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¿Por qué George Clooney critica a Trump antes de las midterms de 2026?
Clooney cuestiona desde Venecia la situación política de Estados Unidos y convierte las midterms de noviembre en un examen decisivo para Trump.

Por Bryan Berlin - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Clooney acusa a EE. UU. de estar gobernado por personas poco capacitadas
- El actor confía en las midterms de noviembre para recuperar la normalidad
- En Venecia también alerta sobre prensa, magnates e inteligencia artificial
George Clooney ha aprovechado uno de los reconocimientos más importantes de su carrera para lanzar un mensaje político poco cómodo para Washington. Desde el Festival de Cine de Venecia, donde recibe el León de Oro honorífico, el actor aseguró que Estados Unidos está gobernado por personas poco capacitadas y señaló las elecciones de medio mandato de noviembre como una oportunidad para recuperar cierta “normalidad”. No pronunció el nombre de Donald Trump. Tampoco parecía necesario.
Clooney fue todavía más lejos al definir la situación estadounidense con una palabra bastante menos habitual en una alfombra roja: «caquistocracia», el gobierno de los peores o de los menos aptos. Su intervención se produjo el 2 de septiembre en el Lido veneciano, en el contexto de la 83.ª Mostra, donde ha sido distinguido con el León de Oro a toda su trayectoria. Entre cine, política y una buena dosis de desencanto, dejó claro que considera las elecciones legislativas del 3 de noviembre de 2026 un momento decisivo para medir el respaldo del país a la actual administración.
Clooney convierte Venecia en una tribuna política
La escena tenía algo muy propio de Clooney. Una estrella de Hollywood llega a Venecia para recibir un premio a toda una carrera y termina hablando del deterioro de las instituciones democráticas estadounidenses. Glamour por fuera, política por dentro.
El actor afirmó que no resulta fácil vivir en un país dirigido por quienes, a su juicio, son “los menos capaces” de gobernarlo. Su esperanza está puesta parcialmente en las elecciones de noviembre, que describió como un momento para hacer balance. La palabra “normalidad” ocupó un lugar central en sus declaraciones, entendida no como un regreso nostálgico a una América idealizada, sino como la recuperación de determinadas reglas institucionales y de un mínimo sentido de decencia en la vida pública.
Qué significa la «caquistocracia» de la que habla Clooney
“Caquistocracia” procede del griego y describe, literalmente, un sistema de gobierno ejercido por los peores o los menos capacitados. No es precisamente un término habitual en las ruedas de prensa de Hollywood. Clooney lo utilizó para resumir su opinión sobre la dirección política de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump.
El actor relacionó esa idea con algo más amplio: la normalización de la crueldad en el debate político. Como ejemplo mencionó al secretario de Defensa, Pete Hegseth, a quien reprochó una publicación burlona relacionada con mujeres de las Fuerzas Armadas canadienses. Para Clooney, el problema no sería simplemente una discrepancia partidista, sino el deterioro de ciertas normas básicas de comportamiento público.
Hay sarcasmo en su diagnóstico, pero poco de broma. Clooney se preguntó qué había ocurrido con el sentido de la decencia y expresó su confianza en que Estados Unidos termine superando esta etapa. Es una posición inequívocamente política, aunque el actor evitara convertir su comparecencia veneciana en un mitin electoral convencional.
Por qué las midterms de 2026 importan tanto
Las llamadas midterm elections se celebran a mitad del mandato presidencial y pueden transformar radicalmente la capacidad de un presidente para gobernar. El próximo 3 de noviembre estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado.
El contexto explica la insistencia de Clooney. Trump gobierna durante el 119.º Congreso con un escenario de control republicano de la Casa Blanca, la Cámara y el Senado. En la Cámara Alta, los republicanos disponen de 53 escaños frente a 45 demócratas y dos independientes que se integran organizativamente con los demócratas.
Una derrota republicana en noviembre podría alterar ese equilibrio y complicar durante los dos últimos años del mandato presidencial la aprobación de leyes, presupuestos y buena parte de la agenda de la Casa Blanca. Por eso Clooney no contempla las midterms como una simple cita electoral intermedia. Las presenta, en la práctica, como el primer gran examen nacional de la segunda presidencia de Trump.
Y llega en un momento incómodo para los republicanos. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada a finales de agosto situaba la aprobación de Trump en el 33%, con especial desgaste por el coste de la vida y la política exterior, mientras detectaba una mayor movilización entre los votantes demócratas de cara a noviembre. Las encuestas son fotografías, no profecías. Pero la fotografía, esta vez, no resulta especialmente amable para la Casa Blanca.
Clooney no es un recién llegado a la política demócrata
Las palabras pronunciadas en Venecia tienen más peso por un detalle que a veces queda sepultado bajo el apellido famoso: George Clooney lleva años siendo uno de los grandes recaudadores y altavoces públicos demócratas en Estados Unidos.
