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Economía

¿Qué pasa con CNN y por qué Paramount amenaza con dejar California?

Paramount amenaza con dejar California y CNN entra en la negociación mientras la compra de Warner afronta una batalla antimonopolio decisiva.

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la sede de Paramount

CNN se ha convertido, casi sin proponérselo, en una de las piezas más delicadas de la batalla que rodea la compra de Warner Bros. Discovery por Paramount Skydance. David Ellison, consejero delegado de Paramount, está dispuesto a comenzar a trasladar operaciones fuera de California desde el 1 de octubre si las autoridades estatales que intentan bloquear la operación no aceptan negociar un acuerdo. El movimiento podría llevar parte de la compañía a Tennessee o Texas.

Pero hay otra posibilidad sobre la mesa, y esta toca directamente a CNN: Paramount ha reconocido públicamente que contempla distintas concesiones para salvar la operación, incluida una eventual venta de la cadena de noticias. No significa que CNN esté oficialmente en venta, ni mucho menos que exista un comprador. Significa algo más concreto: dentro de una negociación antimonopolio que mueve unos 110.000 millones de dólares, hasta activos que parecían intocables empiezan a ser negociables.

La disputa enfrenta a Paramount con una coalición de 12 fiscales generales estatales encabezada por California, que sostiene que la unión con Warner Bros. Discovery concentraría demasiado poder en los mercados del cine y la televisión. Paramount responde que la operación ya ha superado decenas de exámenes regulatorios, también fuera de Estados Unidos, y acusa a sus adversarios de mezclar las reglas de competencia con una batalla política sobre quién terminará controlando CNN.

Y ahí está el nudo. Una cosa es discutir cuántos estudios, canales o plataformas puede acumular una empresa. Otra, bastante más inflamable, es discutir quién manda sobre una de las principales cadenas informativas estadounidenses.

Paramount convierte California en parte de la negociación

Ellison comunicó a altos ejecutivos de Paramount que la compañía está preparada para iniciar su salida de California si no se abren conversaciones para resolver el litigio. Según las informaciones conocidas, el consejo de administración habría respaldado los planes de contingencia y la dirección ha estudiado Tennessee y Texas como posibles destinos.

Conviene poner una pequeña cuña de realidad entre tanto ruido: Paramount no ha anunciado el cierre inmediato de sus estudios de Hollywood ni hay una caravana de camiones esperando en Melrose Avenue. Lo que existe es un plan de traslado condicionado, utilizado además en pleno forcejeo judicial. En Hollywood, como en la política, la diferencia entre una amenaza y un plan depende muchas veces de quién ceda primero.

California no ha recibido precisamente el mensaje con entusiasmo. El fiscal general del estado, Rob Bonta, ha llegado a describir la maniobra como una forma de presión o “chantaje”, rechazando la idea de que un eventual traslado empresarial deba condicionar la aplicación de las leyes antimonopolio.

Paramount sostiene otra lectura: permanecer en California implica costes elevados y, si el acuerdo con Warner sigue detenido durante meses, la compañía tendrá que revisar dónde tiene sentido mantener determinadas operaciones. La economía existe, desde luego. También existe el calendario judicial. Y las dos cosas se han mezclado de una forma bastante conveniente.

El 1 de octubre no aparece por casualidad

La fecha señalada por Ellison tiene peso porque Paramount quería completar la adquisición mucho antes de lo que permitirá ahora el proceso judicial. Un tribunal federal ha fijado para marzo de 2027 el juicio sobre la demanda presentada por los estados, mientras las compañías han aceptado mantener separadas sus estructuras durante la tramitación del caso.

Ese retraso cuesta dinero.

Paramount afronta mecanismos contractuales que encarecen la operación si el cierre se prolonga, con pagos adicionales ligados al retraso y una posible penalización multimillonaria si la adquisición finalmente fracasa. De modo que cada mes añadido al calendario convierte una pelea jurídica en algo bastante tangible: dinero, financiación y riesgo para los accionistas.

