Economía
¿Por qué se frena EEUU? PIB al 1,5% e inflación se atasca en el 3,7%
EEUU crece al 1,5% mientras la inflación se mantiene en el 3,7%: una combinación incómoda que vuelve a poner a la Fed bajo presión creciente.

La economía de Estados Unidos sigue creciendo, pero ya no corre con la misma alegría. El PIB real avanzó a una tasa anualizada del 1,5% en el segundo trimestre de 2026, exactamente lo previsto en la primera estimación y claramente por debajo del 2,1% registrado entre enero y marzo. Al mismo tiempo, la inflación que más vigila la Reserva Federal se mantuvo en julio en el 3,7% interanual, una décima por encima del 3,6% que esperaba el mercado. Crecimiento más lento y precios todavía incómodos: una combinación bastante menos agradable de lo que sugiere el simple hecho de que el PIB continúe en positivo.
No estamos ante una recesión, ni cerca de poder afirmarlo con estos datos. Pero tampoco ante esa economía imperturbable que a veces dibujan los discursos políticos. Estados Unidos conserva una demanda interna apreciable y los hogares siguen gastando, aunque julio dejó una señal más fría: descontada la subida de precios, el consumo prácticamente no avanzó. Y ahí aparece el pequeño aguafiestas de esta fotografía económica: la inflación continúa demasiado lejos del objetivo del 2% de la Fed, justo cuando el ritmo general de expansión pierde velocidad.
EEUU crece, pero pisa el freno
La segunda estimación publicada este 26 de agosto por la Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos, el BEA, confirmó el crecimiento del 1,5% anualizado entre abril y junio. En el trimestre anterior había sido del 2,1%. El consumo de los hogares, las exportaciones y la inversión aportaron crecimiento, mientras el gasto público retrocedió y las importaciones aumentaron, lo que resta matemáticamente al cálculo del PIB.
La revisión apenas alteró el número principal, aunque sí cambió algunas piezas bajo el capó. El consumo resultó algo mejor de lo calculado inicialmente, principalmente por una revisión al alza de los servicios, pero ese impulso quedó compensado por unas importaciones también mayores. Dentro del gasto en servicios destacaron especialmente la sanidad, los hospitales y los servicios médicos. El resultado final es casi una rareza estadística: el titular permanece inmóvil, 1,5%, mientras por debajo varios componentes se han movido con cierta intensidad.
Ese 1,5% no es crecimiento trimestral
Conviene detenerse aquí porque la forma estadounidense de presentar el PIB suele provocar equívocos al otro lado del Atlántico. Ese 1,5% no significa que la economía haya aumentado un 1,5% respecto al trimestre anterior. Estados Unidos publica normalmente la variación trimestral convertida a tasa anualizada, es decir, proyectando qué ocurriría si ese ritmo se mantuviera durante cuatro trimestres.
Sin anualizar, el crecimiento real entre el primer y el segundo trimestre fue de aproximadamente un 0,4%. El matiz cambia bastante la impresión. Un 1,5% trimestral sería una velocidad formidable; un 0,4% trimestral describe una economía que continúa avanzando, sí, pero con un paso bastante más corriente.
La demanda privada cuenta otra historia
El PIB general, además, está ofreciendo una imagen algo más apagada que ciertos indicadores internos. Las ventas finales reales a compradores privados nacionales —una medida que suma esencialmente consumo e inversión fija privada y elimina algunos componentes más volátiles— crecieron a una tasa anualizada del 4,2%, tres décimas más de lo calculado inicialmente.
Eso importa. Sugiere que el corazón privado de la economía estadounidense mantiene bastante pulso pese al enfriamiento del PIB agregado. También el ingreso interior bruto real, otra forma de medir la actividad a través de las rentas generadas en vez de la producción, aumentó un 2,2% anualizado durante el trimestre. Y los beneficios empresariales procedentes de la producción corriente subieron en 400.900 millones de dólares tras aumentar en 74.400 millones durante los tres primeros meses del año. Una economía al borde del precipicio no suele dejar cifras así.
Inflación al 3,7%: el problema no se ha ido
El otro dato publicado este miércoles resulta menos cómodo. El índice de precios del gasto en consumo personal, el conocido como PCE, aumentó un 0,2% en julio respecto a junio y un 3,7% frente al mismo mes de 2025. La tasa interanual no se movió respecto a junio y quedó ligeramente por encima del 3,6% esperado por los analistas.
La inflación subyacente, que elimina alimentos y energía para intentar observar mejor las presiones de fondo, también subió un 0,2% mensual y se mantuvo en el 3,3% interanual. No hay aquí un rebrote espectacular, pero tampoco una retirada convincente. Después de años de mirar cada décima como quien examina el electrocardiograma de un paciente, la Fed sigue viendo una inflación obstinadamente situada por encima de su referencia del 2%.
