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¿Por qué Brad Pitt volvió a beber tras siete años sobrio y qué contó?

Brad Pitt relata su vuelta al alcohol tras siete años sobrio, recuerda sus excesos de juventud y explica los límites personales que mantiene

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Brad Pitt en una premiere

Por Harald Krichel - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Brad Pitt volvió a beber tras permanecer siete años completamente sobrio
  • El actor asegura que limita el alcohol y evita regresar a sus antiguos excesos
  • También recuerda una etapa marcada por marihuana, Coca-Cola y 40 camaleones

Brad Pitt ha vuelto a hablar de una etapa que durante años mantuvo relativamente apartada del brillo de Hollywood. El actor, de 62 años, ha confirmado que dejó atrás la abstinencia después de permanecer siete años sin beber alcohol. No atribuye el cambio a una causa concreta ni lo presenta como una vuelta a sus antiguos excesos: asegura que actualmente bebe de una manera mucho más limitada y que ha aprendido dónde está, para él, la frontera peligrosa.

Hay un matiz importante. Pitt reconoce que en alguna ocasión volvió a confiarse demasiado y comprobó que las cantidades elevadas siguen siendo terreno resbaladizo. Su explicación es bastante menos cinematográfica que la palabra recaída: puede beber alguna copa, sostiene, pero no grandes cantidades. La confesión forma parte de una conversación mucho más amplia sobre sobriedad, duelo, depresión, familia y algunos de los momentos más difíciles de su vida.

Brad Pitt estuvo siete años sin beber alcohol

La historia comienza en 2016, cuando su matrimonio con Angelina Jolie se rompió después de más de una década de relación y dos años de matrimonio. Pitt dejó entonces el alcohol e inició un proceso personal que, según ha explicado en diferentes ocasiones, incluyó reuniones de un programa de doce pasos.

Aquella abstinencia no fue un detalle menor dentro de su biografía. Durante años habló públicamente de ella como uno de los grandes cambios de su vida adulta. También ha reconocido la importancia que tuvieron para él las reuniones de recuperación, sobre todo por la posibilidad de escuchar a otras personas hablando con una franqueza poco habitual y expresarse sin la maquinaria de relaciones públicas que acompaña a una estrella de Hollywood.

Siete años después, aproximadamente hacia 2023, volvió a beber. El cálculo nace de su propio relato: dejó el alcohol en 2016 y afirma haber permanecido abstinente durante siete años. Lo novedoso es que Pitt ya no intenta presentar su vida como una sucesión impecable de antes y después. Ni siquiera parece interesado en hacerlo.

El actor explica que comenzó otra vez a consumir alcohol de una forma más contenida. También reconoce que hubo momentos en los que se confió demasiado y tuvo que corregirse. La diferencia, según su versión, está precisamente ahí: sabe que beber en grandes cantidades sigue siendo un límite que no debería cruzar.

Por qué Brad Pitt decidió volver a beber

Pitt no ha ofrecido una razón única y cerrada. No ha dicho que una película, una relación sentimental o un acontecimiento específico provocaran el cambio. Lo describe más bien como una evolución personal: considera que actualmente puede consumir pequeñas cantidades de alcohol sin regresar al patrón que había abandonado años atrás.

Su posición, claro, entra en un terreno delicado. Para muchas personas que han pasado por programas de recuperación, la abstinencia absoluta es precisamente la barrera que impide volver al consumo problemático. Pitt habla exclusivamente de su experiencia personal, no de un modelo aplicable a los demás.

Y tampoco presume de control absoluto. Ahí está quizá la parte más reveladora. Ha reconocido que en un par de ocasiones se excedió respecto a lo que consideraba razonable y concluyó que beber mucho sencillamente no es bueno para él. Puede tomarse unas copas, explica, pero necesita mantener límites claros y conservar la profesionalidad.

No es exactamente la confesión triunfal del hombre que ha derrotado a todos sus demonios. Más bien la de alguien que ha descubierto que algunos demonios no desaparecen; aprendes dónde viven y procuras no dejarles las llaves de casa. En el relato de Pitt hay menos épica que antes y bastante más conciencia de sus propias contradicciones.

De cuatro Coca-Colas y 40 camaleones a una vida mucho más medida

La confesión cobra otra dimensión al recuperar un episodio que el propio Pitt relató al recordar 1994, cuando todavía estaba intentando comprender qué lugar ocuparía en Hollywood pese a que su carrera comenzaba a despegar.

La escena parece escrita para una comedia negra. Pitt vivía en la antigua casa de soltero de Errol Flynn, tenía una novia fascinada por los reptiles y acabaron comprando 40 camaleones. Las paredes acristaladas de la vivienda terminaron convertidas en una sucesión de terrarios. La casa, recordó, parecía ella misma un enorme terrario.

Pero detrás de la extravagancia había algo bastante menos divertido. Pitt describió aquel periodo como la época menos saludable de su vida. Se levantaba, consumía marihuana, bebía cuatro Coca-Colas con hielo y no comía. Pasaba buena parte del tiempo viendo por televisión el juicio a O.J. Simpson mientras se preguntaba qué debía hacer con su carrera.

