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¿Qué medirá la nueva etiqueta energética de los ordenadores en Europa?

Bruselas trabaja en una etiqueta energética para ordenadores que combinará consumo, rendimiento y eficiencia, aunque aún no tiene fecha de estreno.

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etiqueta energética para pc

Resumen

  • Europa prepara una etiqueta energética específica para ordenadores
  • La escala A-G tendrá en cuenta el consumo y también el rendimiento
  • Todavía no hay fecha oficial para que sea obligatoria en las tiendas

Europa prepara un nuevo cambio para quien vaya a comprar un ordenador: una etiqueta energética específica para los PC que permita comparar de forma sencilla cuánto consumen y qué rendimiento ofrecen. La Comisión Europea ha publicado un estudio preparatorio sobre su diseño y trabaja ya en el acto delegado que serviría para introducirla. Pero conviene precisar el calendario: todavía no existe una etiqueta energética obligatoria para los ordenadores ni hay una fecha cerrada para su entrada en vigor.

La idea es trasladar al mundo del PC algo que el consumidor europeo conoce de frigoríficos, lavadoras, televisores y, desde junio de 2025, también de determinados teléfonos inteligentes y tabletas. La familiar escala de A a G será previsiblemente uno de sus pilares, aunque medir un ordenador es bastante más complicado que medir una nevera. Un portátil doméstico, una estación de trabajo para diseño 3D y un PC gaming pueden enchufarse a la misma toma de corriente, sí, pero ahí terminan muchas de sus semejanzas.

Bruselas estudia por eso una etiqueta capaz de relacionar consumo eléctrico y rendimiento, evitando que un equipo muy potente aparezca automáticamente como un desastre energético solo porque utiliza más electricidad. La propuesta contempla diferenciar entre ordenadores portátiles, equipos de sobremesa y modelos all-in-one, aquellos que integran los componentes principales detrás de la pantalla.

La investigación realizada entre más de 4.200 consumidores de siete países de la Unión Europea apunta, además, a que el lenguaje tradicional de las etiquetas sigue funcionando: alrededor del 90% reconoció e interpretó correctamente la escala energética de A a G, mientras que un 82% entendió la información sobre consumo expresada en vatios hora.

Una etiqueta para comparar consumo y potencia

Hasta ahora existe una anomalía bastante evidente. Europa regula mediante normas de ecodiseño el consumo y determinados requisitos de los ordenadores comercializados en el mercado comunitario, pero los PC no cuentan con la etiqueta energética que sí vemos sobre otros aparatos. Los monitores, por ejemplo, tienen su propia regulación; el ordenador que conectamos detrás, no.

La normativa vigente de ecodiseño para ordenadores procede de 2013 y la propia Comisión Europea reconoce que necesita una revisión ante una industria que se ha transformado por completo. En poco más de una década hemos pasado del portátil pensado básicamente para navegar, trabajar con documentos y ver vídeos a máquinas capaces de ejecutar inteligencia artificial, modelado tridimensional, videojuegos exigentes y cálculos que hace unos años necesitaban equipos profesionales.

Eso vuelve poco útil una comparación basada únicamente en cuánta electricidad sale del enchufe. Consumir menos no equivale necesariamente a ser más eficiente si para realizar la misma tarea un ordenador necesita mucho más tiempo o ofrece una fracción del rendimiento de otro.

Dos escalas para no castigar a los ordenadores más potentes

El estudio europeo ha ensayado precisamente distintas formas de resolver esa trampa. Para los ordenadores convencionales se plantea una escala energética única, mientras que los equipos de altas prestaciones podrían utilizar una escala doble que refleje mejor el tipo de trabajo para el que están diseñados.

Tiene lógica. Comparar sin más el consumo de un ultrabook de oficina con el de una estación equipada para CAD, inteligencia artificial o videojuegos sería algo parecido a declarar más eficiente una bicicleta que una furgoneta porque necesita menos energía para moverse. Cierto, indiscutible… y no demasiado útil para quien tiene que transportar media tonelada. La cuestión está en medir también qué rendimiento ofrece cada equipo.

La Comisión señala que una mayoría de los consumidores participantes prefirió una etiqueta que mostrase la eficiencia teniendo en cuenta el tipo de uso del ordenador. De ahí nace la recomendación de distinguir las máquinas de uso cotidiano de las configuraciones de alto rendimiento.

Qué datos podría mostrar la etiqueta de los PC

El diseño definitivo todavía está abierto, pero algunos elementos empiezan a tomar forma. La clase energética de A a G seguiría siendo el dato más reconocible. Junto a ella aparecería información sobre el consumo y también sobre la capacidad de cálculo del equipo, necesaria para entender qué obtiene el usuario a cambio de la energía utilizada.

No es un detalle menor. Dos ordenadores pueden gastar una cantidad parecida de electricidad y, sin embargo, resolver una misma carga de trabajo a velocidades radicalmente distintas. Esa relación entre energía empleada y prestaciones es precisamente lo que intenta capturar la nueva metodología que estudia Bruselas.

