Economía
¿Por qué España envía gas a Marruecos mientras compra más a Argelia?
España compra más gas a Argelia mientras mantiene los envíos a Marruecos, con precios altos y una relación energética cada vez más delicada.

España está comprando más gas a Argelia y, al mismo tiempo, mantiene un importante flujo de combustible hacia Marruecos. Las dos cifras llaman la atención: en julio de 2026 entraron por el gasoducto Medgaz 10.228 GWh de gas argelino, 898 GWh más que un año antes, mientras por Tarifa salieron hacia Marruecos 992 GWh. La proximidad de ambos números alimenta una conclusión muy tentadora: que prácticamente todo el gas adicional comprado a Argelia termina en el país vecino. El problema es que los datos completos cuentan una historia bastante menos redonda.
El gas enviado a Marruecos en julio no aumentó respecto a julio de 2025: fueron 992 GWh entonces y 992 GWh en julio de 2026. Más aún, entre enero y julio las salidas por Tarifa sumaron 4.950 GWh, un 13,7 % menos que durante el mismo periodo del año pasado. No existe, por tanto, una subida paralela de las exportaciones hacia Marruecos que permita afirmar que el aumento de las compras argelinas se haya trasladado allí. Hay una coincidencia de magnitudes mensuales, sí. Trazabilidad, no.
Los 898 GWh que han encendido la polémica
Argelia recuperó con fuerza durante 2026 su posición central en el abastecimiento energético español. En julio suministró el 41,7 % de todo el gas recibido por España: 10.228 GWh llegaron directamente por Medgaz, el tubo submarino que une Beni Saf con Almería, y otros 479 GWh lo hicieron como gas natural licuado, GNL, transportado en buques metaneros. Nigeria quedó muy por detrás, con el 15,4 %, y Estados Unidos aportó el 11,6 %.
Un año antes, Medgaz había aportado 9.330 GWh durante julio. La diferencia es de 898 GWh, aproximadamente un 9,6 % más. Y ahí aparece la comparación explosiva: mientras entraban esos 898 GWh adicionales desde Argelia, por el extremo occidental del Estrecho salían 992 GWh hacia Marruecos a través de Tarifa.
Sobre el papel queda precioso. Dos columnas, dos números casi gemelos y una flecha entre ambos. La geopolítica, sin embargo, suele tener la desagradable costumbre de no caber entera en una hoja de cálculo. La comparación enfrenta el incremento de una entrada con el volumen total de una salida, dos magnitudes distintas que no pueden presentarse como si describieran exactamente el mismo movimiento.
Marruecos ya recibió 992 GWh en julio de 2025, cuando España todavía no había registrado esos 898 GWh adicionales de Medgaz. En julio de 2026 volvió a recibir prácticamente lo mismo. El parecido entre las cifras existe, pero no prueba un trasvase directo del gas argelino.
Marruecos recibió menos gas español en el conjunto del año
La perspectiva de siete meses es todavía más reveladora. Entre enero y julio, las entradas por Almería sumaron 69.863 GWh, un 12,7 % más que en el mismo periodo de 2025. Las salidas por Tarifa siguieron justo el camino contrario: 4.950 GWh, un 13,7 % menos. En los últimos doce meses, Tarifa acumuló 9.586 GWh de salida, también por debajo de la referencia anterior.
Dicho sin álgebra: España está recibiendo más gas por la conexión argelina mientras envía menos gas a Marruecos en términos acumulados. Eso no elimina el interés político del flujo hacia Rabat —ni mucho menos—, pero sí desmonta la idea de una transferencia automática del incremento procedente de Argelia.
El gas que llega a Marruecos tiene otra ruta comercial
Hay otro detalle bastante importante. España no comenzó en 2022 a vender a Marruecos gas comprado directamente a Argelia. El mecanismo acordado fue distinto: Marruecos adquiere GNL en los mercados internacionales, lo lleva en metaneros hasta terminales españolas, utiliza la capacidad española de regasificación y después lo transporta hacia el sur por el antiguo gasoducto Magreb-Europa, funcionando en sentido inverso.
No es una sutileza burocrática. Argelia había advertido expresamente a España de que consideraría una violación contractual cualquier reexportación de gas argelino hacia Marruecos, su gran rival regional. Cuando comenzaron los primeros flujos en junio de 2022, Enagás estableció un procedimiento de certificación de origen para acreditar que el combustible destinado al reino alauí procedía del mercado internacional y no de los contratos argelinos.
Después ocurre algo físicamente evidente pero periodísticamente incómodo: cuando el gas entra en una red interconectada, las moléculas se mezclan. No hay una pegatina que diga Texas, Nigeria o Argelia adherida a cada metro cúbico que cruza Tarifa. La garantía funciona mediante contabilidad energética, nominaciones, contratos y certificaciones, no separando físicamente gases dentro de las tuberías.
Por eso es correcto decir que España recibe gas argelino y exporta gas hacia Marruecos. Es mucho más arriesgado afirmar que el segundo es materialmente el mismo combustible que acaba de entrar desde Argelia.
España se ha convertido en la tubería del Estrecho
La explicación está en las infraestructuras. Marruecos carece de la red de plantas de regasificación que tiene España, mientras la península cuenta con uno de los sistemas de recepción de gas natural licuado más desarrollados de Europa. El reino puede comprar un cargamento en el mercado internacional, descargarlo en España, regasificarlo y aprovechar después la conexión de Tarifa.
