Salud
¿Por qué uno de cada cuatro españoles sufrirá un ictus a lo largo de su vida?
Cada minuto sin tratamiento cuesta dos millones de neuronas. La mitad de los españoles no sabría reconocer un ictus: estas son las cuatro señales.

Resumen
- En España se producen unos 90.000 ictus al año y más de 23.000 muertes; uno de cada cuatro españoles lo sufrirá en su vida, según la Sociedad Española de Neurología.
- Solo la mitad de la población sabe reconocer los síntomas, y el Código Ictus se activa en apenas el 40% de los casos atendidos en hospitales.
- Cada minuto sin flujo sanguíneo cerebral destruye casi dos millones de neuronas: la rapidez al llamar al 112 decide el pronóstico.
Cada año, unas 90.000 personas sufren un ictus en España. Más de 23.000 mueren por esa causa. Y sin embargo, la mitad de la población no sabría reconocer los síntomas si le ocurrieran a alguien que tiene delante. Son las cifras que la Sociedad Española de Neurología (SEN) ha puesto sobre la mesa este 29 de octubre, Día Mundial del Ictus, junto con una proyección que cuesta digerir: uno de cada cuatro españoles sufrirá un derrame cerebral a lo largo de su vida.
No es una lotería rara ni un asunto exclusivo de la vejez extrema. Es la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto en Europa y una de las principales causas de muerte en España. Y lo más incómodo de todo: buena parte del daño que provoca no depende solo de la medicina, sino de que alguien que está al lado sepa mirar el reloj y marcar el 112 a tiempo.
Dos millones de neuronas por minuto: la carrera contra el reloj
Un ictus ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro se interrumpe. Puede ser por un coágulo que obstruye una arteria —el llamado ictus isquémico, el más frecuente— o por la rotura de un vaso sanguíneo, que da lugar al ictus hemorrágico. En ambos casos el resultado es el mismo: tejido cerebral que se queda sin oxígeno y empieza a morir.
María del Mar Freijo, coordinadora del Grupo de Estudio de Enfermedades Cerebrovasculares de la SEN (GEECV-SEN), lo resume con una cifra que no deja lugar a dudas:
«Por cada minuto que pasa sin que la sangre llegue al cerebro se pierden casi dos millones de neuronas y actuar en las primeras horas reduce las complicaciones de esta enfermedad».
De ahí la insistencia de los neurólogos en un mensaje casi publicitario por lo repetido, pero literalmente vital: el ictus es una urgencia médica absoluta. No es algo que se pueda «esperar a ver si se pasa». Los tratamientos de reperfusión —los que disuelven o extraen el coágulo— tienen ventanas de eficacia medidas en horas, y cada minuto de retraso doméstico, ese «vamos a ver si se le pasa con un café», se traduce en neuronas perdidas y secuelas permanentes.
Las cuatro señales que solo la mitad de la población sabe reconocer
La SEN recuerda que únicamente el 50% de los españoles sabría identificar un ictus. Los síntomas aparecen de forma brusca, sin aviso previo, y suelen concentrarse en cuatro señales claras:
- ✓Pérdida brusca de fuerza o sensibilidad en un brazo o una pierna, generalmente en un solo lado del cuerpo.
- ✓Dificultad repentina para hablar o entender: palabras que no salen, frases sin sentido o incapacidad de comprender lo que te dicen.
- ✓Pérdida súbita de visión en uno o ambos ojos, total o parcial.
- ✓Dolor de cabeza muy intenso y repentino, distinto a cualquier dolor de cabeza habitual.
Hay un matiz que la SEN subraya con especial énfasis: llamar al 112 incluso si los síntomas son leves o desaparecen a los pocos minutos. Esos episodios fugaces, conocidos como accidentes isquémicos transitorios, son con frecuencia el aviso previo de un ictus inminente. Ignorarlos porque «ya se ha pasado» es uno de los errores más caros que se pueden cometer.
Un Código Ictus que se activa en apenas cuatro de cada diez casos
El sistema sanitario español tiene montado un dispositivo específico para esto: el Código Ictus, un protocolo de actuación coordinada que activa la cadena de urgencias, neurología y neurorradiología para que el paciente llegue lo antes posible a un centro capaz de tratarlo. Cuando funciona, funciona muy bien.
El problema es que se usa poco. Según la SEN, el Código Ictus solo se activa en aproximadamente el 40% de los casos que se atienden en los hospitales, «muy por debajo de su potencial para salvar vidas y reducir secuelas». Traducción: seis de cada diez pacientes no entran por la vía rápida, en buena medida porque el entorno no reconoció los síntomas o tardó demasiado en reaccionar.
La secuencia correcta, si alguna vez te toca estar delante, es corta y conviene sabérsela de memoria:
- 1Anota la hora exacta en que empezaron los síntomas. Los médicos la necesitan para decidir el tratamiento.
- 2Llama al 112 y menciona la palabra «ictus». No traslades al paciente por tu cuenta si te indican lo contrario.
- 3No le des ni agua, ni comida, ni aspirina: puede tener afectada la deglución y algunos fármacos empeoran un ictus hemorrágico.
- 4Si los síntomas desaparecen solos, acude igualmente a urgencias. Un aviso transitorio hoy puede ser un ictus mañana.
Envejecimiento y prevención: por qué habrá más casos en las próximas décadas
La SEN advierte de que la incidencia del ictus podría seguir aumentando en las próximas décadas, y el motivo principal tiene que ver con la demografía: el envejecimiento de la población. La edad es el factor de riesgo no modificable más potente, y España camina hacia una pirámide poblacional cada vez más invertida. Más personas mayores significa, estadísticamente, más ictus.
Pero el fatalismo dura poco si se mira la otra mitad del vaso: una proporción muy relevante de los casos está vinculada a factores de riesgo que sí se pueden modificar. Hipertensión arterial, fibrilación auricular no diagnosticada, tabaquismo, diabetes, colesterol alto, sedentarismo y obesidad encabezan la lista. Controlar la tensión, por ejemplo, es probablemente la medida individual con mayor impacto preventivo.
La detección precoz también juega su papel: muchos ictus llegan precedidos de avisos ignorados o de arritmias como la fibrilación auricular que nunca fueron diagnosticadas. Los chequeos a partir de cierta edad no son un trámite burocrático; son, literalmente, una red para coger la pelota antes de que caiga. Tomarse la tensión de forma periódica, revisar el pulso y controlar el colesterol son gestos de diez minutos que, según la SEN, marcan la diferencia entre una estadística y una vida sin secuelas.
El contraste entre lo que se sabe y lo que se hace es llamativo: España dispone de una red de unidades de ictus y de un protocolo —el Código Ictus— que funciona cuando se activa a tiempo, pero el eslabón más débil de toda la cadena sigue estando fuera del hospital. Está en el salón de una casa donde alguien nota que un familiar habla raro y decide esperar diez minutos a ver qué pasa. Esos diez minutos cuestan unos veinte millones de neuronas.
El mensaje final del Día Mundial del Ictus no es nuevo, pero conviene repetirlo hasta que el 50% de desconocimiento baje a cero: ante la sospecha, 112, aunque los síntomas sean leves. Dos millones de neuronas por minuto no esperan a que nadie se decida.












