personal e institucional: vincula la actitud de Sánchez con lo sucedido en Paiporta durante la dana de 2024 y advierte de que el presidente estaría preparando un choque político de fondo entre la Monarquía parlamentaria y una eventual alternativa republicana. Esa es su interpretación política. No existe un anuncio del Gobierno que confirme semejante escenario.
El episodio nace de unas declaraciones de Sánchez sobre la crisis de Ceuta. El presidente defendió la actuación del Ejecutivo, negó que existan pruebas concluyentes de una participación directa de Marruecos en la entrada masiva de migrantes y sostuvo que Felipe VI debería visitar Ceuta. Fue ahí donde apareció el error: el actual monarca no lleva más de dos décadas en el trono, sino que reina desde 2014.
Cayetana acusa a Sánchez de tener un problema con Felipe VI
La reacción de Cayetana Álvarez de Toledo llegó a través de X y fue directa. Según la diputada, el problema de Sánchez con Felipe VI sería, por un lado, personal, porque considera que el jefe del Ejecutivo «no le perdona su coraje en Paiporta»; por otro, institucional, porque entiende que la Corona representa un límite constitucional frente al poder político.
Álvarez de Toledo coloca así el episodio de Ceuta dentro de una batalla bastante más grande. A su juicio, Felipe VI encarna el orden constitucional surgido de 1978 y Sánchez trataría de convertir esa institución en una pieza más de la confrontación partidista. La diputada incluso sostiene que el presidente podría terminar planteando la discusión política española alrededor de una disyuntiva entre Monarquía y República.
La acusación tiene una considerable carga política. La Constitución define al Rey como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia, con funciones de arbitraje y moderación dentro del marco constitucional. Eso no convierte al monarca en un contrapoder partidista ni permite concluir, por sí solo, que exista el conflicto personal descrito por Álvarez de Toledo. Conviene separar el juicio político de los hechos comprobables.
Y uno de esos hechos es bastante sencillo: Sánchez se equivocó al calcular la duración del reinado de Felipe VI.
El error de Sánchez: Felipe VI reina desde junio de 2014
Durante la entrevista, Pedro Sánchez aseguró que llevaba ocho años gobernando y añadió que Felipe VI llevaba reinando más de veinte años. Después utilizó esa comparación para plantear cuántas veces había visitado el Rey Ceuta y Melilla.
Las fechas dejan poco espacio para la interpretación. Felipe VI fue proclamado Rey ante las Cortes Generales el 19 de junio de 2014, después de la abdicación de Juan Carlos I. A finales de agosto de 2026 suma algo más de doce años como jefe del Estado, no veinte.
Hay, eso sí, un detalle que ayuda a entender de dónde puede proceder la confusión. Han pasado casi dos décadas desde la última visita de un jefe del Estado a Ceuta, realizada por Juan Carlos I y la reina Sofía en noviembre de 2007. Son dos relojes distintos: una cosa es el tiempo transcurrido desde aquella visita y otra, muy diferente, los años de reinado de Felipe VI.
La diferencia importa porque Sánchez no se limitó a hablar de la ausencia de visitas reales durante cerca de veinte años. Se refirió expresamente al tiempo que Felipe VI lleva en el trono. Ahí el calendario, poco sensible a la dialéctica política, resulta bastante menos flexible: son doce años.
La futura visita del Rey a Ceuta
Más allá del tropiezo con las fechas, Sánchez anunció que Felipe VI visitará Ceuta y defendió que existen «argumentos y razones» suficientes para hacerlo. No fijó una fecha concreta y condicionó el viaje a que se den las circunstancias adecuadas.
La cuestión tiene una evidente sensibilidad diplomática. Marruecos mantiene sus reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla, aunque ambas ciudades forman parte de España. Cuando Juan Carlos I y Sofía viajaron a las dos ciudades autónomas en 2007, Rabat respondió con una intensa protesta diplomática.
Por eso una visita de Felipe VI está lejos de ser una parada más en la agenda de Zarzuela. Tiene una lectura institucional, territorial y exterior. Y llega, además, en un momento especialmente delicado después de la grave crisis migratoria sufrida por Ceuta este verano.
Ceuta y Marruecos, el verdadero fondo de la pelea
Sánchez negó durante su entrevista que existan pruebas concluyentes de que las autoridades marroquíes estuvieran detrás de la entrada masiva registrada a finales de julio. El presidente defendió la cooperación con Marruecos y atribuyó parte de la movilización a campañas de desinformación difundidas en redes sociales desde distintos actores internacionales y grupos de extrema derecha.
La crisis fue excepcional por su magnitud. Decenas de miles de personas atravesaron la frontera en un espacio muy reducido de tiempo, una avalancha que desbordó la capacidad de respuesta de Ceuta y abrió una discusión política sobre seguridad, inmigración, soberanía y relaciones con Rabat. También hubo decenas de fallecidos y una fuerte polémica sobre unas cifras oficiales que han variado durante las semanas posteriores.