España actúa así como plataforma logística y energética. No necesariamente como propietaria del combustible. Es una diferencia bastante menos vistosa que hablar de un trasvase secreto de gas entre enemigos, pero explica mucho mejor cómo funciona el negocio.
El viejo gasoducto Magreb-Europa resume, además, tres décadas de relaciones norteafricanas casi mejor que cualquier tratado diplomático. Entró en funcionamiento en los años noventa para llevar gas argelino hasta España atravesando Marruecos. Argelia decidió cerrar esa ruta en 2021 durante su enfrentamiento con Rabat.
Desde junio de 2022, España utiliza parte de esa misma infraestructura al revés para mandar gas hacia territorio marroquí. La tubería no cambió; la política sí. El gasoducto Magreb-Europa pasó así de simbolizar la cooperación energética entre Argelia, Marruecos y Europa a convertirse en una pieza de la nueva rivalidad regional.
Argelia vuelve a ser imprescindible para España
Todo esto sucede mientras Madrid recompone sus relaciones con Argel. Tras la crisis diplomática provocada por el cambio español respecto al Sáhara Occidental, los contactos se han normalizado progresivamente y el Gobierno cerró en julio un acuerdo político destinado a aumentar el suministro argelino.
La intención anunciada es elevar aproximadamente un 10 % los flujos por Medgaz y duplicar el volumen de GNL argelino, aunque los detalles comerciales corresponden a las empresas del sector. Argelia vuelve así a ocupar una posición especialmente sensible dentro del mapa energético español.
Argelia ya era antes de ese acuerdo el principal proveedor. Entre enero y julio de 2026 entregó a España 74.936 GWh entre gas por tubería y GNL, un 4,4 % más que un año antes, y concentró el 34,8 % de las importaciones españolas. Estados Unidos ocupó el segundo lugar con el 27,3 % y Rusia el tercero con el 18,3 %.
El escenario tiene cierta ironía mediterránea. España mantiene una relación energética estratégica con Argelia, facilita al mismo tiempo el abastecimiento de Marruecos y debe conservar con ambos un equilibrio diplomático razonable. Argel y Rabat llevan años enfrentados y mantienen cerrada su frontera terrestre. Madrid está, literalmente, en medio.
Pero eso tampoco significa que España esté regalando gas a Marruecos. El combustible, la regasificación, el uso de infraestructuras y los servicios asociados forman parte de operaciones comerciales. El debate político sobre hasta qué punto España debería aprovechar la dependencia energética marroquí pertenece a otra discusión.
El precio del gas añade presión al debate
La polémica gana fuerza porque llega en un momento particularmente malo para el bolsillo. El mercado ibérico del gas ha atravesado durante el verano niveles elevados y el encarecimiento del combustible vuelve a trasladarse, con distinta intensidad, al mercado eléctrico español.
El efecto se ha notado en la electricidad. El mercado mayorista español terminó julio con un precio medio de 104,75 euros por MWh, aproximadamente un 51 % más que en junio, mientras la factura estimada de un consumidor medio acogido al PVPC aumentó alrededor de un 17 %. El encarecimiento del gas y el mayor uso de los ciclos combinados durante el verano han pesado con fuerza.
También aumentó la demanda gasista española, impulsada especialmente por el sector eléctrico. Aun así, España llegó a agosto con unos almacenamientos subterráneos notablemente más llenos que la media europea. Hay presión sobre los precios, pero eso no equivale a una falta física de suministro.
Relacionar automáticamente esa subida con los 992 GWh enviados a Marruecos sería ir demasiado lejos. Los precios europeos del gas están condicionados por un mercado internacional mucho más amplio: tensiones geopolíticas, disponibilidad mundial de GNL, demanda estacional, almacenamientos y expectativas sobre el invierno. Una tubería hacia Marruecos forma parte de la fotografía. No explica por sí sola el precio de la luz española.
El verdadero dato incómodo está en la dependencia energética
Hay, pese a todo, una cuestión relevante detrás del ruido. Marruecos depende de España para canalizar buena parte del gas que importa y recibe también electricidad desde la península. España dispone, por tanto, de una posición energética singular frente a su vecino del sur y ha optado por mantener esa infraestructura como instrumento comercial y de cooperación, no como mecanismo declarado de presión política.
Al mismo tiempo, España necesita conservar una relación estable con Argelia, primer proveedor gasista del país y dueño de una conexión directa, Medgaz, cuya importancia vuelve a crecer. Ese es el verdadero triángulo: Argelia suministra, España conecta y Marruecos necesita la conexión. Una geometría diplomática bastante delicada.
Los números de julio permiten un titular llamativo: el incremento de 898 GWh de gas recibido por Medgaz es inferior a los 992 GWh enviados por Tarifa. Pero el resto de las cifras impide convertir esa coincidencia en una transferencia demostrada. Marruecos recibió exactamente esos mismos 992 GWh un año antes y, en el acumulado de 2026, las salidas hacia el país vecino han bajado mientras las entradas desde Argelia aumentaban.
Así que sí, España compra más gas argelino y continúa abasteciendo energéticamente a Marruecos. Lo que los datos no prueban es que esté desviando hacia Rabat ese gas adicional de Argelia. Entre una cosa y otra hay contratos, certificaciones, terminales de GNL, una red gasista donde todo se mezcla y, por supuesto, suficiente política norteafricana como para que una simple tubería nunca sea solo una tubería.

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