Ocio
¿Por qué Nacho Abad pidió perdón en Cuatro por decir «Arriba España»?
Nacho Abad pidió disculpas en Cuatro tras decir «Arriba España» en directo y recibir el reproche de una colaboradora por su carga franquista.

Nacho Abad terminó pidiendo disculpas en directo después de pronunciar “Arriba España” durante una discusión política en En boca de todos, el programa matinal que presenta en Cuatro. La frase provocó la reacción inmediata de la periodista Marta Sanchiz, quien recordó al presentador que no se trata de una expresión patriótica neutra, sino de una consigna asociada históricamente al falangismo y la dictadura franquista. Abad negó cualquier intención ideológica y aseguró que pretendía decir algo equivalente a “Viva España”.
El choque no surgió de una declaración preparada ni de un discurso político, sino de una réplica improvisada a Ramón Espinar en pleno debate. Sin embargo, las palabras llevan equipaje. Y esta, en concreto, arrastra un baúl bastante pesado: la consigna fue incorporada a la retórica falangista y acabó convertida en uno de los lemas reconocibles del franquismo. La intención del hablante puede ser una; el significado histórico de lo pronunciado, otra bastante menos dócil.
Una réplica improvisada que encendió el plató
El episodio se produjo durante una tertulia en la que participaban, entre otros, Ramón Espinar, Marta Sanchiz y Esperanza Aguirre, esta última mediante conexión telemática. En medio de un intercambio relacionado con la imagen internacional de España, Espinar evocó el comienzo de La Internacional y habló de los “parias de la tierra”. Nacho Abad recogió el guante y respondió: “Tú arriba parias, y yo arriba España”. La frase cayó sobre la mesa como un vaso de cristal: apenas dura unos segundos, pero el ruido se queda flotando.
Marta Sanchiz interrumpió al presentador de manera inmediata. “Viva España si quieres, pero arriba España no”, le reprochó, marcando una diferencia que puede parecer pequeña desde la gramática, aunque resulta enorme cuando se mira la historia política española. Abad insistió en que no era franquista y trató de explicar que había usado la expresión sin una carga ideológica consciente. Sanchiz le respondió con dureza: “Si no eres franquista, no digas cosas franquistas”.
No fue una discusión académica, desde luego. Hubo voces superpuestas, gestos de incredulidad y ese ruido espeso de las tertulias cuando todos quieren colocar su frase antes de la publicidad. Pero el fondo estaba bastante claro: Sanchiz no acusaba necesariamente a Abad de defender la dictadura, sino que rechazaba la normalización de una consigna estrechamente vinculada a ella.
La disculpa llegó después de varios intentos de justificación
El presentador trató primero de rebajar la polémica mediante la ironía. Planteó qué cánticos podían pronunciarse entonces para apoyar a España y sostuvo que había utilizado el lema como sinónimo espontáneo de una celebración patriótica. Esa defensa no convenció a su compañera, que mantuvo que “Viva España” era una expresión perfectamente válida y desprovista de la identificación política específica que acompaña a la otra fórmula.
Finalmente, Nacho Abad ofreció una disculpa a quienes pudieran haberse sentido ofendidos y reiteró que no había querido hacer apología del franquismo. El matiz importa: no reconoció compartir el significado ideológico del lema, sino haber empleado una expresión cuyo peso histórico dijo no pretender. La disculpa rebajó el tono, aunque no borró el encontronazo. En televisión, como en la vida, el arrepentimiento llega caminando y el vídeo ya viaja en motocicleta.
Por qué “Arriba España” no equivale a “Viva España”
“Viva España” es una exclamación patriótica genérica que puede aparecer en una celebración deportiva, una fiesta popular o un acto institucional sin remitir por sí misma a una ideología concreta. “Arriba España” posee otra genealogía. Fue adoptada por el falangismo, integrada en su universo simbólico y convertida después en una consigna habitual del régimen franquista junto a otros saludos, himnos y fórmulas de exaltación nacional.
La autoría política de la expresión suele atribuirse a Rafael Sánchez Mazas, uno de los fundadores e ideólogos de Falange Española. Sánchez Mazas participó en la construcción estética y retórica del falangismo, un movimiento influido por el fascismo italiano que terminó integrado en la arquitectura política de la dictadura de Francisco Franco.
No significa que cada persona que pronuncie esas dos palabras comparta automáticamente aquel ideario. El lenguaje no funciona como una prueba de alcoholemia política. El contexto, la intención y el conocimiento del hablante cuentan. Pero tampoco basta con afirmar que una expresión carece de connotaciones para vaciarla de ellas. Las palabras conservan sedimentos: propaganda, uniformes, discursos, miedo, adhesiones forzosas. Se pueden pronunciar deprisa; su pasado no corre tanto.
La intención personal no elimina el significado histórico
La defensa de Nacho Abad se apoyó en la ausencia de voluntad franquista. Es una precisión relevante y evita atribuirle una ideología que él mismo negó expresamente. Sin embargo, la crítica de Marta Sanchiz apuntaba a otro plano: una persona puede utilizar una expresión sin compartir su origen y, aun así, reproducir un símbolo político reconocible.
Ahí estaba el verdadero desacuerdo. Abad hablaba de lo que había querido decir; Sanchiz, de lo que la frase significa en la memoria colectiva española. Ambas cuestiones pueden analizarse por separado. Una intención inocua no transforma mágicamente el significado histórico, del mismo modo que ese significado tampoco permite adivinar, sin más pruebas, las convicciones íntimas de quien se equivoca.
La televisión convierte un lapsus en debate nacional
El incidente reúne varios ingredientes habituales de la televisión política contemporánea: una tertulia acelerada, referencias históricas utilizadas como munición ligera, una frase pronunciada sin freno y un fragmento breve preparado para circular por redes sociales. El formato premia la contundencia, pero castiga el matiz. Primero se dispara la réplica; luego llegan el historiador, el diccionario y, con suerte, las disculpas.
En boca de todos mantiene una estructura basada en el análisis de la actualidad, las conexiones en directo y la confrontación entre colaboradores de sensibilidades distintas. El espacio continuó su emisión con normalidad después del episodio, dentro de la programación habitual de Cuatro y Mediaset.
La polémica tampoco puede reducirse al conocido partido entre quienes ven censura en cualquier corrección y quienes detectan una proclama totalitaria detrás de cada tropiezo verbal. Hay un terreno más razonable, aunque menos rentable para el griterío: reconocer el contexto histórico, distinguir entre error e ideología y aceptar que pedir precisión no equivale a prohibir el patriotismo.
Una frase que España no ha dejado atrás
Nacho Abad pidió disculpas porque su expresión, pronunciada como una réplica espontánea, fue identificada en el propio plató como una consigna franquista. El presentador aseguró que no pretendía darle esa orientación y que la había utilizado como equivalente de “Viva España”. Marta Sanchiz rechazó esa equivalencia y le recordó que la primera fórmula conserva una carga política e histórica muy concreta.
El episodio deja una enseñanza menos espectacular que la bronca, pero más útil. No todo error convierte a alguien en franquista, aunque tampoco toda apelación a la inocencia vuelve inocentes las palabras. España puede celebrarse sin desempolvar el vocabulario de una dictadura. El idioma ofrece alternativas de sobra; algunas, incluso, no necesitan una disculpa al regresar de publicidad.