Era 1994: Kurt Cobain acababa de morir, Estados Unidos estaba hipnotizado por el caso Simpson y Pitt venía de unos años en los que había pasado rápidamente de actor atractivo a fenómeno cultural. Poco después llegarían Seven, Doce monos y El club de la lucha. Visto desde fuera parece una ascensión perfectamente diseñada; desde dentro, según cuenta él mismo, había bastante niebla.

Una imagen pública que Pitt ha ido desmontando con los años

Durante buena parte de su carrera, Brad Pitt encarnó una versión casi industrial de la estrella de cine: belleza, éxito, grandes directores, parejas famosas, alfombras rojas. Una fotografía con muy pocas manchas. Con el tiempo esa imagen se ha ido agrietando y el propio actor ha permitido ver un perfil bastante menos perfecto, marcado también por excesos y vulnerabilidad.

No es que haya desaparecido la gran estrella —sigue siendo uno de los nombres más reconocibles y comercialmente poderosos de Hollywood—, sino que él mismo ha empezado a hablar de alcohol, marihuana, depresión, dolor y terapia con una franqueza que habría resultado difícil de imaginar durante sus años de mayor exposición junto a Jennifer Aniston o Angelina Jolie.

Pitt también ha explicado que atravesó un breve periodo de dolor psicológico extremo en el que llegó a comprender cómo una persona puede contemplar la muerte como una forma de escapar del sufrimiento. Aclaró que no tenía intención de actuar y que su instinto de supervivencia apareció inmediatamente. Relacionó aquel momento, sin entrar en mayores detalles, con problemas familiares.

El actor ha hablado igualmente del duelo tras la muerte de su madre y de la soledad de su padre. Su descripción está muy lejos del Brad Pitt congelado en los carteles de los años noventa. Hay fama, sí, pero también pérdidas bastante reconocibles: padres que envejecen, relaciones rotas, hijos distanciados, días en los que el dinero no arregla gran cosa.

La complicada sombra de Angelina Jolie y sus hijos

Resulta imposible separar algunas de estas confesiones de la larga ruptura con Angelina Jolie, aunque Pitt procura no entrar directamente en ella. La pareja se separó en 2016 y el proceso de divorcio se prolongó durante años, acompañado de acusaciones, disputas judiciales y una deteriorada relación del actor con varios de sus seis hijos.

Cuando le han preguntado si sus momentos de mayor dolor estaban relacionados con su familia, Pitt ha preferido dejarlo sencillamente en asuntos familiares. No identifica responsables ni desarrolla el episodio. Es una diferencia relevante frente a cierta lectura de titulares que convierte cualquier frase del actor en una nueva entrega pública del divorcio.

La cuestión familiar sigue siendo, probablemente, la zona más opaca de su relato. Pitt habla de pérdida y arrepentimiento, pero conserva una frontera bastante firme alrededor de sus hijos. Lo que ocurre dentro de esa familia pertenece, en buena medida, a quienes la forman. Hollywood lleva décadas intentando convertir cada silencio en un argumento; a veces un silencio sigue siendo solo eso.

Brad Pitt vuelve también como Cliff Booth

Toda esta revisión personal coincide con una nueva etapa profesional. Pitt retomará el personaje de Cliff Booth, el especialista de cine de Érase una vez en… Hollywood que le dio el Óscar al mejor actor de reparto en 2020.

La nueva película se titula The Further Mis-Adventures of Cliff Booth. Está dirigida por David Fincher, con guion de Quentin Tarantino, y sitúa al personaje en 1977, varios años después de los acontecimientos de la cinta original. El proyecto vuelve a juntar algunos de los nombres más reconocibles del cine estadounidense contemporáneo.

La coincidencia tiene cierta ironía. Pitt regresa a uno de sus personajes más imperturbables justo cuando su discurso público se ha vuelto menos impermeable. Cliff Booth apenas pestañea ante el peligro; el hombre que lo interpreta habla de pérdidas, excesos y momentos en los que no sabía muy bien hacia dónde avanzar.

Una estrella menos interesada en parecer invulnerable

Brad Pitt no ha contado una historia ordenada de caída y redención, probablemente porque su vida tampoco funciona así. Hubo una etapa destructiva en los noventa, después alcohol, siete años de abstinencia y, más tarde, un regreso limitado a la bebida que él asegura mantener bajo control. Entre medias: matrimonios, hijos, cine, divorcios, terapia, premios y varias décadas bajo una lupa gigantesca.

Lo novedoso no es simplemente que Brad Pitt vuelva a beber alcohol. Es que habla del asunto sin convertirlo en victoria ni esconder las contradicciones. Reconoce que volvió a consumir, que alguna vez calculó mal sus límites y que su relación con determinadas sustancias ha cambiado a lo largo de los años.

Quizá esa sea la distancia real entre aquel joven que empezaba el día con cuatro Coca-Colas mientras convivía con 40 camaleones y el actor de 62 años que mide cuánto bebe. No una transformación de película, con música creciendo al fondo y créditos. Algo bastante más corriente: aprender, equivocarse, corregir. Y seguir.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.