La amenaza de empezar el traslado el 1 de octubre funciona, por tanto, en dos direcciones. Puede responder a una decisión empresarial real y, al mismo tiempo, aumentar la presión sobre California para negociar. Ambas cosas son compatibles.

CNN deja de ser el elefante en la habitación

Warner Bros. Discovery no es solamente Warner Bros. Dentro del grupo están HBO, CNN, HGTV y Cartoon Network, además del estudio cinematográfico y otros importantes activos televisivos. Si Paramount culmina la compra, David Ellison pasaría a controlar una colección mediática de un tamaño extraordinario junto a CBS, Paramount Pictures y Paramount+.

CNN es especial porque su importancia no se mide únicamente en audiencia o ingresos. Es una organización informativa con enorme influencia política y cultural dentro y fuera de Estados Unidos.

Ellison lleva semanas insistiendo en que parte de la oposición a la compra no responde realmente a preocupaciones sobre competencia, sino al temor sobre qué ocurriría con CNN bajo su propiedad. Sus críticos rechazan esa interpretación. California sostiene que su demanda se apoya en la legislación antimonopolio y en los efectos que la concentración tendría sobre estudios, trabajadores, distribuidores, salas de cine y consumidores.

El desacuerdo es casi perfecto: Paramount dice que sus adversarios hablan de competencia pero piensan en CNN; los fiscales responden que Ellison habla de CNN para desviar una demanda que trata de competencia. Entre ambos, una cadena de televisión se ha convertido en ficha de negociación.

Vender CNN ya no es una hipótesis extravagante

La novedad más significativa llegó cuando Makan Delrahim, responsable jurídico de Paramount, confirmó que la empresa está dispuesta a estudiar diferentes soluciones para resolver el conflicto y que una eventual venta de CNN está entre las posibilidades.

Eso no equivale a sacar un cartel de “se vende” en la puerta de la redacción de Atlanta.

Paramount puede utilizar la opción como parte de un paquete de concesiones regulatorias, explorar una separación societaria o simplemente demostrar ante los fiscales que está abierta a desprenderse de activos si eso permite cerrar la compra de Warner Bros. Discovery. Por ahora, no existe una operación anunciada para vender CNN.

La importancia del gesto es política y empresarial. Hasta hace poco, CNN era uno de los grandes trofeos implícitos en la adquisición. Que Paramount reconozca que podría prescindir de él muestra hasta qué punto la resistencia de los estados ha cambiado la negociación.

También se estudia proteger la independencia editorial

Ha surgido, paralelamente, otra vía menos drástica. Paramount ha estudiado la creación de algún tipo de órgano independiente de supervisión editorial para CNN, una estructura diseñada para ofrecer garantías sobre la autonomía periodística de la cadena después de la fusión.

No sería una invención exótica. En grandes operaciones mediáticas existen precedentes de mecanismos de gobierno corporativo pensados para separar parcialmente al propietario de las decisiones editoriales. Su eficacia real, claro, depende de los poderes efectivos que tenga ese órgano y no del bonito nombre colocado en la puerta.

El debate refleja una circunstancia incómoda para Paramount. Incluso aunque la compañía consiga demostrar que la adquisición supera el examen estrictamente económico, las dudas sobre independencia informativa y concentración de poder mediático continuarán formando parte de la discusión pública.

California dice que esto va de competencia

La demanda presentada el 13 de julio sostiene que la adquisición podría reducir sustancialmente la competencia en distintos segmentos del negocio audiovisual. California y los otros 11 estados consideran que unir Paramount y Warner Bros. eliminaría rivalidad directa entre dos grandes compañías y podría traducirse en precios más altos, menor producción, menos innovación y menos opciones.

El caso no descansa jurídicamente en decidir si David Ellison gusta más o menos a republicanos o demócratas. Los estados invocan la Sección 7 de la Ley Clayton, una de las piezas centrales del derecho antimonopolio estadounidense, que permite impedir adquisiciones susceptibles de reducir sustancialmente la competencia.