El consumo por hora y el rendimiento, juntos

Entre las distintas opciones probadas, los consumidores mostraron una preferencia clara por expresar el gasto energético mediante vatios hora por hora de utilización, una referencia bastante más tangible que ciertas estimaciones anuales basadas en patrones teóricos de uso.

El problema llegará con el segundo número. Introducir una medida de rendimiento informático sin convertir la etiqueta en el cuadro de mandos de un avión no será fácil. La Comisión admite que conceptos como carga de trabajo, eficiencia y capacidad de cálculo no siempre resultan intuitivos para el público general, por lo que cualquier indicador de prestaciones tendrá que ir acompañado de una explicación suficientemente clara.

También están sobre la mesa cuestiones de fiabilidad, reparabilidad y duración del producto, aunque no está decidido que todos esos elementos terminen apareciendo físicamente en la etiqueta. La revisión europea del ecodiseño de los ordenadores estudia aspectos como la durabilidad, el desmontaje, el reciclaje y la sustitución de componentes. No es casualidad: según los cálculos manejados por la propia Comisión, más de la mitad de la energía asociada al ciclo de vida de un ordenador procede de la extracción de materiales y de su fabricación. Alargar su vida útil también ahorra energía, aunque el contador de casa no lo vea.

Por qué Europa pone ahora el foco en los ordenadores

El mercado ha cambiado y también la manera en que se utiliza un PC. El teletrabajo convirtió el portátil en una pieza cotidiana de millones de hogares; los videojuegos han disparado la potencia de las tarjetas gráficas y la inteligencia artificial está incorporando nuevos procesadores especializados incluso en equipos de consumo. Entre una máquina sencilla y una configuración extrema puede haber diferencias enormes de rendimiento y electricidad utilizada.

Europa pretende que el comprador pueda reconocerlas sin tener que descifrar fichas técnicas llenas de siglas. CPU, GPU, TDP, NPU, núcleos, frecuencias y memoria dicen mucho a quien conoce el sector y bastante poco al consumidor que simplemente necesita saber si un ordenador cumple su función sin desperdiciar energía.

La futura etiqueta también puede influir en los fabricantes. Eso ya ocurrió con otros electrodomésticos: cuando una clasificación energética visible permite comparar productos colocados uno junto a otro en una tienda, la eficiencia deja de ser una especificación enterrada en la letra pequeña y pasa a competir con el precio, el diseño o las prestaciones. Nadie quiere presumir de flamante ordenador nuevo con una enorme letra roja pegada al lado.

Los móviles ya enseñaron el camino

El precedente más cercano llegó el 20 de junio de 2025, cuando comenzaron a aplicarse en la Unión Europea las nuevas reglas de ecodiseño y etiquetado energético para teléfonos inteligentes y determinadas tabletas. Aquella etiqueta llevó el sistema más allá del simple consumo eléctrico.

En un móvil aparecen datos sobre eficiencia energética, autonomía y duración de la batería, protección frente al agua y al polvo, resistencia frente a caídas y un índice de reparabilidad. La normativa europea exige también baterías capaces de conservar al menos el 80% de su capacidad inicial después de 800 ciclos de carga y descarga y establece obligaciones relacionadas con las piezas de repuesto y las actualizaciones del sistema operativo.

El ordenador plantea, claro, otro paisaje técnico. Un sobremesa puede cambiar de memoria, almacenamiento, tarjeta gráfica o fuente de alimentación durante su vida; un portátil ultrafino quizá apenas permita tocar nada. Esa diversidad de configuraciones explica por qué Bruselas lleva tiempo revisando la regulación y por qué una fotocopia de la etiqueta de los smartphones no resolvería el problema.

Una buena etiqueta deberá explicar mucho sin parecerlo

La Comisión Europea todavía tiene trabajo por delante. El estudio publicado en septiembre de 2026 alimentará la preparación del acto delegado que propondrá la etiqueta energética para los ordenadores, pero la regulación no está aprobada y no existe por ahora una fecha oficial a partir de la cual todos los PC vendidos en España deban mostrarla.

Lo interesante está en el cambio de criterio que empieza a dibujarse. Europa no quiere limitarse a preguntar cuánto consume un ordenador, sino qué hace con la energía que consume, cuánto puede durar y hasta qué punto resulta razonable mantenerlo en servicio. Es una diferencia importante en una industria donde sustituir un equipo entero porque falla una batería, un puerto o una pieza soldada puede tener más impacto ambiental que unos pocos vatios de diferencia durante el uso.

La etiqueta funcionará, eso sí, solo si conserva la virtud que hizo popular al sistema europeo: entenderla casi de reojo. Una letra, una escala y unos cuantos datos capaces de distinguir un equipo eficiente de otro que simplemente luce bien en la caja. Si termina necesitando un manual de instrucciones para interpretar el manual de instrucciones, habremos vuelto al punto de partida, solo que con otra pegatina encima.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.