Cayetana Álvarez de Toledo lleva semanas defendiendo una interpretación radicalmente distinta a la del Gobierno. Ha acusado a Marruecos de utilizar la presión fronteriza para explotar la debilidad española y ha definido lo ocurrido en Ceuta como una «crisis de soberanía», no únicamente migratoria. También ha reclamado reforzar las fronteras de Ceuta y Melilla y adoptar una posición mucho más dura ante Rabat.
La discusión sobre Felipe VI aparece, por tanto, sobre un terreno que ya estaba abrasado. Ceuta proporciona el escenario; las relaciones con Marruecos, el combustible; la Corona acaba entrando en una pelea política de dimensiones bastante mayores.
Paiporta vuelve a entrar en la batalla política
Álvarez de Toledo introduce además otro episodio de enorme carga simbólica: Paiporta. Durante la visita del 3 de noviembre de 2024 a una de las localidades valencianas más golpeadas por la dana, los Reyes, Pedro Sánchez y el entonces presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, fueron recibidos con insultos y lanzamientos de barro y objetos.
El dispositivo de seguridad evacuó a Sánchez después de que la situación se volviera peligrosa, mientras Felipe VI y la reina Letizia permanecieron durante más tiempo en la zona hablando con vecinos entre escenas de enorme tensión. Las imágenes del monarca cubierto de barro mientras trataba de dialogar con los afectados se convirtieron en una de las fotografías políticas más reconocibles de aquella tragedia.
Álvarez de Toledo interpreta que Sánchez no habría perdonado al Rey el contraste generado por aquellas imágenes. Pero esa supuesta motivación pertenece al terreno de la interpretación política: no existe una prueba pública que permita afirmar que el presidente actúe contra Felipe VI por lo sucedido en Paiporta.
La diputada recupera aquel recuerdo porque encaja con su argumento: un Rey capaz de conservar autoridad social en un momento de crisis frente a un presidente sometido al desgaste del poder. Es una construcción política eficaz y visual, casi una fotografía congelada en barro, pero sigue siendo una lectura de Álvarez de Toledo sobre las intenciones de Sánchez.
La advertencia de Cayetana sobre Monarquía y República
La parte más relevante de su mensaje quizá no sea Paiporta. Álvarez de Toledo sostiene que Sánchez podría terminar planteando las próximas elecciones generales como una especie de plebiscito sobre el modelo institucional, enfrentando la Monarquía parlamentaria surgida de la Constitución de 1978 con un proyecto republicano y plurinacional.
La diputada cree que la tradicional división entre izquierda y derecha estaría siendo sustituida por otra disputa sobre la naturaleza misma del sistema político. Es una tesis que sectores del PP han manejado durante los últimos años y que Álvarez de Toledo formula con particular intensidad, colocando al Rey en el centro de una hipotética batalla por el régimen constitucional.
Pero tampoco aquí conviene confundir previsión con acontecimiento. Sánchez no ha anunciado un referéndum sobre la Monarquía ni ha presentado formalmente las próximas elecciones en esos términos. La advertencia describe lo que Álvarez de Toledo cree que podría hacer el presidente, no una decisión adoptada por el Ejecutivo.
Sí resulta políticamente significativo que Sánchez haya reprochado públicamente a Felipe VI su ausencia de Ceuta y Melilla. La Corona, por su propia naturaleza constitucional, procura mantenerse fuera de la refriega partidista; cuanto más se la introduce en ella, más delicado se vuelve el terreno y más difícil resulta distinguir entre crítica al Gobierno, debate institucional y puro combate electoral.
Una disputa que empieza en Ceuta y termina en la Constitución
La polémica contiene bastante más que un error de Pedro Sánchez con las fechas. Cayetana Álvarez de Toledo ha utilizado ese fallo para lanzar una acusación de mucho mayor alcance: que el presidente mantiene un conflicto con Felipe VI y que podría utilizar la cuestión monárquica para reorganizar la confrontación política española.
Lo seguro es menos espectacular, aunque no irrelevante. Sánchez afirmó incorrectamente que Felipe VI llevaba más de veinte años reinando, defendió que el Rey debe visitar Ceuta y anunció que ese viaje se producirá cuando existan las condiciones adecuadas. Felipe VI ocupa el trono desde 2014.
A partir de ahí comienzan las interpretaciones. Álvarez de Toledo ve en el comportamiento del presidente una huella de Paiporta, una pulsión republicana y una futura batalla sobre el modelo de Estado. Sánchez presenta la visita a Ceuta como una cuestión de normalidad institucional y desvincula a Marruecos de una responsabilidad directa demostrada en el origen de la reciente crisis fronteriza.
Entre ambos queda la Corona, una institución diseñada precisamente para permanecer por encima de la competición partidista. No parece el lugar más cómodo cuando la política española decide convertir incluso un error de calendario en munición.












