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¿Qué dijo Borja Sémper tras superar el cáncer de páncreas en 2026?

Borja Sémper recuerda el miedo y la pena de dejar de vivir durante su cáncer de páncreas, una enfermedad con alta mortalidad y difícil detección.

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un sonriente Borja Semper

Foto: eldiario.es / Wikimedia Commons — Borja Sémper, CC BY-SA 3.0 ES.

Resumen

  • Sémper confesó que sentía una profunda pena por dejar de vivir
  • España prevé 10.405 nuevos casos de cáncer de páncreas en 2026
  • Detectarlo pronto cambia un pronóstico marcado por su elevada mortalidad

Borja Sémper ha vuelto a hablar del cáncer de páncreas que le obligó a apartarse durante meses de la primera línea política y lo ha hecho sin grandes frases de calendario ni épica de superviviente. Su reflexión es bastante más desnuda: descubrió que lo que realmente le estremecía no era tanto morir como dejar de vivir. Lo definió como una «pena muy profunda por dejar de vivir», especialmente por perderse la vida cotidiana, ver crecer a sus hijos y seguir disfrutando de esas escenas aparentemente pequeñas que sólo adquieren tamaño cuando amenazan con desaparecer.

La intervención de Sémper en La Mesa, el programa de Antena 3 presentado por Cristina Pardo, ha devuelto su experiencia personal a la actualidad este 10 de septiembre de 2026. El dirigente del PP comparó dos miedos que conoce demasiado bien: durante los años de amenaza de ETA podía buscar espacios en los que sentirse protegido; frente al cáncer, explicó, esa puerta de seguridad no existe. Hay tratamiento, médicos y disciplina, pero el tumor viaja con el paciente. Le fue diagnosticado en julio de 2025, completó unos diez meses de tratamiento y en abril de 2026 comunicó que su última revisión no mostraba enfermedad.

Ese resultado fue una noticia extraordinaria para él, pero no convierte el seguimiento posterior en un trámite administrativo. Sémper ha hablado del riesgo de recaída y de la necesidad de mantener controles médicos. En cáncer, superar el tratamiento y obtener pruebas sin evidencia de enfermedad supone un paso enorme; no equivale, sin embargo, a borrar de golpe la vigilancia clínica ni el impacto psicológico acumulado durante meses.

Sémper y el miedo: cuando la vida cotidiana cambia de tamaño

La comparación con ETA no es una ocurrencia televisiva. Sémper pasó buena parte de su juventud bajo amenaza terrorista y durante años vivió con escolta. Aquel miedo, según ha relatado, podía delimitarlo mentalmente: una casa cerrada, un desplazamiento fuera del País Vasco, un lugar protegido. La enfermedad funcionó de otra manera. Estaba dentro.

Durante el proceso recordó una primera etapa de miedo intenso, seguida de algo que le sorprendió más: nostalgia. No solamente por lo vivido, también por un futuro que podía no llegar. Despertarse, mirar a sus hijos, mantener una conversación, trabajar, aburrirse incluso. Lo corriente dejó de parecerle corriente. El cáncer, explicó posteriormente, también le había enseñado a separar aquello que merece realmente la pena de buena parte del ruido que solemos cargar encima.

Su caso presenta, además, una circunstancia médica decisiva. Según ha explicado el propio Sémper, el tumor fue descubierto de forma casual y en una fase muy inicial, algo especialmente relevante en el cáncer pancreático. El político, nacido en 1976, tampoco encajaba demasiado en la fotografía estadística más habitual del paciente: hacía deporte, se consideraba sano y estaba lejos de las edades en las que la incidencia comienza a elevarse con más fuerza. Las estadísticas dibujan tendencias; los pacientes reales, a veces, se salen del dibujo.

Un cáncer que con demasiada frecuencia se descubre tarde

El problema del cáncer de páncreas no reside únicamente en su agresividad biológica. También cuenta su capacidad para crecer durante un tiempo sin producir señales inequívocas. El páncreas se encuentra profundamente situado en el abdomen, detrás del estómago y próximo al duodeno, el hígado, las vías biliares y el bazo. Un escondite anatómico bastante eficaz.

La enfermedad resulta difícil de detectar en sus primeras fases porque puede no provocar síntomas perceptibles y, cuando aparecen, algunos se confunden con problemas mucho más comunes. Sólo una minoría de los tumores se diagnostica cuando sigue estando claramente localizada y una proporción reducida de pacientes presenta inicialmente una enfermedad susceptible de cirugía con intención curativa.

