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¿Qué pasó en Arganzuela? Muere un joven en un incendio de trasteros

Un joven de 26 años murió en el incendio de unos trasteros de Arganzuela. La Policía investiga la causa del fuego y el uso de las dependencias.

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algunos trasteros publicos cerrados

Un joven bangladesí de 26 años murió la noche del domingo 30 de agosto en el incendio de unos trasteros situados en un sótano de la calle Canarias, en Arganzuela, donde se almacenaban numerosas bicicletas eléctricas y otros enseres. Emergencias Madrid había situado inicialmente su edad en torno a los 25 años. Hasta el inmueble se desplazaron 13 dotaciones de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid, que se encontraron un fuego muy desarrollado y un espacio particularmente complicado para trabajar.

La principal novedad está en la investigación. La Policía Nacional trata de aclarar si el joven vivía en una de aquellas dependencias o simplemente se encontraba allí cuando comenzó el incendio. Los indicios también apuntan a que podría trabajar como repartidor: el garaje era frecuentado por trabajadores de reparto que guardaban allí sus vehículos eléctricos. De momento, sin embargo, no se ha establecido qué originó el fuego, y tampoco puede afirmarse que comenzara en una batería.

Un incendio muy desarrollado en la calle Canarias

Cuando los bomberos pudieron penetrar en la zona afectada, el incendio se encontraba plenamente desarrollado en la planta menos uno del edificio. No era el típico cuarto rectangular al fondo de un garaje. Las dependencias ocupaban dos niveles, estaban comunicadas entre sí y formaban una suerte de entramado de habitaciones y trasteros con distintos usos. Un pequeño laberinto bajo tierra, justo el escenario que menos ayuda cuando el humo espeso convierte cada metro en un problema.

Los equipos tuvieron que localizar los focos y avanzar desde la entrada principal de la rampa del garaje. La intervención resultó especialmente complicada por la elevada carga térmica, la acumulación de materiales y la distribución interior. Las bicicletas eléctricas ocupaban parte de aquellos espacios junto a otros objetos, según los primeros datos conocidos tras el incendio.

No fue una intervención breve ni sencilla. Trece dotaciones de bomberos dan una idea bastante más precisa que cualquier adjetivo: había fuego, temperatura, humo y un acceso que exigía avanzar con enorme cautela.

Los bomberos encontraron al joven durante la extinción

Fue mientras intentaban sofocar el incendio cuando los bomberos localizaron al joven dentro de una de las dependencias. Lo evacuaron al exterior y quedó en manos del Samur-Protección Civil, cuyos sanitarios comprobaron que presentaba una grave intoxicación por humo y quemadura inhalatoria.

No pudieron reanimarlo. Los servicios de emergencias confirmaron allí mismo su fallecimiento.

Una vez controladas las llamas, los bomberos todavía tuvieron que sacar los gases acumulados, ventilar el recinto y retirar al exterior las bicicletas eléctricas. La operación buscaba estabilizar completamente el escenario y reducir el riesgo de que algún foco pudiera reactivarse después de la extinción.

La víctima y la duda sobre el uso de los trasteros

Las primeras informaciones hablaban de un hombre de unos 25 años. Con el avance de las diligencias se ha precisado que se trataba de un joven de 26 años y origen bangladesí.

Y ahí aparece una segunda parte del suceso que va más allá del propio incendio. Los investigadores quieren determinar qué hacía exactamente en aquella dependencia cuando se declaró el fuego. Una de las hipótesis que se examinan es que pudiera estar utilizando el trastero como lugar para vivir, aunque esa circunstancia no está confirmada. También se investiga su posible vinculación con el reparto a domicilio.

El garaje era frecuentado por repartidores y algunas de las bicicletas eléctricas almacenadas se utilizaban precisamente para ese trabajo. Eso permite sostener que existía una relación entre el espacio y la actividad de reparto; no permite, por ahora, asegurar en qué condiciones se encontraba allí la víctima ni cuál era el uso concreto que hacía de la estancia.

La diferencia importa. Y mucho. Una cosa es guardar un vehículo unas horas y otra muy distinta que una dependencia concebida como trastero termine funcionando como lugar habitual de descanso o alojamiento. Será la investigación policial la que tendrá que separar indicios de hechos.

Las bicicletas eléctricas estaban allí, pero la causa sigue abierta

La presencia de bicicletas eléctricas ha ocupado buena parte de los titulares porque constituye uno de los elementos más llamativos del incendio. Conviene, sin embargo, no saltar dos casillas a la vez: que hubiera bicicletas y baterías en el sótano no significa que una de ellas provocara necesariamente el fuego.

Las baterías de ion-litio utilizadas habitualmente en estos vehículos pueden alcanzar temperaturas muy elevadas si sufren una avería, un cortocircuito, un daño físico o una situación de sobrecalentamiento. En determinados fallos puede producirse la llamada fuga térmica, una reacción en cadena capaz de liberar calor rápidamente y dificultar la extinción.

Es una característica conocida de esta tecnología, pero no existe por ahora una conclusión policial que atribuya a una batería el origen del incendio de Arganzuela. Lo que sí describieron los equipos de emergencia fue una elevada carga térmica en el interior. La configuración del sótano, la cantidad de dependencias y los objetos almacenados multiplicaron las dificultades.

Por eso las bicicletas fueron retiradas al terminar la intervención. Era una medida preventiva para dejar el espacio en condiciones seguras y evitar una eventual reproducción del fuego, no una confirmación de dónde empezó.

La Policía Nacional reconstruye lo ocurrido

La Policía Nacional ha asumido la investigación del incendio y la Policía Municipal de Madrid colabora en las diligencias. Entre las cuestiones pendientes están el punto exacto donde se inició el fuego, su causa, el uso que se daba a las distintas dependencias y las circunstancias que llevaron a la víctima a encontrarse en el interior.

Ese trabajo es especialmente importante en un escenario transformado por un incendio intenso. Los investigadores tendrán que reconstruir lo sucedido sobre un espacio ennegrecido, afectado por altas temperaturas, agua y humo; una especie de puzle en el que las piezas más útiles suelen ser precisamente las que peor han soportado el fuego.

Hasta que esa investigación avance, no hay una causa oficial del incendio. Tampoco está confirmado que el joven residiera en el trastero ni que una bicicleta eléctrica estuviera en el origen de las llamas. Son dos cuestiones diferentes que forman parte de las diligencias abiertas.

Un sótano, bicicletas de reparto y una muerte bajo investigación

Lo ocurrido en Arganzuela deja por ahora un balance inequívoco: un joven de 26 años muerto, 13 dotaciones de bomberos movilizadas y un incendio de enorme intensidad en unos trasteros de la calle Canarias. El Samur confirmó el fallecimiento tras las graves consecuencias de la inhalación de humo y las lesiones respiratorias provocadas por el fuego.

Lo demás requiere todavía pruebas. La víctima era de Bangladés y podría estar vinculada al reparto a domicilio; la Policía investiga también si aquella dependencia funcionaba, de hecho, como lugar de residencia. Había numerosas bicicletas eléctricas almacenadas, pero su presencia no equivale a una causa.

Esa es, a 31 de agosto, la frontera entre lo que se sabe y lo que todavía se investiga. En sucesos así la frontera importa: detrás del humo aparecen rápido las hipótesis; los hechos confirmados, como casi siempre, tardan algo más.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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