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Naturaleza

¿Por qué entran murciélagos en casa cuando llega el otoño en España?

Con el otoño, algunos murciélagos buscan refugios y pueden acabar dentro de viviendas. Cómo actuar, por qué ocurre y qué señales conviene vigilar.

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entran murciélagos en casa

Resumen

  • En otoño, algunos murciélagos cambian de refugio y pueden entrar por accidente
  • Una ventana, una persiana o una grieta pueden convertirse en entradas
  • Si aparece uno, no hay que tocarlo: conviene facilitarle una salida segura

Encontrar un murciélago revoloteando por el salón al caer la noche puede parecer el comienzo de una película poco tranquilizadora, pero casi siempre tiene una explicación bastante menos dramática. Los murciélagos pueden entrar en las casas por accidente, siguiendo un insecto, explorando una abertura o buscando temporalmente un refugio adecuado. Y el otoño es precisamente una época de movimiento.

Cuando termina el verano cambian muchas cosas para estos pequeños mamíferos. Se disgregan algunas colonias de cría, comienza la época de apareamiento de distintas especies, llegan a la Península ejemplares migradores procedentes de otras zonas de Europa y se buscan refugios apropiados para los meses fríos. Una rendija junto al tejado, el cajón de una persiana o un desván tranquilo puede parecerles magnífico. No están intentando instalarse en el dormitorio ni atacar a nadie; con frecuencia, sencillamente han tomado una puerta equivocada.

El otoño cambia la vida de los murciélagos

El final del verano supone una pequeña revolución en su calendario biológico. Muchas colonias reproductoras que ocuparon edificios durante los meses cálidos empiezan a dispersarse entre agosto y septiembre. Al mismo tiempo, algunas especies atraviesan su periodo de apareamiento y otras se desplazan entre refugios antes de afrontar el invierno. Ese aumento de movimientos explica que los encuentros con murciélagos sean más visibles durante estas semanas.

En la Península Ibérica ocurre, además, otro fenómeno menos conocido: llegan murciélagos migradores desde otras zonas de Europa. Especies como el nóctulo mediano, el nóctulo pequeño o el murciélago de Nathusius pueden pasar aquí el otoño y el invierno antes de regresar hacia sus áreas de reproducción durante la primavera. Hay más desplazamientos nocturnos, más exploración de escondites y, por pura estadística, alguna entrada inesperada en viviendas.

El descenso de las temperaturas también modifica la disponibilidad de insectos. Los murciélagos españoles dependen en gran medida de ellos para alimentarse y deben administrar cuidadosamente sus reservas energéticas antes del periodo frío. Los edificios ofrecen algo especialmente atractivo: huecos secos, oscuros y térmicamente estables, pequeños refugios que desde fuera apenas llaman la atención.

Por eso una vivienda antigua no es necesariamente más problemática que una nueva. Una junta de fachada, una cámara bajo las tejas, una persiana enrollable o apenas unos centímetros de abertura pueden bastar. Son animales sorprendentemente pequeños. Un murciélago común adulto puede tener un cuerpo de dimensiones comparables a las de un pulgar, de modo que una grieta aparentemente insignificante puede ser suficiente.

Por dónde consiguen entrar en una vivienda

No necesitan una ventana abierta de par en par. Muchas especies acostumbradas a vivir cerca de pueblos y ciudades aprovechan grietas del tejado, aleros, cámaras, chimeneas, persianas y pequeñas fisuras de las paredes. Los edificios, vistos desde la perspectiva de un murciélago, están llenos de cuevas diminutas.

Entre las especies que aparecen con frecuencia en construcciones españolas figuran el murciélago común, el murciélago de Cabrera, el murciélago de borde claro y distintos murciélagos hortelanos. Su presencia alrededor de casas no tiene nada de excepcional: algunas especies llevan muchísimo tiempo utilizando estructuras humanas como refugio, especialmente cuando encuentran tranquilidad y temperaturas adecuadas.

Cuando aparece uno solo dentro de una habitación

Un ejemplar que entra de noche y empieza a volar de pared a pared suele estar desorientado y buscando una salida. Su vuelo rápido puede resultar aparatoso porque cambia de dirección constantemente, pero eso no significa que esté lanzándose contra las personas. La ecolocación le permite detectar obstáculos con enorme precisión, aunque una habitación cerrada no sea precisamente su escenario favorito.

Lo más razonable es mantener la calma, cerrar las puertas que comuniquen la habitación con el resto de la vivienda y dejar una ventana exterior abierta. Reducir el movimiento, apagar luces innecesarias y permitirle orientarse facilita que abandone por sí mismo la estancia cuando está activo durante la noche.

No conviene perseguirlo con escobas, toallas ni otros objetos. Mucho menos golpearlo. Aparte de ser innecesario, los murciélagos españoles están protegidos y varias especies presentan, además, estados de conservación delicados. Lo que parece una solución rápida puede terminar lesionando al animal y complicando bastante más la escena.

Si aparece quieto durante el día

Un murciélago inmóvil en una pared no tiene necesariamente ningún problema. Son animales fundamentalmente nocturnos y pueden permanecer horas prácticamente sin moverse. Durante el día buscan precisamente eso: quietud, oscuridad y protección hasta que vuelvan las condiciones apropiadas para volar.

