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¿Por qué Yemen vuelve a la guerra y qué está en juego en el mar Rojo?
El avance hutí por la costa occidental reabre la guerra en Yemen y coloca Moca, Perim y el estratégico estrecho de Bab el-Mandeb bajo presión.

Foto: Ibrahem Qasim / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- Ansar Alá rompe el frente y avanza por la costa occidental de Yemen
- La caída de Moca y el avance sobre Perim elevan la tensión en Bab el-Mandeb
- Arabia Saudí y el comercio del mar Rojo vuelven a quedar bajo presión
Yemen ha entrado de nuevo en una fase de guerra abierta. La gran ofensiva lanzada por Ansar Alá, el movimiento hutí que controla Saná y buena parte del norte del país, ha roto el equilibrio militar que durante años había mantenido relativamente congelados los principales frentes. Sus fuerzas han avanzado por la costa occidental, han conquistado Moca, uno de los puertos estratégicos del mar Rojo, y han alcanzado la isla de Perim —también conocida como Mayun—, situada dentro del estrecho de Bab el-Mandeb.
No es una escaramuza más dentro del interminable conflicto yemení. El avance hutí coloca bajo una presión inédita a las fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente, con sede en Adén, y acerca a Ansar Alá al control efectivo de una franja costera desde la que puede amenazar uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta. Mientras continúan los combates en Taiz y Hodeida, Arabia Saudí vuelve a recibir ataques con misiles y drones y decenas de miles de civiles abandonan sus hogares. La guerra que parecía contenida vuelve a respirar, y lo hace junto a una de las grandes arterias del comercio mundial.
Una ofensiva que ha cambiado el mapa de Yemen
La nueva fase comenzó entre el 3 y el 4 de septiembre de 2026, cuando las fuerzas hutíes desencadenaron ataques coordinados en el oeste de Taiz y el sur de Hodeida. El despliegue combinó combatientes terrestres, artillería, drones y misiles balísticos. Solo en las primeras operaciones, las fuerzas gubernamentales denunciaron el lanzamiento de 14 misiles balísticos contra posiciones y zonas de la costa occidental.
El objetivo tenía bastante más profundidad que ganar unos kilómetros de terreno. Ansar Alá buscaba quebrar las defensas que protegían la carretera entre Taiz y Moca, dominar las alturas próximas a ese corredor y abrirse paso hacia la costa. Quien controla esas posiciones puede observar movimientos enemigos, hostigar los suministros y convertir una carretera en una ratonera. En Yemen, donde la geografía manda casi tanto como las armas, una montaña bien situada puede valer más que una ciudad.
Al principio, las fuerzas gubernamentales consiguieron recuperar algunas posiciones y enviaron refuerzos. Incluso emplearon aviación contra concentraciones, vehículos y posiciones hutíes en Taiz y Hodeida. Durante unos días pareció que el frente podía estabilizarse. No ocurrió.
El avance hutí terminó penetrando hacia el sur por la costa y alcanzó Moca, la histórica ciudad portuaria situada frente al mar Rojo. Su pérdida constituyó uno de los golpes militares más graves sufridos recientemente por el Gobierno de Adén. Las fuerzas contrarias a Ansar Alá llevaban controlando la ciudad desde 2017.
Moca y Perim convierten Bab el-Mandeb en el centro de la guerra
La caída de Moca cambió la escala del problema. Poco después, combatientes hutíes alcanzaron Perim, una isla situada literalmente dentro de Bab el-Mandeb, según confirmaron fuentes del Gobierno yemení. También se han producido avances hacia otras posiciones e islas de la zona.
Bab el-Mandeb es un embudo marítimo de apenas unas decenas de kilómetros entre Yemen y el Cuerno de África. Al norte queda el mar Rojo; al sur, el golfo de Adén y el océano Índico. Por allí pasan petroleros, portacontenedores y barcos que después continúan hacia el canal de Suez. Basta mirar un mapa para comprender el problema: no existe demasiado espacio para equivocarse.
Eso no significa que Ansar Alá pueda cerrar el estrecho simplemente plantando una bandera en Perim. Control territorial y control marítimo no son exactamente lo mismo. Pero disponer de posiciones costeras e insulares facilita la vigilancia y amplía las posibilidades de emplear drones, misiles, artillería u otras armas contra objetivos navales.
La relevancia económica tampoco es teórica. Durante el segundo trimestre de 2026 atravesaron Bab el-Mandeb alrededor de 8,1 millones de barriles diarios de crudo y otros líquidos petrolíferos. Una interrupción prolongada obligaría a numerosos barcos a modificar sus rutas, asumir mayores primas de seguro o bordear África. Más días de navegación, más combustible, más dinero. Al final, la factura siempre encuentra algún bolsillo.
Arabia Saudí vuelve a quedar atrapada en Yemen
La guerra yemení nunca ha sido exclusivamente yemení. Arabia Saudí intervino militarmente en 2015 al frente de una coalición que pretendía restituir al Gobierno expulsado de Saná por los hutíes. Irán, mientras tanto, ha prestado apoyo político y militar a Ansar Alá, aunque Teherán rechaza la idea de dirigir cada decisión del movimiento desde un despacho iraní.
Durante los últimos años, Riad había intentado reducir su exposición al conflicto. La tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022 no resolvió la guerra, ni siquiera permaneció formalmente en vigor de manera indefinida, pero ayudó a congelar buena parte de las líneas. A falta de paz hubo algo parecido a una pausa. Yemen siguió dividido; simplemente dejó de ocupar cada semana las portadas.