Ahí se entiende mejor la importancia de lo ocurrido a Sémper. Encontrar un tumor pancreático temprano no transforma una enfermedad compleja en una enfermedad sencilla, pero sí puede cambiar profundamente las opciones terapéuticas. Cuando el cáncer se ha extendido a estructuras próximas o a órganos distantes, la cirugía puede dejar de ser posible y el tratamiento pasa a depender mucho más de terapias sistémicas.

Qué es el páncreas y para qué sirve

El páncreas es una glándula alargada que cumple dos trabajos bastante distintos y ambos esenciales. Por una parte, produce enzimas digestivas que llegan al intestino y ayudan a procesar grasas, proteínas y carbohidratos. Por otra, fabrica hormonas como la insulina y el glucagón, fundamentales para mantener equilibrados los niveles de glucosa en sangre.

La mayoría de los cánceres pancreáticos se originan en la parte exocrina del órgano. El adenocarcinoma ductal pancreático es el tipo más frecuente, aunque existen también tumores neuroendocrinos y otras variedades menos habituales que pueden comportarse de manera diferente y presentar un pronóstico distinto. Por eso hablar simplemente de «cáncer de páncreas» engloba enfermedades que no son idénticas.

Los síntomas que pueden aparecer

Entre las señales asociadas al tumor aparecen la ictericia, que produce una coloración amarillenta de piel y ojos, la orina oscura, las heces más claras, el dolor en la parte superior del abdomen que puede irradiarse hacia la espalda, la pérdida de peso sin una explicación evidente, la falta de apetito y un cansancio persistente.

También pueden darse alteraciones de la glucosa o aparecer una diabetes de reciente diagnóstico, especialmente en determinados pacientes de mayor edad. Ninguna de estas señales demuestra por sí sola que exista un tumor pancreático. Son síntomas que también pueden acompañar a trastornos benignos mucho más frecuentes; su persistencia, combinación o aparición inesperada es lo que puede justificar una valoración médica.

España: más de 10.000 nuevos casos previstos en 2026

España registrará aproximadamente 301.884 nuevos diagnósticos de cáncer durante 2026. De ellos, alrededor de 10.405 corresponderán al páncreas, frente a los 10.338 estimados para 2025. No está entre los tumores con mayor número absoluto de diagnósticos, territorio dominado por colon y recto, mama, pulmón o próstata, pero asciende muchos puestos cuando se observa la mortalidad.

Los últimos datos consolidados sitúan en 8.376 las muertes provocadas por cáncer de páncreas en España durante 2024, frente a 8.140 en 2023. En 2020 habían sido 7.427. En apenas cuatro años, por tanto, la cifra anual aumentó en casi un millar de fallecimientos.

No resulta correcto enfrentar directamente los fallecimientos registrados un año con los nuevos diagnósticos estimados para otro como si se tratara de un mismo grupo de pacientes. Aun así, la proximidad entre ambas magnitudes ayuda a entender por qué el cáncer pancreático conserva una reputación clínica tan sombría: su letalidad sigue siendo elevada pese a representar una fracción mucho menor de todos los cánceres diagnosticados.

La supervivencia ofrece otra fotografía contundente. Los datos poblacionales españoles disponibles para pacientes diagnosticados entre 2013 y 2017 sitúan la supervivencia neta a cinco años alrededor del 11,1%. A un año alcanzaba el 34,3% y a tres años, el 15,1%. Son cifras correspondientes a una cohorte histórica y no deben utilizarse como pronóstico individual para una persona diagnosticada en 2026, menos todavía cuando el estadio, el tipo de tumor y la respuesta al tratamiento modifican enormemente cada caso.

Europa y el mundo: pocos diagnósticos para tantas muertes

El panorama europeo mantiene la misma anomalía. Las estimaciones internacionales para 2022 contabilizaron aproximadamente 146.477 nuevos casos en Europa y unas 138.644 muertes. La palabra Europa se refiere aquí al conjunto continental, no exclusivamente a la Unión Europea.

Dentro de la UE, el cáncer pancreático representa alrededor del 7,4% de las muertes por cáncer, una proporción particularmente alta para un tumor que no se encuentra entre los más diagnosticados. Esa descompensación es una de sus características epidemiológicas más inquietantes.

A escala mundial se estimaron aproximadamente 510.992 diagnósticos durante 2022 y unas 467.409 muertes. Por número de casos fue el duodécimo cáncer más frecuente del planeta; por mortalidad, sin embargo, alcanzó aproximadamente el sexto puesto. Ahí está la fotografía casi completa: no figura entre los gigantes de la incidencia, pero sí entre los grandes verdugos.

Hombres, mujeres y edad: dónde aumenta el riesgo

La edad pesa de manera considerable. La mayor parte de los diagnósticos aparece en personas mayores y la incidencia se incrementa con los años. Buena parte de los casos se concentra a partir de los 65 años y la edad media observada en grandes series internacionales se mueve aproximadamente alrededor de los 70.

