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¿Por qué casi todos los baños españoles tienen bidé (y en Francia ya no queda ninguno)?

El 60% de los hogares españoles aún tiene bidé. Lo impulsaron las normas de higiene de los años 40 y en Zamora sigue siendo obligatorio desde 1986.

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Baño vintage con lavabo y azulejos azules: el bidé sigue presente en el 60% de los hogares españoles

Resumen

  • Alrededor del 60% de los hogares españoles aún tiene bidé, aunque entre 2010 y 2020 su instalación cayó un 60%.
  • Su popularización en España vino de normativas de higiene de los años 40 y de la obligación en viviendas protegidas y pisos grandes entre 1976 y 1978.
  • En Zamora sigue siendo obligatorio instalarlo en obra nueva desde 1986: es la única ciudad de España donde la ley aún lo exige.

Si un amigo estadounidense o británico viene a casa y entra en el baño, hay muchas probabilidades de que se quede mirando esa pieza de loza bajita junto al inodoro y pregunte, con genuina perplejidad: «¿Y eso qué es?». Para nosotros es mobiliario de toda la vida; para gran parte del mundo anglosajón, un misterio cerámico que a menudo acaban usando para lavar ropa a mano. El bidé está presente en alrededor del 60% de los hogares españoles, y su historia explica tanto nuestra obsesión higienista del siglo XX como la reforma de baños del XXI.

¿De dónde salió, quién lo trajo a España y por qué en Francia —su país de origen— ya casi no queda ninguno mientras aquí sobrevive en millones de baños? La respuesta mezcla a la corte de Luis XV, una ley de la posguerra, el turismo de los sesenta y un ayuntamiento castellano muy terco con sus ordenanzas.

60%
de los hogares españoles aún tiene bidé
-60%
caída de instalaciones entre 2010 y 2020
+1.000%
subieron las búsquedas en 2020, sin papel higiénico
1986
año desde el que Zamora lo exige por ordenanza

De Versalles a tu piso: cómo nació el bidé

El nombre ya es una pista divertida: bidet significa en francés «caballito» o poni, la montura pequeña que usaban los niños de la nobleza. Se llamaba así por la postura al utilizarlo, que recuerda a montar a caballo. Los primeros testimonios documentados nos llevan a la Francia del siglo XVII-XVIII: aparece en las memorias del Marqués de Argenson, ministro de Luis XV, cuando Madame de Prie recibió audiencia montada sobre uno para su higiene íntima, sin inmutarse.

La aristocracia europea lo adoptó como lujo higiénico. María Antonieta tenía uno en sus aposentos; María Carolina de Austria, reina de Nápoles, encargó otro para el Palacio Real de Caserta. Y el fan número uno fue Napoleón Bonaparte, que llevaba un bidé portátil en sus campañas militares, se lo llevó al exilio en Santa Elena —en un llamativo color rojo— y se lo dejó en herencia a su hijo. En 1800 incorporó una bomba manual que lanzaba el agua hacia arriba; con la invención de la ducha, a comienzos del siglo XIX, su uso decayó en Europa… hasta resucitar con fuerza cuando el agua corriente llegó a las casas de medio continente. La paradoja llega después: Francia, su patria, acabó desterrándolo; España, su tierra de adopción, lo convirtió en estándar nacional.

Franco, el turismo y la ley que llenó España de bidés

La llegada masiva del bidé a los hogares españoles tiene fecha y causa: las normativas de higiene de la vivienda de los años 40, durante la dictadura, que fijaron niveles mínimos sanitarios para las casas. Lo que empezó como política higienista se convirtió en símbolo de estatus en los años 60 y 70, cuando el boom turístico trajo a millones de europeos que descubrían maravillados aquel sanitario auxiliar en hoteles y apartamentos. No tener bidé llegó a leerse como signo de pobreza o descuido.

  1. 1Años 40: las normas de higiene de la vivienda impulsan su instalación como estándar mínimo.
  2. 2Años 60-70: el turismo europeo lo consagra como signo de modernidad; obligatorio en pisos de cuatro o más dormitorios.
  3. 31976-1978: obligación en todas las viviendas de protección social construidas en ese periodo.
  4. 4Años 80: la mayoría de los hoteles españoles lo incluye; el bidé vive su edad de oro.

Ese despliegue normativo y cultural explica el mapa actual: los bidés que quedan en España viven sobre todo en pisos construidos antes de los 2000. La generación que heredó esas casas heredó también la loza.

Zamora, la última fortaleza del bidé

📌 Dato clave: Zamora es la única ciudad de España donde instalar bidé sigue siendo obligatorio por ley en baños de nueva construcción. La norma data de 1986 y se mantuvo viva en las revisiones del Plan General de Ordenación Urbana de 2001 y 2011.

Mientras el resto del país lo abandonaba en silencio —sustituido por duchas más grandes y muebles de almacenaje—, la capital zamorana sostuvo su ordenanza contra viento y marea inmobiliaria. El resultado es delicioso: en una ciudad castellana del siglo XXI, los arquitectos siguen reservando por normativa los 60 centímetros de hueco junto al inodoro para un sanitario que medio planeta no sabe usar.

La caída nacional, eso sí, ha sido pronunciada: entre 2010 y 2020, la instalación de bidés en España descendió un 60%. Los baños encogieron, la bañera dejó paso al plato de ducha y cada metro cuadrado pasó a valer oro. Hubo incluso un amago de resurrección: durante la pandemia de 2020, con el papel higiénico desaparecido de los supermercados, las búsquedas de «bidé» en Google subieron un 1.000% en todo el mundo. Duró lo que duró el papel.

¿Bidé sí o bidé no? El debate de cada reforma

Preguntad en cualquier estudio de interiorismo y veréis: el bidé divide opiniones como la tortilla con o sin cebolla. Los datos del sector dicen que en torno al 60% de los hogares aún lo conserva, pero en reformas y obra nueva es especie en extinción.

A favor de conservarlo
  • Higiene íntima más eficaz y con menos papel
  • Cómodo para personas mayores y con movilidad reducida
  • Útil para lavar pies o prendas pequeñas
  • Defendido por interioristas como Verónica Montijano, autora de un manifiesto pro-bidé en 2023
A favor de quitarlo
  • Libera ~60 cm valiosísimos en baños de menos de 4 m²
  • Ese espacio rinde más como ducha amplia o armario
  • La ducha sanitaria de pared hace la misma función
  • Los inodoros inteligentes integran el lavado con agua

Las alternativas compactas ganan terreno: duchas higiénicas de pared junto al inodoro y, sobre todo, los inodoros inteligentes de inspiración japonesa —con agua templada, presión regulable y secado—, que en Japón son estándar y aquí empiezan a verse en hoteles y viviendas de gama alta, sobre todo entre clientes extranjeros. La interiorista Pia Capdevila lo resume sin rodeos: en sus proyectos, el bidé clásico hace tiempo que dejó de tener sitio. No es una cuestión de gustos, dice, sino de metros cuadrados: en baños de menos de 4 m², los más habituales en pisos de ciudad, conservar el bidé condiciona toda la distribución.

El futuro del bidé español, ironías de la historia, puede acabar pasando por Tokio: la función sobrevive, la forma cambia. Mientras tanto, millones de piezas de loza siguen ahí, junto al inodoro de vuestro baño, esperando un uso que cada reforma que pasa hace menos probable. Si el vuestro todavía lo conserva, pensadlo antes de la próxima obra: estáis ante un descendiente directo del caballito de Versalles que Napoleón se llevó al exilio. En Zamora ya lo saben — por eso allí no se tira.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.