Ese precario equilibrio se está deshaciendo.
Los hutíes han vuelto a atacar territorio saudí con drones y misiles, incluidos objetivos militares y energéticos. La escalada ha alcanzado también infraestructuras relacionadas con el transporte de petróleo, mientras Arabia Saudí ha respondido con ataques y apoyo a las fuerzas yemeníes enfrentadas a Ansar Alá.
Riad afronta así una ecuación bastante incómoda. Una intervención militar más profunda podría frenar determinados avances pero volvería a situar ciudades, aeropuertos e instalaciones petroleras saudíes en primera línea. Mantener una respuesta limitada, por otra parte, permite que los hutíes consoliden algunas de sus recientes conquistas.
El mar Rojo conecta Yemen con una crisis mucho mayor
Hay otro elemento que diferencia esta escalada de etapas anteriores. Yemen está conectado directamente con el tablero regional.
Los hutíes demostraron desde finales de 2023 que podían alterar la navegación comercial mediante ataques contra barcos en el mar Rojo. Aquella campaña provocó que numerosas navieras evitaran Bab el-Mandeb y desviaran sus buques alrededor del cabo de Buena Esperanza. Ahora el peligro ya no procede únicamente de proyectiles lanzados desde territorio yemení: Ansar Alá dispone de una posición territorial mucho más avanzada sobre la propia costa.
El movimiento ha asegurado que sus operaciones marítimas tienen objetivos determinados y que no pretende atacar indiscriminadamente la navegación internacional. El problema para armadores y aseguradoras es más prosaico. Una promesa sirve de poco cuando misiles, drones y una guerra terrestre conviven junto a la ruta por la que debe pasar un petrolero cargado con cientos de miles de toneladas.
La ofensiva refuerza además la capacidad de presión de Irán sobre sus rivales regionales. Teherán niega ejercer un control operativo directo sobre los hutíes, pero su apoyo al movimiento es amplio y está documentado. Fuentes regionales han atribuido incluso a asesores y material iraníes un papel importante en los recientes avances sobre la costa occidental.
El drama civil regresa antes de que el anterior haya terminado
Detrás del mapa militar aparece la parte menos abstracta de la guerra. Más de 82.000 personas habían sido desplazadas durante septiembre por los combates en la costa occidental, y miles han buscado refugio en Adén y otras gobernaciones. Parte de la población ha cruzado incluso el mar hacia Yibuti.
El salto resulta especialmente brusco. El 8 de septiembre se contabilizaban más de 5.600 hogares desplazados en Taiz y el sur de Hodeida desde el inicio de la escalada; tres días después se informaba ya de 18.000 hogares desplazados desde comienzos de mes. La velocidad de la huida da una medida bastante más precisa de lo que ocurre que cualquier discurso militar.
Muchas familias habían sobrevivido a una década de guerra, hambre, epidemias, inflación y servicios públicos quebrados. Algunas regresaron a lugares considerados relativamente seguros durante los años de menor intensidad. Ahora vuelven a cargar colchones, garrafas, bolsas de ropa, niños medio dormidos. Otra carretera, otro refugio.
Yemen arrastra uno de los grandes desastres humanitarios del siglo XXI. La nueva batalla llega, por tanto, a un país sin apenas margen. No hay una retaguardia cómoda esperando detrás del frente.
Por qué esta vez el avance hutí puede cambiar más cosas
Militarmente, todavía sería prematuro presentar la campaña como una victoria definitiva de Ansar Alá. Las fuerzas gubernamentales siguen combatiendo, han lanzado ataques aéreos sobre posiciones hutíes y preparan refuerzos para intentar recuperar terreno. Los enfrentamientos continúan en distintos sectores de la costa y de Taiz.
Tampoco existe una equivalencia automática entre dominar Moca, alcanzar Perim y controlar todo Bab el-Mandeb. El estrecho es un espacio marítimo internacional vigilado por varias potencias y cualquier intento de clausurarlo completamente tendría consecuencias militares enormes.
Pero el escenario sí ha cambiado.
Ansar Alá dispone de más territorio costero, mejores posiciones sobre el mar Rojo y una capacidad de presión mayor sobre sus adversarios y sobre las rutas marítimas. El Gobierno de Adén ha sufrido una derrota significativa. Arabia Saudí vuelve a mirar hacia su frontera meridional después de varios años tratando de escapar del laberinto yemení. Y los mercados han reaccionado al deterioro regional: este 14 de septiembre el Brent superaba los 107 dólares por barril en medio de la preocupación por las rutas energéticas y los ataques contra infraestructuras saudíes.
Yemen vuelve al centro del mapa
La guerra de Yemen nunca desapareció. Quedó congelada, fragmentada, relegada durante un tiempo detrás de otras crisis. La ofensiva de septiembre ha roto ese espejismo.
La captura de Moca y Perim, los combates alrededor de Taiz y Hodeida y los nuevos ataques contra Arabia Saudí indican que el conflicto ha entrado en una etapa distinta. La incógnita inmediata no es únicamente cuánto territorio pueden conservar los hutíes, sino hasta dónde estarán dispuestos a llegar sus adversarios para recuperarlo.
Porque esta vez la batalla se libra junto a Bab el-Mandeb, una puerta estrecha entre dos mares por la que circulan barcos, petróleo y mercancías de medio mundo. Yemen vuelve a arder en tierra firme, pero el humo ya se ve desde bastante más lejos.