La recomendación general es evitar tocarlo con las manos desnudas. Aunque no son animales agresivos, cualquier ejemplar silvestre puede defenderse mordiendo si se siente atrapado. Si está herido, es incapaz de volar o permanece en el suelo, lo prudente es recurrir a profesionales de recuperación de fauna o a los servicios ambientales correspondientes.

Tener uno dentro no significa tener una colonia

Aquí aparece una confusión frecuente. Ver un murciélago cruzando el pasillo una noche de septiembre no demuestra que haya veinte viviendo encima del falso techo. Puede tratarse simplemente de un ejemplar que entró accidentalmente, algo especialmente posible durante los movimientos propios del final del verano y el comienzo del otoño.

Una colonia deja señales más persistentes. Puede observarse actividad repetida alrededor de la misma abertura al anochecer, pequeños grupos entrando o saliendo, sonidos procedentes de un hueco concreto o acumulaciones de excrementos debajo del refugio. La diferencia importante está en la repetición de la actividad, no en una aparición aislada.

Las colonias reproductoras suelen instalarse durante la primavera y mantenerse hasta finales del verano o comienzos del otoño. Si se descubre una colonia, especialmente cuando ocupa una cubierta o una cavidad exterior del edificio, la situación es distinta a la de un murciélago perdido en una habitación. No conviene sellar inmediatamente la entrada sin asegurarse de que los animales pueden abandonarla y de que no quedan ejemplares atrapados dentro.

Sellar una grieta a ciegas puede empeorar el problema

Cerrar una entrada mientras los animales siguen utilizando el refugio puede dejarlos encerrados o provocar que busquen otra vía hacia el interior de la vivienda. Durante la época reproductora el riesgo es mayor porque puede haber crías incapaces de volar. Un tapón improvisado, en ese caso, puede convertir una convivencia discreta en un problema serio.

Por eso la exclusión de una colonia no consiste simplemente en echar espuma aislante sobre una rendija. Hay que valorar qué especie ocupa el refugio, en qué momento del ciclo anual se encuentra y por dónde entra y sale. Ante una colonia numerosa, lo adecuado es consultar con los responsables de conservación de fauna de la comunidad autónoma correspondiente antes de intervenir.

No atacan a las personas, pero tampoco hay que cogerlos

La imagen popular del murciélago tiene más literatura gótica que zoología. Los ejemplares que viven en España no rondan las habitaciones buscando sangre. Las especies presentes en nuestro país son fundamentalmente insectívoras, y su actividad alrededor de casas, jardines y farolas responde en buena medida a la abundancia de insectos.

Tampoco se enredan deliberadamente en el pelo. Su sistema de ecolocación les permite detectar obstáculos y orientarse en plena oscuridad con enorme precisión. Otra cosa es que un animal encerrado en una habitación pequeña realice giros bruscos buscando una abertura; desde el sofá, claro, la perspectiva resulta bastante menos científica.

Eso no convierte a un murciélago silvestre en un animal para manipular. Una mordedura o un arañazo requieren valoración sanitaria, aunque el riesgo de rabia relacionado con murciélagos sea bajo en España. Tras una exposición de riesgo debe limpiarse cuidadosamente la zona afectada y acudir a un centro sanitario para que los profesionales determinen las medidas necesarias.

Por qué conviene dejarlos vivir cerca de casa

Que resulte incómodo encontrar uno sobre la cortina no cambia su función ecológica. Los murciélagos son importantes depredadores de insectos y forman parte habitual de los ecosistemas urbanos y rurales españoles. Su presencia es mucho más cotidiana de lo que parece; simplemente, trabajan de noche y hacen poco ruido.

Durante esas horas recorren jardines, campos, calles y cursos de agua buscando alimento. Esa actividad ayuda a controlar poblaciones de insectos, incluidos muchos que resultan molestos o perjudiciales para cultivos. De ahí que su conservación no sea una extravagancia de naturalistas: cumplen una función ecológica difícil de sustituir.

España cuenta con más de una treintena de especies de quirópteros y su conservación está protegida por la normativa. Algunas presentan, además, situaciones particularmente delicadas. Su pequeño tamaño y su discreción hacen que puedan vivir durante años a pocos metros de nosotros sin que nadie repare en ello. La mayoría de las veces, la convivencia pasa completamente inadvertida.

Un visitante de otoño casi siempre está de paso

Septiembre y octubre son meses de transición. Los murciélagos abandonan refugios estivales, se aparean, realizan desplazamientos y buscan lugares seguros antes del invierno. En ese ir y venir, una ventana abierta o una pequeña grieta pueden convertir una vivienda en una escala accidental.

La escena impresiona más de lo que suele justificar el problema. Un ejemplar aislado normalmente necesita una salida, no una persecución. Una colonia exige más cuidado porque entran en juego la protección de los animales y el momento de su ciclo biológico. Y cuando existe contacto físico, mordedura o arañazo, la cuestión deja de ser doméstica y corresponde una valoración sanitaria profesional.

El murciélago que aparece de pronto bajo la lámpara no está anunciando una invasión otoñal. Casi siempre ocurre algo bastante más sencillo: él tampoco quería acabar allí.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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