Hay, además, una diferencia importante entre que la inflación baje y que bajen los precios. Una inflación del 3,7% significa que, en promedio, los precios siguen aumentando, solo que a un determinado ritmo. Para los hogares que ya soportaron las fuertes subidas acumuladas de los últimos años, esa distinción estadística puede sonar algo académica cuando llega la factura, pero es esencial para entender qué está ocurriendo.
El consumo aguanta, pero en términos reales casi se para
Julio dejó otra señal que merece atención. Los ingresos personales aumentaron un 0,4% mensual y la renta disponible creció un 0,5%. El gasto nominal de los consumidores avanzó un 0,2%, equivalente a 36.300 millones de dólares. Sin embargo, una vez descontado el efecto de los precios, el consumo real prácticamente se quedó plano: creció menos de una décima.
La composición también resulta reveladora. El gasto en servicios aumentó en 86.200 millones de dólares, mientras las compras de bienes descendieron en 49.900 millones. La tasa de ahorro personal subió hasta el 3,0%, frente al 2,7% registrado en junio. No es un giro dramático hacia la austeridad doméstica, desde luego, pero sí un indicio de que las familias han empezado a guardar algo más de margen.
La mezcla tiene cierta lógica: los ingresos todavía progresan, el gasto nominal también, pero la inflación se come buena parte del avance. En la vida cotidiana, esa diferencia entre dólares corrientes y poder adquisitivo es donde la macroeconomía deja de ser una tabla estadística y aparece en el supermercado, el seguro, el alquiler o la factura energética.
La Fed vuelve al laberinto de los tipos
Para la Reserva Federal, los dos datos juntos son incómodos. Un crecimiento del 1,5% aconsejaría cierta prudencia antes de endurecer todavía más las condiciones financieras. Una inflación PCE del 3,7%, en cambio, tampoco invita precisamente a abrir el champán y declarar terminada la batalla contra los precios.
En su reunión de julio, la Fed mantuvo el tipo oficial en un rango del 3,50% al 3,75%, con una votación de nueve miembros contra tres. Y el detalle resulta significativo: los tres disidentes preferían elevar los tipos en un cuarto de punto. El comunicado reconocía expresamente que la inflación seguía elevada frente al objetivo del 2%. La próxima reunión está prevista para los días 15 y 16 de septiembre.
Es el viejo dilema de la política monetaria, esta vez con traje de 2026: enfriar demasiado puede golpear la inversión, el empleo y el crecimiento; quedarse corto puede permitir que la inflación vuelva a incrustarse en salarios, servicios y expectativas. Los bancos centrales preferirían que la economía enviara mensajes inequívocos. La economía rara vez coopera.
Los mercados tendrán que digerir precisamente esa contradicción. El crecimiento estadounidense se modera, pero la demanda privada no parece desplomarse. La inflación general no acelera, pero tampoco baja. Y la subyacente sigue por encima del 3%. Eso reduce la posibilidad de interpretar un único dato como una orden automática para subir o bajar tipos.
Una economía que resiste, pero ya no corre
La fotografía de agosto deja, en definitiva, unos Estados Unidos más lentos pero todavía lejos del apagón económico. El PIB crece un 1,5% anualizado, la demanda privada conserva fuerza, los ingresos de los hogares avanzan y los beneficios empresariales mejoran. No encaja demasiado bien con un relato de hundimiento inminente.
El problema está en la otra mitad del cuadro. La inflación PCE continúa en el 3,7%, la subyacente en el 3,3% y el gasto real de los consumidores apenas avanzó en julio. La economía estadounidense sigue caminando sobre una cuerda que conocemos de sobra: suficiente actividad para evitar una recesión, pero suficientes presiones de precios para impedir que la Reserva Federal pueda relajarse.
Es, quizá, el escenario más ingrato para quienes prefieren titulares sencillos. Ni boom ni desastre. Crecimiento moderado, inflación persistente y tipos altos. Una economía que sigue demostrando resistencia, aunque cada trimestre necesita algo más de esfuerzo para mantener el paso.

Ocio¿Por qué Messi ha comprado el Eldense y qué proyecto prepara en Elda?
Actualidad¿Cómo sobrevivió Christa Pike a dos inyecciones letales en Tennessee?
Actualidad¿Habrá adelanto electoral? Bustinduy se prepara y Díaz evita hablar
Actualidad¿Qué pasó en Terrassa? Dos guardias civiles heridos y tres detenidos
Actualidad¿Por qué el 2-O vuelve a llenar las calles de España por la vivienda?
Viajes¿Por qué España bate récord con 70,4 millones de turistas en 2026?
Economía¿Qué cambia en la jubilación de 2027 y quién podrá retirarse a los 65?
Actualidad¿Qué zonas de Tarragona están bajo ES-Alert por lluvias torrenciales?
Actualidad¿Qué pasa en Francia? 65 heridos, incendios y 400 escuelas cerradas
Tecnología¿Cómo es Kraaken, el barco que genera luz, agua y aloja centros de IA?
Ciencia¿Qué es HD 3167 b, el planeta de lava fría que recuerda a la Tierra?
Economía¿Por qué China suspende sus exportaciones de combustible en octubre?