Paramount tiene argumentos importantes en la otra dirección. El Departamento de Justicia de Estados Unidos cerró su investigación sin intentar bloquear la compra y la operación ha recibido luz verde en numerosos mercados internacionales. Reino Unido y la Unión Europea están entre las jurisdicciones que han permitido que siga adelante.

Ahí aparece una de las rarezas del caso. El Gobierno federal estadounidense no frenó la operación, pero un grupo de estados sí ha conseguido llevarla ante un juez y retrasar su ejecución. Legalmente es posible; políticamente produce una fotografía difícil de ignorar.

El tribunal tendrá que decidir sobre mercados y competencia, no sobre simpatías ideológicas. Los fiscales alegan que una compañía combinada tendría demasiada fuerza en cine y televisión. Paramount replica que esa definición del mercado ignora la presión de gigantes como Netflix, Amazon, Disney y YouTube, que han cambiado por completo la forma de producir y consumir entretenimiento.

Una fusión capaz de redibujar Hollywood

La compra de Warner Bros. Discovery convertiría a Paramount en una potencia mucho mayor. Juntaría dos históricos estudios cinematográficos, servicios de streaming, cadenas de televisión, enormes bibliotecas audiovisuales y algunas de las marcas más reconocibles del entretenimiento mundial.

Para Ellison, Warner es la pieza que permitiría a Paramount ganar escala frente a Disney, Netflix, Amazon y otros gigantes. Para sus críticos, precisamente ahí está el problema: Hollywood lleva años respondiendo a la competencia tecnológica mediante fusiones cada vez mayores y, en cada una, aparecen las mismas preguntas sobre empleo, diversidad creativa y poder de negociación.

Los sindicatos de la industria también observan la operación con preocupación. La Writers Guild of America ha llevado su propia batalla judicial contra la transacción, mientras otros colectivos laborales han advertido de las consecuencias que una nueva concentración podría tener para el empleo y la producción audiovisual.

Paramount, por su parte, ha defendido que la combinación permitiría invertir más, estrenar más películas y competir mejor con las grandes plataformas tecnológicas. Incluso ha realizado compromisos relacionados con el número de largometrajes que un futuro grupo combinado llevaría a las salas.

Dos relatos, pues. Uno imagina una compañía más fuerte capaz de plantar cara a Netflix. El otro ve dos estudios históricos entrando en la misma casa mientras Hollywood sigue perdiendo puestos de trabajo. No son exactamente visiones conciliables.

Hollywood se juega algo más que una mudanza

Por ahora, Paramount sigue en California, CNN continúa dentro de Warner Bros. Discovery y la compra no se ha completado. Esos son los tres datos que separan los hechos de las especulaciones.

Lo que ha cambiado es el margen de negociación. David Ellison ha puesto sobre la mesa algo que hasta hace poco parecía improbable: trasladar operaciones fuera de California. Su equipo jurídico ha añadido otra posibilidad todavía más llamativa, desprenderse de CNN si una solución de ese tipo ayudara a desbloquear la adquisición.

Nada garantiza que suceda ninguna de las dos cosas. De hecho, ambas pueden servir precisamente para evitar que ocurra la otra cosa que Paramount teme: que la compra de Warner Bros. Discovery termine naufragando después de meses de negociación, litigios y miles de millones comprometidos.

El juicio previsto para marzo de 2027 mantiene el reloj funcionando. Entre tanto, Paramount intentará llegar a un pacto, California defenderá su demanda y CNN seguirá ocupando un lugar extraño en esta historia: no es el argumento jurídico central del pleito, pero se ha convertido en uno de sus símbolos.

Hollywood ha vivido suficientes mudanzas, fusiones y divorcios empresariales como para saber que los grandes ultimátums rara vez terminan exactamente como fueron anunciados. Esta vez, sin embargo, hay demasiado dinero y demasiado poder mediático dentro de la misma caja. Y esa caja pesa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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