En 2024 protagonizó uno de los episodios más delicados de aquella campaña presidencial. Después de haber participado en una gran recaudación de fondos para Joe Biden, pidió públicamente que el entonces presidente abandonara la carrera electoral tras su cuestionada actuación en el debate frente a Trump. Cuando Biden finalmente renunció a buscar la reelección, Clooney respaldó a Kamala Harris.
Aquella intervención provocó un terremoto dentro del Partido Demócrata porque Clooney no era un comentarista exterior disparando desde la grada. Había ayudado a recaudar decenas de millones de dólares para la campaña. Cuando alguien situado tan cerca del aparato político afirmaba que el candidato debía retirarse, Washington escuchaba.
Dos años después vuelve a intervenir, esta vez con los republicanos en la Casa Blanca y las elecciones legislativas acercándose. Su capacidad para decidir votos es discutible —las celebridades llevan décadas descubriendo que la fama no viene acompañada automáticamente de un colegio electoral—, pero su influencia dentro del ecosistema demócrata es real.
También apunta al poder de los multimillonarios sobre la información
La política no fue el único blanco. Clooney aprovechó su paso por Venecia para hablar del periodismo, la inteligencia artificial y la concentración de los medios de comunicación en manos de grandes fortunas.
El actor expresó preocupación porque algunos de los principales espacios por los que circula la información estén controlados por multimillonarios. Citó el Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, y X —la antigua Twitter—, controlada por Elon Musk. Su temor es sencillo de entender: cuando información, poder económico y plataformas tecnológicas quedan concentrados en muy pocas manos, el equilibrio democrático se vuelve más frágil.
No es un asunto ajeno a su filmografía. En 2005 presentó precisamente en Venecia Good Night, and Good Luck, su película sobre el periodista Edward R. Murrow y la resistencia televisiva frente al macartismo. Dos décadas después, aquella discusión sobre prensa, poder político y verdad parece haber envejecido bastante menos que algunos teléfonos móviles de la película.
A eso se suma la inteligencia artificial. Clooney advirtió de que los deepfakes y los contenidos generados artificialmente pueden provocar algo incluso más peligroso que la fabricación de una mentira: hacer que la sociedad deje de confiar también en las imágenes auténticas. Si todo puede falsificarse, cualquier prueba verdadera puede ser descartada como falsa. Para periodistas y ciudadanos, el problema es bastante más serio que un rostro mal generado por una máquina.
Un León de Oro después de casi tres décadas con Venecia
Toda esta conversación política se produjo en un día que, inicialmente, debía girar alrededor del cine. La Biennale concedió a Clooney el León de Oro a toda su trayectoria, aprobado por su consejo de administración a propuesta del director artístico Alberto Barbera. El actor, director y productor recibe el reconocimiento a los 65 años.
Su relación con Venecia se remonta a 1998, cuando acudió al festival con Out of Sight. Después llegarían títulos como Good Night, and Good Luck, Michael Clayton, Gravity o, más recientemente, Jay Kelly. También existe un vínculo personal: Clooney y Amal Alamuddin celebraron su boda en Venecia en 2014. La ciudad, para él, no es precisamente una parada más del circuito promocional.
El propio actor recibió el homenaje con esa ironía que utiliza para desactivar cualquier exceso de solemnidad. Agradeció el premio y bromeó con que semejante reconocimiento probablemente significa que se ha hecho mayor. Una manera elegante de recordar que los premios a toda una carrera tienen un curioso reverso: primero recuerdan todo lo que has hecho y, acto seguido, cuánto tiempo ha pasado.
De Hollywood a las urnas de noviembre
George Clooney llegó a Venecia para celebrar el cine y terminó colocando sobre la mesa una discusión bastante más incómoda: quién gobierna Estados Unidos, cómo lo hace y qué capacidad tendrán los votantes para alterar el rumbo político en noviembre.
Sus palabras no son neutrales. Nunca ha fingido serlo. Clooney ha apoyado públicamente a los demócratas, recaudado dinero para sus candidatos y participado directamente en algunos de los debates internos más relevantes del partido. Eso obliga a leer su diagnóstico como lo que es: una opinión política desde una posición ideológica conocida, no una descripción neutral del Gobierno estadounidense.
Pero tampoco conviene reducirlo todo a otro actor hablando de política. Las midterms del 3 de noviembre decidirán el equilibrio de poder en Washington durante la segunda mitad del mandato de Trump. Toda la Cámara de Representantes y una parte del Senado vuelven a las urnas. Ahí termina la alfombra roja y empieza la política de verdad: contar votos, ganar escaños y comprobar si esa normalidad que invoca Clooney existe también fuera del Palazzo del Cinema.