Los hombres presentan una incidencia ligeramente superior a la de las mujeres. En las estimaciones mundiales correspondientes a 2022 hubo aproximadamente 269.700 casos masculinos frente a unos 241.300 femeninos. La distancia no es enorme, pero se mantiene de forma suficientemente consistente como para aparecer en los registros epidemiológicos.

En España se aprecia, además, cierta diferencia en supervivencia por sexo dentro de las cohortes analizadas. Entre las personas diagnosticadas entre 2013 y 2017, la supervivencia neta a cinco años rondó el 10,3% en hombres y el 12,1% en mujeres. De nuevo, se trata de estadísticas poblacionales: útiles para comprender una enfermedad, inútiles para adivinar el futuro concreto de una persona.

Tabaco, obesidad, diabetes y genética: qué aumenta el riesgo

No existe un único perfil destinado a desarrollar cáncer pancreático. Tener uno o varios factores de riesgo aumenta las probabilidades, pero no determina quién enfermará. Personas aparentemente sanas pueden desarrollar el tumor y otras que acumulan varios factores nunca lo sufrirán.

El tabaco ocupa una posición especialmente clara. Los fumadores presentan aproximadamente el doble de riesgo de cáncer pancreático que quienes nunca han fumado, y se calcula que una parte relevante de los casos podría estar relacionada con el consumo de cigarrillos. El riesgo disminuye progresivamente después de abandonar el hábito.

El sobrepeso y la obesidad también se han relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad. Las estimaciones disponibles sitúan el incremento de riesgo asociado a la obesidad aproximadamente alrededor del 20%, aunque ese porcentaje no debe interpretarse como una predicción individual.

También aparecen asociaciones con la diabetes tipo 2, la pancreatitis crónica, determinados antecedentes familiares y algunas alteraciones genéticas hereditarias. Entre los genes que pueden estar relacionados con una predisposición mayor figuran BRCA1, BRCA2, PALB2 y ATM, junto con varios síndromes hereditarios mucho menos frecuentes.

La pancreatitis crónica merece una atención particular porque mantiene el órgano sometido a inflamación durante largos periodos y puede elevar el riesgo futuro. En ciertos pacientes con antecedentes familiares relevantes o variantes genéticas concretas se plantea una vigilancia especializada mucho más estrecha.

Por qué no existe un cribado general como en otros cánceres

Una de las grandes diferencias respecto al cáncer de mama o algunos tumores colorrectales es la ausencia de un programa de cribado rutinario dirigido a toda la población con riesgo medio. No existe una prueba sencilla, suficientemente precisa y validada para buscar masivamente un cáncer pancreático silencioso en personas sanas.

En personas con riesgo hereditario elevado o determinados antecedentes familiares sí puede contemplarse un seguimiento especializado mediante pruebas de imagen y protocolos específicos. Son grupos seleccionados, no una recomendación para el conjunto de la población.

Ese vacío ayuda a explicar por qué tantos tumores llegan al diagnóstico después de haber avanzado. El órgano está escondido, los síntomas iniciales pueden resultar vagos y no existe una especie de «mamografía del páncreas» que permita revisar periódicamente a millones de personas. Una combinación difícil.

La excepción de Sémper dentro de unas estadísticas muy duras

La historia de Borja Sémper contiene una paradoja que explica buena parte del interés que han despertado sus palabras. Habla de uno de los cánceres con peor supervivencia poblacional y, al mismo tiempo, de una circunstancia capaz de cambiar radicalmente el horizonte: haberlo encontrado pronto. Él mismo ha reconocido la suerte extraordinaria que supuso esa detección temprana.

Después llegaron unos diez meses de tratamiento, la retirada temporal de la primera línea política y una vida organizada alrededor de médicos, revisiones y quimioterapia. No hubo ningún atajo. La noticia favorable de abril de 2026 llegó después de atravesar ese recorrido y abrió otra etapa, la del seguimiento.

Y quedó una reflexión bastante menos grandilocuente que el clásico mandato de vivir cada jornada como si fuese la última. Sémper ha contado incluso que esa versión del carpe diem puede provocar cierta ansiedad. Su aprendizaje parece más doméstico: aprovechar el tiempo sin convertir cada minuto en una competición para ser feliz.

Comer, trabajar, discutir, mirar crecer a los hijos. Vida corriente. Frente a un cáncer cuya supervivencia poblacional española a cinco años continúa poco por encima del 11% en los últimos datos consolidados, Sémper terminó hablando precisamente de eso. No tanto de la muerte como de todo lo que podía perderse antes de que llegara: seguir viviendo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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